Como ya se venía diciendo la temporada pasada, y sigue sucediendo en esta, Pedro Martínez ha conseguido implantar un estilo de juego espectacular en el ecosistema del basket continental. También en la línea del Unicaja del año pasado, cuando tuvo fases similares de la mano de Ibon Navarro. De momento, este año se produjo el trasvase entre Málaga y Valencia, con Kameron Taylor y Yankuba Sima. Añadieron con acierto unidades adicionales, como Darius Thompson y Omari Moore. Además, mantuvieron a Jean Montero y el resto del esqueleto que venía funcionando. Y claro que se ha notado, finalmente, la labor de la dirección técnica: el equipo vuela. Lidera la ACB (5-1) y ostenta posición de play-off en Euroliga (6-4), donde es el segundo máximo anotador, aunque a costa de ser una de las peores defensas del torneo.
Aunque recibió una inesperada derrota en la competición doméstica ante el colista Covirán en Granada (85-79), se presentó este martes en el imponente Roig Arena como si nada hubiera interrumpido su inercia ganadora. Dispone de un bloque profundo, con abundantes piezas de las que echar mano si se requiere. Y sobre todo, saben a qué juegan, sin temor alguno.
El Real Madrid estaba haciendo un partido notable, dominando los aros apoyado en sus torres Walter Tavares y Alex Len, en el primer día en que Usman Garuba ya no dispuso de minutos, como era de prever. El Madrid capturaba rebotes, embocaba tiros exteriores, pero perdía balones. Valencia respondía compensando los triples con otros triples, canastas bajo el aro propio con transiciones supersónicas, en una sangría constante que Sergio Scariolo no fue capaz de frenar. Las jugadas de menos de seis segundos se repetían, impidiendo al mejor Madrid tomar distancia.
En cuanto aflojaron los de blanco, este martes de intenso azul, se vino arriba el equipo taronja, pusieron tierra de por medio y ya se veía el Madrid incapaz de remontar el partido y conquistar la plaza.
Aún contó Scariolo con buenas aportaciones de Trey Lyles, Facu Campazzo y Théo Maledon, es decir, los habituales. Faltó la de Tavares, minimizado en el tiro (solamente lanzó una vez, y falló), escasamente presente en el rebote y con problemas de faltas. Puede ser la aparición más discreta del gigante caboverdiano en lo que llevamos de año.
Porque el Madrid disparó sus registros de capturas bajo los aros (51 en total, con 37 defensivos), pero no lo supo rentabilizar, entre pérdidas (16) y errores ante el aro rival (20/65 tc). Los porcentajes de lanzamiento, 38% (t2) y 23% (t3) son matemáticamente motivo de derrota casi segura. Así que regresaron al equipo los fantasmas de hace unas semanas: ceguera ante el aro y exceso de pérdidas.
El juego colectivo del Madrid, no obstante, parece ir captando la idea del entrenador de Brescia y se percibió una mayor coordinación de los movimientos ofensivos. En condiciones normales, se carga con todo el rebote de ataque, no se diga ya bajo el aro propio: es un gran recurso de este equipo (nueve jugadores capturaron tres o más). Y la defensa fue la asignatura pendiente, al no ser capaces de discernir cómo hacer frente a la endiablada velocidad de los valencianos.
Faltó poco para que Lyles (23p, 9r, 24val) batiera sus marcas personales desde que se vino a España. Sigue consolidando su candidatura a mejor fichaje del año. Campazzo rindió tanto en la dirección como en la anotación y Maledon consiguió ser incisivo, recaudando faltas y anotando libres. Pero ahí se acabaron los recursos del equipo.
El Valencia volador encandila a su afición
La Fonteta no estaba mal, pero encuentra uno un mecenas así y se tiene que disfrutar muchísimo con semejante apoyo. El Roig Arena es un escenario formidable, que dará décadas de alegría al personal en Valencia. este martes, quince mil almas abarrotaban prácticamente el recinto. Se lo pasaron en grande ante uno de los rivales más deseados, en el amplio sentido de la palabra.
Ahora que funcionan a lo grande, con recursos cada vez más excelentes, los jugadores saben que su club es puntero como pocos y trasladan a la pista esa mentalidad de equipo poderoso. Si Pedro Martínez ha colaborado a implantar ese espíritu, ha elegido además un sistema de juego que se hace espectacular para el aficionado. Y los chicos colaboran con acierto.
Porque Valencia no necesitó acercarse a las cifras reboteadoras del Madrid. Les bastó con ir respondiendo, una a una, cada canasta del rival y apretar la defensa lo suficiente para empezar a provocar fallos en sus tiros. Daba la sensación de que no importaba mucho quién estaba en la pista, que el equipo funcionaba igual. A la carrera o con movimientos velocísimos del balón en el ataque estático, el esquema se cumple exitosamente.
No obstante, debe destacarse en primer lugar el colosal rendimiento de Nate Reuvers, que mantuvo en la fase inicial la tensión anotadora de Valencia Basket, a la que se fueron sumando los demás, desde el siempre fiable Thompson hasta el sorprendente Moore. Ya puestos, estuvo infalible Jaime Pradilla y los que se predecía que podrían ser de los mejores, como Taylor, Montero o Costello, no necesitaron acercarse a sus cifras habituales de anotación, aunque los tres sobresalieron en la defensa que permitió, en definitiva, colocar por delante a los taronja.
Ahora, con el Valencia en plaza de play-off (6º) y el Madrid décimo (a la espera de los resultados de este miércoles), la jornada del jueves trae el segundo partido europeo de la semana. El Madrid recibe al Panathinaikos en el Palacio de los Deportes, con la necesidad imperiosa de vencer. El Valencia visita París, ante un rival que está acusando la ausencia de TJ Shorts y, aunque transita en posiciones más alejadas, forma parte todavía del pelotón central en la clasificación de este gran torneo.
Como ya se venía diciendo la temporada pasada, y sigue sucediendo en esta, Pedro Martínez ha conseguido implantar un estilo de juego espectacular en el ecosistema del basket continental. También en la línea del Unicaja del año pasado, cuando tuvo fases similares de la mano de Ibon Navarro. De momento, este año se produjo el trasvase entre Málaga y Valencia, con Kameron Taylor y Yankuba Sima. Añadieron con acierto unidades adicionales, como Darius Thompson y Omari Moore. Además, mantuvieron a Jean Montero y el resto del esqueleto que venía funcionando. Y claro que se ha notado, finalmente, la labor de la dirección técnica: el equipo vuela. Lidera la ACB (5-1) y ostenta posición de play-off en Euroliga (6-4), donde es el segundo máximo anotador, aunque a costa de ser una de las peores defensas del torneo.