el base español acepta el reto

Ricky Rubio liderará la 'guardería' de los Wolves tras la marcha de su amigo Love

Kevin Love se fue con LeBron. Con su marcha, a Minnesota llegó una camada de jóvenes jugadores interesantes de los que el español será su mentor

Foto: Ricky Rubio choca la mano con los aficionados del Target Center tras una victoria de los Wolves.
Ricky Rubio choca la mano con los aficionados del Target Center tras una victoria de los Wolves.

Amor para Cleveland y juventud para Minnesota. Así se podría resumir el que va camino de convertirse en el traspaso del verano dentro del inquieto mercado NBA. El pasado sábado se hacía oficial la operación por la que Kevin Love aterrizaba en Cleveland para fundar uno de los tridentes más poderosos de la NBA junto a LeBron James y Kyrie Irving, con quien podrá seguir rodando próximos capítulos de ‘Uncle Drew’ para Pepsi a diario. Minnesota a Andrew Wiggins y Anthony Bennett, los dos últimos números uno del draft, además de Thaddeus Young. Por su parte, los Sixers, el tercer equipo involucrado, se quedaban con los restos: Luc Richard Mbah a Moute, el ruso Alexey Shved y una primera ronda del draft de 2015 que perteneció a los Heat hasta que LeBron decidió abandonar Cleveland en 2010. Aunque nadie niega que el gran beneficiario del traspaso del verano en la NBA es LeBron y su robusta corte, los Wolves obtienen piezas con potencial de crecimiento ilimitado con los que dar el salto de la mano de un jefe de filas indiscutible, el líder de la ‘guardería’: Ricky Rubio.

El pasado 26 de junio, tras estrechar la mano del Comisionado Adam Silver, Wiggins, ataviado con un desastroso traje, empezó pensar en un futuro como ‘Cavalier’ y mandó un mensaje a LeBron: “Yo quiero ganar. Si él quiere ganar deberíamos jugar juntos”. Caprichos del destino, mientras ‘King’ James prepara sus enseres para desplegarlos en una taquilla del Quicken Loans Arena, los Cavaliers ofrecen a sus aficionados la posibilidad de deshacerse del ‘jersey’ con el ‘21’ del canadiense de 19 años. La impaciencia es la madre de la ciencia en la NBA con un quinteto formado por Kyrie Irving, Dion Waiters, LeBron James, Kevin Love y Anderson Varejao el futuro sabe a gloria.

LeBron llevaba diseñando en una estrategia que hacer efectiva cuando llegara el momento de volver a casa. En su cabeza, sólo un objetivo: reventar la suerte de maldición por la que Cleveland no gana un título en las Grandes Ligas desde que los Browns consiguieran el título de la NFL en 1964. “Fueron seis años grandiosos, disfruté ese tiempo y no tengo palabras para describir lo buenos que fueron", comentaba Kevin Love tras hacerse oficial su marcha. Ahora toca dejar de conseguir actuaciones bárbaras a favor de quemar las naves en busca de un anillo, el sueño húmedo, el dorado de cualquier jugador NBA. "Estoy comprometido con este equipo, comprometido a largo plazo para alcanzar la meta final, que es ganar títulos", aseguró el que fuera ala-pívot de UCLA, sin duda, uno de los mayores talentos interiores de la Liga. Para los amantes de las curiosidades, un detalle: al año siguiente de abandonar Minnesota, Kevin Garnett ganó el anillo con los Celtics. ¿Premonición o mera coincidencia?

A Ricky todo esto le deja un sentimiento agridulce y lleno de incertidumbre. El pasado mes de junio, durante el Adidas Eurocamp, el base de El Masnou exponía sin ambajes sus deseos respecto a la continuidad de uno de los mejores ‘4’ que ha parido el baloncesto mundial en el último lustro. “No quiero convencerle si no quiere quedarse. Pero yo quiero que se quede y voy a decirle lo que pienso, que hemos mejorado cada año y que es un gran jugador. Nos ayuda mucho”. No cayó esa breva. Sin embargo, no puede negar que, tras despedirse de su mejor consejero y confidente desde que llegó en la NBA allá por 2011, le aguarda un reto palpitante: ser el timonel de un equipo NBA justo antes de cumplir los 24.

