señalado en la derrota ante el cska

El momento más bajo de Sergio Llull tras la derrota del Real Madrid en la Final Four

El base, aunque metió un triple decisivo y pudo forzar la prórroga, estuvo mal ante el CSKA en la Final Four. "No necesito que nadie me venga a decir que no estoy bien", dijo

Foto: Sergio Llull no jugó un buen partido contra el CSKA, pero terminó con 13 puntos y pudo forzar la prórroga. (EFE)
Sergio Llull no jugó un buen partido contra el CSKA, pero terminó con 13 puntos y pudo forzar la prórroga. (EFE)

Hace poco más de seis años, también en el Buesa Arena, Sergio Llull lanzó 17 triples en un partido, solo cinco veces menos que todo el equipo rival. Fue en los cuartos de final de la Copa del Rey que el Real Madrid perdió contra el FC Barcelona. Este viernes se quedó en diez en la semifinal de la Euroliga contra el CSKA de Moscú, pero parecieron muchos más. Entonces metió seis, anoche solo uno. La diferencia entre aquel Llull y este no está en su cabeza, sino en su físico. Dos años de problemas, primero por una grave lesión de rodilla y después por varias lesiones musculares que solo le han permitido mostrar su mejor nivel con altibajos. A la Final Four llegó mal y se marchará como uno de los señalados por la derrota.

La principal virtud de Llull, cuando no está bien, como sucedió contra el CSKA, se convierte en defecto: siempre se puede contar con él, nunca se esconde, pero su insistencia termina siendo un lastre si no está acertado. Llull se obceca y arrastra con él a todo su equipo. En el último cuarto, con ventaja para el Real Madrid en el marcador (71-78), el base, que había fallado los cuatro primeros triples que había lanzado, tiró tres más de manera consecutiva y los falló. Alguno no tocó ni el aro. Nada más fallar el tercero, forzó una falta y se fue el banquillo, donde se tapó la cabeza con una toalla. La viva imagen de la frustración.

Cuando era necesaria calma, Llull apostó por la agitación. Es lo que ha hecho en toda su carrera, lo que le ha convertido en el jugador que es. Esa interminable fe en sí mismo le ha llevado a donde está ahora y ha ayudado al Real Madrid a ganar todo lo que ha ganado. También es la responsable de que tras fallar sus siete primeros triples, Pablo Laso diseñara una jugada para él, Rudy Fernández le pasara el balón y él anotara el octavo a 17 segundos del final para poner el 91-90. También tuvo el último tiro para forzar la prórroga, pero lo falló. Creyó que el CSKA iba a elegir la opción lógica, que era hacerle falta, y tiró muy desequilibrado. ¿Lo que Llull te da, Llull te quita? No, con él el balance es positivo.

"El primero que lo sabe (que estoy mal) soy yo", declaró minutos después del partido en 'Onda Madrid'. "No necesito que nadie me venga a decir que no estoy bien".

Sergio Llull, durante el CSKA de Moscú-Real Madrid de la Final Four de la Euroliga. (EFE)
Sergio Llull, durante el CSKA de Moscú-Real Madrid de la Final Four de la Euroliga. (EFE)

Llull y Gustavo Ayón se irán de la Final Four señalados como los principales culpables de la derrota contra el CSKA, pero centrar en ellos las críticas es un error. Igual que pasó en la última final de la Copa del Rey, el Real Madrid dejó escapar una amplia ventaja. Los problemas de faltas mantuvieron más tiempo del necesario en el banquillo a sus mejores jugadores (Tavares, Campazzo) y la gestión de la rotación no fue la más adecuada. Fabien Causeur, que mantuvo al Madrid en los primeros 15 minutos de la segunda parte, no jugó en los últimos cinco.

Un dato deja en muy mal lugar a Llull: con él en pista, el Madrid anotó 16 puntos menos que el CSKA. Pero esa cifra nunca cuenta toda la verdad. Con Causeur, el Real Madrid perdió el parcial con el CSKA por cinco puntos, según datos de Overbasket. Y con Ayón, la diferencia fue de -4. A nadie que viera el partido se le ocurriría decir que el mexicano estuvo mejor que el francés, ni siquiera a un nivel parecido.

La defensa pública de Luka Doncic y Pau Gasol después del partido contra el CSKA da una idea de la talla de Llull como jugador y persona y de la importancia que tiene para sus compañeros. Es evidente, ya lo dice él, que no está bien. Pero es muy aventurado pensar que no puede volver a jugar como antes. Lo más importante de su juego, que es su carácter, sigue intacto.

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