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Antoni Daimiel: "La civilización morirá por culpa del que llega a casa y no quiere pensar"
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EL PERIODISTA MÁS QUERIDO DE ESPAÑA

Antoni Daimiel: "La civilización morirá por culpa del que llega a casa y no quiere pensar"

Treinta años después, deja de ser la voz de la NBA en España pese a que todas las empresas en liza querían ficharle como fuera. El extraño caso del plumilla español respetado y sin enemigos a la vista

Foto: Antoni Daimiel posa para una entrevista con El Confidencial. (J. I. R.)
Antoni Daimiel posa para una entrevista con El Confidencial. (J. I. R.)
EC EXCLUSIVO

Al periodismo deportivo se va a hacer enemigos. Pocos son los profesionales que, con el paso de los años, no acaban con una legión de lectores convencidos de que una institución oscura —normalmente controlada por su equipo rival— les ha puesto ahí para socavar sus glorias deportivas. No hay medias tintas: o estás conmigo, o a sueldo de la mafia calabresa.

Antoni Daimiel (Ciudad Real, 1970) es un caso único de periodista sin enemigos. Quizá porque ha dedicado su carrera a la NBA, que en España nunca ha calentado debates, quizá porque conoce la liga mejor que muchos jugadores, nadie le pone pegas a sus retransmisiones nocturnas, sabia mezcla de datos, conocimiento profundo y humor. Tanto es así que algunos compañeros le conocen como Diosito, el que nunca falla.

Esta semana, por primera vez en treinta años, la NBA arranca sin su voz en España. Telefónica ha perdido los derechos de la competición y ha dejado a Daimiel colgado de la brocha, sin saber a qué dedicará sus días. Ha tenido ofertas de los nuevos operadores para seguir con la NBA pero, como las grandes leyendas de la grada, ha decidido quedarse.

Hablamos con Antoni Daimiel, el día que arrancaba la NBA, de la época heroica de Canal Plus, la psicodelia de Andrés Montes y la chiringuitización de la sociedad. Es decir, de los asuntos costumbristas importantes de la vida.

***

PREGUNTA. ¿Hay posibilidades de que Movistar acabe dando algún partido de la NBA este curso?

RESPUESTA. No tengo ni idea, voy a hechos consumados. No suelo preguntar sobre estos temas, porque no debería ser yo el que tome la iniciativa, sino otros los que deberían informar. El hecho consumado es que los derechos de la NBA los han comprado Amazon Prime y DAZN. Movistar los ha perdido después de treinta años, y me organizo en función de eso.

P. Tu compañero Guille Giménez dijo la semana pasada que a lo mejor había alguna opción.

R. Guille tendrá más información que yo, pero yo no pregunto. Yo espero que me confirmen: si no, me desgasto mucho.

P. El caso es que esta madrugada empieza la NBA y no la vas a narrar.

R. Correcto, es el primer día del resto de mi vida.

P. Como mínimo, hoy estarías mucho más atareado si está noche tuvieras NBA, ¿no?

"Hoy es el primer día del resto de mi vida"

R. El recuerdo que tengo de los últimos años es de bastante ajetreo durante ese día. Me llamaban para muchas entrevistas, me tenían ocupado, no me dejaban aislarme para echarme una siesta y prepararme los partidos. A veces retransmitía dos partidos la primera jornada. Llegaba al plató, me tomaba un café y aguantaba. Siempre he aguantado la noche bastante bien.

P. ¿Cómo de cerca estuvo la competencia de ficharte?

R. En agosto, me llamó alguien en representación de Amazon Prime. Querían que fuera el comentarista principal de la NBA, pero no se dio lo necesario para dar el salto. La oferta incluía que me fuera a Barcelona los días de partido, porque ellos transmiten desde allí. Mira, yo ya tengo una edad, no me veía viajando dos veces por semana a Barcelona, hacer los partidos de madrugada, dormir en un hotel, llegar por la noche a Madrid... Era complicado.

