los controles en etiopía, puestos en cuestión

Nadie se cree a Almaz Ayana, la mejor atleta del momento

Almaz Ayana ganó el 10.000 de Londres sacándole 46 segundos a la plata. El año pasado hizo el récord de la distancia, que pertenecía a una sospechosa china. Sus marcas, en duda por el dopaje

Foto: Almaz Ayana, en los mundiales de Londres. (Reuters)
Almaz Ayana, en los mundiales de Londres. (Reuters)

El Estadio Olímpico de Londres se encuentra en el segundo día de competición con una demostración de poder de las que no necesitan explicación. Almaz Ayana termina el 10.000 con una marca de 30:16.32, 46 segundos antes que la plata, Tirunesh Dibaba. Ha doblado a todas las atletas menos a tres, dejando en el molde a cualquiera que hubiese pensado, aunque fuese por un instante, que la resistencia era posible. Tampoco es una sorpresa: un año antes, en Río, la misma atleta había rebajado el récord del mundo de la prueba en más de 14 segundos y, en buena lógica, era favorita abrumadora.

Este domingo tratará de hacer algo parecido en el 5.000, aunque en los Juegos se le resistió. En sus piernas está la posibilidad de hacer una gran marca, incluso de conseguir, por qué no, otro récord del mundo. Un dato sirve para explicar que esto no es un cálculo de probabilidades, sino una certeza. Los primeros cinco kilómetros de la prueba del martes fueron a un ritmo algo lento, pero en la segunda parte Ayana se desbocó y terminó el segundo 5.000 en 14:24.95.

Las marcas hay que contextualizadas, esa cifra es mejor que el récord de los campeonatos de 5.000, que tiene la etíope desde Pekín en 2015. Es decir, en sus piernas no notó lo suficiente el cansancio de los cinco primeros kilómetros y en la segunda parte de la carrera hizo el parcial más rápido que nunca se ha visto en los mundiales, incluyendo todo lo ocurrido en la prueba específica de esa distancia.

Gonzalo CabezaGonzalo Cabeza

Todos estos datos, puestos en fila, deberían de resultar en un clamor internacional, una fama mundial y la rendición absoluta ante las proezas atléticas de Ayana. Pero no, la reacción habitual no es tanto esa como la sospecha. La etíope hace cosas increíbles, y la palabra no es baladí. Se repite en los titulares una y otra vez, pero no se juega con el eufemismo, es que lo que pasa con Ayana, en el año 2017, no puede ser digerido sin más, sin que salten las supicacias entre los expertos que ya han pasado años creyendo en atletas que luego les decepcionaron.

Lo primero que viene a la mente es que Ayana rebajó en 14 segundos el récord que tenía Wang Junxia desde el año 1993. Siempre es complicado lograr una marca mundial, de eso se trata, pero aún más es hacerlo en tanto tiempo. Y peor es la cosa si se piensa que su predecesora en el trono de los diez kilómetros no es exactamente una deportista limpia. Ella misma tuvo que aceptar en su día que sus éxitos estaban íntimamente relacionados con el dopaje de estado llevado a cabo por China en esos años. Es decir, Ayana no reventó un crono más sino una marca que ya estaba de por sí manchada por la lacra del dopaje.

Prácticamente no compite

Y lo hizo en la segunda carrera de su vida en la distancia. Las pruebas necesitan un reconocimiento previo, conocer los ritmos y las vicisitudes que se pueden encontrar. Ella no requirió de tanto; en Río puso su ritmo y nadie pudo seguirla. Ni de cerca. Pasó un año sin competir y, en Londres, volvió a hacer algo muy parecido. Tres carreras de 10.000 en su vida saldadas con tres hachazos y una diferencia colosal con cualquier otra atleta. Un experto consultado explica que lo raro, en este caso, es que Ayana compita tan poco y señala a que detrás puede estar el interés de no aparecer entre los mejores del ránking, que tradicionalmente son los atletas más controlados por la IAAF. Si no estás, te libras de muchos controles. Recuerda, dicen, al caso de Rashid Ramzi, que solo aparecía en la gran competición y que terminó dando positivo por EPO.

Más aún si se piensa que vive y entrena en Etiopía, en tiempos recientes señalada como uno de los lugares en los que menos se hace por detectar la trampa. No hay controles suficientes, como también ocurre en Kenia, y diversas investigaciones periodísticas (como esta de 'The Guardian' y la cadena alemana 'ARD') demuestran la facilidad para conseguir sustancias dopantes en el país.

Darío OjedaDarío Ojeda

"No puedes condenar a alguien solo por lo que ves, no sería justo. Sin embargo, el contexto importa, sabemos que en Etiopía no hay programas de detección de dopaje y que avisan a los atletas antes de que los vampiros vayan a recoger las muestras", señalaba el profesor universitario Ross Tucker en un artículo de 'Fivethirtyeight'. Ni siquiera sus compañeras se la creen especialmente. Shara Lahti, sueca, que quedó duodécima en Río, no tardó más que unos minutos en expresar sus supicacias: "No creo que sea legítima, es demasiado fácil todo para ella". Fuentes médicas apuntan a la posibilidad de que se estén utilizando microdosis de EPO, la última 'moda' dentro del dopaje, pequeñas cantidades proveidas en momentos concretos que sirven para mejorar el entrenamiento. Lo que es cierto es que nunca ha dado positivo, las sospechas no son más que eso, no hay certezas.

Y en eso, Almaz Ayana, aún puede defenderse con fuerza. "Mi dopaje es el entrenamiento, mi dopaje es Jesús. Soy transparente como el cristal", ha proclamado la fondista en diversas ocasiones. Con los datos en la mano, es la atleta del momento. El problema, que lo es también del atletismo, está en la credibilidad.

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