Sandor Martín: "En el boxeo ya no existe el señor del maletín con dinero, pero falta transparencia"
El español, después de sufrir un polémico resultado en contra, aspira a otra oportunidad mundial tras medirse al ucraniano Kurylenko en Bilbao, mientras el posible positivo de Matías y la ruta WBC o WBA podrían acelerar su pelea
El boxeador español Sandor Martín. (Joan Mateu Parra)
Antes de cumplir seis años, Sandor Martín ya tenía unos guantes de boxeo. Tal vez chirríe un poco que a tan temprana edad un niño tenga tantas ganas de pelear en un ring. Todo tiene su explicación. Su abuelo, Bartolomé Martín Hernández, fue un púgil de Pasaia (Guipúzcoa) al que la Guerra Civil frustró su carrera. Antes de 1936, ya había disputado como amateur alrededor de diez peleas. Su siguiente cita iba a ser en la Olimpiada Popular que se iba a disputar entre el 19 y el 26 de julio de ese año en Barcelona, organizada en protesta por los Juegos Olímpicos de Berlín con Adolf Hitler como anfitrión. El estallido de la guerra, unido al obligado exilio a Francia, dio al traste con su carrera. Su hijo Rafael heredó la afición gracias a que Bartolomé le acompañó a presenciar cualquier evento relacionado con la lucha libre o el boxeo que se celebrara en París y alrededores. Lo que ocurre es que, cuando quiso subirse al cuadrilátero, le cogió la peor época del boxeo. Así que montó un gimnasio en Barcelona, donde su hijo Sandor comenzó a dar sus primeros golpes a un saco de arena.
El catalán se encuentra estos días centrado al máximo en el combate que le medirá el próximo día 20 al ucraniano Yanis Kurylenko como paso previo a que se le abran las puertas para tratar de competir de nuevo por el cetro mundial versión World Boxing Council (WBC) de los superligeros (hasta 63,5 kilogramos). Solo se saltó una sesión preparatoria. Tenía una excusa perfecta: viajar hasta Bilbao para presenciar in situ a su Athletic frente al Real Madrid. "Fue un partido muy sufrido", admite después de la victoria de los blancos en San Mamés por 0-3.
Ser athleticzale "de cuna" tiene la misma explicación que su afición por el boxeo. El hecho de que su madre Inmaculada lleve como primer apellido Clemente es una mera casualidad "porque ella es gaditana". Ser del Athletic tras haber nacido en Barcelona no resulta nada fácil. La influencia de sus abuelos resultó otra vez decisiva. "El guipuzcoano supongo que era del Athletic por tocar las narices a su familia, pero lo de mi abuelo materno, que era de Jerez de la Frontera, no tengo ni idea. Ya lo preguntaré a mi familia estas Navidades", espeta. Y luego estaba la figura paterna, también seguidor del equipo vasco. "La cabra siempre tira al monte", sentencia de forma jocosa.
Al llegar a Primero de Educación General Básica (EGB), Sandor Martin era el único del colegio que participaba en combates light "donde hay un contacto mínimo". Practicaba cualquier disciplina que tuviera algún tipo de relación con el boxeo, desde kickboxing o full contact pasando por el muay thai o el K-1 porque eran las únicas donde podía competir en España con menos de 15 años. Superada esa edad, con la experiencia adquirida con los otros deporte de combate, ya pudo subirse a un ring y enfundarse unos guantes de boxeo. En realidad, ya lo había hecho antes fuera de nuestro país. En Francia sí estaban permitidos los eventos boxísticos para niños de cualquier edad, así que no dudó en cruzar la frontera las veces que hicieron falta para disputar peleas en lugares como Carcassonne, Perpignan, Marsella, Narbonne o Toulouse.
Nada más cumplir la mayoría de edad consiguió cumplir su sueño infantil: estrenarse como profesional. "No veía nada claro dar ese paso, pero mi entrenador me hizo saber que tenía mucha confianza en mis posibilidades y me decidí a hacerlo. Ahora pienso que es lo mejor que pude hacer en aquellos momentos". Fue el 8 de octubre de 2011 contra el armenio Armen Hovsepyan. "Gané por KO en el tercer asalto en un combate que se celebró en Barcelona". Para Martín, aquella pelea es "algo muy bonito de recordar ahora porque en aquellos momentos no había ningún boxeador tan joven que se hubiera atrevido a dar el paso al profesionalismo". De aquel primer combate se llevó 600 euros, "que es lo que dan a todos los debutantes". A partir de ahí despegó la carrera de un boxeador que se define "inteligente" y "estilista" capaz de anticiparse "muy bien" a las acciones de rival. El hecho de ser zurdo ya no le resulta una ventaja competitiva como antaño. "Es que ahora en casi todos los deportes es norma general que haya zurdos. En boxeo eso complica mucho las cosas cuando compites a alto nivel con alguien que no es diestro porque añade un plus de complejidad al combate", indica.