P. ¿Y DAZN?

R. Me llamaron después y nada. También era complicado. Por mucho que me empeñara en seguir haciendo NBA, no puedo regresar a los niveles profesionales y económicos de cuando empecé. Por suerte, no tengo esa necesidad. Por lo que he visto, parece que DAZN no va a hacer una inversión en NBA como la que hizo con Lobato para la Fórmula 1.

placeholder Antoni Daimiel durante la entrevista. (J. I. R.)
Antoni Daimiel durante la entrevista. (J. I. R.)

P. Si finalmente la NBA no vuelve a Movistar, ¿a qué te dedicarás?

R. De momento, no lo sé. Estamos mirando qué se puede hacer. La clave, cuando hay una coyuntura como esta, es que la empresa crea en ti. Yo me siento periodista, incluso por encima de periodista deportivo, aunque haya sido treinta años comentarista NBA, que es una cosa muy especializada. Tengo inquietudes y me siento mínimamente preparado para hacer distintas tareas. En una cadena como Movistar Plus se pueden hacer muchas cosas. Me han transmitido su voluntad de encontrar nuevas tareas tras perder lo que llevaba treinta años haciendo. Yo lo agradezco mucho, porque no es tan habitual. He decidido quedarme.

P. Movistar mantiene la Euroliga, ¿no?

"Hubiera sido ventajista por mi parte agarrarme ahora a la Euroliga tras perder la NBA"

R. Sí, la Euroliga y la Euroliga femenina. Me propusieron hacer la Euroliga, pero ahora no lo veo. Insisto en mi situación privilegiada. No tengo temores profesionales. Si tras perder la NBA, Movistar hubiera decidido prescindir de mí, lo hubiera asumido tranquilamente. Pero ya que me quedo, buscaremos algo qué hacer, pero no la Euroliga. El motivo es que, tras perder Movistar la NBA y la ACB, hubo una concentración del personal de basket en la Euroliga, una superpoblación, y no quería llegar yo a última hora a revolver aquello.

Tampoco hubiera sido coherente por mi parte porque, en cursos anteriores, la dirección de Deportes me había sugerido dejar de hacer algo de NBA para hacer más ACB y Euroliga. Me resistí. Hubiera sido ventajista por mi parte agarrarme ahora a la Euroliga tras perder la NBA, porque además implicaba desplazar del puesto a un compañero.

P. Casi todo el mundo te asocia al baloncesto, pero empezaste en Canal Plus haciendo reportajes futboleros sobre el terreno en El día después y El tercer tiempo. ¿Viejos buenos tiempos?

R. Tengo muy buenos recuerdos de esta época, fue algo único, muy bonito para todos nosotros. Nico Abad y yo empezamos juntos en Canal Plus como becarios. Éramos de la misma edad, nos hicimos muy amigos, llegamos a compartir casa. Teníamos mucha libertad creativa, dentro de la capacidad que podía tener un chico de 20 o 21 que todavía estaba estudiando. En el canal nos daban herramientas y nos quitaban presión. En los estadios de fútbol se podían hacer cosas que ahora no se pueden hacer. Había más permisividad. Ibas con un cámara y te metías hasta la puerta del vestuario. Nadie te paraba. Si un segurata te decía, “¿a dónde vas?”, le decías, “soy el del Plus”, y te dejaba pasar. Ahora eso es impensable. Fue una época muy bonita. En televisión, dentro del mundo del deporte, no se habían hecho cosas así.

P. De su equipo salió en concreto de Nico Abad el histórico vídeo de Benito Floro metiendo una bronca terrible (“somos el Real Madrid, con el pito nos los follamos”) a sus jugadores en el vestuario.

R. Este video de Benito Floro es mítico. También el de Bilardo abroncando al médico del Sevilla por auxiliar a un rival (“¡los de colorado son los nuestros!”). Ahí nos formamos, ahí nos hicimos periodistas.

