Anatomía de una derrota anunciada en El Pireo: duro castigo del Olympiacos al Madrid (84-72)
Los blancos pierden el duelo que pocos esperaban vencer, tras ceder una ventaja importante al principio y no poder competir, después de un admirable esfuerzo por regresar al partido
Discreto espectáculo el que acaba de contemplarse en el imponente Palacio de la Paz y de la Amistad, emblema baloncestístico de El Pireo y de toda la Grecia Olímpica (en los Juegos de 2004, la competición de voleibol tuvo lugar en este escenario). Dos equipos poderosos, repletos de historia, para una eliminatoria en la que solamente puede quedar uno y que resuelve su primer capítulo del lado griego.
Hoy día enfrenta el interminable y estelar Olympiacos, contra un Real Madrid no tan profundo en su plantilla, pero con jugadores que uno a uno, pueden ser incluso más diferenciales. Con esos grandes jugadores que adornan la Euroliga, que alguien diga (más allá de las cifras puntuales de este año), quién cambiaría a Facu Campazzo, a Mario Hezonja o a Walter Tavares por otros jugadores respectivos, procedentes de otros lares.
Sin embargo, la calidad de Vezenkov y sus colegas ha sido todo el año dominante en Europa y se adivina en ellos una cierta relajación desde hace semanas, tal vez preparando esta fase que el Madrid, en cambio, ha padecido de manera extenuante, con sendas victorias en Belgrado y varias en el coliseo de Goya, un pequeño desastre ante Paris y una buena vitoria final frente a los bávaros de Múnich, que es algo que en Madrid siempre da mucho gustito.
Así que la expectativa sobre el equipo vuelve a ser notable, pero El Pireo es un escenario temible, no se aventura una gran sorpresa, quién sabe lo que puede suceder.
La primera en la frente
El comienzo del Madrid procura potencia defensiva, reuniendo a Facu, Deck, Garuba y Tavares en la pista, con Musa para otras labores. Y no se da así. Inicio duro, con algunas decisiones arbitrales discutibles, una de ataque sobre Facu, que no. Una falta clara sobre Musa en entrada, tampoco y un manotazo de Williams-Goss sobre Campazzo, lo mismo. Esto debe ser una vacuna para lo sucesivo, porque Olympiacos está demostrando una intensidad impresionante y consiguiendo 14-4 en el minuto 5, con otra falta discutible en ataque para Tavares, así que el panorama ya muestra lo que se supone que son estas cosas. Y el manotazo de Tavares que le ocasiona la segunda falta no es otra cosa que una imprudencia que, por más que Mateo la proteste, le cuesta la técnica y en breve tenemos a Olympiacos trece por encima.
Los griegos están dominando la partida completamente, fallan tiros y pierden balones, pero el Madrid es sencillamente incapaz de embocar un tiro. Cuatro puntos en siete minutos, hagan cuentas. Vezenkov corta el césped mientras hace puntos. Y el Real aprovecha un par de robos de Super-Mario, pero ya está obligado a remar el resto del partido. No es probable liquidar diecisiete puntos de desventaja en, al menos veinte minutos (25-8), M9. La sonrisa de Vildoza es elocuente: se lo están pasando en grande.
La segunda unidad blanca rinde mejor. Así que un par de intervenciones de Feliz y Abalde devuelven un poco de orden, porque la cosa empezaba a ser más que preocupante. Colocan un menos-trece, se termina el cuarto, Olympiacos es un vendaval y ya es casi momento de pensar en el siguiente, como Alonso como su Aston-Martin, Adrian Newey y el campeonato de 2026. Salvando las distancias, como se ha dicho. ¿Se puede perder hoy de treinta y vencer el viernes?
Buscando el equilibrio
Así que, con la segunda unidad, pues no repite ninguno de los titulares como es normal, y comienza el segundo periodo. Se sigue en la misma línea: Madrid apocado y sin juego más allá de aclarados sin estructura alguna, sin apoyo a rebote ni bloqueos directos al menos, Olympiacos con el objetivo perfectamente delimitado con circunferencias concéntricas blancas y rojas.
Se juega mucho mejor como se duerme: con un buen colchón. Así que es un partido que claramente apunta a una victoria local con la que poca gente ganará chelines en las casas de apuestas. No es un día en el que el Real Madrid podrá conquistar el Pabellón de la Paz y de la Amistad, en un partido de escasa tensión, porque la diferencia entre ambos equipos es sideral. Y eso que les faltan Dorsey, Mitrou-Long o Evans, que no es poca cosa.
La esperanza es la de siempre: que el equipo dominante se relaje un poco y en este deporte es un recurso para nada despreciable: uno se mantiene quince o veinte puntos por debajo, en un momento dado recorta y entonces es otro partido, los brazos sueltos se encogen, las complicidades que antes eran sencillas, tan sencillamente, desaparecen.
