El 'triángulo ofensivo' es la fórmula secreta de los Knicks que hará grande a Calderón
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el español inunda de optimismo la gran manzana

El 'triángulo ofensivo' es la fórmula secreta de los Knicks que hará grande a Calderón

Con Phil Jackson de presidente y Fisher en el banco, el equipo neoyorquino se reinventa aplicando la receta que dio 11 anillos. El base español será una pieza clave

placeholder Foto: Calderón trata de superar a Carmelo Anthony durante un partido de la temporada pasada con los Mavericks en el Madison Square Garden.
Calderón trata de superar a Carmelo Anthony durante un partido de la temporada pasada con los Mavericks en el Madison Square Garden.

El próximo día 21, la ESPN emitirá por primera vez en Estados Unidos el documental ‘When The Garden Was Eden’. Enmarcada dentro de la serie ‘30 for 30’, el reportaje se centra en los dos anillos que ganaron los Knicks en la década de los setenta (1970 y 1973). El director, Michael Rapaport, relata una época donde el baloncesto sirvió como refugio en una ciudad que por entonces era un hervidero de violencia, droga y crimen. Walt Frazier, Earl Monroe, Willis Reed, Dave DeBuscherre y Phil Jackson eran algunos de los miembros más destacados de aquel roster neoyorquino. Todo, con el mítico Red Holzman en el banco. Días de vino y rosas sobre el parqué de la hornada más gloriosa para el baloncesto de la Gran Manzana. Después, el abismo mitigado únicamente con dos finales perdidas: en 1999 ante el embrión de la dinastía ‘Spur’ (4-1) en la temporada del penúltimo ‘lockout’ y en 1994 ante los Rockets de un imperial Hakeem Olajuwon (27,3 puntos, 11.9 rebotes, 3,6 asistencias y 3,7 tapones por partido durante aquel año).

En la primera década de este siglo, más desapego con una entidad anárquica que no ha estado a la altura del prestigio y la solera que le precedían. Tras la marcha de Jeff Van Gundy en 2001, cinco entrenadores (Don Chaney, Herb Williams, Lenny Wilkens, Larry Brown e Isiah Thomas) en siete años no fueron capaces de reconducir a un equipo en permanente crisis. Desde los despachos se invertían millonadas sin raciocinio en jugadores que odiaban la disciplina y sólo daban disgustos. El cruce de la Calle 33 con la Séptima Avenida era un verdadero caos. Años de carestía que un indolente Mike D’Antoni no fue capaz de mejorar pese a su etiqueta de impulsor del ‘Run & Gun’ forjada en los Suns. Eso sí, en la 2010/2011, con los primeros pasos de la dupla Carmelo-Amare, devolvió la postemporada al Madison tras seis años de sequía.

En medio de la 2011/2012, la última temporada con asterisco en la NBA, James Dolan, el disperso dueño de los Knicks, no pudo más y Mike Woodson llegó como sustituto para asumir el mando en medio de un panorama desolador. Una racha de 18-6 aseguró entrar en unos playoffs donde caerían vilmente en primera ronda. Al año siguiente campeones de la Atlántico (54-28) y derrota con orgullo en semifinales del Este ante los Pacers. Pero de nuevo llegó el suplicio. El pasado año un balance de 37-45 les dejó fuera de los ocho mejores equipos del Este. Había que encauzar el rumbo de la nave. El fiasco precipitó la llegada de Phil Jackson como Presidente y líder espiritual de la franquicia. Cinco años a cambio de 60 millones de dólares. Su contrastada reputación constituye una patente de corso a la hora de encabezar la regeneración de uno de los equipos con más solera (al menos a nivel mediático) de la NBA. Como suele ocurrir en estos casos, la reconstrucción se inició limpiando el banquillo.