P. Se dice que en el primer Canal Plus había cierta anarquía organizativa que iba bien para este tipo de aventuras creativas.

R. Es una reflexión interesante. Yo creo que era algo más que anarquía organizativa. El director de Deportes, Alfredo Relaño, lo tenía todo bastante pensado y ajustado. Descubrí enseguida en mi jefe un muy buen periodista, pero también alguien rompedor, amparado por un director de cadena diferente a todos, Juan Cueto. Eran rompedores porque rompían con los cánones y con lo establecido. A Relaño, por ejemplo, no le importaba que trabajáramos tres días por semana si esos tres días nos volcábamos para que los programas salieron lo mejor posible. Teníamos reunión los martes, pero cada uno llegaba a la hora que le daba la gana. El miércoles y el jueves ni aparecíamos por allí. El viernes empezábamos a hacer algo. Vivíamos así. Cuando dejé de estar en prácticas y tuve mi primer contrato, la Liga tuvo un gran parón porque había Juegos Olímpicos y Eurocopa ese verano. Entre finales de mayo y principios de septiembre, no teníamos nada que hacer. Relaño nos dijo, “iros y a finales de agosto nos juntamos otra vez”. Tuve dos meses y pico de vacaciones… pagadas. A cambio, cuando volvías al curro, volvías como una moto.

P. ¿Erais conscientes de hacer cosas que no volverían a verse en televisión?

R. No, pero sí teníamos claro que había que lograr la mayor calidad posible para justificar que la gente pagara por ver la tele. Lo que nadie se podría imaginar, ni Relaño, ni Víctor Santamaría (que era el realizador), ni nadie, era que, 35 años después, las retransmisiones deportivas serían peores que las de los noventa.

P. Casi todos los que se formaron allí cayeron de pie en la profesión.

R. Sí, fue una muy buena escuela de periodismo para nosotros en la práctica. Cuando Canal Plus compra la ACB, había un travelling en la banda frente a los banquillos, había unas repeticiones tremendas, las retransmisiones de los toros también fueron innovadoras. La idea no solo era invertir mucho, sino que la inversión podía ser rentable. Luego eso ha desaparecido. Los financieros de ahora dicen, “los partidos de fútbol se ven igual aunque pongas a Mickey Mouse y a Minnie a retransmitirlos”. Ese es el concepto que se ha impuesto poco a poco, que da igual darlo un poco mejor o un poco peor, que es más importante hacerlo barato que que la gente esté contenta con el producto. No comparto esa visión.

P. Aunque la calidad de las retransmisiones era alta, también os acusaron de cargaros la ACB por convertirla en contenido de pago.

"A Relaño no le importaba que trabajáramos tres días por semana en Canal Plus, si esos tres días nos volcábamos"

R. Hubo críticas desde RTVE. Ramón Trecet, por ejemplo, insistió mucho en eso en columnas y entrevistas. No estoy muy de acuerdo, aunque es un pensamiento legítimo. Yo no destaco precisamente por ser muy corporativista, pero cuando Canal Plus se hizo con la ACB —tras un desembolso económico importante— las cosas entre RTVE y el baloncesto ya no iban bien, motivo por el que la ACB se tiró de cabeza al contenido cerrado. Mi sensación es que el Plus y Movistar trataron mejor al baloncesto que RTVE. En los pasados Juegos Olímpicos de París, TVE retransmitió el baloncesto… desde un estudio en Barcelona. No basta con poner los contenidos en abierto, tienes que empaquetarlos, venderlos y darlos lo mejor posible. Dentro de los límites de una televisión cerrada, Movistar lo ha hecho bastante bien. Televisión Española tenía que haber tratado mejor el baloncesto.

P. Ese es un concepto muy estadounidense, el no basta con cubrirlo, hay que venderlo. Tú has sido la cara de la NBA en España durante mucho tiempo. ¿La NBA te ha dado cariño?

