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El Madrid rompe su racha de la peor forma: claves para entender una derrota esperada
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TROPIEZO DE LOS DE SCARIOLO EN PARÍS

El Madrid rompe su racha de la peor forma: claves para entender una derrota esperada

Era un hecho que habría algún tropiezo tras una racha formidable, pero no se esperaba que fuese ante un equipo que este año transita por la zona baja. Y menos en un gris encuentro

Foto: Llull vivió un aciago partido en París. (EFE/EPA/Mohammed Badra)
Llull vivió un aciago partido en París. (EFE/EPA/Mohammed Badra)
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No se esperaba el tipo de partido que se vio este martes en París, porque lo que se esperaba era que el Madrid no permitiese el ritmo de juego ultraveloz de los parisinos. Se unió al juego que menos le convenía, pero además lo hizo con desgana en el campo propio, donde la defensa del aro fracasó con estrépito, acumulando malas decisiones en momentos clave del ataque.

Así que no se puede decir que sea una derrota inexplicable, todo lo contrario. Es perfectamente explicable. El esperado bombardeo de los franceses desde el perímetro era conocido. Y a pesar del discreto porcentaje, con 12 triples, pero a costa de errar hasta 25 lanzamientos, consiguió redondear el botín ofensivo el equipo de Francesco Tabellini a base de capturar rechaces bajo el aro madridista, hasta el punto de que, prácticamente, se repartieron los rebotes entre ambos contendientes: 23 capturas blancas, por 19 para los de negro. Inaceptable.

También sucedió lo mismo bajo el aro francés, con un equitativo reparto de los rebotes, aunque hubo menos: el acierto en el lanzamiento de los de Sergio Scariolo fue bastante aceptable, con más del 60% en tiros de dos y rozando el 44% en triples, aunque cediendo dolorosamente siete tiros libres.

Entonces, ¿dónde se sustanció la derrota, finalmente? Pues sí, en la producción de canastas asociada a la cesión de rebotes, que otorgó un caudal de puntos constante al marcador de París Basket. El ritmo elevado, con numerosas posesiones, fue justo el enfoque de los franceses. Y la defensa blanca manifestó una falta de tensión que recuerda a unos meses atrás, permitiendo a su rival mover el balón con comodidad. En fase de ataque, los buenos porcentajes del equipo, emborronados por el día aciago de Sergio Llull (0/6 en triples), adolecieron también de una toma de decisiones errónea en determinados momentos, como en el tramo final del partido.

Foto: real-madrid-paris-basketball-euroliga-derrota-fracaso

Bajando a las individualidades, el magnífico brío de Andrés Feliz y la óptima aportación de Trey Lyles quedaron eclipsadas por las débiles actuaciones de otros compañeros, que bajaron revoluciones por debajo de lo que el partido requería. Esto es Euroliga. Y la componente local o visitante cuenta mucho más de lo que parece. Si los pabellones serbios o griegos son apabullantes, los turcos no se quedan atrás y tampoco los franceses, sea en Mónaco o en París, cuyas parroquias introducen matices de cierta fiereza en los equipos locales.

Y no solamente en ellos, también los árbitros suelen demostrar una inclinación estadísticamente relevante hacia los anfitriones. Cuidado, que también le sucede al Madrid, cuya racha casi inmaculada en el Palacio de los Deportes (solamente una derrota este año) también se apoya en una amabilidad arbitral que luego no se encuentra fuera.

Este martes fue otro ejemplo de ello y las quejas blancas no encontraron cariño en el trío que tomaba las decisiones. Olegs Latisevs o Anne Panther no suelen derrochar simpatía con el equipo español. Y, al final, Mario Hezonja terminó un tanto desquiciado y algún otro no pudo evitar la desconexión en tramos decisivos.

Con todo, el caudal ofensivo del Madrid le sostuvo hasta el final, ante un equipo juguetón que no añora tanto como parecía, en ataque, a TJ Shorts o a Jantunen o a su entrenador del pasado año, Thiago Splitter. Juegan igual. Pero defensivamente no alcanza el nivel necesario para perseguir logros mayores la presente temporada.

Por ese resquicio se mantuvo el Madrid en el partido. Por el otro, lo perdió. Ahora, lo que viene será más complicado a priori: tres visitas seguidas a PAO en Atenas, Dubái y Partizán en Belgrado. Algo debe rascar, y no poco, el Madrid en estos partidos para no perder pie en su pelea por entrar en el play-off (Top 6) no digamos ya para jugar el play-off como local (Top 4), que es condición muy importante para acceder a la Final Four en Atenas.

No se esperaba el tipo de partido que se vio este martes en París, porque lo que se esperaba era que el Madrid no permitiese el ritmo de juego ultraveloz de los parisinos. Se unió al juego que menos le convenía, pero además lo hizo con desgana en el campo propio, donde la defensa del aro fracasó con estrépito, acumulando malas decisiones en momentos clave del ataque.

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