La ronda pasa hoy por la ciudad donde nació

Alfonsina Estrada, la única mujer con dorsal en toda la historia del Giro de Italia

En 1924, en periodo de entreguerras, las carreras ciclistas tenían muchas dificultades para completar sus listas. Alfonsina se inscribió con el dorsal 72

Foto: Alfonsina Estrada, la única mujer con dorsal en toda la historia del Giro de Italia

La décima etapa entre Modena y Salsomaggiore Terme es de esas jornadas que a priori no pasarán a los anales del ciclismo. Un trazado llano y con los líderes guardando fuerzas para los días claves que deben decidir la carrera a partir de la contrarreloj del jueves son los ingredientes perfectos para un día insulso. Quizás por ese motivo la organización ha querido aprovechar este día de calma para honrar los 100 años del nacimiento de Gino Bartali. El florentino es uno de los iconos de este deporte y a su legado deportivo añadió en el lecho de muerte una historia que engrandecería aún más su leyenda. Considerado un ciclista del régimen fascista de Mussolini, en realidad el gran Bartali era un insurgente que transportaba en los tubos de su bici la documentación necesaria para salvar a los judíos italianos de la persecución nazi.

Pero al margen del homenaje al legendario Bartali -conocido como El Fraile Volador-, en el kilómetro nueve del libro de ruta, la ‘corsa’ rosa hará otro guiño a su historia. En ese momento los corredores cruzarán la localidad de Castelfranco Emilia, el pueblo donde nació Alfonsina Estrada, la única mujer que ha disputado el Giro de Italia en sus 97 ediciones.

Corría el año 1924, en pleno periodo de entreguerras, y las carreras ciclistas -como el resto de eventos deportivos de la época- encontraban muchas dificultades para completar sus listas de participantes. El Giro de Italia no era menos y para atraer el interés de los ciclistas fomentó la participación individual ofreciendo a los corredores que se animasen alojamiento y manutención, incluyendo 600 pollos, 720 huevos, 4.800 plátanos, carne, agua mineral y más alimentos para seducirles.

En la línea de salida de Milán, con el dorsal 72, se inscribe como Alfonsin Estrada. Las primeras etapas de esa edición no deparan mucha historia. Sin embargo, en la octava jornada, camino de Peruggia, una caída, un pinchazo y hasta la rotura de su manillar destapan la verdadera identidad de Estrada, que en realidad es Alfonsina y no Alfonsin. Se trata de la hija de unos campesinos y una apasionada del ciclismo que a sus 33 años ha decidido protagonizar la mayor aventura de su vida. La organización, molesta por el engaño y, sobre todo, por no haberse percatado de que el dorsal 72 era una mujer que ganaba a muchos hombres, la expulsa de carrera alegando que llegó fuera de control, aunque en realidad no existió un crono oficial que refrendara esa tesis.

Sin embargo, la fortuna se alió del lado de Alfonsina, que pretendía continuar en carrera, pero no disponía del dinero suficiente para pagarse la manutención y el alojamiento. Entonces, Emilio Colombo, el director de la Gazzetta dello Sport, viendo el filón publicitario que podía tener Alfonsina, se ofreció a pagarle los gastos. Colombo se enfrentó al clima machista de la época, pero convenció a Alfonsina, que completó el recorrido hasta Milán -12 etapas y 3.613 kilómetros era el recorrido de esa edición-, ganándose el cariño del público y pasando a la historia del ciclismo y del Giro. Su tiempo oficioso fue, incluso, mejor que el de los dos últimos clasificados de ese año.

Alfonsina saltó a la fama en mayo de 1924, aunque su pasión por la bici le venía de mucho antes. Nació en 1891 en el seno de una familia humilde. Su padre le regaló una bicicleta cuando cumplió los 10 años y Alfonsina Morini -que era su nombre hasta que adoptó el apellido de casada- comenzó a escaparse todos los domingos por la mañana al pueblo vecino con la excusa de ir a misa para correr contra los niños de su edad. Su potencia sobre la bici fue tal que le apodaron ‘El Demonio en vestido’ y sus logros le llevaron a correr el Giro de Lombardia de 1917 y 1918, aprovechando el vacío legal en el que no se especificaba prohibición alguna para que las mujeres corriesen. 

Después de ese Giro de 1924, Alfonsina volvió a intentar correr la ‘corsa’ rosa un año tras otro, pero la organización le vetó siempre. La pasión por la bici le acompañó el resto de su vida. De hecho, se ganó la vida regentando su propia tienda de bicicletas en el centro de Milán, el mismo lugar donde llegó ese año de 1924 aclamada por los ‘tifosi’ para pasar a la historia del ciclismo. Una historia que en esta décima etapa hará un merecido guiño a un icono importante de la leyenda de la carrera rosa: Alfonsina Strada.

Ciclismo
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios