se proclamó subcampeón de europa de cross

El independentismo de Mechaal se borra con medallas y un beso a la bandera española

El atleta, que en su momento renegó del país por el que compite, cogió la enseña rojigualda, la desplegó y la besó. Ha dejado de hablar de política y se ha trasladado a Madrid para entrenarse

Foto: Adel Mechaal. (EFE)
Adel Mechaal. (EFE)

Solo Adel Mechaal estuvo cerca de darle una medalla a España en los últimos mundiales de atletismo, y su meritoria cuarta posición dejó cierto sabor agridulce. El atleta, nacido en Marruecos, crecido en Palamós desde los siete años, era apto para competir después de que solo unos días antes el TAS le exonerase de las sospechas de dopaje por saltarse controles. El tribunal le dio la razón y él se pudo reivindicar. Con eso se desprendía de una de sus grandes polémicas, la que tiene que ver con la limpieza. La otra está relacionada con la ideología, con su cariño por la bandera española o su desprecio a la misma. Y en eso, por el camino, ha ido cambiando.

Este domingo cruzó segundo la meta en el Campeonato de Europa de Cross por detrás de Kaan Kigen Özbilen, turco, también nacionalizado. Alguien en el tramo final le esperaba con una pequeña bandera española que él cogió sin mayor problema y corrió hasta el final con ella. Allí la desplegó, la enseñó e, incluso, la besó. En un tiempo pasado dijo que, si ganaba, cogería la enseña nacional solo por respeto. Aquello, por descontado, le generó una marea de comentarios negativos y le llevó a ser sospechoso para muchos por independentista.

Mechaal y un independentismo incidental

Releída la entrevista, de El Mundo, tiempo después, se ve que su patria era Cataluña pero, sobre todo, no era la de los dirigentes del deporte español. Sus críticas tenían que ver con Odriozola y con Cardenal, presidente de la RFEA y secretario de Estado en aquel momento, mucho más que con las cuitas propias del país. Es decir, era un independentismo incidental, pegado a su caso y no a la imagen general del país. Él se decía separatista porque las becas a las que aspiraba no habían llegado, porque no sentía el mismo cariño que otros como Bezabeh.

Aquello le llevó a votar en el 9-N, uno de esos simulacros de referéndum que ha habido en Cataluña. Y más cizaña, pues muchos no entendieron que pudiese votar en unos comicios a todas luces ilegales y seguir recibiendo becas o representando a España en las competiciones internacionales. Eso, en todo caso, es una cuestión del pasado, porque el independentismo que algún día estuvo parece haber desaparecido. O, cuanto menos, ha sido drásticamente silenciado.

Es improbable que se encuentre un día más caliente en los últimos meses que el pasado 1 de octubre. El segundo referéndum tuvo conflictos en las calles, una votación ilegal que, esta vez, se intentó detener sin éxito. Importantes deportistas, el más llamativo Gerard Piqué, votaron y presumieron de voto, no necesariamente por ser partidarios de la ruptura de España sino por el pensamiento, bastante extendido en Cataluña, de que ese referéndum de espaldas a la ley era un proceso legal. Fue un estruendo, la sociedad catalana entró en un estado de nervios incomparable en el que todo el mundo parecía tener una opinión y ninguna moderada.

Mechaal, en Londres. (EFE)
Mechaal, en Londres. (EFE)

Silencio en el 1-O

Todos, menos Adel Mechaal. Al menos por lo que se ve en sus redes sociales. Quien fue en su momento vocero del independentismo, aquel que más ruido había hecho en su momento, calló. Solo hubo referencias a la Milla Internacional de Berango que ganó el día anterior. Ni una foto votando, ni un mensaje sobre la policía o la guardia civil. Nada en absoluto, Mechaal había enmudecido.

Esto forma parte de un proceso que llegó antes y que, como el independentismo de Mechaal, tiene relación con su carrera deportiva. Ya unos meses antes, en su brillante europeo de Belgrado en el que ganó el oro en 3.000, quiso hacerle un guiño a su país. "Me siento orgulloso de representar a España", explicaba tras su medalla el que un día rechazaba su bandera. Y esa frase, que contradecía a las anteriores, tenía también una explicación personal y deportiva. Circunstancial, por lo tanto.

La Federación Española defendió con fuerza la inocencia de Mechaal en el proceso abierto contra él por dopaje. Le asistieron, le convocaron al equipo nacional cuando su sanción estaba suspendida. Encontró por fin el apoyo de los directivos e incluso entabló cierta relación con el nuevo presidente, Raúl Chapado, que solo le pidió, según sus propias palabras, que fuese ejemplar como deportista. Y ese nuevo cariño de las instituciones convirtió el independentismo del pasado en una cierta neutralidad, como mínimo. Y, por eso, ahora cuando gana algo importante, como sucedió en la República Checa, en sus tuits se acuerda de España.

Mechaal es hoy uno de los mejores atletas españoles. Demostró que puede competir en competiciones mundiales, algo que se resiste, y es dominador a nivel continental. Se ha trasladado a Madrid donde se ha puesto a las órdenes de Antonio Serrano, uno de los más fiables entrenadores del atletismo español. Uno de los motivos aducidos para este cambio, además de la obvia calidad de su nuevo técnico, es que en la capital estará más controlado. En su caso no es una cuestión menor.

Porque, cierto es, el TAS le liberó de las sospechas y consideró que era un deportista limpio. Lo cual no quita para que, en aquel proceso, el atleta demostrase poca madurez y cierta inconsciencia, pues se jugó su carrera a golpe de despistes y malentendidos. Salió ganador de aquello, que fue un buen susto, y ahora se puede centrar en el entrenamiento y la competición. Cada día es mejor atleta, con 27 años está en plenitud y aspirará a un puesto importante en las próximas grandes competiciones. También es más maduro, es improbable que vuelva a las andadas y ahora mide más sus palabras cuando habla. Muy locuaz, por cierto, Mechaal delante de un micrófono es un monologuista curioso, de los que empalman frase con frase. Ahora, sin embargo, las sentencias no llevan bombas.

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