"Me desperté para el cole y llegó la explosión". El viaje de Yhevenii entre la guerra y el baloncesto
Yhevenii Smetskov tiene 18 años. Los tres últimos los ha vivido en España, gracias al baloncesto, donde forma parte de la Laso Academy. Sus padres continúan en su Ucrania natal, haciendo frente a la invasión rusa
Yhevenii Smetskov posa para El Confidencial. (P. P.)
El 24 de febrero del 2022, Yhevenii Smetskov se despertó a las 6:14 de la mañana para ir a su colegio. Cogió el móvil, rutina habitual de cualquier chaval de quince años, y empezó a leer notificaciones de medios. "Guerra, guerra, guerra, guerra". Bajó las escaleras, llamando a sus padres. No había respuesta. Al tercer escalón oye la primera explosión "no muy lejana". Su padre, Dmytro, apareció al poco. La invasión rusa había comenzado.
—Papá, ¿ahora qué hacemos? ¿Nos vamos?
—No. Es nuestra casa y tenemos que protegerla. La casa nos protege a nosotros y nosotros la protegemos a ella.
Dymtro trabajaba como médico en el hospital de Járkiv, la ciudad donde comenzó la invasión por parte de Rusia, al estar apenas a tres kilómetros de la frontera. Han pasado tres años y medio desde aquel despertar que Yhevenii no olvida. Ahora tiene 18 años, habla español sobresaliente ("me tocó aprender rápido") delante de la cámara de El Confidencial. Él se marchó de Ucrania gracias al pasaporte del baloncesto, su pasión. Esta es su historia, su viaje.
"Hice unas pruebas en enero, antes que empezase la guerra. Junto a una agencia que es medio serbia, medio rusa, y tenía un agente, una señora que era de Ucrania, pero trabajaba en Moscú. Tenía oportunidades en España, Italia o Estados Unidos. A mis padres y a mí nos encantaba España. Elegimos un club que se llama Baloncesto Torrelodones", relata Yhev, como le conocen en la Pablo Laso Academy, la institución de baloncesto base impulsada por el actual entrenador del Anadolu Efes, Pablo Laso, que firmó al ucraniano después de una temporada con el Torrelodones.
Miguel Ángel Lago, director deportivo de la academia, recuerda su fichaje: "Podía jugar en dos posiciones y tenía buena interpretación del juego". Yhev había aprendido español a trompicones, rememorando vacaciones pasadas junto a su familia por Barcelona o la costa. El calor y la buena comida conquistaron a su madre, que impulsó su viaje a España. "Mostró un carácter afable que conectó con entrenadores y compañeros, con mucha predisposición al trabajo y a la mejora individual y colectiva", insiste Lago. Lo que empezó como un fichaje para el parqué, originó algo más. Llegado el momento, sus padres no pudieron hacer frente al coste y la entidad decidió becarlo: "Apostamos por él por su implicación y su compromiso con el proyecto. Es un orgullo para nosotros contar con él y con la confianza de su familia".
Yhev se incorporó en la Pablo Laso Academy desde el inicio del proyecto, en el 2023. "Cada persona... pues ayuda con todo lo que puede, a todos los jugadores, desde el director deportivo hasta los entrenadores de infantil B, de los más pequeños. La academia es como una familia. Es una familia que solo tiene 3 años, pero es una familia ya bastante grande", resalta Yhev.
Entre dos tierras
Por aquel 2022, Yhev llegó a España junto a su madre, Larysa Smetskova. Un viaje de ida y vuelta para ella, que continuó viviendo en Járkiv para ejercer de voluntaria en distintas funciones de ayuda al ejército. "En un momento éramos nueve personas y dos perros en casa", recuerda sobre el inicio de la guerra. Su hermana mayor, junto a su marido e hijo, su madrina, una amiga de la familia... Todos juntos en unos momentos en los que no sabían qué iba a pasar. Las fuerzas ucranianas, al poco tiempo, expulsaron a los soldados rusos y, a pesar de la cercanía, actualmente existe un ritmo de vida "normal", pese al toque de queda impuesto.
La vida de la familia Smetskov pasó a adaptarse a su nueva normalidad. Desde aquel viaje inicial de Larysa, los padres de Yhev solo han pisado una vez más España. "Pudieron venir a verme jugar en un torneo de Zaragoza el año 2023", rememora. Sus obligaciones —Dmytro continúa ejerciendo de médico en el hospital de la ciudad—, así como la economía familiar, impiden mayores desplazamientos. Pese a ello, Yhev es positivo y apostilla que "al menos ellos pueden permitirse viajar" de vez en cuando. Su último encuentro, previo a las Navidades, fue en Bulgaria el pasado verano.
Yhevenii Smetskov: 'Hablo todos los días con mis padres. Dos o tres veces'. (P. P.)
"Hablo todos los días con ellos. Dos, tres veces", responde con rotundidad sobre su actual comunicación con sus padres: "Extraño mucho a mis padres, extraño mucho a mi casa, extraño mucho a mi ciudad". Llevaba un año sin pisar Járkiv. Cuando se publica este reportaje, Yhev pudo viajar hasta su hogar para pasar los días de Navidad junto a los suyos.
