CASI NADIE VIVE DEL BALONCESTO

¿Qué fue de la 'generación Rubio'? Así ha terminado el equipo que tocó el cielo en 2006

En Linares, Jaén, la España de baloncesto liderada por Ricky Rubio se coronó campeona de Europa y muchos apostaron por que esa generación pronto triunfaría en la élite... No fue así

Foto: Selección española cadete de 2006 al completo, con Ricky Rubio (dorsal nueve).
Selección española cadete de 2006 al completo, con Ricky Rubio (dorsal nueve).

A falta de segundo y medio para el final del partido, Rusia ya celebraba el oro. Un triple había roto el empate. El título era suyo. Sin tiempo para más, Ricky Rubio recibió en medio campo, se elevó desequilibrado por encima de tres defensores y anotó sobre la bocina una canasta maravillosa, “la más especial de todas”, según palabras del propio jugador, para llevar el encuentro a la prórroga. El Pabellón Jiménez Serrano de Linares (Jaén) enloqueció. El público se frotaba los ojos, también los rusos, descorazonados. Nadie se creía lo que había visto y, sin embargo, todos coincidían en una cosa: había nacido una estrella. Los números al final de ese encuentro hablan por sí solos: 51 puntos, 24 rebotes, 12 asistencias y siete robos. Desde aquel lejano agosto de 2006 no se ha vuelto a repetir una salvajada individual parecida en ningún otro campeonato de Europa cadete. Fue, sin ninguna duda, la primera exhibición seria del que acaba de terminar su temporada más destacada en la NBA. Él ha llegado a lo más alto, ¿y sus compañeros?

Ricky, que 10 meses antes, con tan solo 14 años de edad, se había convertido en el jugador más joven en debutar en ACB, escribió un nuevo capítulo en su temprana historia y comandó a la selección española hacia su primer título continental en la categoría. Las comparaciones con los Júniors de Oro, el grupo formado por Juan Carlos Navarro, Pau Gasol, etc., que venció a Estados Unidos en la final del Mundial de Lisboa en 1999, no se hicieron esperar. Los gurús del deporte avistaron a una nueva generación capaz de llevar al baloncesto español a una dimensión aún mayor, de dominio absoluto, pero las predicciones no se cumplieron.

Excluyendo a Ricky, de los 12 integrantes de aquel fantástico equipo solo cinco llegaron a la ACB. Son Alberto Jódar, David Guardia, Jorge Romero, Álex Hernández y Dani Pérez. A estas alturas, con todos ellos casi en la treintena, ninguno ha vestido los colores de la absoluta y únicamente los dos últimos han disfrutado de continuidad en la Liga Endesa. El resto desarrolla su carrera en ligas menores, mientras algunos ya han abandonado definitivamente el baloncesto. Todos, antes o después, tuvieron que lidiar con las dificultades de este deporte en nuestro país, más dado a conceder oportunidades a extranjeros —casi el 70% de las fichas en ACB— que a gente de la casa. También con la mala suerte, los problemas económicos de los clubes y con el estancamiento de su nivel baloncestístico.

El escudero de Ricky ya no echa ni pachangas

De todas, la historia de Alberto Jódar es una de las más llamativas. El madrileño era una de las grandes perlas de la cantera nacional. “Decían que era el escudero de Ricky, su gran apoyo en la pista”, recuerda. Alero alto y con un tiro de tres extraordinario, el Real Madrid se fijó pronto en él tras despuntar en las categorías inferiores del Fuenlabrada. Sin embargo, las lesiones lastraron su paso por el club merengue, entonces dirigido por Ettore Messina, y también por el Lucentum Alicante, donde firmó su último contrato profesional. “El primer año con Alicante fue fantástico, en el segundo me lesioné de gravedad y empecé a ver cosas raras. El club y los compañeros dejaron de hablarme. Fue horrible”, se sincera.

