Ibaka se reivindica en ataque para hacer más demoledor el juego interior de España
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el congoleño se quita la etiqueta de defensor

Ibaka se reivindica en ataque para hacer más demoledor el juego interior de España

El pívot de origen congoleño sigue elevando su nivel. Reconocido defensor, el jugador de los Thunder se está consolidando como una opción real en ataque

Foto: Ibaka trata de superar a un defensor angoleño en el primer amistoso de preparación para el Mundial de la selección española.
Ibaka trata de superar a un defensor angoleño en el primer amistoso de preparación para el Mundial de la selección española.

“Tenemos el mejor juego interior del Mundial. Pau y Marc (Gasol) son de los mejores jugadores que hay en la NBA y, por tanto, al estar juntos en Españanos hace ser muy potentes”, aseguraba Ibaka en una de las ruedas de prensa posteriores a los entrenamientos en el Triángulo de Oro, cuartel general de la expedición española antes de iniciar la gira de ocho amistosos previos al inicio del Mundial que arrancará el próximo día 30. Como es habitual en su discurso cargado de modestia y humildad, el pívot congoleño particularizó en dos buques insignia del combinado nacional, pero olvidó incluirse en una terna que, junto al incombustible Felipe Reyes, amedrentan a cualquiera que se ponga por delante.

Pese a tratarse de meros exámenes para afinar la puesta a punto a menos de 20 días del inicio del campeonato, si algo puede sacar en claro Orenga de estos dos primeros exámenes ante Canadá (82-70) y Angola (79-70) es la aportación ofensiva de un Serge Ibaka que lucha por liberarse del estigma de hombre eminentemente defensivo. Ante los canadienses, se fue hasta los 15 puntos (4/6 en tiros de campo, incluidos 2/2 en el triple, y 5/6 desde el tiro libre), 7 rebotes y 1 tapón en 21 minutos sobre la cancha. El pasado domingo firmó una más que digna hoja de servicio en la que figuraron 13 puntos (6/10 en tiros de campo y 1/1 desde la personal), 3 rebotes y 1 tapón en 22 minutos en pista. En partidos con claro predominio del juego interior, el pívot (o ala-pívot, según lo exija el guión) de 2,08 acepta el reto y se ha presentado como la segunda vía en ataque tras Pau Gasol (20 y 17 puntos respectivamente), mascarón de proa de una generación que ya ha empezado a cocinar con mimo el asalto a su segundo cetro mundial.

Cuando se pide al aficionado que defina a Serge Ibaka, las palabras que primero le vienen a la mente son: defensor, taponador, reboteador, mate, salto, atlético, portento físico o genética asombrosa. Cierto que todas sirven para dibujar con precisión los rasgos característicos del juego Ibaka. Sin embargo, la ficha quedaría incompleta. Ibaka progresa con buenos modos en su intento por alejarse del perfil de perro de presa con escasos recursos en ataque. Más allá de la vitola de rudo defensor que podrían encarnar hombres, de ahora y de antes, como Dennis Rodman, Dikembe Mutombo, Ben Wallace, Dwight Howard o Alonzo Mourning, en el caso de Ibaka nos encontramos con un jugador que cada día desarrolla de forma incansable su faceta ofensiva.

Porque mientras ‘Ibloka’ hacía honor a su sobrenombre y lideraba la NBA en tapones por partido en la temporada 2011/2012 (3,7 gorros por noche) y en la 2012/2013 (3 pinchos de merluza por choque), además de ser tercero en su año ‘sophomore’ (2,4) y segundo la pasada campaña (2,7), su tiro iba experimentando una mejoría que abre un abanico inmenso de opciones ofensivas. Al margen de los mates y los exuberantes tapones, en la temporada 2012/2013 hasta 59 jugadores intentaron al menos 300 tiros desde la media distancia y ninguno de ellos fue capaz de superar los porcentajes de Ibaka, líder desde su posición fetiche con un 49,4% de acierto, superando a Chris Paul, de largo el mejor base de la NBA (49%).

