El mejor Real Madrid de la temporada liquidó con brillantez al gran Valencia Basket
Hacía falta una victoria de prestigio en condiciones de exigencia máxima y el equipo respondió con brillantez. La importancia del partido y la entidad del rival refuerzan el triunfo
Ahora sí, el batacazo de la final de Copa queda compensado con una de esas noches mágicas que le devuelven a uno la confianza… no solamente eso, sino que permite soñar con un futuro más prometedor (96-79). Es ya el prestigio que comporta vencer a un equipo extremo como es el Valencia Basket, con Juan Roig en el balcón del mecenazgo y Pedro Martínez manejando la tiza y la pizarra. Es el valenciano un equipo de mentalidad férrea y calidad indiscutible. Adorna su temporada con posiciones de privilegio en la ACB y sobre todo en Euroliga, donde la exigencia es máxima en cada jornada.
Confluían algunos aspectos adicionales: la reciente victoria del Madrid en el Roig Arena, con ocasión de la semifinal de Copa, fue tal vez el mejor partido del año hasta la fecha por parte de los dos contendientes. Pero se esperaba un Valencia con ganas de suturar la afrenta sufrida. Además, la condición de rivales directos en busca del grial del Top-4, que da más de medio billete hacia la Final Four, se dilucidaba también anoche sobre el parquet madrileño. Y con la guinda del average, trece puntos de salida para los taronja.
Pero el Real Madrid dio continuidad a su fase de juego creciente, con uno de esos partidos que se adivinan difíciles de igualar: no conviene elevar excesivamente las expectativas, porque lo más probable es la regresión a la media. Pero esta es indudable y se elevará un tanto con el espectáculo de baloncesto que se vivió en el coliseo de Goya.
La eficiencia máxima desde el juego coral
Es un caso pocas veces visto. El Madrid combinó 25 asistencias y 8 robos de balón con unas exiguas 5 pérdidas. Solamente este dato resultaría demoledor para cualquier rival, siempre en el contexto de la Euroliga, claro está. Y luego lo de la coralidad. Lo mismo. No será fácil asistir a un partido en el que, a excepción de Alex Len (que no entra, o no se encuentra), todos sumaron con brillantez en la noche que más se necesitaba. Y se está hablando de la defensa y del ataque, de la pelea bajo los aros, de la intensidad, de la velocidad de balón, del optimismo, del lenguaje no verbal.
Fluyó el juego del Madrid, primero sujetando la embestida de los valencianos, pero después jugando al galope, la mejor arma del rival. No pasó mucho tiempo antes de que claudicase el equipo de Pedro Martínez y alcanzase casi la veintena de puntos de ventaja el huracán blanco. Era una lucidez consistente, una toma de decisiones que acertaba, juego por dentro, juego por fuera, numerosas posesiones. Velocidad en la transición.
Sergio Scariolo consiguió que el equipo bordase el baloncesto, y de paso la parroquia entró también en el partido como hace tiempo que no se percibía. Pudieron incluso protestar un puñado de extrañas decisiones arbitrales, algunas de ellas más que sorprendentes. Al final, no tuvieron influencia, pero las cámaras, como el algodón, no engañan. Y no faltaron tampoco las jugadas para los highlights, asistencias de puro talento, tapones, robos, alley-oops: este Madrid llenará el Palacio.
Valencia es Valencia, pero rinde armas al final
Rozó los diez puntos de desventaja en el tercer cuarto, incluso en el segmento final. Porque su plantilla es excelente, porque Jean Montero dio un clinic de juego una vez más, con Pradilla y Sako guardando los aros y anotando también. Sus cifras fueron aceptables, salvo el acierto arriba, en la cercanía del tablero blanco, donde la intimidación de Tavares y sus colegas fue suficiente para nublar las mentes taronjas. Ahí quedó lastrada la potencia valenciana, que no consiguió llegar a los 80 puntos con 74 lanzamientos, aparte los 10 libres anotados.
