el madrid pierde la final de la euroliga (86-98)

La fe del Maccabi y su marea amarilla entierran el eterno sueño de la Novena

En su segunda final consecutiva, el equipo de Pablo Laso se queda sin ideas en ataque y se ve sorprendido por un Maccabi sin miedo a nada

Foto: La fe del Maccabi y su marea amarilla entierran el eterno sueño de la Novena

La justicia poética no existe, al menos para el Real Madrid. El baloncesto había brindado una nueva oportunidad al equipo que encandila a Europa con un juego total. Pero de nuevo llegó el descalabro. Como ocurriera en la semifinal ante CSKA, el Maccabi Tel Aviv hacía trizas los pronósticos y se imponía en la prórroga (86-98), logrando la sexta Euroliga de su historia (1977, 1981, 2001, 2004, 2005 y 2014) al tiempo que cercenaba el sueño del madridismo de hacerse, en su segunda final marrada de forma consecutiva, con la tan ansiada Novena Copa de Europa.

Después de perder en sus últimas tres finales (2006, 2008 y 2011), el cuadro macabeo, encomendado a un Tyrese Rice (26 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias) eléctrico e inabarcable en los momentos calientes del desafío, aupó un trofeo que se les resistía desde 2005. Los blancos se quedaron sin ideas cuando las presión ahogaba. La soledad ofensiva del Chacho (21 puntos y 2 rebotes) y la nefasta actuación de Sergio Llull (0 puntos con 0/7 en tiros de campo y 8 asistencias), de héroe en la Copa con una épica suspensión en la final ante el Barcelona a muro de las lamentaciones en Milán, acabaron por dar forma a una inesperada tragedia con la que nadie contaba.

Un comienzo marcado por las dudas, los nervios y el respeto mutuo que atenazaban las muñecas de ambos contendientes (16-15, minuto 10), ponía de manifiesto el rotundo acierto de quien había vaticinado un encuentro trabado, duro e intenso. No se equivocaron. La técnica a David Blatt, incapaz de contener sus impulsos en una cita donde el control mental gana enteros, otorgaba la máxima ventaja (26-15, minuto 14) a un Real Madrid que encontraba su ritmo. Los ojos entreabiertos de Shimon Mizrahi, mítico presidente de la institución macabea, en el palco de autoridades y el rostro de Nikola Vujcic, una de las piedras angulares en aquel Maccabi que reinara Europa con dos títulos de Euroliga consecutivos (2004 y 2005), confirmaban la preocupante tendencia que se registraba sobre el parqué.

El Real Madrid se sentía cómodo con Rudy (15 puntos y 8 rebotes) y Felipe Reyes (12 puntos y 6 rebotes) tirando del carro. La marea amarilla trataba de hacer valer su superioridad en la gradas del coso milanés y espoleaba a los suyos sin cesar. Los israelíes respondieron a la llamada con un par de minutos de inspiración que culminaron con un triple de David Blu (14 puntos y 4 rebotes), el hombre que auna la esencia del equipo macabeo, para terminar de confirmar lo que resultaba una triste evidencia para los intereses madridistas: Maccabi no se había ido (35-33, minuto 20). Una primera mitad donde los aspirantes a la gloria mostraron una frialdad insultante y no erraron un solo tiro libre. 

Tras el paso por vestuarios, y después de que Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, se quedara con las ganas de tirarse un triple después de recordar que Madrid será la sede de la Final Four en 2015, Maccabi iba ganando en confianza y sus artilleros, con Ricky Hickman (18 puntos y 6 rebotes) como estandarte, empezaban a carburar dando la primera ventaja en el marcador desde el final del primer cuarto (40-41, minuto 23). En estas, Mirotic (12 puntos), desactivado por un perro viejo rebautizado en 2010 como Blu, se estrenaba tras 25 minutos sin ver aro en un día gris, quién sabe si el último en Euoliga antes de dar el salto a la NBA. Con la preponderancia de los ataques estáticos y la debilidad en el rebote ofensivo, los blancos andaban perdidos y equipaban sus intentos de tres con los tiros de dos, señal inequívoca de que algo no marcha bien. Un desaguisado que, como siempre que se le requiere, Chacho tendría que ser el encargado de deshacer. Con el avispero que inundaba el Mediolanum Forum agitando sus bufandas y banderas con la estrella de David con más fuerza que nunca, la única noticia positiva del inquietante final de parcial fue la cuarta de Schortsanitis (55-53, minuto 30).