Fue en ese momento, en 2013, cuando dejó de disfrutar y empezó a valorar seriamente la retirada: “Volví con mis padres a Madrid. Estaba muy tocado y necesitaba reflexionar sobre todo lo que había pasado. Decidí apartarme. Fue una decisión muy meditada, ya no daba más de mí”. Ahora, despojado de la presión del deporte profesional, es feliz. Estudia el último curso de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Carlos III y tiene en mente irse a vivir a China cuando pase el verano. “Sé hablar español e inglés, con el chino ya podría comunicarme con todo el mundo. Me abrirá muchas puertas a nivel profesional. Es mi reto”. Con todo, sorprende que ya no juegue al baloncesto, ni siquiera pachangas con los amigos. “Mantengo mis rutinas, pero ya no me pica el gusanillo de echar unas canastas”, sentencia.

Alberto Jódar era una de las mayores promesas del baloncesto español en 2006.
Alberto Jódar era una de las mayores promesas del baloncesto español en 2006.

Alberto Jódar tiene en mente mudarse a China cuando termine la carrera de Ingeniería Aerospacial.
Alberto Jódar tiene en mente mudarse a China cuando termine la carrera de Ingeniería Aerospacial.

La boda a la que está invitado Rubio

Otro de los jugadores de aquella selección destinado a grandes cosas era Armand Solé, el mejor amigo de Ricky. Ambos se conocieron en infantiles del Joventut de Badalona, ganaron la Minicopa juntos y forjaron una gran amistad. Pero tras el Europeo, mientras el base despuntaba en profesionales, la progresión del escolta sufrió un revés importante, pues no se terminó de adaptar a la categoría júnior. “Me encontré con muchas limitaciones, entre ellas, la altura. Mi último entrenador en Joventut tampoco me motivaba demasiado y me planteé priorizar los estudios”. Finalmente, se decantó por el 'marketing online' y ahora es director de Operaciones en una empresa de Barcelona. Eso sí, al contrario que Jódar, en estos años no ha dejado de pisar las canchas. “Monté un equipo con otros colegas en el colegio donde estudié. Hemos jugado por Cataluña, pero he tenido que parar porque quería tener los fines de semana libres para hacer cosas con mi pareja”. Y es que este año se casa. “Por supuesto, Ricky está invitado”, comenta ilusionado, pues no ha perdido contacto con el de El Masnou.

"Esto va de coger trenes, y los míos pasaron"

Casado está ya Julio Sosa, conocido como el ‘pitbull’ del grupo por su gran espíritu de lucha. Criado en las inferiores del Baloncesto Sevilla (ahora Real Betis), su última experiencia baloncestística fue con el CB Andratx de Mallorca en 2015, en categoría EBA, donde decidió poner punto y final a su carrera. “Ascendimos y estuvimos todo el verano peleando para salir en LEB, pero por falta de patrocinio no pudo ser y me acabé hartando”, indica, no sin dejar claro que para seguir dando vueltas por 400 o 500 euros no le merecía la pena. Volvió a Sevilla y se puso a trabajar en una empresa de herrajes, algo que nunca imaginó. “Yo no sabía ni lo que era una bisagra, pero con trabajo y esfuerzo, ya me he acostumbrado”, asegura. A pesar de todo, no se arrepiente: “Esto va de coger trenes, y los míos pasaron. Tampoco tuve un buen representante que me pudiera defender y aconsejar”. Tras un tiempo apartado de las pistas, espera volver pronto, pero ya como entrenador.

El consultor financiero del equipo

En la boda de Sosa estuvo presente Pepe Zapata, compañero desde los 10 años en la capital hispalense y otro de los integrantes de aquel combinado nacional. La mala fortuna hizo que su carrera se truncara muy pronto. “Con 20 años, me dieron un codazo en el ojo y me aconsejaron dejar el baloncesto porque cualquier otro golpe fortuito me podría provocar un desprendimiento de retina”, afirma con pesar. La noticia le dejó tocado: “Me quedé en 'shock', estaba acostumbrado a la rutina del baloncesto y de repente todo se acabó. Fue frustrante, durante un tiempo di clases a chavales por quitarme el mono”. Tras sacarse la carrera de Empresariales en Badajoz, se trasladó a Madrid, donde trabaja como consultor financiero en una casa de apuestas.