Un porcentaje muy bajo, achacable a la intensidad defensiva del Madrid, muy activa en la presión, aún con el coste de ceder rebotes (hasta 16 capturas ofensivas de Valencia). Hubo espacio para los momentos emotivos. Al minuto de silencio por Vicente Paniagua, jugador histórico del club -11 temporadas en el equipo-, siguió el esperado triple 700 del capitán Sergio Llull. No podía ser de otra manera: no fue de la clase estrictamente mandarinácea (mandarinus llullacensis), sino un triple bien decidido y bien tirado, pero desde el horizonte del campo, unos nueve metros habría. Lanzamiento de pura clase.
Sergio Llull, durante el encuentro. (AFP7)
Después, lo de Andrés Feliz. Que este chico es oro puro, es algo ya de sobra conocido. Mereció cerrar el partido exitosamente en Las Palmas el pasado domingo (y lo hizo). Y su excelente mentalidad de juego, la que da sentido a su apellido, continúa siendo valiosísima para el equipo. Ayer se adornó con puntos, asistencias y su habitual capacidad reboteadora en ambientes que parecen los rascacielos de Manhattan. Por supuesto, cabe destacar a otros: el liderazgo de Mario, la eficacia de Deck, el regreso de Lyles y el dominio de las cumbres de Tavares, …Abalde, Okeke, casi todo funcionó anoche a la perfección.
Mejoran las perspectivas para las siete jornadas finales
La recuperación del basket average con Valencia fue el mejor epílogo posible. Quedan partidos por delante, nada menos que siete, pero las difuminadas siluetas empiezan a visualizarse, poco a poco. Si la semana pasada se aludía a vencer 6 de 8 partidos para asegurar el Top 4, objetivo absoluto, ahora ya se dan escenarios favorables con menor exigencia de triunfos, de momento una victoria menos, 5 de esas 8, que es gran avance.
Lo primero: a falta de los resultados de Hapoel Tel Aviv (tres partidos menos), Crvena Zvezda y Barcelona, el Madrid dispone de un colchón de tres victorias. Los serbios reciben al gran líder Fenerbahce, el Barça a los israelitas. Si ganan Fener y Hapoel, quedan en cinco los equipos más probablemente contendientes a las cuatro plazas de honor. En caso contrario, en dos semanas se tendrá ya un dibujo mucho más preciso. El Real Madrid, que la próxima semana visita al complicado Zalgiris, recibirá seguidamente a Hapoel, rival directísimo al que ya venció en el exilio búlgaro. Otra victoria que es oro.
El equipo levanta el vuelo. (EFE/Ángel Medina G.)
Con el average de Valencia conseguido y venciendo a Hapoel, o por extensión los partidos de casa (quedan 3), una victoria a domicilio (Kaunas, Vitoria) es suficiente para asegurar el Top 4, si salva el average de 12 puntos que conserva con Olympiacos, al que venció 89-77 en Madrid. Mejor perspectiva, imposible. Por cierto, y como nota final, este torneo siempre guarda una sorpresa semanal: la derrota de Olympiacos en la Sala Gaston Médecin de Mónaco es un expediente X en toda regla
La crisis financiera (impagos, será tal vez por bloqueo de flujos monetarios de su dueño ruso) y deportiva de los monegascos, incluso con enfrentamientos agresivos entre sus jugadores (Mike James y Elie Okobo, a empujones el otro día) .La renuncia de Vasilis Spanoulis como entrenador, la llegada del georgiano Manuchar Markoishvili, una plantilla reducida a nueve componentes, … pues todas esas juntas, no fueron condiciones suficientes para permitir la victoria del poderoso equipo griego, con la consiguiente celebración de la ruidosa hinchada del Principado… y de los directos rivales de la zona noble de la clasificación.
Ahora sí, el batacazo de la final de Copa queda compensado con una de esas noches mágicas que le devuelven a uno la confianza… no solamente eso, sino que permite soñar con un futuro más prometedor (96-79). Es ya el prestigio que comporta vencer a un equipo extremo como es el Valencia Basket, con Juan Roig en el balcón del mecenazgo y Pedro Martínez manejando la tiza y la pizarra. Es el valenciano un equipo de mentalidad férrea y calidad indiscutible. Adorna su temporada con posiciones de privilegio en la ACB y sobre todo en Euroliga, donde la exigencia es máxima en cada jornada.