R. Yo admiro mucho a la NBA como competición, como empresa, como liga, creo que lo hacen muy bien. Han tenido detalles conmigo. Me han regalado camisetas firmadas por los jugadores del All Star cuando era mi cumpleaños. Cosas así. Detallitos. Nos cuidaban, nos facilitaban el trabajo. Supongo que si lo hacen es por algo.

P. ¿Nunca te han ofrecido irte con ellos?

R. En aquellos primeros años, el segundo lustro de los noventa, todos los equipos querían sus propios comentaristas en español, porque ya había mucha población de habla hispana en EEUU. Yo hablé con algunos de ellos, pero había cierta discriminación profesional y salarial hacia los que retransmitían en español. Por otro lado, según fui conociendo EEUU, vi que no me cautivaba para vivir. He ido mucho por trabajo, pero no he ido nunca de vacaciones, es una vida diferente. Valoro más lo de aquí. Europa te da otra visión de la vida fuera del trabajo, de las relaciones y del ocio.

P. Prefieres Cuba.

R. Sí, tengo bastante relación con Cuba. Diferentes cosas me han vinculado con Cuba. Ahora mi mujer es cubana, parte de su familia vive allí todavía. Es un sitio muy peculiar, diferente en muchas cosas, donde yo he estado bastante tranquilo, me he sentido bien. Las costumbres de allí —jugar al dominó, beber ron, escuchar música— están hechas para mí [risas]. Pero el país está ahora muy complicado, igual o peor que cuando lo conocí en los noventa.

placeholder Foto: J. I. R.
Foto: J. I. R.

P. Tus retransmisiones con Andrés Montes se convirtieron en objeto de culto, con su mezcla de contexto sobre el juego y los jugadores, y costumbrismo puro y duro sobre hoteles, comidas o la máquina de café de la empresa. ¿Este estilo surgió porque sí, porque los partidos de la NBA eran muy largos y con mucho tiempo muerto que rellenar o simplemente porque os iba la marcha?

R. Yo era demasiado joven e inexperto como para concebir algo así. Fue cosa de Andrés Montes, que pensaba que había que ayudar a vender un producto que era minoritario. Y encima de madrugada. Montes se las arregló para que nos pusieran un estudio, se echaran los máximos partidos posibles y no se cortara la retransmisión durante los tiempos muertos. Como no daba para hablar todo el tiempo del partido, empezamos a charlar de esto y de lo otro, y él se dio cuenta enseguida de que a la gente le gustaba. Era innovador. Tenía un punto para la gente más bohemia, que trabajaba en hostelería, llegaba a casa de madrugada, no se podía dormir, y se ponía el partido. Una especie de club privado. Algo íntimo.

Universitarios que decían, “yo me quedo por la noche a ver esto”. Éramos una comunidad. La gente lo sentía así. Lo que pasaba allí no pasaba en ningún sitio, y no se enteraba mucha gente, solos en la madrugada. Eso generó bastante liturgia y literatura. Nosotros lo notábamos sobre todo fuera de la tele, porque dentro no nos daban bola. No nos reconocían casi nada. Recuerdo que Montes celebró mucho nuestra inclusión en un reportaje de Marca sobre las mejores parejas de retransmisiones deportivas de España,donde estaban José Ángel de la Casa y Michel, Ángel Nieto y Valentín Requena… y nosotros. Al final caló, hasta tal punto de que, diez años después, le llegó a Montes la oferta de laSexta. Se fue a una tele en abierto a hacer también el fútbol.

P. De entre las mil anécdotas costumbristas de la época, me gusta cuando intentásteis llevar la Constitución a un restaurante en Utah.

