Otra derrota del Real Madrid en el día propicio y Sergio Scariolo señala a los árbitros
Panathinaikos se presentaba al duelo con bajas sensibles y el Madrid dominó buena parte del encuentro. Sin embargo, otro mal final, de los habituales, condenó al equipo blanco
El Madrid cayó ante el Panathinaikos. (EFE/Pete Andreou)
No puede ser muy largo el comentario sobre el espectáculo vivido anoche en la capital griega. El equipo de Ataman, con su rotación reducida (ocho tipos vino a utilizar el entrenador turco), especialmente por la ausencia de su estrella Kendrick Nunn, terminó encontrando la victoria en el reconocible OAKA, hasta la bandera, ambientazo, un escenario absolutamente top en Europa.
Faltaba Nunn, pero no desatendió la cita el eterno Kostas Sloukas, que mantiene la magia en cada uno de sus movimientos. Piensa uno que hace no demasiados años sonó para el Madrid… y parecía algo mayor para el reto. Tal vez hubiese merecido la pena vivir la experiencia, pero es cierto que cada asiento en el Madrid está bastante caro, en ese nivel de presencia.
En fin, el Madrid vuelve a fallar fuera de casa
Se decía por aquí hace unas fechas por aquello de la derrota en París: la meteorología es más benigna en el coliseo de Madrid que en las lejanas plazas europeas, que niegan sistemáticamente su conquista.
Así que, en el día en que Alex Len fue de largo el mejor del equipo, que esta vez sí dominó los rebotes con amplitud y llevó la iniciativa casi todo el partido, incluso con ventajas amplias, terminó echando por tierra la victoria en otro final infumable, que simplemente reflejó el estado mental del equipo ante este tipo de situaciones. Cierto, se perdió en el último segundo, tuvo Sergio Llull su mandarina salvadora sobre la bocina, que incluso se estrelló contra el aro griego; cerca estuvo de labrar otra muesca gloriosa en su revólver.
Pero no sucedió. Si hubiera ocurrido, la aclamación masiva a Scariolo y sus chicos hubiese inundado sin duda los foros del basket patrio. Pero no sucedió y solamente cabe lamentar la oportunidad perdida, porque el buen esfuerzo de muchos minutos se escurrió como agua en la mano.
De nuevo, la culpa es de otros
Scariolo compareció ante el micrófono apenas finalizado el partido. Con indirectas muy directas vino a decir que era mejor quedarse callado que decir lo que pensaba y rascarse el bolsillo pagando una multa.
Bueno. De nuevo la excusa como escudo. Es verdad que el criterio arbitral que condicionó el juego elevó el umbral de la pelea. El Madrid ya lo aprovechó recientemente: sabe hacer ese trabajo, recursos tiene para ello.
Pero anoche, al final, apenas 19 faltas para los blancos por 26 para los verdes, que lanzaron menos de la mitad de tiros libres, en los que el Madrid cometió seis errores que salieron caros a la vista de los acontecimientos.
No pareció ser el arbitraje de aquellos que clamaban al cielo en los tiempos pretéritos. Sí es cierto que la presión ambiental dota cada decisión de una épica que, meteorología aparte, corresponde a la mente del espectador.
El caso es que recuerda el periplo blanco a uno que salía con frecuencia a coger setas, pero encontraba apenas; cuando las hallaba, no era comestible ninguna. El Madrid sale al bosque europeo a pillar cacho, pero por lo que sea, o no lo consigue, o lo que divisa no termina tampoco en el cesto.
Hay que viajar a Dubái, que ayer le dio un repaso a todo un Olympiacos (por cierto, la anomalía estadística de Dzanan Musa en ese partido será objeto de análisis un día de estos, igual que el partido entre Crvena Zvezda y Barcelona, entre otras cuestiones). Le cuesta al novedoso equipo emiratí que dirige Dimitris Itoudis, pero está entrando en calor.
Y después terminar el grafo aéreo visitando a Partizan en el Aleksandar Nikolic Hall, otro horno de los que el Madrid parece aborrecer, ante un equipo que transitaba de la depresión al desastre, pero que de la novedosa mano de Joan Peñarroyada la sensación de ganar solidez estas semanas.
Así que casi ya se da por bueno rascar una de las dos, con el Madrid instalado, todavía, en cabeza del larguísimo pelotón de equipos con 16 victorias. Una por encima de la décima posición, que marca el precipicio.
No puede ser muy largo el comentario sobre el espectáculo vivido anoche en la capital griega. El equipo de Ataman, con su rotación reducida (ocho tipos vino a utilizar el entrenador turco), especialmente por la ausencia de su estrella Kendrick Nunn, terminó encontrando la victoria en el reconocible OAKA, hasta la bandera, ambientazo, un escenario absolutamente top en Europa.