NINGUNO SUELE SUPERAR LOS 25 MINUTOS

El reparto de minutos de Laso, clave en el éxito de un Madrid camino de ser leyenda

Laso ha logrado hacer ver a cada uno de los integrantes su rol en el equipo. Nadie protesta en el Madrid, en que por encima de todo brilla el grupo

Foto: Pablo Laso sigue edificando su leyenda (Efe).
Pablo Laso sigue edificando su leyenda (Efe).

No parece tener techo el Madrid liderado por Laso en el banquillo y Sergio Rodríguez en la pista. Acabado el 2013, el equipo blanco ha cimentado su leyenda en un tipo normal como es el técnico vitoriano. Fruto de esa normalidad, ha logrado hacer ver a cada uno de los integrantes su rol en el equipo. Nadie protesta en el Madrid, que más que un equipo ha formado una pandilla de amigos. El reparto de minutos, nadie suele superar los 25 minutos por encuentro, habla del excelente fondo de armario de Laso.

Calmada la sección de baloncesto, alejada de las estridencias de Ettore Messina, la llegada en 2010 de Pablo Laso ha serenado a una sección tan histérica como falta de autoestima. Desde el sentido común, el técnico ha sabido conjugar el talento de una plantilla de alturas con una riqueza táctica y estratégica que su equipo no nota en exceso. Poco importa que sobre la pista este Felipe Reyes o Bourousis, Carroll o Darden. El equipo funciona

Cada jugador conoce su papel en los distintos partidos que se juegan dentro del encuentro. Es ahí donde el cuerpo técnico madridista ha logrado explotar cada veta que le ofrece la plantilla. El partido ante el Barcelona escenificó el gran momento de forma del grupo, cimentada desde el aspecto psicológico. Bien es cierto que no fue el partido más brillante del Madrid en lo que va de curso, pero en ningún momento dudó, seguro de que en cualquier momento cogería pista para despegarse en el tanteo.

Ante el Barcelona, sin ir más lejos, fueron Slaughter y Reyes quienes frenaron la sangría en el rebote defensivo en segundo cuarto para coger vuelo en el encuentro. Dos jugadores que no forman parte del quinteto inicial, que ni siquiera figuran entre los jugadores con más minutos, y que sin embargo son capaces de ganar partidos.

“Por encima de todo, quieren ser mejores jugadores de baloncesto”, contaba Pablo Laso en una entrevista a las cámaras de Teledeporte. Resulta admirable la capacidad de sacrificio de hombres como Slaughter o Draper. Jugadores que podrían ser titulares en una gran parte de equipos punteros en Europa y que sin embargo exprimen al máximo los minutos que le ofrecen en pista.

Pocos aspectos son tan llamativos como el entusiasmo que ofrecen los hombres de la segunda unidad. Sabedores de su papel secundario, pero conscientes que desde su función también pueden ser capaces de ganar partidos. Hombres como Draper, asumen una dificultad añadida como es la de subirse normalmente a trenes en marcha, con el equipo ya en ventaja. Es el hombre de los “terceros cuartos”, cuya  misión no es otra que sostener la marabunta desatada por el Chacho y compañía en los minutos anteriores.

Si se analiza uno a uno las plantillas de Madrid y Barça, la calidad de sus hombres no difiere en exceso, incluso en muchas comparaciones salen ganadores los azulgranas. Pero es en el peso de los hombres de segunda línea donde reside, a día de hoy, la diferencia de los dominadores del baloncesto español en los últimos cinco años. Hombres como Slaughter, Darden o Draper son capaces de ganar partidos. Cosa que a día de hoy no pueden decir Lampe, Papanikolau o Pullen. Es el fruto de la excelencia en un equipo que ya es eterno.

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