Se agota el tiempo (y las oportunidades) para el Real Madrid de Scariolo
Continúa el equipo de Scariolo cediendo derrotas en plazas que deberían ser conquistadas si se fija el objetivo en las plazas de acceso directo a play-offs. El juego colectivo es desastroso, por delante y por detrás
Habrá que retomar el asunto de la regresión a la media, que representa el nivel real del equipo, a la vista de los sucesivos duelos que viene manteniendo en las diversas competiciones. El batacazo de Belgrado ante Crvena Zvezda, tras un par de victorias tranquilizadoras en el Palacio, devolvió las dudas al equipo que comanda Sergio Scariolo junto con un staff técnico bastante poblado de mentes pensantes. Repetía visita el Madrid a la capital serbia, esta vez en el Aleksandar Nikolic Hall, donde el Maccabi de Tel-Aviv ha jugado hasta la fecha sus partidos como local, situación que por cierto va a terminar próximamente ante el contexto de pacificación, al menos por ahora, del conflicto en Gaza.Y tropezó de nuevo el equipo blanco. Por un punto, tras un espléndido triple de Tamir Blatt, bien tirado desde nueve metros a falta de cuatro segundos. Y también, tras una mala ejecución de Mario Hezonja en la jugada final, donde no dobló el balón a Usman Garuba, mejor colocado para el buzzer beater.
Pero este detalle, que bien podría haber sido decisivo para el devenir del resultado, y las victorias son importantísimas, no oculta la realidad del equipo madridista. Era un partido para ganarlo: Maccabi ha sido derrotado por todos los equipos que han pisado el Aleksandar Nikolic, la Sala Pionir de toda la vida, si no fuera porque apenas entra gente, algunos seguidores hebreos, cuyo entusiasmo crecía con el paso de los minutos.
Porque el Madrid comenzó bien, con un juego alegre, transiciones rápidas y con intensidad defensiva; unos rebotes más tarde, y aciertos en lanzamientos exteriores e interiores, dieron al Madrid una ventaja cómoda que llegó a los doce puntos, recién comenzado el segundo cuarto.De ahí al final, un espectáculo muy deficiente del equipo de Scariolo, tanto en ataque como en defensa: los macabeos fueron dominantes con un ataque incisivo y la inspiración de Lonnie Walker y sus colegas. Por su parte, el Madrid jugó con el esquema ofensivo de las últimas semanas: ninguno. No se adivina un solo movimiento que esté bien trabajado, más allá de un juego bastante improvisado, o liberado, o de aclarados, con escasos apoyos tanto en el poste alto como en el lado débil. En realidad, se juega a muy poco, en esa franja de rendimiento que está condicionada en exclusiva por el acierto personal de los jugadores.
Como anoche algunos tiros fueron entrando, concretamente de Campazzo y Hezonja, el Madrid se fue sujetando a pesar de la mayor eficacia del juego israelí. No fueron esta vez los nuevos los que sujetaron al equipo en ataque, aunque fue Lyles de nuevo el mejor, absorbiendo faltas y reboteando en ambos aros, hasta alcanzar las dobles figuras (16p, 10r, 29 val). Facu y Mario mostraron versiones mejoradas con respecto a sus últimas actuaciones, pero sin brillar. Del resto, aparte la energía de Garuba, poco que mencionar.
Y eso que jugaron contra cinco. Porque Maccabi se apoyó en cinco jugadores, que reunieron cerca del 80% de los minutos del equipo. No hubo cansancio, no bajaron el pistón con un acierto formidable, especialmente cerca del aro. Tanto es así, que su cifra de rebotes fue escandalosamente baja. Sin pérdidas, martilleando el aro blanco una y otra vez desde sus inmediaciones, ante una defensa blanca que parecía mantequilla caliente.
Esta es la cuestión: la defensa colectiva madridista es inexistente. Lo fue hace una semana en la misma ciudad, lo fue en el coliseo blanco ante San Pablo Burgos el domingo, y lo fue de nuevo anoche ante los chicos de Oded Kattash, que se dio cuenta enseguida de la bicoca que le ofrecía su contraparte Scariolo.
Poco más cabe señalar. A estas alturas, el Madrid sigue sin ganar fuera, y sin apenas convencer dentro, o sea en Goya. Y caer ante Virtus, Estrella Roja o Maccabi no podía entrar en el guion. Se ocupa zona media, pero claro, ahora llegan los deberes más contundentes: recibir a Fenerbahce, visitar Barcelona y Valencia, y recibir después a PAO y al entonado Zalgiris de Kaunas.
Así que todo indicaría que el equipo blanco llegará a diciembre en la misma penosa situación en la que el año pasado tocó remar media temporada para llegar con vida a la fase de eliminatorias. Pero esta columna suele equivocarse casi siempre, de modo que será posible confiar en una pequeña resurrección de los chicos de Sergio Scariolo que, al fin y al cabo, es el primer capitán (y responsable) de esta nave.
Habrá que retomar el asunto de la regresión a la media, que representa el nivel real del equipo, a la vista de los sucesivos duelos que viene manteniendo en las diversas competiciones. El batacazo de Belgrado ante Crvena Zvezda, tras un par de victorias tranquilizadoras en el Palacio, devolvió las dudas al equipo que comanda Sergio Scariolo junto con un staff técnico bastante poblado de mentes pensantes. Repetía visita el Madrid a la capital serbia, esta vez en el Aleksandar Nikolic Hall, donde el Maccabi de Tel-Aviv ha jugado hasta la fecha sus partidos como local, situación que por cierto va a terminar próximamente ante el contexto de pacificación, al menos por ahora, del conflicto en Gaza.Y tropezó de nuevo el equipo blanco. Por un punto, tras un espléndido triple de Tamir Blatt, bien tirado desde nueve metros a falta de cuatro segundos. Y también, tras una mala ejecución de Mario Hezonja en la jugada final, donde no dobló el balón a Usman Garuba, mejor colocado para el buzzer beater.