De visita por los Emiratos: conocerá Dubái, hará compras y no verá al Madrid ganar
Los blancos consiguen una derrota más en su periplo de visitas, esta vez en Asia. Dominando al principio, de nuevo se vino abajo y no estuvo ni cerca de pensar en la victoria
Spoiler: el Madrid volvió a perder en su partido como visitante, debilitando las ilusiones de hace un par de semanas, cuando olfateaba las posiciones cabeceras de una clasificación que ahora regresa a su devenir natural. Con Facu Campazzo y Walter Tavares estelares, el resto no completó la fuerza bruta, y no bruta, necesaria para acometer un duelo de este nivel. Partido nada brillante, técnicamente pobre, estratégicamente más que mejorable. Pero se puede conversar un rato sobre ello de todos modos.
Baloncesto de primera en Dubái
Hay españoles muy relevantes que estos días han ido a Dubái a participar en reuniones de segunda fila, han salido por la tele, y han proclamado sonoros y fútiles anuncios. Hay otros muchos que se dan una vuelta por el emirato para disfrutar de sus hoteles impresionantes o sus espectaculares atracciones artificiales. El desierto de antaño, con sus pastores y camellos, reconvertido en un polo muy importante (que lo es) de turismo, lujo y riqueza sin igual.
Desde este año, hay también quien visita el lugar para jugar al baloncesto en un novedoso contexto asiático de la Euroliga; no es novedoso del todo, porque ya varios equipos turcos están ubicados en el lado asiático de Estambul, como asiáticos son, desde el estricto punto de vista geográfico, los clubes de Israel, por ejemplo. Queda Dubái un poco más retirado, unas horas más de viaje aéreo, casi 6000 km desde Madrid y cerca de 8 horas de avión. Se reduce en un 40% al viajar desde Atenas, eso sí. La aeronave de Dubái BC dispone de camas para sus jugadores, que es un dato muy atractivo.
En la cosa del fútbol, la anomalía del año fue el Kairat Almaty, localidad ésta que se ubica al este de un enorme país (Kazajistán ocupa el equivalente a cinco Españas y media), cerca de la frontera china, pero estando una pequeña fracción de dicho país al oeste de los Montes Urales, que actúa de facto como límite entre los dos continentes, pues eso, que habilita a los clubes kazajos a participar en las competiciones europeas. Allí fue el Real Madrid, también. Y otros, de esos de la Champions League.
Dubái se incorpora a la Euroliga, con un pase de cinco años, por un estricto criterio económico; ha formado su plantilla a base de talonario, la chequera de Abdulla Saeed Juma Al Naboodah, que dispone de chelines, además con una fiscalidad reducida a cero por ciento en el emirato, a medida del consumidor y para vivir cómodamente, en definitiva, en el magnífico escenario dubaití. En esto tienen ventaja, como señalaba Sergio Scariolo hace unas fechas.
Así que la iniciativa del jeque proporciona a sus ciudadanos la posibilidad de contemplar este maravilloso deporte, de manera oficial, nada de los habituales partidos y torneos de exhibición en variadas disciplinas deportivas.
Un Real Madrid poco brillante, pero Dubái aún menos
Hechas las presentaciones, es hora de hablar de baloncesto. El precioso azul que adorna la segunda equipación blanca añade color al Coca Cola Arena, con capacidad para diecisiete mil almas.
Le costaba entrar al Madrid en el partido con errores en los lanzamientos, aunque Dubái mostraba aún más inoperancia y con el rebote dominado ampliamente, el marcador alejaba a los blancos, 11-19 al final del primer cuarto, 2 de 10 en triples merengues, pero 14 rebotes por 7 de los dubaitíes, que echaban de menos a Wright y Kabengele, dos de sus piezas favoritas, inadvertidas en ese inicio y solamente nuestro Dzanan Musa mantenía el tipo, que lo haría hasta el final.
La segunda unidad madridista, Lyles incluido en ella, perdía pie en el segundo parcial. La facción serbia del rival (Petrusev, Dangubic, Avramovic) fue recortando la distancia y sobre todo, opacando a los de Scariolo, que es mucho peor. Parecía un deambular lo del Madrid. El tiempo muerto del bresciano que no sirve, en el ecuador del cuarto ya va por delante Dubái, 29-27.
Tomó una decisión crucial Scariolo: retomó la primera unidad, con Okeke, Hezonja y Tavares, pero manteniendo en pista a los energéticos Feliz (luego Facu) y Krämer. En un parpadeo, colocó ocho puntos con dos triples de Super Mario y calmó la tormenta el italiano. Después de unos minutos igualados, un buen final del Real Madrid, embocando un par de triples y varios libres, para el 37-44 al descanso. Todo controlado, tal vez.