R. Fue en una final Chicago Bulls-Utah Jazz, fuimos a cenar a un restaurante en Salt Lake City, adornado con banderas de muchos países, incluido España, solo que la bandera colgada de España era la preconstitucional…

P. Siga.

R. Avisamos al dueño de local, ¡pero oiga! Se hizo el sueco, en plan:, soy un hostelero de Salt Lake City y ¿queréis que me ponga ahora a buscar una bandera constitucional española? ¿En serio?

Por otro lado, hacíamos vida de privilegiados, porque entonces solo cubríamos los partidos, no hacíamos nada más, ni entrevistas, ni reportajes, ni informativos, ni nada. Hacíamos los partidos de la final. El resto del tiempo, turismo. Viajábamos en business...

P. También llevabais todo el dinero en metálico desde Madrid, ¿no?

"En aquella época, la gente que controlaba el dinero en las empresas pensaba que si ibas con una tarjeta, harías un desfalco"

R. Fue en las primeras finales. Costó mucho arreglar eso. Cosas de España. En aquella época, la gente que controlaba el dinero en las empresas pensaba que si ibas con una tarjeta, harías un desfalco. Te daban el dinero contado en dólares antes de viajar. Esto dio lugar a escenas desconcertantes. Una vez, en Chicago para ver a los Bulls, llegamos de noche al hotel. Había como seis recepcionistas, eran otros tiempos. Antes de pedirnos el pasaporte, nos pidieron la tarjeta. Dijimos, “no, no, tarjeta no”. Se miraron extrañados entre ellos. Entonces, nuestro productor puso un maletín encima del mostrador, lo abrió y estaba lleno de dólares, como en las películas. Llevábamos dinero para quince días. Se asustaron. Todo esto, con Montes vestido con traje y sombrero. Como no se fiaban, nos fueron pidiendo garantía día a día. Cada mañana, la garantía ya había vencido, y la habitación también. En un hotel en Tacoma, en Seattle, nos cortaban la televisión y el teléfono todas las mañanas, hasta que bajábamos a pagar el día siguiente. Aventuras de aquellos años.

P. Desde hace una década, hay un debate sobre el juego de la NBA. ¿Se ha echado a perder por el uso y abuso del triple?¿Es la típica queja del que se quedó anclado en la música de los 70 y odia todo lo que vino después?

R. Las dos cosas. Es verdad que el juego ha derivado demasiado hacia el triple. Pero tendrán que cambiar las reglas si quieren que los equipos no tiren tanto de tres. Quiero decir que los equipos no lo hacen por capricho, sino porque esa canasta vale un 50% más y han conseguido subir mucho su porcentaje de acierto. Esto no te lo reconocen los nostálgicos: ahora se tira mejor a canasta que hace 10, 20 ó 30 años. Se demuestra con los porcentajes en tiros libres. Todos los jugadores tiran mejor que antes. Antes había grandes tiradores, pero ahora los hay mejores. A los entrenadores de los equipos no les puedes decir, “tira menos de tres, que a mí me gusta que tiréis menos”. Los equipos quieren ganar, y se acercan más a la victoria tirando más de tres. Para cambiar esto, que puede ser abusivo, hay que cambiar la normativa. Hay que alejar la línea de tres. Hay que cambiar las dimensiones del campo. Pero parte de esto, como dices, es parecido a lo que pasa con la música.

Hay un elemento nostálgico… que es humano. Valoro mucho la NBA de ahora, pero porque la veo desde un prisma profesional. Si fuera un mero aficionado, quizá tendría nostalgia, porque tus mejores recuerdos siempre son de cuando tienes 20 ó 30 años. Pero muchas veces vuelves a ver series que te parecieron la hostia y dices, “tampoco era para tanto”. Pasa mucho. Hay mucha nostalgia, pero, hoy día, los jugadores tienen mejor lectura táctica del juego, entrenan mucho más, son mejores físicamente, tiran mejor, más rápido, más fuerte. Tiene todo para que el juego sea mejor.

