Adam Silver: el nuevo jefe de la NBA llega con la lección aprendida
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Los retos del quinto Comisionado en 68 años

Adam Silver: el nuevo jefe de la NBA llega con la lección aprendida

Se convierte en el quinto Comisionado de la NBA en sus 68 años de vida. Llega con un bagaje envidiable y con una idea clara: no tocar lo que funciona

placeholder Foto: El nuevo Comisionado, Adam Silver, a su llegada a una de las interminables reuniones durante el 'lockout' de 2011. (Efe)
El nuevo Comisionado, Adam Silver, a su llegada a una de las interminables reuniones durante el 'lockout' de 2011. (Efe)

“Si tuviera la capacidad de elegir, si de mí dependiera, él sería el Comisionado”. El 25 de octubre de 2012, el mismo día que David Stern ponía fecha a su jubilación, los 30 propietarios de las franquicias decidían por unanimidad que Adam Silver, segundo de a bordo desde 2006, sería el nuevo jefe de la NBA. Con un contrato inicial por cinco años, tras Maurice Podoloff (1946-1963), J. Walter Kennedy (1963-1975), Larry O’Brien (1975-1984) y el propio Stern (1984-2014), Silver se convertirá este sábado en el quinto Comisionado de la NBA en sus 68 años de historia. A pesar de la difícil papeleta, llega al mando con un bagaje envidiable y con una idea clara: no tocar lo que funciona. A su lado estará Mark Tatum, primer afroamericano en llegar tan arriba en cualquiera de las grandes ligas norteamericanas.

Con una melodía inalterable en su voz y sin grandes aspavientos a nivel gestual, Silver apostará ciegamente por la continuidad de la labor desempeñada por su antecesor. La misma que dio fondo y forma a la mejor NBA. Silver (Nueva York, 1962), nació y pasó parte de su juventud en Rye, una minúscula urbe de clase alta en el norte del estado de Nueva York. Sus padres se divorciaron cuando era un niño y el progenitor, compañero de David Stern en el bufete de abogados Proskauer Rose, trasladó su residencia a Manhattan. Tras pasar un tiempo en Duke, en 1984 terminó licenciándose en derecho en la Universidad de Chicago. El joven Adam dio sus primeros pasos en el mundo de la abogacía como asistente jurídico en un juzgado federal de la Gran Manzana así como en el bufete de Cravath, Swaine & Moore. Descontento con su labor profesional, no dudó en escribir una carta a Stern buscando consejo existencial. El propio Stern no lo dudó y le ofreció un puesto como asistente especial. Corría el año 1992. 22 años después, y tras alcanzar el vice comisionado en 2006 con la marcha Russ Granik, completa un currículum envidiable.

“Me gustaba el baloncesto, pero nunca soñé con jugar o en su caso trabajar para la NBA”. Su relación con la canasta se remonta a sus años de infancia cuando, junto a su padre, asistía con asiduidad al Madison para ver a los Knicks. En 1970, en la Meca del baloncesto presenció el primero de los dos anillos logrados por la franquicia neoyorquina. Para más inri, lo hacía ataviado con las míticas zapatillas ‘Puma Clyde’, promocionadas por el mítico base ‘Knickerbocker’ Walt Frazier. “Seguir a los Knicks era parte de mi ADN”, cuenta. Durante su estancia en Duke tuvo el privilegio de presenciar en directo el debut como entrenador de los ‘Blue Devils’ del mítico Mike Krzyzewski.

A pesar del estatus que le otorga su nuevo puesto, nada de ‘Comisionado Silver’ o ‘Señor Comisionado’. “Adam, por favor”, solicitaba en el New York Times en una reciente entrevista. Una manera de salvaguardar el cartel de ‘hombre normal’ que le precede. Encomendado por su superior, las buenas artes exhibidas en la ardua tarea de mediación durante el último cierre patronal le granjearon el respeto de las partes en el conflicto. Un factor decisivo para llegar desbloqueo de la tediosa situación. “Se ganó mucho de mi respeto durante aquel proceso”, recuerda Dan Gilbert, el controvertido propietario de los Cleveland Cavaliers. Una cierta calma que durará como pronto hasta 2017, cuando cualquiera de las partes podrá salirse del contrato sellado en diciembre de 2011. De no ser así, se mantendrán las posturas alcanzadas hasta 2021.

