La doble vida de 'El Zurdo': chatarrero de día, campeón mundial de Muay Thai de noche
Este joven del barrio madrileño de Fuencarral acaba de alzarse con un nuevo campeonato internacional. No pudo celebrarlo demasiado, el lunes tocaba volver a primera hora al tajo
Un joven menudo, de estatura media, incluso algo bajito, y tez morena. Nada en Antonio Orden llama demasiado la atención de primeras. Y él tampoco hace demasiado por querer cambiar eso en su día a día. Estos días, eso sí, puede despertar cierto interés a la vista del viandante por una pequeña 'firma' que su peluquero le ha hecho en la cabellera. Un corte especial con una fina bandera de España que cruza el perfil izquierdo de su cabeza. ¿A qué se debe el detalle? A un combate en el que busca convertirse, una vez más, en campeón internacional de Muay Thai. Bajo esta sencilla apariencia y una realidad igual o más dura que la de la mayoría, Orden esconde uno de los currículums más laureados en el Muay Thai en nuestro país y acaba de agrandar su palmarés.
Este 'peleador' (como se autodenominan los luchadores en este mundo), nacido en el periférico barrio madrileño de Fuencarral, es toda una figura de esta peligrosa y espectacular actividad de origen asiático (también conocido como boxeo tailandés) en nuestro país. A sus 30 años y con 42 combates a sus espaldas, Orden celebraba el pasado fin de semana la consecución del título de la WBC Mediterráneo en peso pluma con el que sigue llamando a las puertas de las llamadas grandes ligas. Y lo hace mientras gran parte de su día lo dedica a trabajar en una chatarrería. Porque sí, desde hace años no para de ganar cinturones, sin embargo, lo hace casi al mismo ritmo que empalma trabajos para ganarse la vida. De asistente en la reprografía de una universidad privada a chatarrero, pasando por trabajador en el aeropuerto. Es el ejemplo de la vida de los deportes minoritarios en España y de la pasión de los que los practican para seguir haciéndolo.
Con maratonianas jornadas que han llegado a las 12 horas de actividad (en algunos instantes de su larga carrera) entre trabajo, entreno y gestión de su propio gimnasio, situado en el mismo barrio en el que creció y se empezó a foguear con esta mezcla de boxeo y artes marciales, su vida está lejos de las historias de ensueño de las estrellas del boxeo o la UFC, pero el luchador madrileño sigue al pie del cañón. "Al menos una temporada más".
Orden quiere echarle un último pulso al deporte y a la vida a la espera de conseguir dar el salto definitivo o retirarse con el hito de las 50 peleas superadas y un palmarés sin más picos que conquistar, según detalla él mismo (en sus redes anota que es 2 veces campeón del mundo, 3 de España, 1 de Europa y 2 intercontinental). El Confidencial acompaña a este serio, pero atento, luchador profesional, en el antes, el durante y el después de una victoria. Una que puede ser el principio del fin de su carrera o, si hay suerte, todo lo contrario.
Antes del combate
Orden espera a este medio en el parque Santa Ana, en Fuencarral pueblo. Una pequeña colina con zonas verdes que se levanta junto a una gran área deportiva municipal y las colmenas de pisos que caracterizan estos barrios de la capital. Allí, ataviado con el chándal del club que él mismo fundó, el Orden Team Fight Club, "lo monté con un crédito que pedí a Bankia hace unos años, cuando empezaba a ganar algo de dinero con esto", pasea acompañado de su hermano, también 'peleador' profesional y miembro de su club, Daniel Orden. Los dos recuerdan su infancia allí, su paso por el fútbol "es lo que hacen todos los niños del barrio" y habla con una tranquilidad inusitada a pocas horas del inicio de su pelea.