P. ¿No se ha mecanizado un poco el juego?

R. ¿Quieres decir que pasan menos cosas diferentes? Puede que haya menos jugadores diferentes, porque casi todos los jugadores hacen ya cualquier cosa. Para llegar a ese nivel, para poder jugar en la NBA, tienes que hacer prácticamente todo bien. No puedes jugar ya con un pívot que no tire de tres. Necesitas que el pívot tire para que su defensor le siga y deje el hueco. La versatilidad en realidad es una paradoja. La versatilidad ha matado la diversidad del juego. Ser más versátiles y más completos ha igualado a a todos los jugadores. Antes había uno que era muy buen tirador, pero no botaba. Otro que era muy bueno en ataque, pero no defendía. Otro que era muy grande, pero no corría. Ahora todos hacen todo bien.

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Foto: J. I. R.

P. En el libro que escribiste, decías que había una paradoja graciosa con Phil Jackson, el entrenador más laureado de la NBA, que preconizaba el budismo, con su desaparición del ego, pero tuvo que gestionar los egos más grandes de la NBA, de Michael Jordan a Kobe Bryant, para que jugaran en equipo. ¿Cuál era el secreto de Jackson?

R. Para mí es el mejor entrenador que ha habido en la NBA. Mucha gente no está de acuerdo en eso, porque dicen que contó con los mejores jugadores, pero conseguir ganar con los mejores no es fácil por los egos. Él recondujo a Jordan, que ya era el baloncestista más conocido del mundo, pero hasta que llegó Jackson, no había ganado ningún título. Propició los equilibrios necesarios para que los Bulls pudieran ganar a Detroit, que siempre les ganaba a base de defensa. Aprovechó a un jugador superior como Jordan, pero en consonancia con el equipo. Kobe Bryant era un jugador de carácter parecido a Jordan, o peor, porque llegó crecido a la NBA tras saltarse la formación universitaria. No había quien le atara en corto. La mejor versión de Kobe en los Lakers, llegó con Gasol. Justo antes, Kobe metía 40, 50 ó 60 puntos en un partido, pero su equipo no se metía en playoffs, porque ya se había ido Shaquille O'Neal. Cuando llegó Gasol, Kobe cambió el chip, entendió que aunque fuera el mejor, necesitaba a sus compañeros. A partir de ahí se vio al mejor Kobe.

P. En una situación casi nunca vista, este año hay unos diez equipos que podrían ganar el título en la NBA. ¿Cómo se ha llegado a tanta igualdad?

R. La NBA siempre ha buscado propiciar más igualdad. Es verdad que la explosión de la NBA se produjo en los 80, con unos Celtics y Lakers dominantes, pero todas las regulaciones de la liga —límite salarial, draft— son para igualar la competición. Están convencidos de que la competición es mejor cuanta más igualdad. A nivel negocio, buscan que cualquier franquicia por pequeña que sea pueda competir. También hay un mínimo de gasto salarial, esto está muy bien. Si quieres mejorar las competiciones futbolísticas, deberías plantearte eso. Si eres un club de primera división, tienes que tener un gasto mínimo en salarios de jugadores, no puedes quedarte todo el dinero de la televisión y fichar solo jugadores baratos. La competición previsible perjudica a todos. La NBA está ahora en su mejor momento de imprevisibilidad, porque ha tenido siete campeones diferentes en los últimos siete años. Se plantea una temporada totalmente abierta.

P. ¿Eres de los que creen que no hay que juntar política y deporte? Es algo que se cumple bastante en Estados Unidos, pero con el 'Black lives matter', la NBA se subió fuerte a la ola de protestas.

R. La NBA no es ajena a la realidad política del país, pero tenemos que comprender que el problema racial está muy presente en la liga. En el primer mandato de Trump ya estaba presente la no aceptación de las comunidades negras, que es la que impera en la NBA que, además, es mayoritariamente demócrata. Sobre todo en comparación con la NFL, que sería republicana.

