Café con Juan Carlos Álvarez

El gurú de la longitud que entrenó a Yago Lamela y mima a la nueva estrella española

El madrileño es uno de los mejores entrenadores de saltos del mundo. Antaño lanzador de martillo, acabó especializándose en longitud y triple por casualidad. Impartió clases en colegios

Foto: Juan Carlos Álvarez (i) y Yago Lamela (d). (Fotos: archivo propio y EFE)
Juan Carlos Álvarez (i) y Yago Lamela (d). (Fotos: archivo propio y EFE)

A Juan Carlos Álvarez no le gustan las cámaras. Al mejor entrenador de longitud y triple salto de la historia del atletismo español le place el anonimato. En el Centro de Alto Rendimiento de Madrid (CAR) donde entrena o en la grada durante las competiciones, Álvarez prefiere que los periodistas hablemos y nos centremos en sus pupilos, a los que guía y da forma. Joan Lino, Eusebio Cáceres, Héctor Santos (reciente medallista europeo sub-23) o el siempre recordado Yago Lamela son solo algunos de los saltadores que han pasado por sus manos. "Los protagonistas son los atletas. Ellos son los responsables de hacernos disfrutar. Nosotros, los entrenadores, no tenemos tanto mérito", asegura con un café en la mano a El Confidencial. Le llaman "maestro", "gurú", pero no hace caso. No lleva la cuenta de las medallas que ha conquistado a lo largo de su carrera porque no es especialmente nostálgico. "El mejor día está por llegar, es mi forma de pensar", aclara.

Enorme estudioso, metódico, apasionado de las correcciones y la optimización del rendimiento, Álvarez llegó a la longitud de rebote. Su especialidad en el atletismo no era esa, sino el lanzamiento de martillo. El veneno se lo inculcaron sus hermanos cuando era pequeño. "Me fijaba mucho en ellos porque en aquella época había muy poca información, pocas revistas. Apenas daban nada por la tele. Sonaba todo como muy lejano, descubrías algunas cosas a través de las películas. Admiraba mucho a Yuri Sedij, por ejemplo, que era un fenómeno y todavía ostenta el récord mundial”, señala. Hasta los 22 años estuvo dando guerra en el círculo de forma activa. Fue internacional y campeón de España en 1979, curso en el que también registró su mejor marca personal (66,28 m) antes de retirarse por fuerza mayor. "No pude ser atleta de élite. Llegué a mi tope, en aquellos tiempos era muy complicado. Subsistir de esto era casi un milagro. Tenía que buscarme la vida, ganar dinero y tomé una decisión. Como tenía la carrera de Educación Física di clases en colegios", indica. Por supuesto, no acabó ahí su relación con el atletismo.

Álvarez compatibilizó sus clases a escolares con las de atletas de salto de longitud y triple. La historia es simple, sus pupilos eran sobre todo amigos que se dedicaban a estas especialidades y necesitaban el conocimiento de alguien con estudios para progresar. El madrileño cumplía el perfil y vio una oportunidad. Alberto Solanas e Isabel Mozún, ambos olímpicos, fueron algunos de sus primeros alumnos. "Fíjate como son las cosas que se casaron y ahora entreno a su hijo, Sergio Solanas", cuenta entre risas. Ahí empezó un largo camino para Álvarez que culminó cuando Barcelona fue escogida para albergar los Juegos Olímpicos de 1992: "La federación me hizo profesional. Barcelona 1992 fue un revulsivo total y, además, generó los cauces de entrada de dinero privado (Plan ADO). Se empezaron a contratar técnicos a tiempo completo. Los contratos eran por obra y servicio. En el atletismo fuimos más de 20 los que nos profesionalizamos gracias a ese empuje. Estaba dispuesto a asumir la responsabilidad porque ya llevaba diez años entrenando a atletas importantes y sabía lo que hacía".

Álvarez, junto a sus pupilos Eusebio Cáceres (i), Patricia Sarrapio (c) y Pablo Torrijos (d)
Álvarez, junto a sus pupilos Eusebio Cáceres (i), Patricia Sarrapio (c) y Pablo Torrijos (d)

Los saltos de Lino y Castrejana

"Tuvimos presión, pero fue positiva. Las expectativas eran altas, nos beneficiaba. Aun así, como éramos españoles siempre nos cuestionábamos si, al final, seríamos capaces de ganar después de todo el trabajo. Éramos escépticos, pero luego superamos todas las expectativas. El factor campo hizo mucho. Yo llevé a Jesús Oliván, que no se clasificó para la final, una pena", relata. Álvarez, sin embargo, guarda mejor recuerdo de los Campeonatos de Europa celebrados en Madrid en 2005: "Fueron muy especiales por todo, en general. Carlota Castrejana consiguió el bronce y dos récords nacionales y Joan Lino fue oro y mejor marca mundial del año. Para mí, lo máximo. Teníamos a todas las familias allí en el Palacio de los Deportes. Tuvo una connotación única".

Lino y Castrejana fueron sin duda los dos saltadores que más alegrías le han dado al madrileño en competiciones internacionales. El cubano, nacionalizado español, fue también bronce olímpico en Atenas 2004 y la riojana se proclamó campeona continental de triple en 2007. Dos perfiles de éxito, pero con historias contrapuestas. "Lino tenía una serie de capacidades innatas para la práctica de este deporte. Tenía los sentidos muy agudizados porque había trabajado desde una exigencia incluso poco razonable desde muy joven en Cuba. Tenía un gen competitivo bárbaro", y añade: "Con Carlota me tuve que reciclar completamente. Me llegó con 25 años y sin haber saltado en la vida. Tuve que enseñarle de cero. Fue un reto importante. El atletismo no es como un tutorial de YouTube, no hay una fórmula mágica. Manejé hasta tres tipos de planes con ella, pero por suerte el 'A' salió bien. De todos he aprendido cosas. Hay atletas que necesitan más entrenamiento que otros, pero lo importante no es el volumen sino la calidad en el ejercicio. A veces menos es más".