No obstante, no relucía el juego: el ataque madridista regresó al concepto de no usar apenas el bloqueo directo y jugar múltiples indirectos en la línea de fondo para buscar salidas de los aleros, con el base siempre demasiado lejos del meollo, de la pintura, donde había un atasco considerable. El pase, si se daba, no era productivo y los paseos posteriores de Facu en el bosque de pivots no podían dar pases claros a sus postes, porque había demasiada gente. Parecía más clara la opción clásica de pick and roll desde arriba, porque Tavares es superior a sus pares aquí, en Sebastopol o en Dubái. Pero repetidamente optó el Madrid por la mencionada alternativa.
El tercer cuarto destapa de nuevo
El buen inicio madridista en la reanudación elevó la distancia por encima de la decena, el consabido umbral psicológico, que ni es umbral, ni psicológico. Facu Campazzo y Tavares liderando operaciones, con un buen quinteto (Okeke, Mario) en el que se infiltró Krämer, que parecía ganar puntos en la rotación de Scariolo con su habitual e impecable actitud hacia el colectivo.
Pero en esa comodidad cometió el Madrid un par de errores, castigados por los locales y devolviendo el encuentro a la cercanía, a la incertidumbre, a la emoción.
Optó Scariolo por hacer participar a Alex Len, el mejor hace un par de días en Hellas, a falta de tres minutos para el final del cuarto. El brasilero Caboclo, inferior en la pintura ante cualquiera de sus rivales altos, embocó un par de triples y sirvió "pincho de tortilla" sobre Krämer, con antideportiva posterior, otro triple de Caboclo y una falta de ataque de Len, otra inmediata del ucraniano en defensa con 2+1: perdió el Madrid el botín en apenas noventa segundos. Corrigió Scariolo: fuera Len, dentro Garuba. En general, no era cuestión de calidad de juego, era que el movimiento improvisado en campo abierto no le funcionaba, ante el entusiasmo general de la parroquia, que se lo pasaba en grande viendo a su equipo culminar el cuarto por delante: 69-68, con un inesperado parcial, y el Madrid encajando 32 puntos ante el vendaval que provenía del desierto emiratí.
Y el cuarto final lo confirma una vez más
La frase es singular: "Primeros segundos del tercer cuarto". Dubái enchufado, Madrid sufriente. Al poco, Dubái abre hueco, el Madrid se precipita, la victoria se aleja, cuando de nuevo, como en Atenas, había una ventaja. De hecho, se percibe una sensación de estar viendo el mismo partido del OAKA, aunque en el emirato la gente no salta tanto. A falta de siete minutos, 76-69, 18 puntos perdidos desde el final del primer cuarto, para entendernos.
En este momento, el equipo madridista ha conectado el modo "emergency", lo que viene a ser Facu directo a canasta, finalizar o abrir a la esquina, circular por el perímetro hasta que alguien lanza un triple mal seleccionado, por tanto, estadísticamente fallado. No hay esquema alguno, es todo ansiedad. Y ya está.
Lo intenta detener Scariolo con un tiempo a falta de cinco minutos y medio, con 78-71. El quinteto resume lo mejor del día, con dos bajos, Facu y Feliz, Mario y Okeke, Tavares por dentro. Facu y Tavares son los dos pilares del equipo otra vez, el trío restante lo más potable. Que es insuficiente.
A falta de tres minutos se vuelve a ver a Tavares merodeando por el perímetro, para ayudar a los bases y parece que puede funcionar. Pero Musa, que ha estado todo el rato a tope, da un paso adelante. Juega, y crea. Y celebra muchísimo. Frustra a Feliz y lo saca de la pista, que descuadra los planes.
Daba igual, el asunto ya se había liquidado antes. El Madrid se había dedicado a jugar, la mayor parte del tiempo, con impulsos nada colectivos, agobiado por el marcador desfavorable, corriendo y moviendo donde fuese, tirando si tal, pasando si cual, donde se viese a un compañero con línea de pase limpia. Cero conceptos ofensivos desde la pizarra, todo era pelea al sentir de cada cual, hasta la derrota final. Conserva el basket average. Quién sabe.
Spoiler: el Madrid volvió a perder en su partido como visitante, debilitando las ilusiones de hace un par de semanas, cuando olfateaba las posiciones cabeceras de una clasificación que ahora regresa a su devenir natural. Con Facu Campazzo y Walter Tavares estelares, el resto no completó la fuerza bruta, y no bruta, necesaria para acometer un duelo de este nivel. Partido nada brillante, técnicamente pobre, estratégicamente más que mejorable. Pero se puede conversar un rato sobre ello de todos modos.