“El año antes de llegar a Minnesota el equipo ganó 17 partidos. Tenía un poco de miedo cuando llegué. Venía de Europa, donde jugué en Barcelona. Creo que en dos temporada perdimos seis o siete partidos y cada derrota era un desastre. No quiero pasar por una experiencia donde ganar sea algo especial”, confesaba Ricky al periodista de nba.com Scott Howard-Cooper en junio. No será tarea fácil convertir la victoria en rutina. Junto al español, Young (26), Zach LaVine (19), Bennett (21) y Wiggins (19) forman un ‘jardín de infancia’ que emana descaro a borbotones. A ellos se les une Shabazz Muhammad (22), otro que espera eclosionar tras no cumplir las expectativas en el draft de 2013 (puesto 14), y la perla senegalesa Gorgui Dieng (24). Todos estarán tutelados por los ‘carrozas’ del equipo: el montenegrino Nikola Pekovic (28), Corey Brewer (28), Kevin Martin (31) y el puertorriqueño José Juan Barea (30). Madera para luchar y curtirse en el salvaje Oeste.

En el caso de Ricky, para seguir demostrando su valía, lo primero es revisar la situación contractual del base español que expira al final de la próxima temporada. Pero Ricky no será libre, sino que pasará a convertirse en agente libre restringido. Es decir, los Wolves se reservan el derecho a igualar la oferta (‘Qualifying offer’ de 6,2 millones) que puedan llegar. En una entrevista con la web Sportando, Darren Wolfson, uno de los periodistas estadounidenses que cubren la información de los Timberwolves, aseguró que la franquicia ha puesto sobre la mesa una oferta de cuatro años y 43 millones. Se trata de una cantidad acorde a las prestaciones del jugador. Para hacernos una idea, la cifra es equiparable a los emolumentos que percibe Stephen Curry, base All-Star y estrella emergente de la Liga. Sin embargo, las condiciones no terminan de convencer al agente del jugador, Dan Fegan. Fegan pide cinco años, el máximo permitido bajo el convenio laboral vigente hasta 2017.

Aunque la intención del base español pasa por continuar en la franquicia que le hizo un hombre en la mejor liga del mundo, de no haber acuerdo para firmar la extensión, la presente temporada deberá ser crucial para Ricky a fin de ganarse en el parqué un contrato a la altura de sus expectativas. Tras su grave lesión de rodilla, a dos meses de cumplir los 24 es el momento de relanzar su carrera y dar un paso al frente. Antes de iniciar la concentración con la selección española para preparar el Mundial que empieza este sábado, Ricky se sometió a un intenso plan de trabajo individual  para pulir algunos aspectos de su juego. Además del tiro, su talón de Aquiles particular, ha estado trabajando su tren interior y su velocidad a la hora de ejecutar movimientos. “Soy un jugador en permanente evolución. Quiero dar otro salto y voy a esforzarme todo lo que esté en mis manos para conseguirlo”, aseguraba en charla publicada en el número de agosto de la revista Gigantes del Basket.

Dos números uno del draft para ‘Minny’

Con el ‘Im Coming Home’ de LeBron, los Cavs disponían en sus filas de cuatro números uno del draft (LeBron, Andrew Wiggins, Kyrie Irving y Anthony Bennett), algo que no ocurría desde que los Lakers juntaron en sus filas a James Worthy, Kareem Abdul-Jabbar, Mychal Thompson y Magic Johnson durante la temporada 1988/1989. De golpe y porrazo, dos de ellos ponen rumbo al frío de Minneapolis. Un seísmo deportivo que estaba cerrado desde que el 23 de julio Andrew Wiggins, el último número uno del draft, firmó su primer contrato profesional. La demora en oficializar la transacción residió en la normativa NBA que exige un plazo mínimo de 30 días desde la firma del contrato hasta que el novato en cuestión pueda ser carne de intercambio.