Pero es una incógnita, poco probable, que se dé este escenario. Los sucesivos balones que pierde el Madrid son demoledores, el arbitraje no concede nada, sino todo lo contrario. Es la tormenta perfecta y sale el Madrid vivo porque el acierto griego tampoco es impresionante. Aunque consiguen +17 con un triple lateral de Vezenkov y el problema son los 25 puntos que ha conseguido el Madrid hasta el momento. Son dieciocho al descanso en un partido discreto de los madridistas en un escenario desfavorable, un partido adverso desde el principio.
De camino al 1-0
No podía ser peor. La enésima ensalada láctea sobre Tavares no fue esta vez zona de tres segundos, ni falta por supuesto sobre el Gigante. Se queda la cosa en pasos y balón griego una vez más, protesta del coach Mateo, otra técnica y ya se puede ir a visitar el Partenón, que se encuentra exactamente a siete kilómetros, por cierto, mucho más cerca que del OAKA del Panathinaikos, unos cinco kilómetros menos, para ser precisos.
Esa técnica sobre Mateo, pues, lo manda de turismo para no perder el tiempo y son +21, con un Vezenkov desatado. El milagro es improbable. Los griegos son griegos. Y han ganado más batallas que los suevos, los alanos o los vándalos. Pasearon por España hace muchos siglos y fundaron ciudades: Ampurias, Denia, Málaga, y otras, según dicen.
Se resiste el Madrid y es complicado explicarlo en pocas palabras, el espacio se supone limitado, pero en términos de criterio arbitral, comparando lo que aquí sucede con lo visto ayer en los otros partidos de play-off, deberá permitirse una crítica: los jugadores no saben las reglas hasta que comienza la pelea. Y además puede distar mucho de estar balanceada. Lo de siempre, en todas partes tal vez.
Así que la cosa está perdida y eso que podría ser peor. Una técnica a Bartzokas y la parafernalia posterior, porque el triple no lo conceden, da un balón valioso al Madrid con -14 pero Rathan-Mayes lo pierde. Todo va en contra, en realidad. Pero entonces sucede y un par de acciones, Feliz mediante, dejan un 62-49 que invita y mucho a abrir otra cerveza.
El último capítulo abre esa senda de errores en el que uno no cierra, el otro no abre. El trabajo defensivo de los blancos es indudable, de hecho es lo mejor del partido, pero también los griegos han focalizado en una defensa intensísima, sin duda superior.
Es entonces cuando el Madrid parece disponer una zona, recuperan el balón, pierde el triple Musa en un partido negado para ambos en esa faceta. Pero Walkup sí consigue lo que falla el bosnio y el -14 a falta de tres minutos y medio es un muro imposible de superar. Aparece Llull, que termina siendo el mejor anotador del equipo, con la mayor valoración personal.
Pero la inercia final decanta el partido sin más. El escenario, el ambiente, el arbitraje, la intensidad, el acierto, todos los elementos del partido, han sido infranqueables en esta ocasión. No todo ha sido negativo en el juego del equipo, pero es incuestionable que el Real Madrid no puede vencer si no es capaz de afrontar algunas cuestiones básicas: defensa dura pase lo que pase, brazos firmes, manos fuertes, correr la transición para evitar la presión alta, lo que sugiere una rotación intensa donde participan muchos al cien por cien.
Dominant from start to finish 💪 @Olympiacos_BC go 1-0 up in the series! #EveryGameMatters pic.twitter.com/4JcZ1BVMW0
— Turkish Airlines EuroLeague (@EuroLeague) April 23, 2025
El viernes, segundo capítulo
Suele suceder que los resultados consecutivos sean muy dispares y a una gran victoria, siga una derrota más o menos contundente. En realidad, cualquier escenario puede darse, aunque es objetivamente esperable una reacción de los madridistas el viernes. La deseamos por aquí y también en Atenas, seguramente. Queda claro que la intensidad defensiva habrá de ser mayúscula y bien ejecutada, para tener opciones de victoria. Y las pérdidas de balón fue una pesadilla y se debe trabajar en ello.
Cabe destacar, sin duda, que el Excel de Mateo ha permitido hoy que jugaran los doce, con un reparto de minutos pocas veces visto durante el año. Lo mismo que en el poste han quedado retratados tanto Tavares como Fernando, se han tenido buenas noticias de Ibaka, una vez más. Por fuera, lo de siempre: en el primer tiempo, 1/7 en tiros triples, 7/24 al final. Esta vez, Llull ha maquillado la estadística y acallado a los críticos.
Discreto espectáculo el que acaba de contemplarse en el imponente Palacio de la Paz y de la Amistad, emblema baloncestístico de El Pireo y de toda la Grecia Olímpica (en los Juegos de 2004, la competición de voleibol tuvo lugar en este escenario). Dos equipos poderosos, repletos de historia, para una eliminatoria en la que solamente puede quedar uno y que resuelve su primer capítulo del lado griego.