Tampoco viven del baloncesto Iker Amutxastegi y Nacho Esteban. El interior vasco lleva cinco años fuera de España, en Mánchester, donde aprovechó para jugar un año en los Giants de la Primera División inglesa (BBL) mientras terminaba sus estudios de electrónica, que es a lo que hoy en día se dedica. Por su parte, Esteban dejó el baloncesto hace menos, en 2016, tras una vida en Primera Nacional defendiendo la camiseta de un histórico del deporte madrileño como es el Liceo Francés. Ahora es ingeniero industrial y trabaja en una empresa ferroviaria.

Jorge Romero. (Foto 1: Carlos Parada / Foto 2: FIBA Europe/Surralles)
Jorge Romero. (Foto 1: Carlos Parada / Foto 2: FIBA Europe/Surralles)

El psicólogo que debutó con el Madrid

Entre los que aún compiten, Jorge Romero, antes apellidado Santana, fue otro de los proyectos más interesantes de aquella hornada. Su nombre saltó al primer plano de la actualidad cuando, dos meses después del Europeo, fue elegido por el mismísimo Michael Jordan para viajar a Nueva York y enfrentarse a los mejores jugadores del mundo. “Jugar en el Madison fue alucinante, no sabía si reír o llorar. Tuve un cúmulo de sensaciones que no sé si volveré a vivir nunca”, recuerda emocionado. En 2008, siendo todavía muy joven, jugó dos partidos en ACB con el Madrid. Uno en liga, debutando junto a Nikola Mirotic, y otro en 'playoffs', frente al Baskonia. A partir de ahí, ya no volvió a aparecer en el primer equipo y comenzó un extenso peregrinaje por LEB Oro que finalizó el año pasado, cuando bajó con el Marín Peixegalego a Plata, y de inmediato, por motivos extradeportivos, a EBA.

Pese a que recibió ofertas para continuar en el segundo escalón nacional, ninguna le interesó. Su deseo de terminar Psicología y tomarse el baloncesto con más calma fueron motivos suficientes para quedarse en el club. No se arrepiente de nada cuando echa la vista atrás y, pese a que le hubiera gustado disfrutar más en ACB, opina que “no todo depende de uno mismo” y que “hay jugadores que llegan pasados los 30”. Lo importante, según él, es “disfrutar del proceso”.

MVP en 2008 y con ideas de (ser) bombero

En EBA está también David Guardia. El MVP del Campeonato de España Júnior de 2008 tuvo la oportunidad de crecer profesionalmente en Alicante. Allí alternó el filial con la ACB hasta que decidió probar suerte en LEB, pero los números no le acompañaron. Su mejor versión la ha mostrado en EBA, primero en el filial del Valencia, donde incluso tuvo la oportunidad de ayudar al primer equipo en encuentros de Euroliga y Eurocup, y ahora en el Llíria. Ve su futuro ligado al básquet, aunque no a cualquier precio, por eso se prepara para bombero. “Por mi nivel podría estar en LEB, pero en estas categorías te exigen ser un profesional sin ni siquiera pagarte un sueldo como tal. Es una vergüenza. La vida pasa y uno se acaba quemando”, denuncia.

Mismo análisis comparte Toni Vicens: “Las ligas de segunda en España están fatal económicamente y, pese a todo, son competiciones muy exigentes que te roban mucho tiempo por viajes y entrenamientos”. Hastiado, el pívot decidió emigrar este año hasta Austria, donde ha jugado para los Lions Dornbirn. La temporada no le ha ido nada mal, pues ha sido el máximo anotador de la liga y ahora espera que su esfuerzo sea recompensado con un contrato mejor, posiblemente en Francia. Aunque no renuncia a su sueño de jugar en ACB, el balear alerta de que “con las trampas que hacen los clubes en cupos y pasaportes, los jugadores nacionales tienen casi imposible llegar arriba”. Su próximo objetivo es sacarse el curso de marinero y capitán de barco, pues cuando se retire quiere dedicarse a ello en su tierra, Mallorca.

