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Los Lakers, una franquicia a la deriva que ahora tiene que buscar entrenador
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esta temporada solo han ganado 17 partidos

Los Lakers, una franquicia a la deriva que ahora tiene que buscar entrenador

Byron Scott ha sido despedido en una temporada históricamente mala del equipo, que también ha perdido a su figura Kobe Bryant. Luke Walton favorito para ser el nuevo técnico

Foto: El despedido Byron Scott habla con D'Angelo Russell (Reuters)
El despedido Byron Scott habla con D'Angelo Russell (Reuters)

Los aficionados de los Lakers van de mal en peor. Están acostumbrados al lujo y la excelencia, solo los Celtcs están por encima en títulos de la NBA y no hay franquicia que aune mejor la combinación de glamour, estrellas y resultados deportivos que los angelinos. O, al menos, así solía ser. Desde que se marchó Phil Jackson del equipo no han levantado cabeza, los esfuerzos por mantenerse en la brecha han sido estériles y la temporada que ahora dejan atrás ha sido históricamente mala.

Solo han logrado 17 victorias, récord de la franquicia en la NBA y si no han sido los peores de todo el campeonato es por el impresionante empeño que están poniendo los Philadelphia 76ers en batir todas las marcas históricas negativas del baloncesto. Es el tercer año seguido en el que no estarán en los play off, después de haber entrado ocho consecutivos con dos títulos incluidos en ese tiempo.

La retirada de Kobe

Los Lakers se asoman al abismo porque nunca antes estuvieron en un punto tan bajo. A la mala marcha deportiva se suma la retirada del único emblema que les quedaba, Kobe Bryant. Cierto es que el jugador estaba desde hace tiempo de capa caída, que su mejor baloncesto formaba parte del pasado, pero no lo es menos que su marcha representa un bajón de imagen para un equipo que no le queda nada para venderse.

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En los últimos años se marcharon Pau Gasol o Dwight Howard por ofertas fuera que no eran nada del otro mundo. Simplemente querían salir porque no veían ninguna planificación deportiva o institucional en la franquicia angelina. Aspiraban, con poco tino, eso sí, a encontrar un sitio en el que pudiesen ganar, aspirar a un anillo. Eso ya en los Lakers no es posible.

Mitch Kupchak, el general manager, ha decidido prescindir del entrenador, Byron Scott. Asumen que el técnico no puede ser valorado con justicia teniendo en cuenta el escaso nivel de la plantilla que le han dado, pero aún así creen que es mejor que se marche y empezar de nuevo. Scott era un jugador secundario en el Showtime, quizá el tiempo más grande del equipo lacustre, en los años 80 y bajo la batuta de Magic Johnson. Pero ni siquiera ser un hombre de la casa le ha dado la continuidad.

La plantilla de los Lakers es históricamente mala, está hecha de retazos, de veteranos con poco nivel y jovenes con proyección pero sin fuste por el momento. Jugadores como Julius Randle o D'Angello Russell que están por hacer y tampoco han contando en Scott con el mejor mentor posible. Russell, de hecho, se pasó jugando muy poco los primeros compases de la temporada. A pesar de ser el número dos del pasado draft.

El affair de Nick Young

Los equipos que entran en malas dinámicas, y la de los Lakers es horrible, son más proclives a tener en el seno de su plantilla problemas de actitud o relación. El más sonado de este año lo protagonizó Russell, que grabó una conversación de cuarto de hotel con su compañero Nick Young en el que este hablaba de sus infidelidades. Young estaba prometido con Iggy Azalea, estrella del pop, y la pareja, con sus controversias, representaba lo más glamuroso de una franquicia a la deriva. De este affair salió perdiendo Russell, al que sus compañeros hicieron el vacío al considerar que había roto los códigos de la plantilla. Cosas de vestuarios.

Las esperanzas de la franquicia en el futuro inmediato son escasas, aunque saben bien que en la NBA es todo una cuestión de ciclos y que antes o después volverán a competir por entrar en los play off. Las mejores bazas para desarrollarse están en encontrar perlas en el draft de novatos sobre las que empezar a construir, pero incluso en eso se pueden encontrar problemas. Este año su primera elección está condicionada a caer en la lotería entre los tres primeros puestos. Si no es así, si la desgracia les mira -es un proceso ponderado, por lo que tienen buenas opciones de quedar entre los tres primeros- su elección será para los Philadelphia 76ers el único equipo peor que ellos en este campeonato.

El otro modo en el que los Lakers siempre han confiado para fortalecerse ha sido la agencia libre. Contaban con que, por muchos motivos, la mayor parte de jugadores de la NBA darían lo que fuese por vestir de oro y púrpura y vivir en una gran urbe con salida al mar como Los Ángeles. Pero en eso también han cambiado las tornas. Los Lakers llevan años planificando para que llegase el verano en el que pudiesen fichar a alguna superestrella (¿Kevin Durant?) con el mucho dinero que estaban ahorrando para quedar por debajo del límite salarial y aspirar a contratar al crack. Pero incluso eso les ha salido mal, ha entrado mucho dinero a la liga por derechos de televisión y se ha decidido que en los próximos años el límite sea más alto. Por eso mismo ahora son muchos más los equipos que pueden fichar a los mejores, Durant incluido.

El menor atractivo de la ciudad

Los Lakers han dejado de ser el destino soñado, porque los centros de poder están cambiando. Equipos como San Antonio, Oklahoma o Cleveland, que hace años eran descartados por ser de ciudades menos mediáticas que Nueva York o Los Ángeles, han conseguido crear proyectos con credibilidad, muy atractivos para los jugadores que quieren ganar un anillo. Las estrellas de la NBA cada vez miran menos ir a una megalópolis, donde antaño se decía que podían conseguir los mejores patrocinios y demás, primando otros factores entre los que no está la historia del equipo. Por todo ello la reconstrucción de los Lakers es hoy más difícil de lo que lo fue nunca.

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El primer punto que tiene que abordar Kupchak es la contratación de un técnico. Pensó primero, hace tiempo, en Tom Thibodeau, que terminó en Minnesota al no tener claro que le fuesen a dejar tomar decisiones sobre el plantel. El abanico de posibilidades es casi infinito, pero la primera opción de la lista parece Luke Walton, hijo de Bill Walton que es ahora mismo asistente de Steve Kerr en los brillantísimos Golden State Warriors. Walton, de solo 36 años, sustituyó a su jefe en el principio de esta temporada al estar aquejado este de una lesión.

Fue durante nueve años un jugador de rotación de los Lakers y responde al perfil de lo que se busca ahora mismo en la NBA. Es un tiempo de cambio, los conceptos son nuevos y revolucionarios, se prima tirar mucho de tres, las formaciones en las que no privilegian la altura y un concepto de juego mucho más rápido y abierto. Todo aquello que no cuadraba en Byron Scott y que sí debería saber Walton, que no en vano es uno de los ideólogos de los nuevos tiempos. Tiene que aceptar, eso sí, un banquillo caliente y una plantilla escasa. Pero eso mismo le pasará a cualquiera que acepte el reto.

Los aficionados de los Lakers van de mal en peor. Están acostumbrados al lujo y la excelencia, solo los Celtcs están por encima en títulos de la NBA y no hay franquicia que aune mejor la combinación de glamour, estrellas y resultados deportivos que los angelinos. O, al menos, así solía ser. Desde que se marchó Phil Jackson del equipo no han levantado cabeza, los esfuerzos por mantenerse en la brecha han sido estériles y la temporada que ahora dejan atrás ha sido históricamente mala.

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