Vivir en la cúspide de la pirámide le obliga dirigir los departamentos que componen el organigrama de la empresa: legal, financiero, seguridad, marketing, etc. Además de a jugadores y propietarios, los dos bandos fundamentales en acción, Silver tendrá a su cargo a los 1.100 empleados que la NBA tiene repartidos en las 15 oficinas que posee en doce países del mundo. Pero por encima de todo, en su lista de prioridades aguarda uno de los puntos cardinales a los que deberá enfrentarse: la renegociación de los derechos televisivos acordados en 2007 y que expiran en 2016. En sus manos residirán las opciones de que la liga triplique los “irrisorios” 930 millones de dólares anuales que firmó con ESPN y Turner Sports (TWX).

Un sueño y algunas propuestas en el aire

La internacionalización de la liga en los últimos tiempos es innegable. Una de las señas de identidad del egado de David Stern ha sido convertir la NBA en un fenómeno global. Fehaciente es que la competición continúa extendiendo su presencia por cada vez más territorios. China o el mercado europeo son sus dos grandes focos de atención. Sin embargo, la falta de infraestructuras –pese a los majestuosos pabellones de Londres y Berlín- y la no garantía de lucrativos contratos televisivos son dos obstáculos insalvables para llevar a cabo una propuesta que flota en el aire pero que no logra aterrizar. Las giras de pretemporada, desde Filipinas a Bilbao pasando por Shanghai, y un partido de ‘regular season’ en el O2 londinense son suficientes por el momento.

En su libro ‘Invasión o victoria’ (Ediciones JC, 2012), dos de las voces más autorizadas en la materia, Gonzalo Vázquez y Máximo José Tobías, desgranan con maestría el fenómeno del desembarco de jugadores extranjeros en la NBA a lo largo de la historia. La otra cara de la moneda, querer trasladar la competición lejos de los confines del país que guía el devenir del mundo, es otro tema. Un proyecto embrionario que no cogerá forma en el corto ni en el medio plazo. Un hecho que no impediría seguir desarrollando el amplio abanico de posibilidades que ofrece la tecnología, generando nuevas vías de negocio, principalmente a través de la red de redes. Tampoco es descartable que cristalice la propuesta de reducir la duración de los encuentros de 48 a 40 minutos, así como aumentar los partidos en horarios felices para la audiencia asiática y europea. Los domingos y algún día señalado en el calendario (Navidad o en el día de Martín Luther King), constituyen un buen banco de pruebas en este sentido. Todo sea para que el mundo entero pueda ver a Kevin Durant entrar en trance noche sí, noche también.

Además ampliar las sanciones por ‘flopping’, también se habló de eliminar las Divisiones. Se trata de impedir que campeones de área, por el simple hecho de serlo, se reserven la condición de cabeza de serie independientemente de su balance. Por último, las lesiones y posteriores recaídas de grandes estrellas (véase los casos de Kobe Bryant, Derrick Rose o Russell Westbrook) invitan a poner freno a la ambición por forzar la máquina a toda costa. Para evitarlo, algunas voces señalan la posibilidad de que un equipo médico dependiente de la NBA se encargue de chequear y dar luz verde al retorno. Con el convenio colectivo firmado en 2011 sentando las bases de un programa antidopaje que trata de rellenar lagunas legales, es prioritario tomar medidas para mejorar la conducta fuera de la cancha. No es edificante que un entrenador sea arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol, ni que un jugador campe a sus anchas tras recibir ínfimas sanciones por posesión y consumo de marihuana.

Horteradas varias

En el horizonte de la mercadotecnia, un par de flecos a aclarar. El primero es el futuro de los horrendos ‘sleeved jerseys’. "Entiendo que nos encontramos en una época donde todo es innovación y me imagino que es el primer paso para tener publicidad en las camisetas" suponía con el buen criterio que le caracteriza George Karl. Al contrario de la hasta cierto punto graciosa inclusión de motes que sustituyen a los habituales apellidos en las camisetas, se trata de una traición al romanticismo del juego inventado por el señor Naismith. Por otro lado, la cada vez más persistente idea de insertar publicidad de forma generalizada en las camisetas, ya sea en su versión clásica o en sus nuevos modelos ajustados y con mangas, supone otro atendado contra la tradición.