Para que se hagan una idea, jugadores como Josh Smith (29%), DeMarcus Cousins (34%) o Blake Griffin (37%) se encuentran sensiblemente alejados del congoleño. Una tónica que se ha mantenido también en el último curso, donde Ibaka acreditó un 46,5% (165/355) en sus lanzamientos en la horquilla que van desde los cinco metros a la línea de tres. Una evolución silenciosa en una época donde la NBA navega hacia la asfixia de la cancha mientras, por el camino, pierde el gusto por el 'midrange shot'. “Creo que es bueno para mí. Les puedo sorprender y, además, eso me motiva para ser aún mejor”, comentaba Serge a principios de año en un reportaje publicado por el espacio asociado a la ESPN Grantland.

“Mejora su aportación ofensiva cada año. Creo que es uno de los mejores tiradores de media distancia de la liga. Probablemente no debería decirlo porque no quiero que el resto de equipos lo sepan pero los números hablan por sí solos. Cuando le damos tiros abiertos sabemos que hay más de un 50% de posibilidad de que el balón entre”. Su entrenador, Scott Brooks, condensaba a la perfección unos guarismos que esconden un incansable afán por evolucionar y ser mejor jugador cada día. Una obsesión por el trabajo que llevaba al técnico a ver en Ibaka al “trabajador más diligente que nunca ha tenido”. Un dato relevante, más aún teniendo en cuenta que Brooks cuenta en su roster con un tal Kevin Durant, uno de los tres mejores jugadores del planeta.

Una mutación todavía más que palpable si nos vamos a su año rookie, donde Ibaka casi no tiraba a canasta, y cuando lo hacía era muy cerca del aro. En los 73 partidos que jugó durante su año ‘rookie’ en la NBA, sólo 29 de sus 201 tiros en juego convertidos fueron lanzados desde más allá de los 16 pies (4,88 metros). Dato que ha ido creciendo de manera exponencial con el paso del tiempo. En la temporada 2012/2013 los tiros anotados desde posiciones de media y larga distancia fueron 153 y durante la última campaña el número creció hasta 193. Su suspensión y su mecánica le permiten elevarse por encima de los defensores con una facilidad pasmosa y jugar el 'pick and pop' es una opción cada vez más manida en las filas de los Thunder. Y es que sus expediciones en el perímetro son cada vez más profundas. Ahora hasta se atreve con los triples. 49 de sus 55 tiros de tres puntos (150 intentos) han llegado en el 'binomio del destape' (2012-2014). Dos años de eclosión y esplendor que le han confirmado como un jugador infinitamente más completo que el chico de 20 años que irrumpió en 2009 en la mejor liga del mundo saltando de aquí para allá, repleto de buenas intenciones pero con carencias que alimentar.

Además, tampoco descuida su trabajo debajo del aro, donde su eficacia mejoró un 6% tras la marcha de James Harden a Houston en el verano de 2012, un hecho que obligó a asumir mayor responsabilidad de cara al aro y aumentar de 7 a 12 los tiros por partido en los últimos dos cursos. Otro punto clave en su madurez de cara al aro fueron las prolongadas ausencias por lesión de Russell Westbrook. Un desarrollo incesante que no ha hecho sino mejorar de forma ostensible sus guarismos. Los 15,1 puntos (53,6% en tiros de campo y 38,3 en triples con 23/60) y 8,8 rebotes con los que cerró el curso son buena muestra de la inagotable capacidad para derribar estereotipos y moldear un jugador versátil con innumerables amenazas en ambos lados de la pista.

Porque si algo tiene claro Sam Presti, General Manager de los Thunder, y el resto del staff técnico es que el africano representa una pieza vital en las eternas aspiraciones de la franquicia para alcanzar el sueño del anillo. Un hecho que quedó refrendado el 18 de agosto de 2012. Seis días después de caer ante Estados Unidos en la final de los Juegos Olímpicos de Londres, la franquicia de Oklahoma renunciaba a Harden y apostaba por Ibaka un año antes de poner fin a su contrato de rookie y ser agente libre: cuatro temporadas y 48 millones de dólares a contar desde la pasada campaña (2013-2017). En los pasados playoffs, tras su lesión en el gemelo durante el sexto partido de la serie ante los Clippers, los Spurs se aprovecharon de la lexitud del juego interior de los Thunder en una final de Conferencia desmejorada sin Ibaka sobre el parqué. Un diamante que, en un baloncesto moderno, con una mayor predilección sigue puliéndose para forjarse una identidad alejada de clichés.

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