San Antonio enamora con otro clinic en el American Airlines Arena y acaricia el anillo
  1. Deportes
  2. Baloncesto
contundente victoria (86-107) y 3-1 en la serie

San Antonio enamora con otro clinic en el American Airlines Arena y acaricia el anillo

El juego colectivo de los Spurs complica el futuro de los Heat en una nueva exhibición en el American Airlines Arena (86-107) y pone el 3-1 en las Finales

Foto: Kawhi Leonard lanza un triple ante la tímida oposición de LeBron James durante el cuarto partido de las Finales. (Reuters)
Kawhi Leonard lanza un triple ante la tímida oposición de LeBron James durante el cuarto partido de las Finales. (Reuters)

Una atmósfera de confusión y miedo cubría el American Airlines Arena. Miami, iracundo, sabía que un error en el cuarto asalto de las Finales podía ser definitivo. Con el factor cancha en contra y teniendo que afrontar el quinto e (hipotético) séptimo lejos del calor de casa, unos Heat apáticos y excesivamente dependientes de su estrella, LeBron James, se vieron superados por una ansiedad que les ahogaba y fundía a negro sus destinos. En frente, unos Spurs inabordables que, calcando el exitoso guión del tercer partido, volvieron a exhibirse (86-107) sin oposición para colocar el 3-1 en la serie. Ahora llegan tres oportunidades (dos en casa y una fuera) para lograr el quinto anillo de su historia tras los cosechados en 1999, 2003, 2005 y 2007. La primera de ellas el próximo domingo.

"Jamás va a volver a pasar algo así. Ha sido una locura", decía Popovich tras el 'Game 3'. Pocos se hubieran atrevido a apostar por otro incontestable vendaval 48 horas después de uno de los mayores recitales ofensivos en la historia de las finales. Pues volvió a ocurrir. San Antonio se limitó a hacer su trabajo. Y eso no es otra cosa que ejecutar con maestría lo que en su día Popovich definió con ironía como el viejo juego aburrido de siempre. Un monumento al baloncesto de alta costura, bordado a través de finas puntadas. Un derroche de paciencia con el único objetivo de anotar, sea quien sea. En defensa, agresividad, convicción y solidaridad para construir un muro infranqueable. Una abundancia baloncestística que levantaba con efusividad del banquillo a un Tim Duncan que en la previa del choque reconocía disfrutar con intensidad cada uno de los momentos que le brinda este deporte. Un regocijo que podía retrasar el epílogo de una carrera plagada de grandeza.

De nuevo Danny Green y Kawhi Leonard fueron los encargados de poner patas arriba el partido desde practicamente el salto inicial. Su descaro en insolencia ponían mal cuerpo a los Heat. Dos triples seguidos de Green mandaban a LeBron al vestuario en lo que fue un apretón sin mayores consecuencias. La estrella de los Heat regresaba con un triple que no lograba borrar un semblante serio, como si oliera el peligro que supone el joven perímetro de los Spurs. A la madeja en defensa con manos rápidas y oportunas se le unía une el descaro y la soltura que tan bien (o mal, según se mire) camuflaron en los dos partidos disputados en el AT&T Center.

El habitual gesto taciturno de Kawhi Leonard sigue jugando al despiste. Motivado y con las garras más afiladas que nunca, secó a LeBron al tiempo que reboteaba y ejecutaba la elegante y prodcutiva circulación de balón de San Antonio. Cada ataque de los Spurs constaba de al menos seis pases. Una fluidez con réditos palpables: 10 de las 13 primeras canastas de los tejanos vinieron precedidas de asistencia (17-26 minuto 12). Si no había ventaja encontrando al hombre abierto o diseñando un pase al corazón de la pintura, llegaba Tony Parker, muy inspirado en el arranque, para matar desde la media distancia. Amor a raudales. Una delicia al servicio del baloncesto. Mientras Leonard mantenía nivel de concentración y deleitaba con jugadas espectaculares, la aportación de Green se prolongó durante apenas 20 minutos, hasta que Popovich le reprendió un despiste que costó un efímero momento de inspiración de los Heat en el segundo cuarto. Así funcionan las cosas en estos Spurs.

El fondo de armario siguió acentuando las diferencias entre el roster de ambos equipos. A lo largo de la serie, sólo el incombustible Ray Allen ha sido capaz de estar a la altura de lo exigido. Más allá del excelso tirador que con un triple para la historia cercenara el sueño del quinto anillo de los Spurs, sólo encontramos jugadores condenados al ostracismo durante el curso en los que no se puede confiar llegado el momento decisivo del curso. La otra cara de la moneda la representan los suplentes de los Spurs. Cada jugador tiene un rol definido, que asume y ejecuta sin fruncir el ceño. Patty Mills, excelso en su papel de anotador compulsivo, imprime una chispa que levanta el ánimo a cualquiera; Ginóbili es la experiencia, la seguridad que proporcione haber estado en esta situación antes y haberla solventado con éxito; Splitter entiende que Boris Diaw es el cerebro encargado de despejar la falta de ideas con pases de ensueño y algún ‘fade away’ sin ataduras… una armonía coral que tiene su reflejó en la pista.