Álex Hernández es uno de los pocos integrantes del equipo de 2006 que hizo carrera en la ACB. En la actualidad juega en el Stelmet Zielona polaco.
Álex Hernández es uno de los pocos integrantes del equipo de 2006 que hizo carrera en la ACB. En la actualidad juega en el Stelmet Zielona polaco.

Tampoco son ajenos a la realidad del baloncesto español los dos únicos jugadores que han gozado de recorrido en ACB, Álex Hernández y Dani Pérez, pues ambos han estudiado la carrera de Administración y Dirección de Empresas (ADE) para afrontar el futuro con más tranquilidad. Al murciano, exbase de Manresa durante seis años, todavía le faltan unas pocas asignaturas para terminarla. Lo hace desde Polonia, en las filas del Stelmet Zielona, campeón nacional y equipo de la FIBA Champions League. Pérez, ya graduado, disfruta en San Sebastián de una nueva oportunidad en Liga Endesa con Gipuzkoa. Compañeros en la cantera del Barça, conocen mejor que nadie las dificultades existentes en España. “El jugador español se encuentra totalmente desprotegido. Aquí en Polonia los equipos tienen que tener un mínimo de seis jugadores nacionales y dos de ellos siempre en pista", advierte Hernández. "Veo imposible que esta norma se pueda aplicar en nuestro país para desgracia de muchos”. Pérez añade sin paliativos: "Se valora más un apellido americano, croata o serbio. Mi club es una pequeña isla, casi todos somos españoles que venimos de LEB y estamos demostrando que no somos tan malos”.

"Son mis hermanos, aunque ya no nos vemos"

Casi doce años después de aquel Europeo apenas mantienen el contacto entre ellos, pero todos aseguran que la magia de Linares les unió para siempre. Así lo ve Armand Solé: “Son mis hermanos. Ya no nos vemos por razones obvias, pero siempre les tengo presentes”. Por su parte, Toni Vicens no puede evitar emocionarse con viejas anécdotas, casi todas con Jota Cuspinera, el entrenador y máximo artífice de aquel éxito, como protagonista. “Cada noche antes de acostarnos nos leía un libro con historias repletas de moraleja que nos hacían pensar y nos mantenían motivados para cada encuentro”. Aquel libro, titulado 'La buena suerte', lo guardan como un tesoro él —con dedicatoria exclusiva del propio técnico— y David Guardia. También lo recuerda perfectamente Alberto Jódar, que volvió a revisarlo hace unos pocos años. “Me di cuenta que tenía todo el sentido del mundo. Te explicaba cómo atraer la energía positiva a tu vida. Jota nos hizo creer que podíamos ganarle a cualquiera”, dice.

España no llegó como favorita a aquel torneo, pero la labor psicológica de Cuspinera, la gran afinidad del grupo y el apoyo de toda la afición jiennense durante el mes y medio de concentración marcaron la diferencia. “No podíamos ir por la calle, todo el mundo se paraba para hacerse fotos y pedirte autógrafos”, dice Iker Amutxastegi. “Parecíamos el Madrid. En el hotel siempre teníamos gente y en los partidos había cola una hora antes de empezar”, detalla un Julio Sosa aún sorprendido. “Dejábamos que Ricky saliera el primero para que la gente se centrara en él y nosotros pudiéramos pasar desapercibidos”, sostiene entre risas Guardia.

David Guardia (d), junto a Ricky Rubio (i) y un jovencísimo Alberto Díaz (c), hoy jugador de Unicaja.
David Guardia (d), junto a Ricky Rubio (i) y un jovencísimo Alberto Díaz (c), hoy jugador de Unicaja.

Un triple con ayuda desde el cielo

La Selección llegó inmaculada a la final, con pleno de victorias. Tocaba Rusia, una sorpresa. “Ricky y yo teníamos un motivo especial para ganar el oro”, recuerda Solé. Así era porque durante las semanas anteriores al torneo ambos recibieron la triste noticia del fallecimiento de Guillem Reventós, compañero en las inferiores del Joventut, como consecuencia de un accidente de tráfico. No se contemplaba otra posibilidad, la victoria era el mejor modo de homenajearle. “Aquel triple no lo metió solo él, estoy seguro”, explica conmovido el catalán.