Es sábado por la mañana y el combate está programado para la tarde noche, pero nada en él indica un mínimo nervio o intranquilidad. "Todo el mundo me lo dice siempre antes de los combates, que si estoy nervioso, si lo paso mal, pero nada, nunca he sido mucho de tener nervios hasta llegar al pabellón y ahora tampoco. Como digo, la suerte ya está echada, solo queda esperar y estar preparado", cuenta. Su pasión por el Muay Thai se ve en la forma de sonreírse con casi cada respuesta sobre el combate, o el deporte que practica, "cuando te subes al cuadrilátero es tu momento, la música, el cómo entras en la pista, el público... No sé, es algo superespecial", detalla, y también por su forma de entender el negocio alrededor. "Esto es un espectáculo, y hay que darlo si queremos que se ponga de moda, como se ha puesto ahora la UFC, que la sigue todo el mundo, al menos por los nombres".
El madrileño, padre de una niña de 2 años y mentor de su hermano y otros tantos chavales que empiezan en este mundo, dice no estar cansado aún del Muay Thai, ni mucho menos, pero lo cierto es que ya habla casi más como un empresario y una figura del sector que como una mera estrella. Controla tiempos al hablar, no pierde ojo a su alrededor y es realista con la pasión que tiene. Se toma cada paso con una profesionalidad casi ceremoniosa, incluso el pesaje. "Ayer fue un día jodido porque me tocó pesarme, tenía que bajar de 57,5 kilos, ahora estaré por unos 60". ¿Has cogido 3 kilos en una noche? "Sí, es lo normal aquí, a nada que recuperas un poco comiendo, bebiendo y demás subes, pero no ha sido el peor pesaje. Una vez en Japón tuve que bajar de los 55 y me pasé los días entre la sauna y la cama comiendo solo lo justo para subsistir. En cuanto pasé el peso subí en un segundo", recuerda.
Aún se le notan los pómulos marcados de alguien que exprime su cuerpo, pero si algo llama la atención es la tranquilidad con la que se lo toma todo, una paz interior llamativa para un 'peleador' de una de las modalidades más intensas y duras del mundo, pero que defiende en la cantidad de tiempo que lleva aquí y la preparación previa. ¿Ahora qué haces hasta el combate? "Pues nada, estar tranquilo en casa, con la niña, mi pareja, el perro... Intentas no pensar mucho en el combate que ya tendrás tiempo de repasar mentalmente todo cuando llegues al pabellón y empieces a calentar y eso. No hay mucho misterio".
Orden lleva desde los 16 o 18 años, aproximadamente, muy cerca del Muay Thai y ha pasado por todo tipo de situaciones. Tiene tocadas las piernas, ha peleado en Asia, haciendo giras por Tailandia, cuna de este deporte o Japón y se le nota una autoconfianza que se permite expresar en el control del momento. Y también de sus sueños. "La verdad que ahora hay mucho curro (se refiere a las peleas), no me quejo, siempre me lo he tomado como un dinero extra, como el que hace un trabajo puntual, pero bueno aún nos queda mucho por crecer, y a mí me gustaría seguir haciéndolo. Todavía muy poca gente nos conoce y eso que ahora se ha puesto de moda el MMA con McGregor, y puede ayudar, pero sigue siendo un mundo muy desconocido. Vamos, alguna vez me paran por la calle para alguna foto y es tan raro que me flipa, no sé cómo los famosos se pueden cansar de eso".
Sobre el futuro, los hermanos Orden siguen con esa mezcla de seriedad y responsabilidad, pero mirando lejos. Antonio aún no sabe que ganará la pelea de esa misma noche, al igual que lo hará también su hermano, pero ya tiene el siguiente sueño, sin irse muy lejos. "Me quedan pocas peleas hasta las 50, y con las que tengo apalabradas ya no me costará llegar. Es el techo que me he puesto si no llama ninguna gran liga internacional. Si supero esa cifra ya me quedarán pocos alicientes para seguir y este es un deporte que hay que amar, pero también es súper sacrificado, si no tienes la motivación es muy difícil competir, entrenar, pelear...", apunta.
