El Real Madrid conquista también Estambul: la mejora progresiva funciona en la Euroliga
Ni mucho menos está resuelto el problema, pero las recientes victorias del equipo y los partidos que vienen, dan la oportunidad de visitar de nuevo la zona noble de la clasificación
En el día de Santa Bárbara, patrona de los artilleros, de los mineros y de los pirotécnicos, no se asistió a un intercambio de bombazos y voladuras en el dulce hogar de Anadolu Efes. Se fue la Santa a celebrar en el mismísimo Principado de Mónaco, donde el equipo local despachó a base de cañonazos a un no menos combativo Paris Basketball por un tanteo inusual en el Viejo Continente: 125-104. ¡Viva Santa Bárbara!
Porque, aun así, da bastante gusto escribir después de victorias tan bien armadas como la que el Real Madrid coleccionó anoche en la parte europea de Estambul. Fue un partido de enjundia, ante una hinchada turca que rondaba los 10.000 entusiastas aficionados y, por cierto, con un arbitraje que en general fue bastante incomprensible. Al final, en un contexto de igualdad e incertidumbre, con buenas aportaciones de uno y otro lado, surgió el volcán Garuba, deslumbrante desde su demoledor poderío físico y el perfecto dominio del timing necesario para intimidar, taponar y rebotear bajo el aro propio, en un delirio pocas veces visto en un jugador. De alguna manera, Usman Garuba regaló el partido a un buen Real Madrid.
Anadolu Efes superando adversidades
El equipo de Radovan Trifunovic se presentó con cuatro dolorosas ausencias: más allá de la consabida de nuestro Vincent Poirier, faltaba a la cita el number one, Shane Larkin. Pero también PJ Dozier y Georgios Papagiannis, integrantes también de la rotación de Efes. Las de Poirier y Papagiannis implicaban, en la práctica, perder sus dos torres principales, lo que podría suponer una deliciosa ventaja en el poste para Walter Tavares.
No fue la primera ocasión en que esto sucedía este año; no fue la primera, en efecto, en que el Real Madrid fue incapaz de aprovechar la superioridad del gigante caboverdiano. Supo el equipo turco plantear el juego ofensivo lejos de la influencia del 22 blanco, pero además cerró todo acceso de los balones madridistas a la zona propia, literalmente, desactivando al pívot, que acabó con un solo lanzamiento, cero puntos y una triste presencia a lo largo de 17 minutos de estancia sobre la pista.
Por el contrario, ordenó bien sus piezas Trifunovic, que, a pesar de las ausencias, todavía conservaba algunas de notable valor. Tuvo que reducir la rotación prácticamente hasta quedarse con seis jugadores que acapararon casi el 90% de los minutos del equipo. Pero obtuvo un gran rendimiento de Beaubois, Osmani y Smits, que mantuvieron a los turcos en el partido hasta los momentos finales, incluso liderando el marcador en el último cuarto, con perspectivas de victoria. Fue entonces cuando Usman aterrizó sobre el parquet, repartiendo tapones y capturando rebotes como si no hubiese un mañana, liquidando en definitiva el duelo para el equipo blanco.
Da gusto contemplar un Real Madrid coral
Es que una plantilla amplia tiene sentido si contiene buenas piezas. Si no, es mejor que sea corta. El Madrid ha tirado de talonario este año e, incluso considerando que algunas incorporaciones como Trey Lyles o Chuma Okeke generaban dudas surgidas desde el desconocimiento (aun repasando sus buenas cifras durante años de NBA), hay que valorar el ojo clínico de Martynas Pocius al elegir estos dos jugadores, a pesar de su coste. Lo de Théo Maledon se venía cociendo en otra marmita y quedaba clara la continuidad del proyecto con los que ya son los veteranos del roster de Scariolo.
