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El Real Madrid paga muy cara su visita a Mónaco y Sergio Scariolo culpa a los jugadores
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El Real Madrid paga muy cara su visita a Mónaco y Sergio Scariolo culpa a los jugadores

El conjunto blanco se deshizo en defensa en su visita al Principado (100-95) pese al show de Campazzo. Sergio Scariolo señaló a los jugadores del Real Madrid en la salida de prensa

Foto: El técnico blanco fue muy duro. (AFP7)
El técnico blanco fue muy duro. (AFP7)
EC EXCLUSIVO

Hacía casi un año de la última visita del Real Madrid al Principado de Mónaco, cuando también regresaron los blancos de vacío de su periplo por la Costa Azul. Fue el día en el que Mario Hezonja deslumbró y con aquel episodio de la herida en el brazo, hábilmente revelada a los árbitros por Spanoulis, hizo explotar a Super Mario, que en segundos recibió una doble técnica y debió tomar el camino de la ducha. La ecuanimidad del arbitraje fue más que discutible, pero el Madrid fue incapaz de afrontar esa dificultad con resiliencia.

Este viernes, de nuevo repleto e hirviente el Gaston Medécin (no puede ser menos, con sus escasos 5000 asientos), el Mónaco redujo al Madrid una vez más, apoyado en un poderoso pilar al principio, Walter Edy Tavares y un mágico duende al final, Facundo Campazzo. Todos los demás, salvo un notable Chuma Okeke, apenas se hicieron notar sobre el parquet, incluso alguno sí apareció, pero no para ayudar, sino todo lo contrario. Empieza mal el maratón de partidos que tendrá lugar estas dos semanas.

El resultado final se pareció poco al del pasado año: 100-95. Este año el Madrid anda de rebajas en defensa. Una vez más recibe la centena y da señales clarísimas de deficiencias serias en esa faceta del juego. Los bloqueos directos, esa jugada básica que el Madrid utiliza poquísimo, son, en cambio, muros infranqueables cuando los ejecuta el rival y ve la comodidad con la que este encuentra los lanzamientos intermedios. Se requiere un poco de video en Valdebebas.

En ese contexto de defensa débil, los monegascos se regalaron los "papanoeles" con una exhibición de acierto, que aliñaron además con tres canastas a tablero, inverosímiles que dieron a Mónaco diez puntos de oro, cobrando además tres faltas a los de Scariolo.

Y por esa debilidad blanca, todos sumaron en el bando local; la constancia que sobre el parquet mostraron Okobo, Strazel, Nedovic o Theis fue finalmente acompañada por las aportaciones de Mike James y Nico Mirotic: era demasiado para los españoles. Tras la desactivación de Tavares mediado el segundo cuarto, el Real Madrid se vio haciendo la goma hasta el final, con el partido ya perdido incluso durante el apoteósico show final de Campazzo.

Dos momentos clave

Si el año pasado fue controvertida la labor arbitral, este año fue notable en general. Salvo el consabido par de decisiones que suelen abrigar al equipo local, y que ayer también se dieron en el Principado. No fueron decisiones puntuales, menores. Eran trascendentes y, por tanto, reseñables.

De un lado, una falta señalada a Tavares por un tapón, que lo era, con el rival en un fade away que el caboverdiano compensó con un estiramiento legal, castigado por los de naranja. Agitaba las manos el Gigante, con una sonrisa irónica, que no tardó en ser castigada con técnica: tercera falta personal y al banquillo... el jugador que dominaba cada metro cuadrado de la pista.

Y otra decisión más que discutible, casi prevaricadora, en un forcejeo que unió a Campazzo con Mirotic, tras un pase largo, con ambos bajo el aro blanco. Un forcejeo lateral, contacto mutuo, con la obvia inferioridad física del Facu, castigada con una absurda antideportiva, comprobada incluso, y confirmada, en los monitores. Una decisión que, cuatro puntos después del montenegrino, dejaba al Madrid de cara al final con 12 puntos por debajo, a cinco minutos del final del duelo.

Dos agujeros negros

Considerando la escasa actitud coral del Real Madrid, a pesar de la reducida rotación planteada por Scariolo, pocos se salvaron de la escasa eficacia ofensiva. El final made in Hollywood del Facu, con catorce puntos en algo más de noventa segundos, maquilló las cifras globales del equipo. En el desastre destacó este año Hezonja al que, por una cosa, o por otra, el Gaston Medecin se le da mal. Regresaron aquellos vicios de antaño y la metralleta croata volvió a griparse, con 2/12 en tiros de campo y seis triples errados, unos cuantos tiros mal seleccionados.

placeholder El técnico del Real Madrid, Sergio Scariolo. (AFP7)
El técnico del Real Madrid, Sergio Scariolo. (AFP7)

Más grave si cabe fue la pérdida global del rebote, que es la mayor fortaleza del equipo blanco. Mucho tiempo después, cedió esta faceta del juego ante su rival, con 33 capturas por 40 de los de Spanoulis. Más allá de las cifras, la producción de puntos tras rebote ofensivo fue muy inferior por parte madridista, que apenas sacó un mediano rendimiento a sus trece capturas. Por el contrario, AS Mónaco sí rentabilizó las suyas, con el aro blanco desguarnecido, Tavares en el banco, Garuba y Len superados ampliamente por sus pares.

Y Scariolo, ¿qué dice de esto?

Pues había una cierta expectación por las palabras posteriores del técnico de Brescia. No defraudó... o sí. No defraudó porque podría haberse quedado en las generalidades de siempre, las que habitualmente ofrecen todos los entrenadores cuando, con el partido finalizado, deciden expresar sus opiniones con la consabida diplomacia.

placeholder Sergio Llull, en acción. (AFP7)
Sergio Llull, en acción. (AFP7)

Pero no. Defraudó su ausencia de autocrítica, aludiendo a la gran renovación de este año, sean jugadores o componentes del extenso staff técnico. Ahora que ya estamos rozando 2026, este argumento pánfilo no es de recibo en una estructura como la que presenta el Real Madrid de baloncesto. El técnico descargó responsabilidad en los jugadores (que también la tienen), expresando que algunos no son conscientes de lo que supone jugar en este equipo.

No parece la mejor idea acudir al contexto confrontativo y menos en un club como el Real Madrid. Puestos a criticar, alguno se pregunta qué hacía Trey Lyles, descartado en el banquillo con dolores cervicales, o Maledon jugando con problemas estomacales, mientras Sergio Llull y Andrés Feliz, incluso Izan Almansa, descansaban sin problema físico conocido.

Hacía casi un año de la última visita del Real Madrid al Principado de Mónaco, cuando también regresaron los blancos de vacío de su periplo por la Costa Azul. Fue el día en el que Mario Hezonja deslumbró y con aquel episodio de la herida en el brazo, hábilmente revelada a los árbitros por Spanoulis, hizo explotar a Super Mario, que en segundos recibió una doble técnica y debió tomar el camino de la ducha. La ecuanimidad del arbitraje fue más que discutible, pero el Madrid fue incapaz de afrontar esa dificultad con resiliencia.

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