rechazo al plan de la competición

La hoja de ruta de la Euroliga, o el fin del baloncesto europeo tal y como lo conocemos

La ACB se opone a la hoja de ruta aprobada por la Euroliga, que le quita la cuarta plaza asegurada que tiene desde 2016, pero poco puede hacer más allás de quejarse

Foto: Real Madrid y CSKA de Moscú con dos de los once clubes con Licencia A de la Euroliga. (EFE)
Real Madrid y CSKA de Moscú con dos de los once clubes con Licencia A de la Euroliga. (EFE)

A partir de 2020, las ligas irán por un lado y la Euroliga irá por otro. El hilo que une la competición de clubes más importante del baloncesto europeo con las competiciones nacionales se romperá a final de la próxima temporada. Ya no habrá equipos clasificados por méritos deportivos en sus ligas, o para ser más exactos: esos méritos deportivos no serán suficientes. Dieciséis de los 18 participantes serán elegidos por la Euroliga a través de distintas fórmulas y dos entrarán desde la Eurocup, la competición filial.

La decisión, toda una revolución en el panorama deportivo europeo, ha sido recibida con rechazo. La ACB criticó la arbitrariedad del nuevo sistema de acceso, la Unión de Ligas Europeas (ULEB) señaló que supone la negación de los principios fundamentales del deporte europeo y la Asociación de Baloncestistas Profesionales acusó a la Euroliga de negar la esencia misma del deporte, tras lo que habría que preguntarse si opina lo mismo de la NBA.

En los últimos años, la Euroliga ha tomado varias decisiones que han chocado con los intereses de las ligas, sobre todo la ACB, que todavía tiene 18 equipos y es la de mayor duración. La primera fue el cambio de formato: de una competición con varias fases de grupos se pasó a una liga de 16 equipos, con el consiguiente aumento del número de partidos. Más tarde llegó la negativa a dejar libres las fechas elegidas por la FIBA para jugar sus 'ventanas'. Ya en los últimos meses aprobó la ampliación a 18 equipos, lo que llevó al retraso de las fechas de la Final Four para hacer hueco a las jornadas extra. Por último, la modificación de los criterios de acceso, que elimina la clasificación a través de las competiciones nacionales.

El CSKA de Moscú ganó la última final de la Euroliga, disputada en Vitoria. (Reuters)
El CSKA de Moscú ganó la última final de la Euroliga, disputada en Vitoria. (Reuters)

A partir de la temporada 2020-2021, ninguno de los 18 equipos participantes en la Euroliga se habrá ganado su plaza de manera directa por su rendimiento el curso anterior en su liga. Once serán los poseedores de la Licencia A (entre ellos el Real Madrid, FC Barcelona y Baskonia). Otros dos serán el ASVEL Villeurbanne y el Bayern de Múnich, que hace unos meses recibieron una invitación bienal. Dos más saldrán de la Eurocup, que clasificará al campeón y subcampeón. Y los tres restantes serán invitados, con preferencia para un equipo de la Liga Adriática.

El paso dado por la Euroliga rompe con la tradición deportiva europea, que desde hace décadas siempre ha seguido el mismo principio: el rendimiento en las competiciones nacionales clasifica para las internacionales. Con más o menos cambios, esa idea se ha mantenido. La Euroliga ya introdujo una gran modificación hace una década con la creación de las Licencias A, que daban acceso a la competición durante varios años independientemente del resultado en la liga (esas licencias podían perderse). Se convirtió en una competición semicrerrada, pero aún había sitio para los mejores equipos de la ligas, que podían acceder de manera directa o a través de una fase previa.

El cambio de formato de 2016 redujo esa vía de entrada. Se pasó a una liga compuesta por los 11 clubes con Licencia A, el campeón de la Eurocup, el campeón de Alemania, el de la Liga Adriática y los mejores clasificados de España y VTB League que no tuvieran ya la licencia. A duras penas, pero los méritos deportivos aún sobrevivían. En 2016, la ACB firmó un acuerdo con la Euroliga que le dio esa cuarta plaza que han disfrutado Valencia Basket (dos veces) y Herbalife Gran Canaria. Ese acuerdo es de cuatro años y no será renovado.

Jordi Bertomeu, director ejecutivo de la Euroliga. (EFE)
Jordi Bertomeu, director ejecutivo de la Euroliga. (EFE)

Lo normal es que si un equipo que no sea el Madrid, el Barcelona o el Baskonia gana la Liga Endesa, la Euroliga le dé una de las tres invitaciones, pero no lo sabrá antes del comienzo de la liga, lo que supone un cambio sustancial en las condiciones actuales. La Euroliga podrá premiar a equipos que lo hagan bien en sus ligas, pero también tendrá en cuenta criterios económicos, como ya ha hecho en más de una ocasión, véase el caso del Darussafaka. Nadie podrá impedirlo.

La ACB ha recibido una de cal y otra de arena de la Euroliga. Le quita la cuarta plaza, pero a cambio elimina el límite de equipos por país y da una más a la Eurocup, competición dominada por equipos españoles: en la última década, dos la han ganado y otros tres han jugado la final. Pero es un camino más largo. Ya no bastará una gran temporada para entrar en la Euroliga (por ejemplo llegando a semifinales de la Liga Endesa), ahora será necesario enlazar dos y llegar a la final de la Eurocup en la segunda.

A este paso solo hay dos finales posibles para la Euroliga: o pasa a la historia como la competición que impulsó una profunda transformación del deporte europeo o fracasa. No hay término medio porque no parece que vaya a frenar. Los clubes que la componen avanzan en su hoja de ruta. Dentro de unos años llegará la ampliación a 20 equipos. Y luego vendrá otra modificación que ahonde más en esa desconexión de las ligas que ya es una realidad.

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