En Estambul, Tavares fue anulado clamorosamente, se disfrutó de la versión de videojuego de Hezonja, de nuevo Super Mario. Pero también de un eficacísimo Chuma Okeke, que es un cemento de primera clase para el rendimiento del Real Madrid, da igual qué faceta del juego se observe.
A Facu Campazzo y Gaby Deck no se les notaron los 28.000 km recorridos estos días (40.000 km mide la circunferencia del ecuador terrestre). Se alegra uno por Deck, que atraviesa una fase dubitativa frente al aro y tampoco dilapida mucho lenguaje no verbal, el alero de Santiago del Estero. Exhibió relevancia sobre la pista en Estambul, que es una noticia de primera.
El planteamiento defensivo de Scariolo ofreció algunas dudas en ciertos tramos del partido. No eran capaces de intimidar el lanzamiento exterior de sus rivales, mientras que tampoco conseguían edificar un muro bajo el aro propio. Durante el tiempo en que los turcos disfrutaron de un físico más potente, las ayudas blancas se atascaban en los bloqueos directos más de lo deseable y Efes tuvo la paciencia de elaborar las jugadas hasta conseguir las ventajas.
Por el contrario, pareció continuar en la senda de mejora la transición del Madrid, especialmente tras rebote defensivo. No fue tan efectiva como se debe pretender, pero sí que permitió un juego más calmado en la fase ofensiva. No se puede conceder un paso por la línea central de la pista con seis o siete segundos consumidos, que estresa completamente el ataque estático. A diferencia de otras ocasiones, el Madrid evitó esa circunstancia y jugó más cerca de la zona rival, durante más tiempo.
Mejoró el equipo blanco su prestación en los lanzamientos exteriores, mejor elegidos a cada día que pasa, superando el 40% (44% al final en T3). Pero es que fue mucho mejor cerca del aro, donde la calidad individual se pudo disfrutar esta vez: buenas decisiones, buenas definiciones.
Scariolo pudo utilizar a sus doce jugadores, con diez de ellos por encima de los 13 minutos, lo que se puede considerar una participación relevante en un partido en Europa, un tercio de la duración total. Los otros dos, Kramer y Len, aportaron 14 minutos entre ambos: seguirán entrando en el equipo.
Aunque piensa uno qué hubiera sucedido anoche, si por lo que fuera, se hubiese quedado fuera Usman Garuba, pensando en la superioridad a priori de Tavares y Len ante las conocidas ausencias de Poirier y Papagiannis.
Mejora el paisaje para las próximas semanas
Desde el desastre ante PAO en el Palacio de los Deportes, el Madrid ha amontonado tres victorias en fila, dos de ellas en visitas de postín, como son Hapoel Tel Aviv y Anadolu Efes. Lo que viene ahora permite pensar en que el desaguisado del otoño se puede enmendar, al menos un poco.
Sigue la semana que viene con doble enfrentamiento, en Milán ante el Armani y recibir a Paris Basketball, siempre peligrosos en su ataque, pero que conceden en defensa, como se vio en Mónaco. Los italianos están prácticamente igualados con los madrileños, lo que hace del duelo milanés una victoria mucho más importante, aunque todas valen su peso en oro en esta competición muy igualada.
Pero ya no hay brotes verdes, lo que se contempla es un equipo que mejora por días, no ya tanto los resultados, que también. Es que se percibe en el equipo un potencial cuyo techo se desconoce. No ha sido barato, pero no es tanto esa la cuestión. Es que está funcionando, tanto los veteranos como los nuevos, con un encaje progresivo de roles, que es de lo más interesante y merecerá una conversación.
En el día de Santa Bárbara, patrona de los artilleros, de los mineros y de los pirotécnicos, no se asistió a un intercambio de bombazos y voladuras en el dulce hogar de Anadolu Efes. Se fue la Santa a celebrar en el mismísimo Principado de Mónaco, donde el equipo local despachó a base de cañonazos a un no menos combativo Paris Basketball por un tanteo inusual en el Viejo Continente: 125-104. ¡Viva Santa Bárbara!