Tras días de especulaciones, Derek Fisher anuncia su retirada tras 18 años como jugador. Con Steve Kerr comprometido con los Warriors, Jackson no lo duda y confía en uno de sus alumnos aventajados. “Hoy empieza la siguiente parada en el viaje de los New York Knicks”, auguraba el ‘Maestro Zen’ en la presentación de Fisher como nuevo entrenador jefe. Era una realidad: el ‘triángulo ofensivo’ volvía a escena para instalarse en pleno corazón de Manhattan. El emblemático sistema de ataque (en inglés triple-post offense) cuyo germen fue propuesto inicialmente por el legendario Sam Barry y depurado después por su discípulo Tex Winter, ha sido la seña de identidad que ha definido la prolífica carrera de Phil Jackson en los banquillos. Con Winter como ayudante, Jackson ganó once anillos durante su carrera como entrenador: seis con los Bulls de Jordan (1991, 1992, 1993, 1996, 1997 y 1998) y cinco con unos Lakers (2000, 2001, 2002, 2009 y 2010) donde, además de Kobe Bryant y Shaquille O’Neal, Fisher era uno de los eslabones fundamentales de la cadena.

Pero, ¿en qué consiste esta infalible fórmula? Sin ánimo de enredarnos en ambigüedades técnicas y aburrir al personal con la infinidad de variantes que nos ofrece la pizarra, diremos que la esencia del ‘triángulo ofensivo’ se reduce a crear espacios y generar ventajas valiéndose del movimiento constante del balón y de todas sus piezas. En su expresión más básica, consiste en que tres jugadores (base, alero o escolta y pívot o ala-pívot) asuman el peso del ataque. Los otros dos se quedan en el lado débil y van variando su disposición en función del movimiento de balón. Mientras el jugador interior ejerce de vértice del triángulo, el movimiento sin balón a través de bloqueos indirectos es decisivo a la hora de crear situaciones de ventaja como una puertas atrás o tiros librados, etc.

Teóricamente el sistema está ideado para ser imparable. De hecho, si se ejecuta de forma fiel debería serlo. Aquí no hay pulgares hacia arriba ni estirones de camiseta. La defensa no importa puesto que no está en disposición de adivinar cuál será el siguiente paso de la ofensiva. Si se mueve para tratar de contrarrestar el ataque, la flexibilidad del sistema permitirá que dé comienzo una catarata de cortes y pases que desbaraten la retaguardia. En su libro Canastas Sagradas (Ed. Paidotribo, 2000), Phil Jackson, además de recordar multitud de anécdotas de sus años de asistente y entrenador jefe en los Bulls, ofrece una definición mística del ‘triángulo ofensivo’ que, según él, es una versión más evolucionada del ataque que utilizaban los Knicks bajo las órdenes de Red Holzman. “El sistema era un vehículo para integrar cuerpo y mente, deporte y espíritu en una forma práctica y realista que todo el mundo podía aprender. Era conciencia en acción”. En el corazón del sistema, Jackson dice que se encuentran “lo que Tex (Winter) llama los siete principios de un ataque acertado”. Estos son:

1- El ataque debe penetrar la defensa.
2- El ataque debe aprovechar toda la pista.
3- El ataque debe proporcionar el espaciamiento correcto.Este punto es crítico. Cuando se mueven por la cancha, los lugadores deben mantener una distancia entre ellos de 4,5 metros a 5,5 m. Esto da espacio a todo el mundo para operar y previene que la defensa sea capaz de defender a dos jugadores con un solo hombre.
4- El ataque debe asegurar el movimiento de jugador y balón con una finalidad. Juego sin balón, alejarse del balón.
5- El ataque debe procurar buenas posiciones de rebote y un buen balance defensivo en todos los tiros.
6- El ataque debe utilizar las habilidades individuales de los jugadores
7- El ataque debe dar al jugador con balón una oportunidad para pasarlo a alguno de los compañeros.

Y es en este contexto, como director de orquesta titular, donde José Manuel Calderón (también Prigioni, en principio saliendo como reserva) está llamado a desempeñar una función vital dentro del juego del equipo neoyorquino. Fisher se siente identificado con el rol que le toca desempeñar al que debe ser su extensión sobre el parqué. “Por su madurez es un tipo que no requiere que se esté encima de él. Ese tipo de jugadores son la última moda en la actual NBA. Estamos orgullosos de tener el liderazgo de José: por su personalidad, su compostura y su aplomo en situaciones de presión y estrés”, analiza un novato con la pizarra que inicia su andadura en los banquillos. “José hace lo que quiere sobre la pista. No permite que sus defensores le hagan precipitarse ni le obliguen a tomar decisiones con las que no esté cómodo. Tener a alguien con ese control del juego en muchas situaciones es para nosotros un activo de valor incalculable”, concluía antes de iniciar la segunda semana de ‘training camp’.