Sin embargo, antes de aquella canasta desde media pista que pasaría a formar parte de la memoria colectiva de todos los aficionados al baloncesto, Rusia metió otra de mucha categoría que le puso por delante a falta de segundo y medio para el final. “Un triple desde ocho metros y en carrera. Lo metieron en mi cara —lamenta Jorge Romero— me quedé destrozado”. Con el partido agonizando, Sosa fue el encargado de sacar de fondo. “Cogí la pelota sin saber muy bien qué hacer, Ricky me pidió que se la pasara larga", narra. "Y cuando vi el vuelo que cogía sabía que iba a pasar algo grande”. Jódar, que estaba bajo la canasta rival, tuvo una vista inmejorable de la jugada: “Pegó a tablero y entró. Me quedé dos segundos paralizado y cuando me giré estaba todo el mundo abrazándose, no me lo creía”. Tampoco Cuspinera, en proceso de felicitar al seleccionar ruso cuando Ricky obró el milagro.

Aquel triple valió la primera de las dos prórrogas del encuentro, que no la victoria, y desató al genio de El Masnou, que se marcó un tiempo extra antológico. “Lo hacía todo fácil, fue un recital”, destaca Amutxastegi. “Estaba varios pasos por encima del resto, dominaba como quería el juego”, remarca Hernández. España necesitó 110 puntos para doblegar a una combativa Rusia (106), mucho más física, en un duelo repleto de emoción, sudor y un inmenso estallido de locura. La alegría de los españoles contrastaba con la del resto de selecciones del torneo que, presentes en la final como espectadoras, salieron cabizbajas del pabellón tras la derrota visitante. “No querían que ganáramos porque jugábamos en casa, pero a falta de centímetros le pusimos talento e ilusión. Fue perfecto”, comenta Sosa.

El de 2006 fue el primer oro de España en el Campeonato de Europa cadete masculino.
El de 2006 fue el primer oro de España en el Campeonato de Europa cadete masculino.

Entre gritos de ‘campeones, campeones’ y acordes de Queen, España levantó su primer título europeo cadete de la historia. La emoción invadió a todos los jugadores, que se abalanzaron los unos encima de los otros en una entrañable piña. “En mi vida me imaginé ganando un Europeo con la selección y mucho menos de esa manera”, asegura Jódar. “He vivido 'playoffs' y partidos al límite para subir de división, pero lo que sentí en Jaén no se ha vuelto a repetir”, indica Vicens. Cuspinera acabó en la ducha, como todo el cuerpo técnico, y Ricky fue elegido MVP del torneo en un verano histórico para el baloncesto español, pues apenas un mes más tarde los Gasol y compañía se proclamaron en Japón campeones del mundo.

Más de una década después, de la mayoría no se escriben artículos ni se habla en tertulias radiofónicas o televisivas. Su historia es como la de otros muchos niños que sueñan con ser grandes estrellas, no todos pueden conseguirlo. “A pesar del impacto mediático, la mayoría de mis compañeros nunca nos creímos los mejores. La prensa tiende a magnificar mucho, enseguida te encumbran, pero luego no se acuerdan de ti si no has seguido el camino que esperaban”, señala Romero. Iker Amutxastegi y Nacho Esteban comparten la misma idea: “Ganar un Europeo cadete con 16 años no te abre las puertas de nada. Hay que estar preparado para lo que pueda venir. El éxito es trabajar de lo que a uno le gusta y, en nuestro caso, parece que lo hemos conseguido”. Cada situación es una nueva oportunidad para mejorar y superarse, dicen. Como aquel libro que les leía Cuspinera, 'La buena suerte', esa que, cerca o lejos del baloncesto, han sabido perseguir y encontrar.

Baloncesto

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios