los macabeos se impusieron por 90-30

Las lesiones sangran a un Real Madrid que cada vez depende más de Doncic

Los blancos intentaron plantar cara al Maccabi en Israel, pero las ausencias de Kuzmic y Ayón hicieron que la diferencia en el rebote fuese insalvable entre ambos conjuntos

Foto: Doncic maneja el balón contra el Maccabi. (EFE)
Doncic maneja el balón contra el Maccabi. (EFE)

Las lesiones sí son una excusa. Los grandes intentan minimizar el hecho de que los problemas físicos existen, se dice que tienen dinero, que pueden operar en el mercado y que si uno se rompe ya llegará otro para ocupar su lugar. Esto es una concepción más fabril que otra cosa, pensar que uno por otro la diferencia no es tanta, que valdrá con el primer recambio. Pero no siempre es así y, además, los nuevos a veces tardan en adaptarse. El Real Madrid perdió contra el Maccabi en Tel Aviv 90-83 y vio como su plantilla, que sangra por los poros, no era suficiente para medirse a un buen equipo como los israelíes.

El problema, más que nada, estuvo por dentro, como es lógico. Herreros pensó en una plantilla con Gustavo Ayón y Ognen Kuzmic, ambos con potencial físico y técnico para dominar la zona. Bien, los dos están fuera de juego y por muchos meses. Dos lesiones de larga duración, como la de Sergio Llull. Tavares, que es el refuerzo de última hora, no ha llegado todavía y los blancos acudieron a su cita de Euroliga en pañales. Intentando que por dentro jugaran Thomkins -recién llegado tras un mes de baja por un problema familiar- o Randolph, que son cualquier cosa menos interiores. O sacando más minutos de lo habitual a Felipe. Reyes lo intentó, pero ya no tiene el fondo suficiente para aguantar las embestidas de pívots como Deshawn Thomas de manera continuada.

El dato de los rebotes, como era de prever, fue aterrador para los de Laso. 33 el Real Madrid, 53 el Maccabi. Los pívots blancos lograron casi tantos rebotes en defensa -19- como los macabeos en ataque -18-. La estadística no es la biblia, pero cuando la diferencia es tan evidente suele explicar bien lo que ha pasado. Los israelíes siempre tenían una opción más, una pelota más en sus manos. Y tener la posesión asegura más anotación, más posibilidades de abrir distancia en caso de malos momentos.

Pundonor y Doncic

Los blancos al menos pueden alegar que tienen mucho pundonor, pues hasta los últimos dos minutos se mantuvieron en la brecha, remando fuerte para no irse del partido. Y es realmente meritorio, porque la liga regular de esta Euroliga da pie a dormirse en días como este, en el que se sabe de antemano que la batalla es colosal. Son muchísimos partidos, un equipo como el Madrid va a meterse casi seguro en la siguiente fase y perder en Tel Aviv no es algo tan grave. No deja de ser caer ante uno de los más grandes de Europa en unas circunstancias especialmente difíciles.

Por eso hay algo de mérito en esta derrota. En ver como Luka Doncic sigue evolucionando como jugador y aunque pueda tirarse un par de triples que no proceden, que son la consecuencia de saberse responsable y no saber eso bien qué significa, hizo un partido muy sólido. 19 puntos, seis rebotes, seis asistencias, siete faltas recibidas. Es increíble ver el miedo que da en los rivales un chico con cara de adolescente. Es sensacional, pero no puede él solo. Los ocho minutos que no estuvo en la cancha el Madrid notó su ausencia. Además, aunque sea de hace tiempo, siempre se notará la ausencia de Llull. Por buenos que sean los que vengan no hay otro en el continente con su capacidad para desequilibrar partidos. En eso, ni Doncic.

Tampoco estuvo mal Anthony Randolph, que en buena lógica tiene que dar un salto adelante con la plantilla parcheada como está. Es un jugador intenso solo en intervalos, pero tiene mucho baloncesto. Esta vez anotó y, también, se puso el mono de trabajo para colaborar con el rebote. Con la necesidad que tienen los blancos en esa faceta, un hombre así, de brazos largos, tiene que dar mucho. El esloveno de nuevo cuño podrá decir, eso sí, que un poco vale pero todo imposible. Necesita ayuda, por eso viene Tavares.

Los blancos perdieron, es cierto, en un partido que pelearon de principio a fin. El drama, en todo caso, son las lesiones, no una derrota perdida en un calendario atiborrado de baloncesto.

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