La pelea
La precariedad del deporte minoritario en España no solo se sufre en las carnes de alguien como Orden, o al menos no solo directamente. Esta velada, en la que se dan cita varios combates y dos luchas por cinturones internacionales, entre ellas la del 'peleador' de Fuencarral, se ha cambiado hasta tres veces de sede, con aforos muy diferentes, fechas distintas y menús distintos. De un cine a un polideportivo e incluso en apenas dos semanas tuvo que pasar de ese pabellón que había aparecido como salvavidas a otro unos pueblos más allá, con el riesgo de una cancelación final. Orden y su contrincante, el italiano Francesco Sotgiu, se dan cita en Valdetorres del Jarama, un municipio al noreste de la capital y que, eso sí, no falla para la ocasión.
Ayuda que Orden es ahora vecino de Paracuellos del Jarama, un pueblo cercano, y se nota en el público. El luchador es aclamado, y sí, allí se siente importante. Él, lejos de aislarse, responde ante los vítores. Esa vena de controlar todo, de ir más allá de su pelea, se nota durante toda la velada. Esta vez, aunque es el plato fuerte, no pelea ni el último ni el primero, pero no se pierde a nadie. Jalea el combate de su hermano, da consejos o habla con otros peleadores y todo mientras en el espacio dedicado para el calentamiento se concentra con su entrenador y mentor, Ángel Martín, el que le descubrió en los gimnasios madrileños, y que ha marcado toda su carrera. "Hay gente que no aguanta con él porque es muy exigente, pero a mí me ha llevado donde estoy, y le estoy muy agradecido. Me ha acompañado incluso en los tiempos que estuve viviendo en Japón y Tailandia", comenta Orden.
'El Zurdo', como se le apoda en el circuito —"no es nada del otro mundo, es que como cuando empecé éramos muchos, mi nombre es muy habitual y nadie nos conocía pues empezaron a decir, 'mira, te llevo a pelear a Antonio, al zurdo', y así me quedé"—, prepara a conciencia su cuerpo. En esa dura zurda se cura aún una de sus últimas lesiones. En este deporte de contacto lo raro es salir bien del cuadrilátero, y él terminó su última victoria con un nudillo roto que aún está sanando. "No ves que está más corto, al menos ahora ya lo puedo cerrar bien después de la rehabilitación, pero se ha quedado un poco hundido. Al menos gané la pelea a pesar de que me dolía", añade el luchador.
Poco antes de entrar en la pelea pide algo de espacio a los periodistas, habla con su entrenador y empieza la ceremonia. Este deporte, ilegal en varios puntos del globo por la brutalidad de sus golpes cuenta con una dosis de violencia que choca de frente con la ceremonia que hay alrededor y que Orden sigue a rajatabla, al igual que la deportividad que se dispara al terminar la pelea. Entre medias, una lucha a cara de perro en la que gobiernan las normas del K1 ("no puedes pegar con codos y el agarre no puede ser continuo"). Así, los puños juegan un papel fundamental y aún más lo hacen las patadas, con un sonido que estremece "cuando notes un sonido sordo, ese es el golpe que duele, que es hueso contra hueso", detalla el luchador madrileño.
El combate empieza con sonido tradicional siamés de fondo y no da demasiado tiempo a fijarse en los detalles. La intensidad de la lucha de Orden dura apenas 3 minutos. En ese tiempo el español ya ha conseguido tumbar a su oponente, que el arbitro le dé por ganada la lucha y pueda ir a dar un beso a su pareja, que esperaba en primera fila. La secuencia es tan rápida como dura. En uno de los choques, aún con muy pocos roces, Sotgiu intenta soltar un derechazo al rostro y deja desguarnecido su lateral, esto lo aprovecha Orden que sin perder un instante esquiva el puño y lanza su pierna izquierda, su zurda, al hígado, provocando lo que en el mundo de los deportes de contacto se conoce como KO al hígado. Sotgiu, que en un primer momento parece aguantar el golpe bajo las costillas, cae doblado al suelo sin posibilidad de levantarse.