En la NBA, desde el comisionado hasta los entrenadores y por supuesto los jugadores, son progresistas. Se juntaron los incidentes raciales con el covid y la liga permitió el movimiento, supongo que convenciendo a los propietarios de que aquello era lo mejor para el negocio. Esto en Estados Unidos se entiende sin problema, aquí se montaría una espectacular. Sin embargo, me llama la atención que con el asunto de Gaza, apenas ha habido jugadores en activo que hayan abierto la boca. Es un contraste muy fuerte.

P. Quizá el 'Black lives matter' les acontecía más, les pillaba más de cerca.

R. Claro, esto le tocaba a tus amigos, a sus hijos... pero también influye mucho el poder de los judíos en Estados Unidos, que es tremendo en todos los ámbitos. Hace poco hice el ejercicio de buscar en los principales medios de comunicación del país y hay un judío en los tres primeros puestos jerárquicos de todos ellos. Algunos jugadores retirados como Dwight Howard pusieron un tuit sobre la situación en Palestina y fueron abroncados por el comisionado en minutos.

P. Esto está pasando ahora en España con La Liga, que ha silenciado las protestas por el partido de Miami. ¿Hemos de asumir que los comisionados, como Tebas, tienen ideología y la imponen?

R. Sí, en cierto punto sí, pero tienen que tener cuidado. Un ejecutivo de Houston Rockets puso un tuit sobre el tema de Taiwán y consiguió que China se rebelase contra la NBA, generando una afectación millonaria a la liga. De hecho, la televisión china estuvo tres o cuatro temporadas sin emitir NBA, les costó mucho reconducir la situación.

P. ¿Qué futuro tienen los equipos de baloncesto españoles de ciudades medianas y pequeñas?

R. Es un futuro muy complicado. El baloncesto en las pequeñas ciudades está muy empequeñecido. Yo en los años 80 seguía las competiciones de aquí. Me conocía los quintetos titulares de todos los equipos. Pero se fue convirtiendo en oferta de ocio local de cada equipo. Se dejó de tener una noción desde el punto de vista del aficionado de liga, de competición, a la hora de conocer a tus rivales, de que te importen los rivales también. Esto es lo que ha cambiado radicalmente y dificulta seguir una competición.

P. Somos incapaces de retener un talento como Hugo González, que ni el Real Madrid le ha podido convencer con 19 años. ¿Cómo lo ves en Boston Celtics?

R. Desde que las universidades norteamericana pueden pagar un salario a sus jugadores, nuestra situación se ha complicado enormemente. Somos un país con muchísimo talento en chavales de 15 ó 16 años, pero a partir de ahí vivimos una sangría de talento, porque las ligas de acceso, como LEB y LEB Oro, tienen unas condiciones que hacen imposible vivir del baloncesto.

En cuanto a Hugo, lo veo bien, porque es una primera ronda del draft, que siempre se respeta mucho. Llega a Boston, que es una franquicia muy importante. Justo cuando aparece Hugo, han tenido que cambiar de orientación por la lesión de Tatum y porque ya se les estaba yendo la masa salarial de las manos. Están en un paréntesis, lo que puede propiciar que Hugo tenga más minutos. Es un jugador muy completo. Luego, siempre depende de la adaptación, no solo al juego, sino a la vida, a lo que piden de ti, a lo que tú crees que puedes tener un rol destacado. Hugo es capaz de hacer muchas cosas sobre la pista. Eso puede propiciar que se dé cuenta de qué es lo que necesita el equipo y que se centre en ofrecer eso.

P. El otro día se publicó la noticia de que Shai Gilgeous-Alexander se había convertido en el jugador mejor pagado de la historia de la NBA. Me parece curioso, en tanto que es un nombre mucho menos conocido en España que Jordan, Lebron o Kobe Bryant. ¿La liga cada vez hace más dinero pero tiene menos impacto?