"Pudo haber conflictos deportivos, estrés... pero me guardo para mí todo lo que vino después. Su caída, su inicio con el tratamiento... Fue duro"

Sin embargo, ninguno de ellos fue tan mediático como Yago Lamela. Capaz de saltar hasta 8,56 m, cayó en desgracia en 2014, cuando le hallaron muerto en su casa de Avilés (Asturias). Lamela, el mejor representante del atletismo español a finales de los años noventa y principios del siglo XXI, sufrió un declive progresivo, tanto deportivo como mental, que le obligó a tratarse a nivel psiquíatrico. Una travesía por la cara más oscura del deporte que terminó de la peor manera posible. Cinco años después del fallecimiento del gran héroe de la longitud española, a Álvarez aún le cuesta hablar del tema. "A mí, personalmente, todavía me duele. Era un gran chico, un tipo excelente. Cuando lo empecé a entrenar estaba en una nube porque acababa de realizar ese gran salto con Juanjo Azpeitia. Luego empezaron los problemas con las lesiones. Su última competición de verdad fue en los Juegos de Atenas del 2004. Posteriormente intentó volver a ser el mismo, pero ya no lo consiguió. Pudo haber conflictos deportivos, estrés... pero me guardo para mí todo lo que vino después. Su caída, su inicio con el tratamiento... todo aquello fue duro y prefiero no removerlo”, apunta.

Álvarez también lo pasó mal con quien estaba destinado a ser el sucesor de Lamela, Eusebio Cáceres, al que todavía dirige. El alicantino, natural del municipio de Onil, saltó a la fama muy pronto, cuando se colgó el oro continental en categoría sub-23 con su mejor marca personal de siempre (8,37 m). Tenía 21 años. A partir de ahí, una sucesión de visitas constantes a la enfermería. "Si una determinada lesión se repite en el tiempo es normal que al atleta le suponga una pérdida de confianza grande. Él es muy fuerte a nivel psicológico y le da igual lo que la gente y los medios piensen. Durante un tiempo estaba desorientado porque no encontraba su forma de saltar y se frustraba. Claro, el cuerpo después de tanta recaída se protege inconscientemente para no volver a hacerse daño. Entrenamos para mejorar su técnica, que la había perdido, y para fortalecer su musculatura. Ahora está muy bien. Mi deseo más fuerte del año es que vuelva a saltar como antaño. Se debe una medalla”.

Álvarez, dando instrucciones a Pablo Torrijos durante los pasados Europeos de Glasgow. (@ptorrijos916)
Álvarez, dando instrucciones a Pablo Torrijos durante los pasados Europeos de Glasgow. (@ptorrijos916)

Siete atletas por encima de 8 m

Tras 40 años como ténico, el madrileño acumula ya hasta siete atletas que han superado los ocho metros en longitud. El último en conseguirlo, Héctor Santos, de 21 años. El onubense, la nueva estrella en ciernes, se subió al segundo cajón del podio este julio con un espectacular 8,19 m en los europeos sub23 de Suecia. “Hace tres años que le entreno. El año pasado tuvimos una situación conflictiva a nivel técnico y mental. No pudo rendir todo lo que había trabajado. Este año hicimos algunos cambios necesarios: velocidad, vuelo... y al final ha conseguido dar ese plus de nivel. No me sorprende para nada, tiene capacidad para conseguir grandes cosas”.

La marca le permite a Santos acudir al Mundial Absoluto de Doha que se celebrará en septiembre. Allí se verá las caras con Juan Miguel Echevarría, el cubano capaz de despegar a 8,92 m, lo nunca visto desde que Mike Powell estableciera el récord mundial en 1991 (8,95 m). “Echevarría puede llegar a los nueve metros, tiene todas las papeletas para conseguirlo. No veo a nadie más con capacidad para lograrlo porque Luvo Manyonga está un punto por debajo. Este año, no obstante, a Echevarría se le puede plantar cara porque no está en su mejor momento. Además, no es el más seguro compitiendo y eso le puede pasar factura. Sabe que está por encima de todos, pero no es el más estable”, advierte Álvarez, al que los metales no le quitan el sueño: "Una medalla te puede abrir muchas puertas y dejar un recuerdo imborrable, pero al final lo que queda es el trabajo bien hecho, que es importantísimo para el bienestar psicológico del deportista, su autoconfianza y valores. La medalla es un regalo, un dulce consecuencia del sacrificio y la perseverancia. Yo doy más valor a esto y así se lo hago entender también a mis chicos y chicas".

El técnico, que en diez olimpiadas solo ha conseguido desfilar en la de Pekín (2008), confía que en Tokio 2020 estén gran parte de sus pupilos. El podio lo ve caro: "Las medallas son dependientes del sitio en el que se salta. El viento juega un papel fundamental y en Japón sé que lo habrá". Mientras llega ese día, Juan Carlos Álvarez seguirá en el CAR de Madrid puliendo a sus atletas con la misma entrega y dedicación de siempre. "Sus objetivos son los mios. Crecemos juntos. Cada año es una aventura nueva. Tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta y estamos muy motivados ante lo que viene. Unos porque quieren seguir de dulce y otros porque buscan resarcirse. Tengo un grupo de gente buenísima y con un gran instinto competitivo. Es imposible que pueda aburrirme".

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