Es entonces cuando Orden suelta toda la tensión acumulada y lo celebra. Coge la bandera de España, a juego con todo su atuendo, amarillo y rojo de pies a cabeza, y cae al suelo. Un título más, un combate más y el sueño de poder dedicarse a esto de verdad, de pegarse con los mejores, algo más cerca. "La idea es que si consigues ganar todo y demostrar que vales y das espectáculo, las grandes ligas, que están en Japón y Estados Unidos sobre todo, te pueden llamar, te firman un contrato de hasta 24 meses y te cierran las peleas con los otros competidores del circuito. Vamos, parecido a la UFC. Pagan muy bien cada pelea y tienes tiempo y dinero para vivir de ello", detalla el flamante campeón. Eso sí, todo esto lo sueña sin perder el norte. Tampoco le da tiempo a hacerlo.
Vuelta al tajo
El lunes a primera hora Antonio Orden ya ha pasado de ser el icono del Muay Thai a un trabajador más de la chatarrería de su suegro, en Paracuellos. De la pelea del sábado apenas quedan rasguños a la vista, aunque sí se mantiene la bandera de España en su lateral y otros achaques al moverse que no tarda en confesar. "Al menos esta vez no me han tocado la cara. Tengo golpes en las piernas y así, pero bueno, se irán sanando", comenta el luchador como el que habla de otro sábado de excesos. Su corta pelea le ha ayudado a llevar mejor el primer día de la semana, pero es realista. "Este es el día más duro después de las peleas, pero hay que reponerse".
Junto a una pequeña hoguera se calienta en el frío de las mañanas de esta comarca cercana al Jarama. Su trabajo se basa en una especie de mozo de almacén, un chico para todo que lo mismo levanta que ordena o coloca. Y no por duro pierde las ganas. Incluso es una mejora respecto a otros. "Me permite tiempo para entrenar y luego estar en el gimnasio. Y teniendo una familia hay que trabajar, así que bueno, así lo llevamos, poco a poco".
Su rostro, cansado pero alegre después de lo ocurrido el finde, es claro. Habla desde el conocimiento de un joven, pero a la vez veterano 'peleador' curtido en mil batallas. ¿Cómo conseguiste ese golpe? "La verdad que lo teníamos preparado, habíamos visto que ahí tenía un punto débil y lo aprovechamos. Yo me veo todos los vídeos que puedo de mis contrincantes y analizo al máximo. Si no lo haces lo que te puede pasar es que te sorprenda y te acabe ganando". Es un profesional y hasta en los trabajos extra hay que darlo todo.
Esta vez al menos puede descansar algo más. Su temporada empezará a empinarse pronto y llegará a empalmar, si el cuerpo se lo permite, varias semanas de combates seguidos. Como escribía en su Instagram, "os dijimos que sería la temporada más dura de nuestra carrera y así será". Con 30 años dice estar en el mejor momento como 'peleador' por la madurez adquirida y el conocimiento atesorado, por lo que no le da miedo lo que viene.
Orden termina con una pequeña reflexión que debe tener más que preparada de las veces que la ha hecho. Cuando se le pregunta sobre si merece la pena todo el esfuerzo, si no dan ganas de tirar la toalla, opta por hablar de la vida. "Estas son las cartas que te da la vida. Yo vengo de un barrio humilde y con unas condiciones muy especiales, hay gente que viendo esto prefiere quedarse quieto, llorar y no hacer nada. Yo he preferido actuar. A mí me han dado estas cartas y con esas juego y las aprovecho lo mejor posible. No hago otra cosa".
Un joven menudo, de estatura media, incluso algo bajito, y tez morena. Nada en Antonio Orden llama demasiado la atención de primeras. Y él tampoco hace demasiado por querer cambiar eso en su día a día. Estos días, eso sí, puede despertar cierto interés a la vista del viandante por una pequeña 'firma' que su peluquero le ha hecho en la cabellera. Un corte especial con una fina bandera de España que cruza el perfil izquierdo de su cabeza. ¿A qué se debe el detalle? A un combate en el que busca convertirse, una vez más, en campeón internacional de Muay Thai. Bajo esta sencilla apariencia y una realidad igual o más dura que la de la mayoría, Orden esconde uno de los currículums más laureados en el Muay Thai en nuestro país y acaba de agrandar su palmarés.