gran novedad en la lista de orenga

El descarado Abrines, la pieza que busca Orenga para mantener viva la llama del éxito

El jugador del Barça encarna el descaro de una nueva generación que pisa fuerte. Un recambio para mantener viva la llama del éxito de la última década

Foto: Abrines trata de superar la presión de Gagic durante un partido de Euroliga de esta temporada.
Abrines trata de superar la presión de Gagic durante un partido de Euroliga de esta temporada.

El centro cultural CaixaForum de Madrid fue el lugar elegido para una consagración. En una convocatoria sin demasiado margen para la sorpresa, Orenga incluyó en la lista de 12 seleccionados para el Mundial de España a Álex Abrines (Palma de Mallorca, 1993). Con todos los puestos predefinidos, el escolta del Barcelona superó en la puja final a Fernando San Emeterio, un fijo en las últimas convocatorias de la Selección. El escolta del Barcelona encarna el descaro de una nueva generación que viene pisando fuerte. Con la ‘vieja guardia’ (Navarro, Calderón, Pau, Felipe) cargada de ilusión para ofrecer su último servicio a la selección, se trata de un recambio necesario para mantener viva la llama del éxito que ha definido la década dorada del baloncesto español.

“Álex ha hecho una gran temporada. El año pasado tuvo problemas en las rodillas que le impidieron estar con nosotros. Es uno de los jugadores con más talento y futuro. Hay que abrir las puertas al talento futuro y al talento presente. No ha sido una decisión fácil pero creo que nos puede ayudar mucho”. Orenga condensa en varias frases lo que se espera de un jugador llamado a ser el sustituto natural de Navarro de aquí a un par de años. El bajón del Laboral Kutxa, inmerso en una espiral de mal juego y problemas económicos, descartaba la presencia de Fernando San Emeterio, un fijo en los últimos tres años con el equipo nacional (Oro en Lituania, Plata en Londres y bronce en Eslovenia), y abría de par en par las puertas para el jugador mallorquín.

Las cualidades de Abrines y lo que se busca con su presencia está claro. “Álex tiene una capacidad de tiro, de penetración y de finalización muy alta. Tiene una intensidad defensiva que nos puede permitir darle descanso a nuestro tres, a Rudy. Son muy similares”, opinó Orenga con mucha fe, quizá demasiada. Por mucho que nos empeñemos, su físico no le permite jugar de tres con soltura, menos en un Mundial y con un grupo tan potente como el que ha quedado encuadrada España: Francia, Serbia, Brasil, Irán y Egipto. “No es fácil llegar al Barcelona y hacerte un hueco y terminar decidiendo en muchos partidos, eso creo que es muy importante. Esa transición que vamos haciendo es importante, que no se produzcan cambios grandes”. En esto último reside otra de las claves de su presencia en la lista final. La Selección sabe que la base de los ‘Juniors de Oro’ se irán retirando para dar paso a savia nueva. Un soplo de aire fresco y savia nueva que puedan continuar edificando grandes cosas sin dañar los aspectos definitorios de una idea muy concreta de baloncesto.

El pasado verano, Abrines fue seleccionado por los Thunder en los primeros puestos de la segunda ronda del draft (32). Todavía le quedan dos años más de contrato con el Barcelona y su papel emergente en el equipo azulgrana complica las opciones de desembarcar en la mejor liga del planeta en el corto plazo. Pese a su meteórico ascenso dentro de la jerarquía ACB, el jugador tiene claro que su techo depende de lo que haga con su club en los próximos dos-tres años. Y en ese sentido el Barcelona representa un escaparate ideal para exhibir sus enormes cualidades.

