cierra una temporada anómala

Bruno Hortelano, la aceptación del pasado y la lucha por el futuro pese a quien pese

Getafe no fue un éxito, pues no batió sus marcas, pero recordó que Bruno Hortelano tiene capacidad para arrastrar su deporte, el atletismo, a nuevos lugares ¿Se atreverán a seguirle?

Foto: Hortelano, en Getafe. (EFE)
Hortelano, en Getafe. (EFE)

Al futuro nunca se llega, porque siempre está dispuesto a dar un paso más para seguir adelante de lo previsto. Esa, de hecho, es la gracia de todo lo demás. Lo imprevisible. Hoy no es posible sabe cómo será el atletismo de los próximos diez años aunque, como en cualquier otro deporte, hay cierta preocupación sobre lo que puede deparar lo que viene. Hay mucha incertidumbre, pero también algunas certezas. Una de ellas, que es como la prueba del nueve en cualquier deporte individual: las estrellas siempre suman.

Bruno Hortelano es una estrella, al menos en los parámetros del atletismo español, que lógicamente no son los mismos que cuando se habla del mundo entero. ¿Cómo se sabe? Pues porque es capaz de una tarde tonta de agosto, en una pista en Getafe, meter a 1.500 personas y un buen puñado de periodistas. Ningún otro atleta español, y los hay igual de buenos o más, podría montar un escenario así y suscitar ese interés. Eso está en el haber de Hortelano un tipo con talento y con carisma, rompedor, diferente, un poco a contracorriente de todo lo que se había visto antes.

Es cierto que la prueba de Getafe, lo que se conoce en el atletismo como un control, no salió como se esperaba. En la pista no acompañó el tiempo y Hortelano no estaba ya en el punto de forma necesario para hacer un récord. Se quedó lejos, y esa es una de esas cosas que en este deporte, se saben de antemano. No los de fuera, por supuesto, pero probablemente sí Bruno Hortelano y su equipo. Al cronómetro no se le miente.

Asumido esto, es también posible que este miércoles lo tuviesen claro pero diez días antes no. Y fue en ese momento, no ahora, cuando se decidió que tenía sentido montar un 'show' anómalo en Getafe. Porque esto no se parece al atletismo que vimos cuando éramos niños, pero quizá en unos años este tipo de propuesta se convierte en algo común e, incluso, lo preponderante. Este año, en Hengelo, uno de los primeros mítines en los que compitió Hortelano tras su vuelta, ya se ha jugado con conceptos así. Son muchos los motivos que llevan a pensar que el deporte mutará a algo que ahora mismo no intuimos.

La necesidad de estrellas

En cualquier caso, siempre necesitará gente como Bruno Hortelano. Es más, probablemente cada vez sea más importante que haya figuras así. Ha pasado en el fútbol, el gran contenedor deportivo que existe, hoy en día, para hartazgo de muchos y dolor de unos cuantos, el porcentaje de tiempo que ocupan un puñado de estrellas es mayor del que nunca fue. Más aún en un deporte individual. Para ser una estrella se necesitan marcas, diferenciarse del resto y, en ocasiones, una historia que contar.

Hortelano la tiene, en contra de su deseo, pero ahí está. El accidente en la carretera de La Coruña, el coche que da vueltas de campana, la mano que se queda alarmantemente atrofiada con el golpe. Los días en el hospital, unos cirujanos que actúan rápido y bien... y el abismo. Porque solo un mes después de lo ocurrido, Hortelano salió en rueda de prensa, sonrió, apuntó al récord de Europa de sus especialidades y pareció como si nada hubiese pasado. Pero había pasado, algo muy grave y con lo que iba a tener que lidiar dos años. En realidad el resto de su vida, aunque las cosas ahora, serán mucho más leves.

"En el futuro no será igual de emotivo, no puedo estar tan emocionado antes de las carreras, hay que ser disciplinado, pero no me arrepiento de nada, esta temporada ha salido mucho mejor de lo esperado", explicaba después de la carrera, casi como una propuesta. Lleva un año hablando de aquel accidente, de las lesiones y las recaídas. No lo rehuye en ningún caso, lo trata con una naturalidad que no a todos saldría. Tampoco sorprende, Hortelano habla con una fluidez y una cabeza que no es tan común en el deporte.

