El 'ba-lon-ces-to' español tiene en su mano la oportunidad de repetir el sueño del oro
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españa y estados unidos, grandes favoritas

El 'ba-lon-ces-to' español tiene en su mano la oportunidad de repetir el sueño del oro

El Mundial ya está aquí. Con la final ante Estados Unidos soñada por todos en el horizonte, España tratará de asaltar el cetro mundial logrado en 2006

Foto: Pau, Marc Gasol e Ibaka, durante uno de los entrenamientos de la selección en el Triángulo de Oro (EFE)
Pau, Marc Gasol e Ibaka, durante uno de los entrenamientos de la selección en el Triángulo de Oro (EFE)

Hace 28 años, un caluroso 19 de julio de 1986, el antiguo Palacio de los Deportes de Madrid acogió la vibrante final del Mundial entre Estados Unidos-URSS. El encuentro se saldó con la victoria americana por un ajustado 87-85. Los bisoños David Robinson, Muggsy Bogues, Steve Kerr, Kenny Smith, Sean Elliott, Brian Shaw y compañía superaron a un selecto grupo del este formado, entre otros, por Valters, Volkov, Tkachenko, Kurtinaitis, Homicius, Sabonis. Tras la plata de Los Ángeles ’84, España acabó quinta en plena fiebre por el baloncesto. Casi tres décadas después, nuestro país, que ya vio cómo España caía en la final del EuroBasket 2007 ante Rusia, recibe otra oportunidad para bañarse en oro y poner la guinda al pastel de una generación irrepetible que lleva 15 años alegrándonos la vida año sí, año también. Ahora o nunca. Con esta idea encara España la cita que se celebrará en nuestro país del 30 de agosto al 14 de septiembre. Serán 16 días de actividad frenética en las seis sedes (Bilbao, Las Palmas de Gran Canaria, Granada, Sevilla, Madrid y Barcelona) que acogerán los 76 partidos que se disputarán en el torneo.

El sueño del dorado, volver a abrazar la gloria como ocurriera en Saitama en el año 2006, se erige hoy en una ilusión factible. En un campeonato desmejorado por las ausencias de grandes figuras en prácticamente todos los grandes aspirantes menos en una España entera y sin fisuras, el tópico que otorga un plus de ventaja al anfitrión adquiere mayor relevancia que el apunta en dirección opuesta y encabeza con la palabra presión su argumentario. "La presión de ser favoritos o ser una de las selecciones que aspira a ganar la llevamos desde el primer día. Somos conscientes”, asumía Orenga antes de iniciar la concentración. Cierto es que, aunque no guste a los acólitos del régimen, el dibujo del cuadro estuvo apañado (que no amañado) para diferir lo máximo posible el mal cuerpo que produce ver a una horda de aguerridos estadounidenses enfrente. Que no cunda el pánico. El coco sólo se cruzaría en una hipotética final que, pase lo que pase, colmaría todas las aspiraciones a nivel deportivo, organizativo y comercial.

Pero se tiene que interponer. De no hacerlo rodarán cabezas. La sed de venganza tras las dos finales olímpicas perdidas en dos épicas batallas (118-107 en Pekín ’08 y 107-100 en Londres ’12), unida a la osadía y la tendencia al chovinismo que nos define, nos ha convencido de que no estar en el Barclaycard Center el domingo 14 (21.00 horas) será un fracaso inasumible. En una de las múltiples ruedas de prensa ofrecidas a lo largo del mes de preparación previo a la cita, Rudy Fernández, una de las piezas por explotar en el perímetro español, sintetizaba el sentir del grupo. "Ojalá podamos vivir otra final, sobre todo en casa. Lo más importante es saber que el camino será largo. Estados Unidos sigue siendo una gran selección pese a perder grandes jugadores. Tenemos que ser conscientes de que está en nuestras manos poder hacer historia otra vez con este equipo", apuntaba. Orenga, hombre parco en palabras y con alergia (como la mayoría de técnicos) a los grandes titulares, optaba por tirarse a la piscina a su manera. “Este equipo está hecho para ganar a Estados Unidos”, se atrevió a destacar con su habitual gesto serio.

Con la versión mejorada de nuestro particular ‘Dream Team’, el equipo español tiene licencia para soñar y creer que todo es posible. Porque, para qué engañarnos: todos salivamos y nos retozamos sobre el sofá imaginando al rejuvenecido 'Team USA' claudicando ante los Gasol, Navarro, Felipe Reyes, Calderón, los cuatro juniors de oro de Lisboa 1999 que se mantienen en liza, junto al resto de estrellas que iluminan nuestro ilusionante firmamento baloncestístico. Una ilusión que queda refrendada en el presumible camino hacia la ansiada final. Irán (sábado, 22:00 horas) concederá un inicio suave que, a priori, permitirá carburar de forma progresiva. La tendencia se mantendrá ante Egipto (domingo) antes de meterse de lleno en la batalla con Brasil (lunes) Francia (miércoles) y Serbia (jueves), los rivales que completan el grupo más competitivo de la primera fase.

