Lecciones del Clásico: el mérito del Barcelona y el demérito de un Real Madrid deambulante
Sergio Scariolo sucumbe estrepitosamente ante Xavi Pascual. El Barça sufre bajas que no se notan. El Madrid echa de menos a estrellas que, sobre el campo, tampoco se notan
Una señora, de nombre Ángela (casualmente hoy es su onomástica), se disponía a disfrutar, una tarde más, de su lectura en la biblioteca de ese pueblo costero, donde casi siempre hace buen tiempo. Su pasión por el aprendizaje le llevó, con unas décadas cumplidas y mucho trabajo hecho en la vida, a aprender idiomas, dominar sucintamente algunas ramas filosóficas, o interesarse por la reciente evolución tecnológica. La IA, la energía verde, las movidas geopolíticas, cosas así. Le gustaba el ajedrez, estudiaba aperturas, trucos o visión global de ese tablero que en una partida puede ofrecer hasta 10^120 movimientos, más que todas las partículas del universo (una sola galaxia contiene entre miles y millones de estrellas, y hay muchas galaxias; se dice que unos dos billones).
Ángela solía jugar al ajedrez, a veces, con alguna de las personas que compartían esos momentos en las mañanas o en las tardes, según tocaba misa o no. Y entonces, sucedió. Cuando Magnus Carlsen apareció por el local, le reconoció de inmediato. Unos instantes después, en una mesita baja del hall del edificio, un discreto tablero con piezas básicas enfrentaba a la mujer, con el mejor jugador del mundo.
Tenían las mismas piezas. Igualdad absoluta de fuerzas. Todo era gestionarlas adecuadamente. Tras un número breve de movimientos, cayó su rey. Magnus se divertía y le propuso jugar con varias piezas menos. Se quitó la dama, liquidó un caballo y una torre también. Dejó dos peones en el lateral. Y vuelta a empezar. Casi fue peor; había entonces menos piezas, pero más huecos, y Ángela se sintió desfallecer. Era una partida, y qué leches, era Magnus Carlsen. Al rato siguiente compartieron un té junto a las estanterías repletas de libros en esa localidad costera donde casi siempre hace buen tiempo.
El Barça vence brillantemente a pesar de las bajas
Pues sí, ahí estuvo Xavi Pascual, para utilizar sus piezas, incluso en inferioridad, y dar un repaso táctico y mental a Sergio Scariolo, al que todavía le debe doler, al menos un poquito, semejante baño desde el banquillo de Goya. Y Kevin Punter, extraordinario, se pasó fuera casi todo el tramo final, tal era la confianza en el dibujo del técnico barcelonés.
Las ausencias de Will Clyburn, de Jan Vesely o de Darío Brizuela no se compensaban con un banquillo blanco repleto de efectivos. Pero, a medida que pasaba el tiempo, fueron apareciendo los protagonistas, los secundarios o incluso los inesperados. Los locales, ante el estupor y la escasa presión del "Teatro de Goya", no fueron nunca capaces de mostrar opciones reales de victoria, a pesar de algunas remontadas puntuales, a lomos de tiros escasamente estructurados, o de apariciones estelares de algunos, que se convertían rápidamente en desapariciones.
Así que el FC Barcelona pudo apoyarse en sus piezas, sin echar de menos a las que faltaban, mientras que el Real Madrid no encontraba las suyas ni ocupando escaques en el tablero del Palacio de los Deportes.
La defensa del Madrid es un coladero monumental
Empieza a ser un chiste de escasa gracia, que el Real Madrid reciba cifras escandalosas ante cada uno de los rivales que enfrenta. Decir que la defensa es un chiste se sostiene tranquilamente a la vista de las cifras. Y es que alguno de los encuentros recientes ha observado primeros tiempos inexplicables, con una reacción posterior. Hoy no ha sido el caso y los 48 del primer tiempo, apenas cauterizados con un arreón de Sergio Llull, se han convertido en 57 en el segundo, que piensan algunos que no es de recibo en una plantilla como la que exhibe el Real Madrid.
