la gran historia de los indígenas triqui

Los 'niños descalzos' de Oaxaca hacen más grande el mundo del baloncesto

Juegan descalzos porque se sienten más cómodos. La pobreza les obligó a ello. Los indígenas triqui de Oaxaca (México) protagonizan esta gran historia

Han sido recibidos en México como héroes. Pequeños deportistas que desde hace tiempo llamaron la atención de todo un país. Niños que sueñan con jugar algún día en la NBA, pero que por el momento tienen que olvidar la pobreza que les rodea en un lejano estado jugando al baloncesto sin zapatillas. Son los ‘niños descalzos’, pequeños indígenas triqui de Oaxaca, que la pasada semana ganaron el cuarto Festival Internacional de Minibasquet celebrado en Argentina. Tanto el equipo masculino como el femenino se impusieron en este certamen. Todo un hito…

Aunque pueda parecer un torneo menor, no lo es. Y mucho menos cuando está auspiciado por la Federación de Baloncesto de las América (FIBA). Desde 2010 se celebra esta competición, cuyo objetivo es ofrecer oportunidades de desarrollo a los niños de las zonas pobres de América. Y los últimos campeones son unos mexicanos que se han acostumbrado a jugar con los pies descalzos. Cosas de la pobreza… La historia de estos pequeños héroes anónimos comenzó hace cuatro años. Ahora es una firme realidad que quieren copiar en otras zonas pobres de América.

Si estos pequeños héroes juegan descalzos es porque se acostumbraron a hacerlo desde que comenzaron a botar un balón. Muchas veces tienen que pedir permiso a los árbitros para volar sobre las canchas sin calzado. Diferentes patrocinadores y particulares donan material deportivo, pero los niños prefieren no usar zapatillas. No quieren desgastarlas jugando al baloncesto, y de esta manera pueden utilizarlas durante más tiempo en su vida cotidiana. La otra razón es que se sienten incómodos jugando con calzado. Se han acostumbrado a correr con los pies descalzos y las zapatillas les producen ampollas. En tres canchas de baloncesto y un campo de fútbol que se emplea para realizar ejercicios físicos se ha gestado este pequeño milagro. La temperatura de la cancha muchas veces alcanza los 40 grados. El cemento arde, pero prefieren sentir el calor en las plantas de sus pies. Son niños de entre 8 y 12 años que sólo piensan en encestar cuando juegan.

Tanta repercusión ha tenido la hazaña de estos niños del equipo triqui de la Academia de Baloncesto Indígena de Oaxaca, que en el presupuesto de 2014 del estado se contemplará una partida para apoyar al equipo. Además, ya se prevé la construcción de un complejo deportivo en el cual puedan entrenar estos niños y niñas.

Fue Sergio Zúñiga, un ex jugador profesional, el que en 2009 llegó al noroeste de la región de Oaxaca para ayudar a su población  Pensó que el deporte podía ser una inmejorable herramienta para ayudar a los más desfavorecidos. Y un buen día conoció a los triquis, un pueblo indígena situado al noroeste de este estado. Muy pronto se dio cuenta de que con el tiempo podría ayudar a la comunidad y sobre todo a los más pequeños. En apenas cuatro años sus expectativas se han cumplido.

En esta zona de la Baja California, Sergio Zúñiga encontró un buen caladero, pues el baloncesto era muy practicado. Presentó un proyecto en una comunidad en la que conviven cerca de 25.000 indígenas. Y le costó convencer a sus líderes. Algunos pensaban que era un funcionario del Gobierno y hasta algunos creyeron que era un espía. Pero no… Zúñiga presentó un proyecto que hoy en día ya está consolidado. Al final hizo ver a sus interlocutores que el deporte era un instrumento perfecto para que mejoraran las condiciones de vida de los niños. Y, por encima de todo, para huir del mundo de la delincuencia y las drogas.

Para entrar en este proyecto, los niños tienen que cumplir varias premisas. Para empezar, deben obtener buenas notas en el colegio. Además, deben hablar la lengua triqui; y para acabar, deben estar comprometidos en la vida cotidiana de sus familias, ayudando a diario en las tareas del hogar que les encomienden sus progenitores. Muchos de ellos tienen dificultades para entender y hablar el español. Si no cumplen, ni juegan ni se entrenan. Los pequeños saben que si cumplen, disfrutarán de un extra de suma importancia. Simplemente comer bien… Y es que los fines de semana, cuando se concentran, reciben una buena alimentación, algo a lo que por desgracia no están acostumbrados en su vida diaria.

Pero en este proyecto no todos son facilidades. Zúñiga, su líder, continúa encontrando problemas derivados de la cultura de este pueblo indígena. En esta comunidad todavía sigue siendo una práctica habitual acordar matrimonios a temprana edad mediante el pago de una dote. Por ello, a veces se queda sin alguna jugadora que debe abandonar la comunidad para contraer matrimonio. Hay padres, incluso, que prohíben a sus pequeñas hacer abdominales porque, según ellos, es malo para quedarse embarazadas.

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Los también llamados Gigantes descalzos de la Montaña’ suelen trabajar a diario en el campo, pastoreando animales y recogiendo leña que llevar al hogar. Desde pequeños se acostumbran a trabajar, y en muchos casos ir a la escuela es un lujo que no se pueden permitir. Más de 2.500 niños de la zona quieren jugar al baloncesto en un país en el que este deporte no tiene mucha historia ni tradición. Algunos cumplen su sueño, pero otros no porque sus progenitores les necesitan para sacar adelante la economía familiar. Este proyecto que se puso en marcha en 2009 ha logrado que las aulas de las escuelas comiencen a llenarse. El baloncesto es el instrumento que se emplea para que los niños vuelvan al colegio. Porque al fin y al cabo se trata de un proyecto educativo.

Tres programas son básicos en el desarrollo de este proyecto. Los niños, para empezar, reciben un curso de psicología, en el que se les explica a los pequeños qué deben hacer para desarrollarse como personas y cuáles son sus derechos. Por otra parte, completan un curso de liderazgo y por último otro de risoterapia. Se trata de fortalecer su personalidad y despertar al líder que tienen en su interior. Se trata de que poco a poco pierdan sus complejos por vivir en un lugar pobre y recóndito, que se sientan orgullosos de ser quienes son. Enrique Peña Nieto, presidente de México, escribió en su cuenta de twitter que ‘las victorias del equipo triqui de la Academia de Baloncesto Indígena de Oaxaca son un orgullo para los mexicanos’, muestra de que el proyecto ha calado muy hondo en el país.

El baloncesto les ha dado la oportunidad de conocer otros lugares. Encerrados entre montañas, estos niños han descubierto mundos que ni sabían que existían. El deporte les ha permitido conocer otras zonas del país y ya han salido al extranjero en más de una ocasión. Su último viaje lo realizaron a Argentina, pero ya han disputado algunos campeonatos en Estados Unidos. Con esta experiencia, los ‘niños descalzos’ han comprobado que el esfuerzo, la dedicación y la disciplina son los mejores ingredientes para ser grandes.

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