Cuando se habla de boxeo y dinero, ¿a quién no le viene a la cabeza alguna de películas en blanco y negro tipo Cuerpo y alma u otras más modernas como la oscarizada El ganador, donde un púgil era comprado por un tema de apuestas? "Las escenas de un tipo que llega con un maletín repleto de dinero, que se lo da otro y le dice lo que tiene que hacer, ya no existen; lo que sí que digo es que no hay tanta transparencia como debiera en este deporte", afirma Sandor Martin. En su opinión, cuando en el mundo del boxeo se tira una moneda al aire para que salga cara o cruz, "siempre cae del mismo lado porque hay una serie de intereses que hay que defender para que no decaiga el negocio".
El boxeador español Sandor Martín. (EFE/Javier Lizón)
Un ejemplo de esa falta de transparencia podría ser el combate que disputó el pasado mes de marzo en el Barclays Center de Brooklyn frente al dominicano y dos veces campeón mundial de superligero Alberto Puello. Tras 12 asaltos, el juez Mark Consentino le dio vencedor (115-113), mientras que los otros dos, David Sutherland (113-115) y Don Trella (112-116), se decantaron por el zurdo dominicano, una decisión bastante polémica a juicio de los expertos. "¡Qué le vamos a hacer!", se lamenta. "Así es el deporte", añade un tanto resignado. Sin referirse en concreto a dicha pelea, asegura que "los jueces son lo suficientemente inteligentes para decir que esto es una industria en la que nos pagan por hacer un trabajo y, si no protegemos a los que nos dan la pasta, a lo mejor no nos llaman otra vez".
Sandor Martín ocupa ahora mismo el tercer puesto en el ranking de la WBC con unas estadísticas brillantes: 42 combates ganados y 4 perdidos. Se ha enfrentado y derrotado a púgiles míticos como el campeón mundial en cuatro categorías diferentes, el californiano Mikey García. "Vencí a un Hall of Fame", asegura muy satisfecho. Aquella victoria, conseguida el 17 de octubre de 2021 en Estados Unidos, supuso un revulsivo en su carrera. "Nadie la esperaba, ya que las apuestas eran de 11-1 a favor de él". Él y su equipo opinaban lo contrario. "Confiábamos al 100% en nuestras posibilidades y fuimos allí con la idea de dar un golpe encima de la mesa y lo conseguimos", subraya. Esa confianza de la que habla no le hizo perder jamás el respeto a su rival. "Es que da vértigo enfrentarte a esta gente". Al final todo salió a la perfección. "Cuando me metí en este deporte, ya sabía que para llegar a lo más alto había que ganar las grandes peleas", sostiene.
Las cosas no siempre salen como se planean por mucho que uno tenga una fe ciega en sus posibilidades. A veces, la suerte también influye. Por ejemplo, cuando se enfrentó y tuvo entre las cuerdas hace tres años al neoyorquino Teófimo López, otro campeón del mundo de superligero. "Le derribé dos veces y al final perdí a los puntos", explica. La velada que se celebrará el próximo día 20 en el Bilbao Arena de Miribillapuede ser el trampolín que dé al catalán otra oportunidad de lucir el cinturón verde de campeón del mundo. Será el primer combate que dispute tras la derrota en marzo ante Puello. "Me hace mucha ilusión esta pelea porque puede ser el preámbulo de todo lo que pueda ocurrir en 2026, que espero sea un gran año para mí". De momento, todo el plan trazado sigue su curso. "Hasta la venta de entradas va de locura".
Si logra derrotar al ucraniano, su mirada estará puesta en la pelea que van a disputar el próximo 10 de enero el puertorriqueño Subriel Matías y el británico Dalton Smith por el título mundial de los superligeros "porque el que gane tendrá que defender su título ante el número dos, que es Alberto Puello". Todo puede cambiar si se confirma el reciente positivo del puertorriqueño por ostarina, una sustancia prohibida para los boxeadores que ayuda a aumentar la masa muscular y a mejorar el rendimiento físico. De comprobarse esta circunstancia, la suerte de Martín podría cambiar de la noche a la mañana y acelerar su combate por el título. "¡A ver qué sucede!", exclama.