Tres años y una sorprendente explosión

Su debut en ACB recién cumplidos los 18 guarda cierto paralelismo con el de Pau Gasol, indiscutible gigante del baloncesto patrio. Su fama creció tras ser reconocido MVP del europeo Sub-18 que la selección española ganó en Polonia en el verano de 2011. Todos los ojos estaban puestos en un talentoso escolta con una habilidad natural para anotar. Asentado en Málaga desde que  con 16 años abandonara su Palma natal, la campaña 2011-2012 la inicia en el Clínicas Rincón, filial de Unicaja que milta en Adecco Oro. Achuchado por las lesiones, la animada grada del Carpena había perdido su brillo. Tras cuajar la mejor primera vuelta de su historia, las lesiones se cebaron con el equipo cajista provocando 14 derrotas en 15 partidos. Y en medio de esa espiral de negativismo y pesadumbre encontró su hueco Abrines.

De su presencia testimonial en las 20 primeras jornadas a ser la principal referencia ofensiva de los verdes. El mes de marzo le consagró: 15 puntos al por entonces Lagun Aro para acabar destapándose ante el Estudiantes con 31 puntos. Anotación que supuso el mejor guarismo de un jugador nacional en la competición y el mejor registro en las filas malagueñas en los últimos dos años. Pese a la desastrosa campaña de su equipo, los grandes no tardaron en ponerse manos a la obra. Más cuando el propio jugador fue quien pagó su cláusula de rescisión para quedar libre. Con Unicaja encolerizado (aquel verano descubrimos se destapó la figura del Derecho Preferente de Inscripción), el Barça, que renunció a seguir contando con Fran Vázquez pagó 600.000 euros para hacerse con los derechos del jugador dejando a la ciudad de Málaga sin su tesoro más preciado.

Su padre Gabriel, que militó en la década de los noventa jugó cinco campañas en ACB (Cáceres, Somontano Huesca, Gran Canaria y Fuenlabrada), siempre le ha mantenido con los pies en la tierra y le ha inculcado unos valores que no todas las estrellas emergentes han arraigado. “No quiero más de lo que tengo y valoro mucho todo lo que me está pasando”, reconocía agradecido en una entrevista con Marca. Su primer año en el Barça resultó complicado. Aunque era de esperar que ocupara un rol secundario en la rotación de Xavi Pascual, el jugador esperaba más. Su descaro se perdió al fondo del banquillo y a punto estuvo de acabar cedido. Pero el chaval no desistió y se empeñó en seguir en el equito azulgrana. Este año arrancó con una estelar actuación en la hostilidad de la mítica Sala Pionir de Belgrado. Un espaldarazo que le ha hecho mirar al futuro con optimismo y gozar de una estabilidad que le pueden deparar grandes cosas en el futuro.

El 11 de mayo, el Palau Blaugrana acogió un clásico tachado de ‘deslucido’ por el duelo en la Final Four que aguardaba una semana después. Aquella tarde el Barcelona pasó por encima de un Madrid con los ojos puestos en Milán y que fue neutralizado de principio a fin (86-75). Con Orenga en el palco, Abrines maximizó sus prestaciones en los comedidos minutos de los que dispone en la rotación: 20 puntos (3/3 en T2, 4/5 3P, y 2/2 TL) en 17 minutos. Al ser preguntado por la posibilidad de formar parte de la lista para el Mundial, el joven mallorquín optaba por la prudencia: “Poco a poco”, comentaba en una reciente entrevista. Tras la humillación ante los blancos en el Mediolanum Forum (100-62), Abrines, como el resto de la desconcertante plantilla culé, encaró la postemporada como la única vía de culminar un curso lleno de dudas con una sonrisa.

Y llegó la final y la reconfortante victoria ante el Real Madrid. Abrines cumplió con el rol secundario que le asignó Pascual. Con Oleson y Navarro brillando con luz propia, no es fácil salir con la obligación de mantener el listón muy exigente. Sin embargo, en los poco más de 12 minutos que estuvo en pista, Abrines ha seguido manteniendo las buenas sensaciones que se le presumen Con Rudy, Navarro, Llull y Claver (pese a su nula campaña, cuarto exterior sobre el papel), por delante, sus minutos quedarán supeditados a la sentencia de Orenga y su Ipad. Cuando la selección inicie su andadura en el Mundial, Abrines tendrá 21 años. Con la puerta de casa derribada queda lo más difícil: penetrar hasta la cocina.

ACB
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