Todo por decidir en un último acto que constituiría la delgada línea que iba a separar la gloria del fracaso. Por si alguien no se había dado cuenta, Maccabi estaba donde jamás hubiera soñado. Laso apretaba el puño con rabia en cada arranque de talento de Sergio Rodríguez, el MVP ‘suplente’ que todo entrenador quisiera tener. Pero el director de orquesta tinerfeño nadaba solo. El balón ardía y nadie, nada más que a su insolencia y descaro, parecían en disposición de salvar la papeleta (64-63, minuto 35). Poco antes, ‘Baby Shaq’ (9 puntos) juraba en arameo al caer eliminado por faltas cuando no acumulaba ni 10 minutos en cancha. Inmersos en el ‘clutch time’ (67-67, minuto 38), la marabunta amarilla subía los decibelios y paralizaba el riego de un Real Madrid asustado, exigido por un equipo que creyó más que nadie. La valiente penetración de Tyrese Rice ante un inaudito Sergio Llull torcía el gesto del madridismo en el albor del último minuto de partido (69-73, minuto 40).

Con la tensión cortando el ambiente como un cuchillo, la oscuridad nublaba el gesto de un Florentino Pérez apesadumbrado, que no podía creer lo que estaba ocurriendo. Toda la presión de Israel no bastó para que el Chacho, único hombre inspirado después del descanso, anotara los dos tiros libres (71-73). En la siguiente posesión, una gran defensa sobre Ricky Hickman dio a los blancos la opción de empatar o ponerse por delante. Bourosis no pudo levantarla debajo del aro pero forzó una falta. No falló el griego desde el 4,60. Con 21.4 segundos en el reloj, una defensa inteligente y el desenfoque de Rice en el triple frontal llevaban el encuentro a la prórroga. Ana, la afable novia del Chacho, liberaba emociones en la grada junto al resto de allegados madridistas antes del salto inicial de una prórroga que supondría el principio del fin.

El Real Madrid acarició el abismo pero salió indemne en el intento. Y entonces llegó el festival de un superlativo Tyrese Rice. Desbocado y con la zona planteada por Laso como inestimable cómplice, el impulsivo director de orquesta amarillo se desquitó y presentó la candidatura al triunfo de Maccabi liderando un incontestable parcial de 13-25 que superaba la máxima anotación registrada en los cuatro cuartos anteriores por los israelíes. Con Llull noqueado en ataque y sin moral para morder en defensa, el base estadounidense con pasaporte montenegrino, a la postre unánime MVP de la final, dinamitó y emergió como el factor determinante del choque. Sus 14 puntos en el añadido, unidos al desatino y la precipitación merengue, ahogaron en un mar de lágrimas a un equipo que deberá aguardar otro año, e irán 20, para tratar de recuperar un cetro continental que se les resite desde 1995.

Felipe, capitán de la nave y luchador infatigable, estaba en shock. No podía mirar al indiscreto micrófono de un compañero que buscaba una reacción en caliente del fracaso que no llegaría. Un abatimiento que contrastaba con la radiante felicidad de David Blatt. El técnico israelí-estadounidense levanta así su primera Euroliga como entrenador jefe tras hacerlo como alumno aventajado de Pini Gershon en 2004. ¿Será el Palacio de los Deportes testigo de la ansiada Novena Copa de Europa del Real Madrid? ¿A la tercera será la vencida? Es el único consuelo posible en medio de la rabia y la decepción que definen el doloroso naufragio en Milán. 

Ficha técnica:

86 - Real Madrid (16+19+20+18+13): Llull (-), Darden (7), Rudy Fernández (15), Mirotic (12), Bourousis (12) -cinco inicial- Reyes (12), Sergio Rodríguez (21), Slaughter (2), Mejri (-), Carroll (5) y Díez (-).

98 - Maccabi Electra Tel Aviv (15+18+20+20+25): Ohayon (4), Hickman (18), Smith (15) Pnini (-), Schortsanitis (9) -cinco inicial- Tyus (12), Blu (14), Rice (26) e Ingles (-).

Árbitros: Christos Crhistodoulous (GRE), Sasa Pukl (SLO) y Milivoje Jovcic (SRB). Eliminaron por cinco faltas personales a Schortsanitis (min.34).

Incidencias: Final de la Euroliga, disputado en el Mediolanum Forum de Milán ante 11.843 espectadores.

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