NBA, un plato típicamente navideño

Desde 1947, en su segundo año de vida, la NBA se convirtió en la única competición que trabaja el día de Navidad. Excepto el año del tercer ‘lockout’ durante la temporada 1998-1999, siempre ha sido fiel a su cita. En su día, la proximidad geográfica determinaba la mayoría de los enfrentamientos a fin de que trastocar lo menos posible los planes familiares para tan señalada fecha. Curiosamente, en el estreno de David Stern como Comisionado, Bernard King, uno de los mítos de la Gran Manzana, sedujo a los acólitos con 60 puntos, la mayor anotación hasta la fecha en la Pascua Navideña.

En aras de cumplir los ineludibles compromisos contraídos con las televisiones, desde hace seis años, el 25 de Diciembre la NBA deleita a sus aficionados con cinco encuentros potentes y con horarios bien estructurados, al menos para el entregado público europeo. Con la finalidad de seguir vendiendo el producto, se programan partidos que involucren a los grandes mercados, no siempre coincidentes con los mejores equipos a nivel deportivo. Además se diseñan equipaciones de dudoso gusto para tratar de aumentar los ingresos por ‘merchandising’. Un plato más del copioso menú navideño. Los resultados muestran que las audiencias en Estados Unidos crecen de forma sostenida. En la temporada 2012-2013, el Heat-Thunder fue seguido por 9.6 millones de espectadores. Cifras que se alejan de los 35 millones de telespectadores que el 19 de marzo de 1995 siguieron el regreso de Michael Jordan tras su primera retirada. Tarea improbable la de clonar a su inigualable e incomparable ‘Majestad’.

Con todo, la decisión siempre ha estado sometida a debate. Algunos críticos aludían a la confesión judía de Stern, y que por tanto celebra la Hanukkah a comienzos de diciembre aproximadamente, a fin de justificar una decisión que, según sus detractores, suponía “arruinar” la Navidad. “No creo que nadie deba jugar el día de Navidad”, se lamentaba Phil Jackson en 2010. Rabietas al margen, la postura de Silver no variará. Debe cuidar el negocio, dentro y fuera de las fronteras estadounidenses. Hablamos de un producto global. Stern se lo dijo.

Una nueva rúbrica sobre el cuero

“La pelota es terriblemente mala. Parece de esas que se compran en un supermercado o en una juguetería para jugar en la calle. Al inventor habría que mandarlo de vuelta a la universidad”. Esas fueron las contundentes declaraciones de Shaquille O’Neal a comienzos de la temporada 2006-2007. A pesar de que desde 1983 Spalding fabricaba con éxito las pelotas de cuero oficiales, a Stern se le ocurrió la ‘brillante’ idea de sustituir la piel de vaca por el material sintético. Entonces llegó el aluvión de críticas por parte de los jugadores, que sabían que detrás de la decisión había un producto caro que no funcionaba bien en el mercado. Las reticencias mostradas consiguieron restablecer el orden previo el 1 de enero de 2007. Eso sí, siempre con la firma del Comisionado visible al lado del logo de la liga. Por esta vez, el marketing al servicio del baloncesto se iba a casa con las manos vacías.

A pesar de los casi 125 euros que cuesta un balón oficial, nadie duda de las bondades del clásico material. Zanjado el debate, un error de cálculo nos dejaba un escenario curioso. Como cada año, Spalding pensaba usar los mismos balones durante toda la presente temporada, obviando así la sucesión en el trono. “Es como pedirle al nuevo director ejecutivo de una empresa que use tarjetas de visita del ex director general hasta que se acaben”, reconocía a principio de campaña Paul Swangard , director del centro Warsaw Sports Marketing de la Universidad de Oregón.

Dicho y hecho. El pasado mes de diciembre la NBA se encargó de enviar una segunda remesa de balones a los equipos, ya con la firma del nuevo patrón en su superficie. A los 72 por equipo entregados a principios de temporada se le unen 36 más para cada ‘roster’. En total, 3.240 balones y una factura que supera los 400.000 euros. Un detalle que simboliza el primer cambio de jefe en los últimos treinta años. Con el apoyo incondicional de su predecesor y, lo que es más importante para su supervivencia, el de los mandatarios de todas y cada una de las franquicias de la liga, la era Silver echa a andar con unas perspectivas halagüeñas. A pesar de tomar sus propias decisiones, la obra del maestro Stern iluminará la senda del discípulo.

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