En estos tres años, Yhev hizo su vida en España, continuó en contacto con sus amigos del equipo de Járkiv. Todos ellos han dejado atrás el país, emigrando a distintas partes de Europa. Esa red de contactos le ayudó en su desembarco en Torrelodones. Un chico de Kiev le habló bien del club y también del baloncesto español.
"Hay una persona especial que es Mateo"
Durante la charla que este periódico mantuvo con Yhev, se tocaron temas duros. El más emocionante fue cuando habló de Mateos Millan Ferreira, entrenador y mentor de la academia: "Es mi entrenador. Este año trabajamos juntos en el Gigantes. Él es el entrenador principal y yo soy su ayudante... Y así ya durante 3 años... Él es una persona que se parece mucho a mi padre, de carácter, de edad".
—Cuando me dijo que te había pasado mi teléfono, le dije: '¿Pero qué has contado de mí?' [risas] No me lo ha querido contar. Estoy deseando saberlo.
Mat, como le llaman en el club, inició el proyecto de la Academia desde su formación. Al frente del Junior B, un poco después de echar a rodar el equipo, llegó Yhevenii: "Le hice capitán nada más llegar... a los 10 días o así, ya vi cómo era y le di los mandos". "Tuvimos una muy buena relación desde el primer momento. Con tiras y aflojas, ¿eh?, porque ya sabes cómo son los adolescentes", relata el técnico. Yhev tenía ese carisma, pese a su carácter callado de inicio, que le convirtió en un pilar del vestuario y, a la larga, de toda la Academia.
Yhevenii durante un entrenamiento. (Pablo Laso Academy)
"Le trato como a mi hijo, que tiene la misma edad. Sé lo que es ser inmigrante. Mi padre es español y mi madre brasileña; vine a España con siete años. Sé que es difícil", contesta sobre su relación con Yhev. A Mateos le cuesta definir con palabras la importancia del chaval para el vestuario. "Quizás no ha llegado a ser el jugador estrella que él quería —y que nosotros queríamos—, pero es todo inteligencia jugando y carisma".
El niño que quería baloncesto
—¿Tú sabías quién era Pablo Laso?
—Claro. Era mi ídolo de entrenador. Siempre de toda mi vida, cuando estaba viendo los partidos de Euroliga, siempre era Real Madrid y siempre era Pablo Laso.
—Normalmente los jugadores jóvenes os fijáis en las estrellas.
—Sí, sí, pero si me preguntas ahora quién era el equipo de Madrid en estos años, yo no te sé decir.... Solo digo que era Luka Doncic, Tavares, eh, ¿quién más? Pero Laso, siempre.
Yhev contesta rotundo. Era su ídolo y ahora está en su academia:"Cuando me dicen que va a venir Laso, me pongo un poco nervioso, porque es una persona que ha hecho mucho para el baloncesto español y para el Real Madrid". Su pasión por el deporte del aro, que empezó cuando tenía ocho años, será para siempre. "En mi mente era, si no es jugador, es entrenador, porque al final es baloncesto y es deporte".
Este curso es el primero en el que ejerce como director de orquesta. Lo hace con chavales que llegaron a ser sus compañeros. "Es bastante duro, porque cada uno tiene su carácter, cada uno tiene sus cosas y les tenemos que hacer como ser un equipo, como un mecanismo. Y pues, tenemos que hacer mucho trabajo y lo estamos haciendo", explica Yhev.
Su nuevo papel, que compagina como jugador tanto en la academia como en el equipo de la universidad Camilo José Cela, lo hace como asistente de Mateos: "Al final del día, sigue siendo un chaval y hay momentos en los que yo le tengo que reconducir, recordarle: 'Yhev, tienes otro rol ahora mismo. No puedes estar en trash-talking o risas, lo típico de baloncesto que puede haber a veces en algún momento'. Pero lo está haciendo muy bien".
Yhevenii posa con un balón de baloncesto para El Confidencial. (P. P.)
—Ahora mismo compagino el baloncesto con los estudios. Preparo lo que sería la selectividad; quiero ser médico... Como mi padre y como mi abuelo.
—Sé que con 18 años es muy difícil hablar de esto, pero cuando tú piensas en el futuro, ¿qué crees, seguir en España, volver a Ucrania?
—Es una pregunta difícil. Mucho. Me gustaría estar al lado de la familia, pero sé que no voy a tener las mismas oportunidades que, por ejemplo, voy a tener en Europa. Lo estamos viendo con mis padres para ver en qué universidad tengo que entrar. Me encantaría seguir entrenando y jugando baloncesto. Habrá que elegir.
El 24 de febrero del 2022, Yhevenii Smetskov se despertó a las 6:14 de la mañana para ir a su colegio. Cogió el móvil, rutina habitual de cualquier chaval de quince años, y empezó a leer notificaciones de medios. "Guerra, guerra, guerra, guerra". Bajó las escaleras, llamando a sus padres. No había respuesta. Al tercer escalón oye la primera explosión "no muy lejana". Su padre, Dmytro, apareció al poco. La invasión rusa había comenzado.