Con 33 años recién cumplidos, inicia el segundo año de contrato de los cuatro (y 32 millones) que firmó con los Mavericks. Además de su experiencia con Nowitzki y Mark Cuban, el excéntrico propietario de la franquicia tejana, en sus nueve años en la mejor liga del mundo ha jugado en los Raptors y los Pistons. Su hoja de servicios durante todo este tiempo registra unos guarismos más que interesantes: 10,2 puntos, 6,8 asistencias y 2,5 rebotes. Todo, con un 47,9% de acierto en tiros de campo, 41,1% en tiros de tres y 87,4% desde la personal. Hace seis meses, Calderón y su actual técnico eran rivales en la cancha. Ahora mantiene una relación dinámica y fluida con el de Villanueva de la Serena.

“Sus números hablan por sí solos. La manera en la está capacitado para dirigir a un equipo, la manera en la que puede tirar desde el lado débil, su ratio de asistencias-pérdidas (siempre entre los 20 mejores de la NBA en este apartado) es inigualable”. Al habla Carmelo Anthony, el macho alfa de la manada. El ídolo que este verano decidió seguir siendo el ídolo de la ciudad que nunca duerme a cambio de 126 millones en cinco años. Una cifra mareante que podría haber sido más elevada si la estrella más infravalorada de la Liga, según apuntó el propio Carmelo, hubiera optado por no extender su compromiso durante tanto tiempo y tener en cuenta el suculento contrato televisivo que se traducirá en un saco de millones para los jugadores. Más vale pájaro en mano que ciento volando habrá pensado un tipo que no se caracteriza por su habilidad a la hora de tomar decisiones. El haitiano Samuel Dalembert, compañero de Calderón en los Mavericks que recaló junto a él en la Gran Manzana, también tiene buenas palabras para su compañero. “Entiende el juego, lo ve todo y es un enorme pasador”. Nube de halagos para un elemento crucial en su primer año como ‘Knickerbocker’.

Y el protagonista, ¿qué opina de todo esto? Durante el Media Day, el día que abre de manera oficial la vuelta al cole en la NBA, Calderón mantuvo el radiante optimismo que invade el seno de la franquicia neoyorquina. Sobre el ‘triángulo’, sólo loas y piropos por doquier. La más llamativa, la aparente sencillez a la hora de ejecutarlo. “Se trata de encontrar un objetivo, tratar de tener a todo el mundo en el sitio adecuado y encontrar al hombre abierto. Si estás solo tira y trata de que sea un tiro lo más sencillo posible. […] Tenemos que tener esto metido en la cabeza y tratar de jugar como un equipo. Realmente creo que podemos ser un buen equipo”, comenta. Un planteamiento que le motiva extremadamente. “Me gusta. Soy el base que inicia la jugada, el que primero pasa. Voy a intentar involucrar a todos y tratar de que jueguen un mejor baloncesto como he venido haciendo durante algún tiempo. El sistema casa bien conmigo”, explicaba el extremeño hace unos días.

El revuelo en este periodo previo al arranque de temporada es más que notable. Tanto, que Spike Lee, director de cine y uno de los mayores acólitos de los Knicks, se ha animado a filmar un documental donde intentará explicar las claves de la táctica que regirá los destinos de su equipo. “Nunca había hecho nada parecido. Esto se trata de intentar enseñarle a cualquier fan cómo funciona el Triángulo Ofensivo“, comentaba al Wall Street Journal el variopinto artista nacido en Brooklyn que siente a los Knicks como parte de su vida. “What Is the Triangle Offense: A Spike Lee Orange and Blue Skies Joint”, se estrenará el próximo 24 de octubre a través de MSG Network. La idea agrada a medias a un Phil Jackson que trata de rebajar el nivel de exaltación. “Cuanto menos sepan (nuestros rivales), mejores seremos. […] Es uno de los muchos sistemas dentro del baloncesto. Lo que pasa es que ha sido muy comentado pero menos copiado y utilizado que otras tácticas que se usan en el baloncesto”, comenta. Lo difícil ahora será ponerlo en práctica.

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