Si, por el contrario, la WBC da luz verde a la velada entre Matías y Smith, el catalán tendría que esperar entonces varios meses más para que le surgiera una nueva oportunidad. También existe la posibilidad de pelear contra el mexicano Isaac Pitbull Cruz y convertirse en campeón interino de la WBC —una especie de pasaporte para disputar el título mundial—, o bien optar al título vía World Boxing Association (WBA), donde ocupa el cuarto lugar en el ranking. En cualquier caso, la pelea se disputaría en Estados Unidos o Arabia Saudí "porque en España no hay dinero para organizar ese tipo de peleas".
Tantas expectativas le obligan a no ausentarse ni un día del gimnasio. Cuando está preparando una pelea, le puede echar a diario cuatro horas "de esas que llamamos trabajadas, donde se hacen muchos esfuerzos". Su actividad la reparte a partes iguales entre la mañana, donde se prioriza el trabajo físico, y la tarde, orientada sobre todo a la técnica boxística. "A lo mejor me puedo tirar tranquilamente una hora dando golpes. Date cuenta de que tengo peleas de doce asaltos que, si los completas, hay que estar 45 minutos sobre el ring". Luego está la dichosa dieta para mantenerse en el peso. "Todos los días miro e insulto a la báscula, aunque sé que me tengo que llevar bien con ella". Al final, la fórmula para que no se le vaya la cosa de las manos resulta bastante sencilla de aplicar: "Comer menos".
El homenaje de San Mamés a Sandor Martín. (AFP7)
Y es que Sandor Martín, a sus 32 años, sigue mimando su cuerpo. Los jóvenes aprietan. El púgil catalán es de los que cree que en esa franja que va de los 30 a los 35 años los deportistas están en la mejor versión de sus carreras "porque ahora ya no se entrena porque sí, sino que se hacen entrenamientos de calidad que permiten alargar la vida de un deportista y así nos convertimos en auténticos atletas". A esa edad, un boxeador ya empieza también a pensar en el momento ideal para colgar los guantes. Él no le ha puesto fecha a su retirada. Ahora bien, tiene bien claro qué va hacer cuando abandone el boxeo: "Hacerle caso a mi mujer y pasar más tiempo con mi familia, pero siempre vinculado a este deporte como promotor, entrenador, o lo que sea".
Después de tantos años de sacrificios, es de los pocos que puede presumir de vivir del boxeo, "y si llevamos este asunto al límite, te diría que como mucho somos cuatro". Para que el público se haga una idea aproximada de los emolumentos que pueden llegar a percibir, Martín afirma que un aspirante a campeón puede obtener una bolsa que va de los 250.000 o a los 4 o 5 millones de euros. Si la pelea es para defender el título, las ganancias, obviamente, son mayores, con una cantidad mínima establecida que se puede incrementar en función de quién sea el promotor de la velada, quién aporta el dinero para que se celebre, el caché que tenga el boxeador, la plataforma que lo televise o el lugar donde se dispute el combate. "Si eres el campeón, siempre tienes la sartén por el mango", apostilla.
Antes de cumplir seis años, Sandor Martín ya tenía unos guantes de boxeo. Tal vez chirríe un poco que a tan temprana edad un niño tenga tantas ganas de pelear en un ring. Todo tiene su explicación. Su abuelo, Bartolomé Martín Hernández, fue un púgil de Pasaia (Guipúzcoa) al que la Guerra Civil frustró su carrera. Antes de 1936, ya había disputado como amateur alrededor de diez peleas. Su siguiente cita iba a ser en la Olimpiada Popular que se iba a disputar entre el 19 y el 26 de julio de ese año en Barcelona, organizada en protesta por los Juegos Olímpicos de Berlín con Adolf Hitler como anfitrión. El estallido de la guerra, unido al obligado exilio a Francia, dio al traste con su carrera. Su hijo Rafael heredó la afición gracias a que Bartolomé le acompañó a presenciar cualquier evento relacionado con la lucha libre o el boxeo que se celebrara en París y alrededores. Lo que ocurre es que, cuando quiso subirse al cuadrilátero, le cogió la peor época del boxeo. Así que montó un gimnasio en Barcelona, donde su hijo Sandor comenzó a dar sus primeros golpes a un saco de arena.