"Si quieres hacer un producto con calidad, te encuentras con un reto enorme; poner a dos personas a insultarse resulta más sencillo"

R. Hay que esperar a ver cuánto gana Shai al final de su carrera, pero es cierto que es un perfil de jugador más académico, más tranquilo, y que juega en un equipo como Oklahoma, que le da pereza a algunos aficionados. Y ahora tampoco tenemos tanto tiempo como existía antes para seguir tus aficiones, la gente pasa en un continuo descarte. En España descartamos casi todo en favor del fútbol y no solo eso, sino que nos centramos en Madrid, Barcelona, Atlético y poco más.

De pequeño, mis amigos y yo nos sabíamos los onces de todos los equipos de LaLiga. Ahora ves a los niños y no tienen ningún interés en los equipos pequeños, solo se hacen de un equipo ganador y discuten con los que son sus rivales.

P. ¿Hablamos de una 'chiringuitización' de la sociedad?

R. Un poco, sí. Es un camino muy sencillo, como llegar a la playa por una autopista. Si quieres hacer un producto de masas con calidad, te encuentras con un reto enorme; ahora, poner a dos personas a discutir e insultarse resulta más sencillo. Me preocupa la gente que dice que llega a casa muy cansada y no quiere pensar porque, si todos hacemos lo mismo, acabamos con la civilización.

P. ¿Qué fue antes, la demanda o la oferta de este tipo de contenido? Y sí, hablo de Pederol.

R. Yo trabajé con Pedrerol en el Canal Plus al principio y se notaba desde joven que no tenía interés en cómo se jugaba al fútbol ni en la calidad de los jugadores. Él era de la escuela de José María García y entendía el periodismo de otra forma. Hacía entrevistas fantásticas en el palco, pinchando a los presidentes, hay clips fabulosos poniendo en aprietos a Gil o Lopera.

A Pedrerol lo que le interesa del deporte es eso: poder discutir, pinchar, crear cizaña. Es buenísimo haciendo esto y le ha servido para tener una carrera de éxito, al menos financiero. Mira: gente que para mí era referente en el periodismo, que intentaban ser asépticos y explicar las cosas, de repente, cuando ha ganado la batalla este tipo de periodismo forofo, se han soltado la melena. ¡Resulta que en realidad eran así, solo se estaban reprimiendo! Por lo tanto, a lo mejor es una condición más natural de expresarse, pero para mí el periodismo no puede ser eso. El periodismo tiene que tener una vocación de tranquilizar, de explicar, de zanjar un debate absurdo como el del Balón de Oro con un solo artículo bien documentado.

P. ¿Te volveremos en otros programas como Informe Plus o El día después?

R. No lo sé. Estuve un tiempo, entre 2008 y 2009, porque estaba muy desencantado con la NBA. Pero sucede que cambió mi estatus en la empresa y me pidieron que volviese a la NBA... después, he hecho un programa de entrevistas, El gancho, y he presentado El día después un par de temporadas, todo sin dejar de hacer NBA por las noches. Algo saldrá.

P. Por último, te tengo que preguntar por tu okupa.

R. Uf... eso es algo que nunca quise contar y que me ha traído muchos problemas. La situación sigue igual. Lo dije un día en La Revuelta, sin pensarlo demasiado, y he recibido hasta amenazas de muerte de gente que no entiende que esté manejando la situación así. Supongo que querían que contratase a una empresa de esas de desokupación, no lo sé, el caso es que el único damnificado soy yo, no entiendo el cabreo.

Al periodismo deportivo se va a hacer enemigos. Pocos son los profesionales que, con el paso de los años, no acaban con una legión de lectores convencidos de que una institución oscura —normalmente controlada por su equipo rival— les ha puesto ahí para socavar sus glorias deportivas. No hay medias tintas: o estás conmigo, o a sueldo de la mafia calabresa.

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