Aunque del Grupo B (Argentina, Grecia, Croacia, Puerto Rico, Filipinas y Senegal) saldrá el rival de octavos, con este diseño, más propio del US Open, es muy posible que España se tope con algún rival de la primera fase en cuartos y en semifinales. La selección natural puede provocar que croatas (el equipo más completo del grupo), argentinos (venida a menos sin Ginóbili y Delfino en el epílogo de su mejor generación) y griegos (sin Spanoulis, Schortsanitis, Fotsis, Bramos y Koufos) se difuminen en el intento. Y esta vez no tiene pinta de que un Teodosic mágico, algún Batum enfurecido o algún brasileño (Marcelinho Huertas, Leandro Barbosa, Varejao, Splitter y Nené como hombres más destacados) con ganas bailar samba echen por tierra las aspiraciones españolas como ya ocurriera con el letal e impredecible base serbio en unos cuartos de final del Mundial de Turquía 2010 de infausto recuerdo para todos. Por la parte baja del cuadro, el Grupo C (Estados Unidos, Turquía, Finlandia, República Dominicana, Nueva Zelanda y Ucrania) se medirá al Grupo D (Lituania, Eslovenia, Australia, México, Angola y Corea del Sur). Al margen de la previsible dictadura del combinado NBA, Lituania y Australia se elevan como dos equipos llamados a dar guerra.

Doce amigos para soñar

Por encima del resto de la plantilla de la selección destaca Pau Gasol. A sus 34 años, probablemente el mejor jugador que parió el baloncesto patrio, regresa a la selección tras su ausencia en el pasado EuroBasket de Eslovenia. Lo hace tras una temporada de dimes, diretes, lesiones y mareos. Pese a todo, Pau dio la talla (17,4 puntos, 9,7 rebotes y 3,4 asistencias) en el ingobernable gallinero en el que se convirtieron los peores Lakers de la historia. Ahora, su ‘16’ luce en una taquilla del United Center de Chicago. Con la incertidumbre de su futuro resuelta, la única motivación del indiscutible mascarón de proa de este grupo de amigos es el oro. Aunque Pau no es el mismo físicamente ahora que hace diez años, hace dos, en los Juegos de Londres, su último servicio de rojo, firmó 19,1 puntos, 7,6 rebotes y 2,9 asistencias de media. Por si fuera poco, en las ‘pachangas’ que han precedido al campeonato demostró ser el líder indiscutible, dentro y fuera de la cancha, de la versión más exuberante de un equipo diseñado para la gloria (15,6 puntos, 7,4 rebotes, 2,1 asistencias en 24 minutos).

Junto a él, su hermano Marc y Serge Ibaka constituyen el núcleo duro de un equipo que crea su juego desde el poste bajo. Completa el cuarteto un incombustible Felipe Reyes, un 24/7, que dirían los americanos, dispuesto a tapar cualquier agujero. Por poner algún pero, con el poderío en la pintura dando la razón a Ibaka (“España tiene el mejor juego interior del Mundial”), es en la línea exterior donde nos topamos con un rendimiento menos explosivo, incluso carente de frescura y cadencia en algunos momentos. El tiro exterior (51/172, un 30,4% de acierto desde más allá de la línea de 6,75) corrobora los problemas para abrir vías desde el perímetro que ha tenido la selección en los partidos preparatorios. La lesión de Abrines, que llegará al Mundial sin haber jugado un minuto con la absoluta, y el conservadurismo en torno a Rudy son dos elementos que no han ayudado para terminar de engrasar la maquinaria.

Orenga cuenta con Navarro y Rudy como intocables en los puestos de escolta y alero respectivamente. Con tres bases de la talla del Chacho (magia), Ricky (ímpetu y defensa) y Calderón (control y mesura) repartiéndose minutos y rotando posiciones según los requerimientos del rival, Llull dará rienda suelta a su faceta de escolta alocado y revolucionario que figura en su ADN. Claver, hombre para rotos y descosidos, alternará el puesto de alero alto y con el de ala-pívot en la discreta participación que se le presume. Pese a los titubeos exteriores, nos quedamos con los ocho partidos sin mácula y la imponente versión desplegada ante Argentina (86-53) en el último ensayo antes de que el balón empiece a volar hacia el aro. “España hizo que Argentina pareciese que no sabía jugar al baloncesto”, reconocía con resignación el exjugador ACB Walter Hermann.

El 1 de julio de 2013, laFederación Española de Baloncestoinstalaba en la madrileña Puerta del Solun reloj que se encarga de recordarnos con precisión suiza que a partir del 30 de agosto tenemos una cita ineludible con el baloncesto. A pesar del anecdótico apagón a la semana de su puesta en funcionamiento, el aparato se ha convertido en un elemento más en la estampa cotidiana de uno de los lugares más emblemáticos de la capital. Con las mascotasOleyHopy el primer balón diseñado en exclusiva para un evento con atributos identificativos propios, todo está listo para acoger un campeonato que, además de ser un éxito a nivel organizativo, quiere convertirse en un motivo para la alegría de todos los aficionados españoles. Al contrario que el mítico ‘reloj, no marques las horas’ patentado por el inolvidableAndrés Montes, interesa que el tiempo fluya y comience el espectáculo.

Con el ‘BA-LON-CES-TO’ en el recuerdo

“Escuchad una palabra que va a ser muy importante a partir de ahora: BA-LON-CES-TO”. Pese al fallecimiento de su padre, Pepu Hernández sacó fuerzas de flaqueza para preparar, dirigir y ser uno de los grandes artífices de la medalla de oro que la Selección Española conquistó en Saitama. Durante el baño de masas ante cerca de 100.000 personas que inundaban Plaza de Castilla, el por entonces seleccionador vio cumplido un sueño. Más allá de ser campeones del mundo y atropellar con saña en la final (70-47) a una Grecia vacía por el titánico esfuerzo empleado en semifinales ante Estados Unidos (101-95), la victoria colmó de alegría a la familia del baloncesto y, de alguna manera, hizo brotar un sentimiento de pertenencia a aquellos que no sienten esa magia cuando ven un balón naranja, una canasta y un parqué. Un difícil logro por el que deberemos estarle agradecidos eternamente. Ocho años después, el sueño del oro ocupa los días y las noches de los españoles.

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