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NBA, la liga que reivindica sin complejos y donde nunca se pone el sol

No hay escándalo porque se hable de política, ser un negocio de lo más lucrativo no le impide al campeonato de baloncesto estadounidense tener un papel en cuestiones sociales

Foto: LeBron James, con una camiseta reivindicativa. (EFE)
LeBron James, con una camiseta reivindicativa. (EFE)
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LeBron James llega a Washington D.C. y se calza una bota blanca y otra negra. "Equality", se lee en sus pies. Es la última petición de la mayor estrella del deporte americano que, a diferencia de muchos de sus predecesores, sí hace política. El mundo no funciona y él, en su pedestal, no puede mantenerse callado. El detalle se esparce por todo el mundo, llega a Europa, a Australia, a Asia, a América del Sur. No hay lugar en el que no se hayan enterado de que la injusticia sigue y algunos no están dispuestos a dejar las cosas simplemente como están. Desde la oficina del comisionado Adam Silver no se amenaza con una sanción, ni siquiera se pide prudencia. Más bien al contrario, hace tiempo que se decidió que la NBA no es solo un muy lucrativo negocio sino también un gran expositor. Se puede mostrar cualquier cosa, no se puede esconder lo que ocurre.

El producto interesa, tanto que un consorcio de televisiones pagó 24.000 millones de dólares el pasado año por nueve años de derechos de emisión. El mercado dice que el futuro es incierto, que internet está cambiando todo análisis coherente de como funciona la televisión, que se esperen más fragmentación y menos audiencias... pero nadie puede escapar a una puja de los derechos del baloncesto, una liga que no para de crecer y que tiene un atractivo global. Las audiencias, que caen en la NFL y se desploman en el béisbol, se mantienen estables en la NBA.

La locura, sin embargo, está en internet. Naismith no lo pensó cuando se inventó el deporte, más que nada porque en su época ni Twitter, ni Instagram, ni nada que se le pareciese. Pero el baloncesto parece pensado para triunfar en esas plataformas. Alguien se levanta en Alemania, abre las redes sociales y ve el mate espectacular y el tapón de locura. Entra en las webs para ver la estadística de su ídolo y mira de reojo el equipo de la liga 'fantasy' que tiene con sus amigos. La globalización hace que un deporte que se juega de Boston a Los Ángeles consiga enganchar también a gente que, muy probablemente, jamás podrá acudir a una cancha a verlo en directo.

Jugar a toda velocidad

No siempre fue así. La NBA, como cualquier gran campeonato, ha tenido sus vaivenes y sus escándalos. En los años 70 la droga parecía que iba a matar definitivamente al baloncesto, pero llegaron Magic y Bird para salvarlo. En los 90, cuando se fue Jordan, las audiencias se desplomaron, el juego no tenía sentido si no estaba en cancha quien había reinventado el modo de afrontarlo. Pasaron unos años malos, pero la audiencia se recolocó. Primero Kobe, luego LeBron, ahora mismo una ola de optimismo recorre la liga. Son muchas las estrellas y cada vez se juega más divertido ¿mejor? no se lo cuenten a Bozidar Maljkovic porque igual le da una angina de pecho, pero ahora todo es más rápido, hay más triples, más carreras y un poco menos de control. Y eso, quién lo duda, es divertido.

Es la liga contra Trump, pero sin malos rollos. Porque sí, la NFL y, especialmente, Colin Kaepernick, han sido los estandartes en la lucha contra el nuevo régimen, pero sus actos han tenido consecuencias fatales en forma de críticas feroces y caída de audiencias, así como diversos problemas con propietarios de equipos e, incluso, con el comisionado. En la NBA, una liga con un porcentaje altísimo de jugadores negros, todo se ha hecho con naturalidad, empezando por los que, quizá, son los mayores portavoces en contra de las políticas del presidente, los entrenadores Steve Kerr, de los campeones Warriors, y Gregg Popovich, quizá el mejor técnico de siempre que dirige con éxito a los Spurs desde hace 20 años.

Las cifras económicas son tan brillantes que el comisionado ha pedido una subida meteórica de su salario y solo aparecen cabezas asintiendo en el horizonte. Silver, un funcionario gris de la liga antes de llegar a la cúspide, se ha convertido en un vigorizador del campeonato, que mueve más dinero que nunca. Y, como en todas partes de la liga existe una cierta consciencia de su lugar en el mundo, hay también reinversión en cuestiones importantes. Dan imagen, ayudan al mundo. Es el caso de las academias que están montando por todo el mundo. En China, Senegal, Australia, México o India se van a establecer lugares de cantera para jugadores de baloncesto. En algunos de esos lugares, en los que se necesita, se tendrá en cuenta el apoyo a las comunidades.

Curioso es el caso de India, un país de 1.200 millones de habitantes que todavía no ha visto debutar en la gran liga a ninguno de sus jugadores. Tanto es así que Netflix estrenó hace unos meses un documental llamado 'Uno entre un billón' en el que Satnam Singh Bhamara mostraba su sueño de ir de Ballo Ke, en la India rural, a Nueva York en busca de un lugar en la NBA. Porque ese es un anhelo universal, no local, todo el mundo tiene presente la liga de baloncesto de Estados Unidos.

Steve Kerr y Stephen Curry. (EFE)
Steve Kerr y Stephen Curry. (EFE)

Cambiar lo que no funciona

¿Todo es perfecto? Por supuesto que no, pero cuando se detectan problemas se tratan de arreglar. El 'All-Star', por ejemplo, fue durante muchos años la mejor carta de presentación de la liga en el mundo. Prácticamente no se podían ver partidos de competición oficial, eran otros tiempos, muchos se engancharon al baloncesto con los concursos de mates, Jordan, Dominique Wilkins, los duelos entre Magic y Bird... pero hace tiempo que se convirtió en un evento algo anodino, como desfasado. Quitarlo no es una opción, el fin de semana de las estrellas sigue recaudando y teniendo su razón de ser, pero hay que cambiarlo y, por eso, esta temporada se ha pensado en un nuevo concepto para ver si así las cosas cambian. Las estrellas se elegirán y será casi un partido de amigos, ya no de conferencias. Y si hay equipos que se dedican a perder para mejorar sus opciones en el draft, toca actuar para hacer menos golosa la derrota.

La liga está muy pendiente de su imagen y en eso también es importante que el arbitraje funcione. En el fútbol hay disensiones sobre la necesidad de que exista o no el videoarbitraje; la NBA no lo dudó y lo hizo a lo grande, con un centro de pantallas montado en Secaucus, en el estado de Nueva Jersey, desde el que se conectan todos los pabellones de la liga a más de 94 monitores de alta definición para que los allí presentes puedan dar el veredicto más rápido sobre las más diversas acciones. El comisionado está preocupado, como en todo el deporte en general, porque el juego no se alargue demasiado. La idea es que para conectar con los 'millennials' no se puede dejar de captar su atención nunca, y por eso los tiempos muertos se van a reducir.

No es una liga conservadora, al contrario, explora lugares a los que otras no se atreven, no siempre sin polémica. La NBA ha sido la primera en Estados Unidos en abrir un melón que en el fútbol europeo es el pan de cada día: la publicidad en las camisetas. Por el momento es algo discreto, situado en la pechera, pero los equipos ya están amasando dinero gracias a estos parches en los que se publicitan marcas como Harley Davidson. Son muchos los aficionados que ni entienden ni aceptan el cambio, pero es uno de esos movimientos que ha llegado para quedarse.

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