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El agotamiento liquida al Real Madrid ante el Hapoel. El billete a la Final Four debe esperar
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ANALISIS | EUROLIGA

El agotamiento liquida al Real Madrid ante el Hapoel. El billete a la Final Four debe esperar

Después de un maratón de cuatro partidos en siete días, el físico del equipo blanco dice basta y, en uno de sus peores partido, claudica ante los israelíes en su remoto destierro búlgaro

Foto: Scariolo, durante la eliminatoria. (EFE/Víctor Elena)
Scariolo, durante la eliminatoria. (EFE/Víctor Elena)

A nadie debe sorprender que, tras tres partidos trepidantes en estos últimos días, el Real Madrid pudiera bajar el pistón, especialmente tras la exhibición física vivida en el Palacio la mañana del domingo. Mientras su rival israelí descansaba y preparaba el partido en la placidez de su hogar en Tel Aviv, el Madrid dilapidaba su espléndido fondo físico en un partido tan trepidante como innecesario, ante un espectacular UCAM Murcia. El partido de los récords, de puntaje (que diría “el ingeniero” –que lo es– Pellegrini), tanto colectivo como individual, el histórico partido de Mario Hezonja, y de otros.

De los récords positivos, a los negativos

Lo malo de este tipo de actuaciones “ultra-brillantes” es que al día siguiente reaparece la dichosa “regresión a la media”. Así es que SuperMario no llegó de nuevo a los 50 de valoración, que anotó el domingo… tampoco rebasó los 40, ni los 30, ni los 20… de hecho, dejó su casillero en 0, a pesar de sus 7 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias. Hasta 11 errores en los tiros (incluidos 2 libres), 4 pérdidas y 4 faltas personales (3 en ataque), dieron al traste con su rendimiento.

Pero el talento de Dubrovnik no fue el único que se echó de menos sobre la pista búlgara. Salvando tal vez a Trey Lyles, que apareció más cuando el asunto ya estaba prácticamente liquidado, nadie tuvo ni el acierto, ni el liderazgo para arrastrar a sus compañeros. El equipo dejó así un partido bastante completo en cuanto a sus registros negativos, en los mínimos de la temporada, como en puntos (69) o valoración colectiva (61).

Foto: real-madrid-scariolo-fenerbahce-olympiakos-euroliga

Es posible diseccionar el desacierto del equipo a partir del bajón físico, después de jugar horas antes y soportar el pesado viaje a la remota población de Botevgrado, a una hora de distancia de Sofía, la capital búlgara. No obstante, cabe señalar también que la toma de decisiones tampoco fue precisamente como para tirar cohetes. Si últimamente había que valorar en su medida el gran balance en la ratio de tiros exteriores e interiores, ayer fue clamorosamente errónea, tirando más triples que canastas de dos puntos, consecuencia de dos factores: uno, el declive físico y dos, la falta de confianza en los interiores, especialmente en el ucraniano Alex Len.

Ante la ausencia de Walter Tavares, la “Pantera” Usman Garuba había asumido los galones con brillantez y su energía era incluso contagiosa. Ayer no pudo desplegarla en Botevgrad, tras hacerse daño en una mano y tener que contemplar gran parte del partido desde el banquillo. Era una buena ocasión para que Len demostrase razones para jugar en este equipo: no fue así. Tras 20 minutos de juego, apenas mostró capacidad intimidatoria para desactivar un tanto a Dan Oturu, pero ahí quedó su aportación, insuficiente a todas luces. Ni siquiera en la captura de rebotes se le vio al gigante ucraniano, y Hapoel dominó los aros con suficiencia.

Tampoco hay que cargar las tintas contra el pívot blanco, porque en realidad casi nadie aportó el mínimo indispensable. Y eso que el Madrid tuvo sus momentos, como cuando se alejó diez puntos por arriba mediado el segundo cuarto, coincidiendo con unos instantes de lucidez del trío Maledon-Feliz-Deck. Después, el abismo ante el aro rival. Unos minutos más tarde, el desenlace parecía cantado.

Hapoel Tel Aviv, superior en todo

Así que no consiguió el Madrid plasmar su juego de penetraciones desde un esquema ofensivo abierto. De ahí la mala selección de tiro exterior y ante la ausencia de un poste fuerte, claudicar finalmente.

Foto: Los futbolistas del Madrid protestan la roja a Camavinga. (Reuters)

Por parte de los israelitas, cuando entraron en calor Bryant, Micic, Jones y Oturu, rompieron el partido con una tanda de buenos lanzamientos. Pero detrás, apareció un elemento inesperado, Kessler Edwards, incorporado a la plantilla de Dimitrios Itoudis hace apenas unas semanas y cuya participación había sido escasamente relevante hasta la fecha.

Ayer, el norteamericano se hizo grande en el campo propio y, más allá de dominar el rebote, que también, terminó por deprimir a los exteriores madridistas, incapaces de encontrar algún sendero que llevase al aro rival.

Y resta poco que añadir. Redujo la rotación de Itoudis, una vez más. Con un equipo mucho más fresco que el español, el técnico griego apenas jugó con seis piezas, o seis y media. Evitó los experimentos y fio su destino al de sus principales jugadores que, sin hacer un gran partido (salvo Bryant, Jones y el mencionado Edwards), se sintieron vencedores cuando faltaban minutos por delante.

Conclusiones y predicciones

Se puede aprender después de esta derrota. Y mejor, se puede descansar un poco y reprogramar las mentes. Hubiera estado bien poder volver a casa ya, pero tocará dar una vuelta por la capital búlgara. No parece probable que el Madrid acomode una base en la remota Botevgrad; aunque el pabellón está bien, es pequeño pero coqueto. Es buen sitio para entrenar.

Ayer, el ambiente era más bien fresco, tirando a frío. La media entrada dejó la afluencia de público en torno a 2500 almas, que apenas hicieron algún ruidito. Había seguidores madridistas, también. Y se les escuchó.

Por cierto, esta vez no se han escuchado quejas hacia el trío arbitral. De nuevo tiró más libres el Hapoel, que fue lógico a la vista del juego. Y daba igual, porque el Madrid consiguió un pírrico 7/15 en esa faceta. El trío comandado por Sreten Radovic, que es con diferencia el árbitro con el que el Madrid consigue sus mejores resultados, era a priori una buena elección para los de Scariolo.

Sin embargo, pesa mucho más el hecho de jugar fuera, que es la eterna asignatura pendiente del Madrid este año. Por ver el vaso medio lleno, consiguió el equipo español vencer en este mismo escenario al equipo israelita, en el primer partido de la fase regular. Y se llevó un importantísimo triunfo en la cancha de Fenerbahce, cuando se ventilaba el asunto de los playoffs. Así que cabe tener esperanza de que mañana pueda por fin sellarse el billete para Atenas.

A nadie debe sorprender que, tras tres partidos trepidantes en estos últimos días, el Real Madrid pudiera bajar el pistón, especialmente tras la exhibición física vivida en el Palacio la mañana del domingo. Mientras su rival israelí descansaba y preparaba el partido en la placidez de su hogar en Tel Aviv, el Madrid dilapidaba su espléndido fondo físico en un partido tan trepidante como innecesario, ante un espectacular UCAM Murcia. El partido de los récords, de puntaje (que diría “el ingeniero” –que lo es– Pellegrini), tanto colectivo como individual, el histórico partido de Mario Hezonja, y de otros.

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