Lo cual, por cierto, lleva a recordar que antes de aquel accidente Bruno ya tenía una historia que contar. Era el científico hijo de científicos al que le había dado por correr y se había colado en una universidad de prestigio primero, había sacado una ingeniería biomédica y por el camino iba derribando barreras en la velocidad española. Tenía menos lágrima esa versión y, quizá, un punto elitista no tan fácil de vender. Pero era, en todo caso, la biografía de un chico que es un deportista del más alto nivel pero se parece muy poco a los deportistas de alto nivel que normalmente se ven.

Su trabajo se parece al de todos los demás, pero él lo explica con fluidez. Es capaz, por ejemplo, de contar cómo es una carrera en alguien como él con claridad y una capacidad para meterte en ella asombrosa: "En las carreras que hago me centro mucho, intento apartar la emoción, de no pensar en nada. Saco de la cabeza todos los chillidos de la grada, sé que están, pero no lo escucho. Que las piernas saquen de dentro lo que han entrenado, la idea es apagar la cabeza, no ir pensando, dejar que el cuerpo lo haga solo, por eso entrenamos tantas horas, para que en la competición salga todo solo".

Apagar la mente

Esa capacidad para "apagar la mente" tiene mucho que ver con la naturalidad con la que corre Hortelano. Él nunca va atrancado, ni siquiera en los días en los que las marcas no salen, como sucedió en Getafe, su caminar es suelto y fluido. Incluso en el calentamiento parece que está danzando y que correr es un parte más del set de capacidades con el que nació un día a unos kilómetros de Sidney. Nada de eso, claro, en Bruno hay una calidad técnica brutal que es producto, sobre todo, del entrenamiento. Solo así se entiende que alguien como él tenga las marcas que tiene.

En condiciones normales, a los 26 años, la carrera de Bruno no necesitaría más confirmaciones que las ya existente. En su caso, sin embargo, es posible que necesite un año más para asentar todas las cuestiones. Porque su caso es singular, su historia es diferente. Esta temporada, tan emotiva, ha sido brillante, con récords en 200 y 400, marcas a la altura de lo que se espera en una superestrella y una capacidad para llamar la atención muy notable. El año que viene, cuando su pasado no sea actualidad sino anécdota, habrá que refrendar algunas cuestiones. La preparación, eso sí, será la misma. Y nadie mejor que Hortelano para explicarlo: "Entrenaremos bien, creo que hago bien la pretemporada, muy fuerte, confío mucho en ella, el plan que haga con mi entrenador será el correcto".

Adrian Durant, que así se llama su entrenador, es una pieza clave en el equipo de Hortelano Un equipo no muy grande, pero sí muy pensado. Otra figura clave, a la que siempre ha tenido un respeto especial, es Alberto Armas. Su agente podría ser poco más que el que le cierra los bolos, pero es algo más que eso. No hay más que verles junto a la pista, hablando, tocando detalles. Armas es uno de los más expertos representantes y a él le pidió una prueba para cerrar el año y terminó montando el 'show' de Getafe. Tendrá críticas por ello, también elogios, pero no se sorprenderá con lo que ocurra. Él no ha visto nada como Hortelano, por lo de dentro y por lo de fuera, y lo trata con mimo, como si fuese una empresa personal. Va funcionando, el polideportivo Juan de la Cierva estaba lleno de atletas, de aficionados y de niños que querían ver a un deportista que se ha convertido en una estrella.

Llegados a este punto, y con el futuro en mente, cabe de decir que tan cierto es que llegará como que habrá resistencias por el camino para retrasarlo lo máximo posible. Ya las hay. Hortelano encontrará críticos por su persona, por su figura, por sus marcas o sus maneras. También por la explotación de su marca o de su pasado. El evento de Getafe se puede ver como una operación de márketing, como una genialidad, como una astracanada o un sainete. Habrá gente en el propio deporte que desconfíe de la novedad y que trate de frenarla en la medida de lo posible. Habrá envidias, y no siempre vacías, no es fácil aceptar que el foco está en otro que no es necesariamente mejor pero sí es, de manera clara, diferente. Incluso puede ser, de hecho, es, que algunas instituciones claras no entiendan que en el deporte las cosas que enganchan están contadas y que esas, no tan abundantes, hay que potenciarlas, no ponerle palos en las ruedas.

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