los cavaliers ganan el cuarto partido (137-116)

Final NBA. Capítulo IV. Hacer historia para seguir soñando con un milagro

Kyrie Irving (40 puntos) y LeBron James (31 y un nuevo triple doble) lideraron la exhibición de ofensiva con la que los Cavaliers forzaron el cuarto partido en la final ante los Warriors

Foto: LeBron James y Kyrie Irving lideraron la histórica actuación de los Cleveland Cavaliers en el cuarto partido de la final de la NBA. (Reuters)
LeBron James y Kyrie Irving lideraron la histórica actuación de los Cleveland Cavaliers en el cuarto partido de la final de la NBA. (Reuters)

Para evitar ser barrido por Golden State Warriors, Cleveland Cavaliers necesitó hacer un partido histórico, quizá el mejor posible, con récord de anotación en un cuarto (49 puntos), récord de anotación en una primera mitad (86) y récord de triples (24), todas plusmarcas en una final de la NBA. Si el tercer partido fue inolvidable por la igualdad, la alternancia en el marcador y su desenlace, el cuarto lo fue por el dominio de los Cavs, que dieron una exhibición ofensiva como pocas veces se ha visto en una final y vencieron por 137-116. El lunes, en Oakland, ante su público, los Warriors tendrán una segunda oportunidad para lograr el anillo.

Cleveland se lo jugaba al todo o nada. Y lo dio todo. Le entró el primer triple y luego otro y otro y otro. Su ataque fue un festival desde el primer momento que no encontró respuesta en Golden State, una de las mejores defensas de la NBA. LeBron James, que con su triple doble (31 puntos, 10 rebotes y 11 asistencias) ya ha superado a Magic Johnson como el jugador que más veces lo ha conseguido en una final, y un desatado Kyrie Irving (40 puntos) lideraron un ataque en el que también fueron piezas importantes Kevin Love (23 puntos) y JR Smith, constantes amenazas desde el triple. No fueron los únicos que destacaron. Por primera vez en la eliminatoria, Tristan Thompson fue importante en el rebote.

Mediado el primer cuarto, los Cavs ya habían metido cinco triples e iban camino de los 30 puntos. En condiciones normales, eso le habría bastado para tumbar a su rival. Pero con los Warriors no basta. La diferencia se asentó alrededor de los 15 puntos. Rara vez superó los 20, pero nunca bajó de los 10. Pero parecía que los Warriors estaba a cinco, que si metían dos canastas seguidas empataban el partido. Tal es el miedo que infunden. Golden State recibió 86 puntos en la primera parte, 115 en los tres primeros cuartos, pero no había ni una sola persona en el pabellón que pensara que el partido estaba decidido. Ni una.

Tampoco Tyronn Lue, entrenador de los Cavaliers, que tardó menos de un minuto en pedir tiempo muerto en el tercer cuarto después de que los Warriors anotaran dos canastas seguidas. Sucedió algo parecido en el último período, momento en el que Golden State aprovechó el descanso de LeBron para colocarse a 12 (104-92). La estrella de los Cavs volvió rápidamente a pista y hasta ahí llegaron los Warriors de la mano de Kevin Durant, de nuevo el mejor con 35 puntos. La influencia de LeBron en su equipo sigue siendo enorme: con él en pista, el parcial fue favorable a los Cavs por 32 puntos; sin él lo perdieron por 11.

Los Cavaliers dominaron todo el partido: los Warriors nunca fueron por delante. (NBA)
Los Cavaliers dominaron todo el partido: los Warriors nunca fueron por delante. (NBA)

LeBron y Durant protagonizaron uno de los muchos enfrentamientos de un partido agotador que con tanta interrupción duró casi tres horas. Ambos recibieron una técnica por una discusión en el tercer cuarto en el que pasó de todo: un espectador fue expulsado de las primeras filas, Zaza Pachulia golpeó a Iman Shumpert (el georgiano siempre está en medio), Draymond Green recibió una técnica que parecía que era la segunda pero al final no lo fue... Todo gracias a un mal arbitraje que no influyó en el marcador, pero que perjudicó a mabos equipos.

Va a ser difícil que a Cleveland le salga otro partido como el de este viernes, y lo va a necesitar, porque es poco probable que Golden State no mejore su acierto en el quinto, pero no le queda otra que creer que puede darle la vuelta a la final, que puede conseguir lo que no ha conseguido ningún equipo antes: remontar un 3-0. Tiene dos motivos para soñar con es milagro. Uno es lo que pasó hace un año, cuando remontó un 3-1. Y el otro es LeBron James (y su socio Kyrie Irving).

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