Si es posible que el ataque talentoso de los blancos difumine la debilidad atrás; es algo que ha sucedido unas cuantas veces, pero no se dio hoy. El rebote de los catalanes, donde Willy Hernangómez, Youssufa Fall y Joel Parra acogieron más capturas que todo el Real Madrid, es un dato demoledor. Se decía en esta columna, hace cuatro días, que el rebote madridista, el mejor recurso disponible, se perdía en la bruma. El 37-23 del Barcelona en esta faceta es un desastre inaceptable.
La defensa del Real Madrid demuestra, día tras día, que cualquier competición de bloqueos, directos o indirectos, es batalla perdida. Los rivales, día tras día, completan "highlights" de ensueño que no consiguen contra otros contendientes. La verdad es que, después de ver muchas jugadas, varias veces, no queda claro el problema de por qué sucede esto. Se llega tarde, las ayudas son ineficientes, se flota en exceso en ocasiones, es complicado. Porque, de hecho, este partido ha contemplado varias jugadas de Tavares intimidando, Garuba hizo lo suyo, sin embargo, el equipo no llega y el rival, como siempre, con buenos tiros termina dominando.
Si el equipo no funciona, ¿quién es el responsable?
Claro. Se pregunta uno esto. Si los frutos del mandarino no caen en el lado esperado del árbol, empezamos a tener un problema. Contabilizados unos diez tiros triples mal seleccionados, casi el 50% del total ejecutado por los chicos de Scariolo, un 40% final de acierto parece una buena noticia.
La buena es que se meten los tiros buenos; la mala es que se falla lo demás, esos ratos en los que se opta por tirar, por así decirlo, desde el medio del campo sin el mínimo soporte ofensivo: rellenas la estadística de rebotes del rival, regalas balones absurdos y no hay un criterio que desde la banda diga que esas jugadas son estadísticamente irrisorias.
Los 27 puntos de Mario Hezonja en sus arrancadas talentosas fueron de lo mejor del equipo, si no fuera por esos momentos epifánicos que pocas veces funcionan. Fue mejor Llull, que junto a Feliz fue lo único rescatable por parte madridista. Fue el capitán el mejor, que solamente falló en transmitir a sus compañeros en qué sitio se encontraban compitiendo.
No jugaba Okeke, no participaron Kramer y Len, no se reconocía el Cero de Lyles, ni la defensa imperfecta de Abalde sobre un Punter superlativo. De poco sirvió la energía puntual de Garuba o la extrema impavidez de Tavares que acabó el partido con apenas dos faltas.
Consecuencias tras el repaso blaugrana
Está la gente muy ocupada con otros asuntos, así que poco se puede esperar en el ecosistema de Valdebebas. La pragmática sobre todas las cosas. La vida seguirá, la macroeconomía seguirá. El Madrid domina el torneo doméstico, lo mismo que apenas rasca la última posición del continental, que es el que cuenta. Eso sí, dos victorias sobre el siguiente, a día de hoy.
Una señora, de nombre Ángela (casualmente hoy es su onomástica), se disponía a disfrutar, una tarde más, de su lectura en la biblioteca de ese pueblo costero, donde casi siempre hace buen tiempo. Su pasión por el aprendizaje le llevó, con unas décadas cumplidas y mucho trabajo hecho en la vida, a aprender idiomas, dominar sucintamente algunas ramas filosóficas, o interesarse por la reciente evolución tecnológica. La IA, la energía verde, las movidas geopolíticas, cosas así. Le gustaba el ajedrez, estudiaba aperturas, trucos o visión global de ese tablero que en una partida puede ofrecer hasta 10^120 movimientos, más que todas las partículas del universo (una sola galaxia contiene entre miles y millones de estrellas, y hay muchas galaxias; se dice que unos dos billones).