Lebron, se entiende que en un ejercicio de hedonismo, dice creer en el sistema (‘LeBronsistema’ para los amigos) y en su equipo. Un sistema donde todo gravita en torno a la figura del alero de Akron al tiempo que los compañeros se borran cuales novatos. Un juego simple, sin estridencias, basado en fogonazos del infinito talento de su particular supernova. Insuficiente ante la brillantez y el corporativismo de los tejanos. Jamás se vio así Miami, ni siquiera con aquellos Mavericks que se pusieron 0-2 en las Finales de 2006 y a quienes terminaron remontando gracias a un Wade del que esta noche no se tuvieron noticias. Spoelstra no daba crédito ante la inoperancia defensiva de un equipo indolente que se estaba cavando su propia tumba. Toney Douglas, jugador residual en la franquicia de Florida, trató de imprimir el carácter perdido a sus compañeros. Pero los brazos caídos se perpetuaban en el lenguaje corporal de unos Heat que jugada tras jugada iban edificando una actitud lamentable.

La agonía y la desesperanza se arremolinaban en torno a un banquillo sin alma, que cabeza gacha asistía impasible a las instrucciones de su técnico. Una angustia que no hacía sino rememorar la inmensa primera mitad del tercer partido, una pesadilla de la que los Heat no han podido despertar. No existe pasión en el mundo que levante la losa del juego asociativo que marca el ADN de los Spurs. La versión más apática de LeBron James bajaba la diferencia de los 20 puntos momentos antes de encerrarse en el vestuario en busca de una reacción que se antojaba imposible.Mientras cada ataque de los Spurs se erigía en un ejercicio de serenidad y homenaje al reposo, Miami trataba de abordar sin éxito la pintura-ocho puntos (4/15)- en una primera mitad aciaga que rozaba el esperpento (36-55, minuto 24).

Tras el breve respiro, un calco del último asalto. Un llanero solitario con el ‘6’ a la espalda trató de librar una batalla contra él mismo, primero, y más tarde contra el resto del planeta. Miami es LeBron y LeBron es Miami. 19 de los 21 puntos de los locales llevaron su firma. El resto del equipo, Bosh y Wade incluidos, se encomendaba al trance de su líder. El bochornoso espectáculo despertaba los abucheos de una grada que presenciaba atónita e impotente la inevitable caída de su equipo. Leonard, insolente y cargado de confianza, recibía y se elevaba para anotar en las narices de LeBron, respondiendo así al desesperado ‘trash talking’ del cuatro veces MVP. Huidizo y silencioso, el espécimen de inmensas manos llamado a liderar el futuro de los Spurs volvió a dejar claro que prefiere expresarse con un balón entre las manos (57-81, minuto 36).

Y aquí podía haber terminado una crónica calcada a la del martes. Con todo decidido, el último acto sólo sirvió para que Udonis Haslem, ídolo y leyenda viva de los Heat, se reivindicara en el que quién sabe si será su último partido ante sus entregados acólitos. Wade, inédito hasta el momento, se asomó al partido con un par de chispazos estériles e infructuosos. LeBron cerraba el grifo y dejaba de verter desafiantes comentarios a Leonard, reconociéndose perdedor incontestable del reto. Ya inmersos en el indeseable ‘garbage time’, con las segundas unidades en cancha y la mitad de la grada del American Airlines Arena abandonando resignada sus localidades, James Jones se lució con 11 puntos en poco menos de tres minutos concretaba el rubor.

48 partidos después, Miami encadena dos derrotas en postemporada, algo que no ocurría desde las Finales del Este de 2012 ante los Celtics. “Te has propuesto a ti mismo una tarea difícil, pero perseverarás y encontrarás placer superando obstáculos”. La célebre cita de la escritora y activista política estadounidense escritora Helen Keller gobernaba cada una de las taquillas del vestuario de los Heat antes del encuentro. Tras leerla, los Heat hicieron lo contrario. Salieron al parqué y complicaron aún más su futuro con una actuación impropia de un equipo campeón. Mientras, Popovich y su escuadrón siguen fieles a un estilo que, pase lo que pase, ya forma parte de la historia de este deporte.

Ficha técnica:

86 - Miami Heat (17+19+21+29): Chalmers (4), Wade (10), Bosh (12), Lewis (2), James (28) -cinco inicial-, Andersen (5), Haslem (2), Battier (-), Jones (11), Oden (-), Douglas (-), Cole (4) y Allen (8).

107 - San Antonio Spurs (26+29+26+26): Parker (19), Green (9), Leonard (20), Duncan (10), Diaw (8) -cinco inicial-, Baynes (2), Bonner (3), Splitter (6), Ayres (3), Mills (14), Joseph (2), Belinelli (4) y Ginóbili (7).

Árbitros: Joe Crawford, Tom Washington y Mike Callahan. Señalaron falta técnica a Chris Andersen. No hubo eliminados por personales.

Incidencias: Cuarto partido de las Finales de la NBA que se disputó en el American Airlines Arena, de Miami, ante 19.900 espectadores.

LeBron James
El redactor recomienda