Se trata de la segunda vez en la historia de la NBA que un número uno del draft sirve como moneda de cambio después de rubricar su firma con el equipo que lo escogió en la lotería. El primero fue un tal Chris Webber. En el draft de 1993, los Orlando Magic se hacían con los contratos del excelso ala-pívot de Detroit, santo y seña de los ‘Fab Five’ de la Universidad de Míchigan. Sin embargo la franquicia de Florida puso sus ojos en ‘Penny’ Hardaway, número tres de aquel draft, y, añadiendo tres futuras elecciones de primera ronda, hicieron efectivo el trueque con los Golden State Warriors. Por cierto, que aquel año Webber fue nombrado Mejor Novato de la temporada amen de sus 17,5 puntos, 9,1 rebotes y 3,6 asistencias.

En el mar de especulaciones que envolvieron los meses previos al ‘draft’, muchos no dudaron en asegurar que se trata del fenómeno baloncestístico más importante desde que en 2003 LeBron James aterrizara en la NBA directamente desde el St. VincentSt. Mary High School de Akron. “Su talento refrenda completamente su 'hype'. Tiene todo lo que puedes desear en un atleta”. Una nube de halagos inunda la tranquilidad de un chaval con talento ilimitado. Explosivo y atlético, su salto vertical se sitúa en un metro, por lo que no le resulta difícil jugar por encima del aro. El tiro y su visión de juego son dos puntos a maquillar antes de asumir el reto. Tendrá que ganar peso para afrontar con garantías el cuerpo a cuerpo junto a los grandes. Salvando las distancias, un híbrido entre LeBron James y Kevin Durant a quien todavía le queda mucho camino por recorrer. Eso sí, tras un año en la universidad, el resto será en la NBA.

El caso de Anthony Bennett representa una de las grandes incógnitas de la operación. Tras ser elegido en el número 1 del draft en 2013 ante la sorpresa de muchos, el ala-pívot se estampó con un muro y confirmó los peores augurios desde el primer día. 4,2 puntos, 3 rebotes y 12,7 minutos en 52 partidos fueron los discretos guarismos que figuraron en su hoja de servicios. Todo aderezado con un pobre 36% de acierto en tiros de campo. Méritos suficientes para pasar a engrosar la lista negra del draft. Desde Greg Oden (2007) o Kwame Brown (2001) no se vio nada igual. Una falta de adaptación que reposaba sobre cuatro factores: la debilidad mental para asumir el salto que suponía jugar en la NBA, una lesión en el hombro que requirió de cirujía, sus problemas crónicos de asma y una inoportuna apnea del sueño. Para colmo, su reconocida afición a las pizzas no hacía sino ayudar a dar forma a una oronda silueta de 117 kilos.

El ya exentrenador de los Cavs, Mike Brown, ilustraba con cierto salero las dificultades que vivía su pupilo para seguir el ritmo de los mejores. “Cada vez que le miro está jadeando. Eso hace que me canse, así que trato de no mirarle. Le he dicho, ‘si necesitas que te cambie, dímelo. Porque no te voy a estar mirando’”. Este verano ha sido operado para corregir la apnea del sueño que perturbaba sus horas de descanso y se ha puesto en serio con la alimentación y el gimnasio para perder peso. Junto al senegalés Dieng irrumpen como dos fichas codiciadas de las que se espera una eclosión de cara a las próximas temporadas. “Simplemente necesito volver a ser el jugador que fui en la universidad. Jugaba con una sonrisa en mi cara. Era divertido, no tenía preocupaciones, corriendo de arriba a abajo. Hay un montón de cosas que puedo intentar volver a hacer”, reconocía durante el curso un Bennett esperanzado al diario Akron Beacon Journal. De momento Saunders cuenta con él como una pieza importante dentro de la rotación del equipo. "Ha perdido 11 kilos, está trabajando duro. Es un jugador NBA, un chico preparado para ser un jugador de rotación". Un optimismo del que no querrá apearse durante la temporada.

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