se conocieron en la universidad de oregon

El atletismo pierde a la familia Eaton, una historia de amor y éxito

Ashton y Brianne, dos de los atletas más completos de la actualidad, dejan a los 28 años las pruebas combinadas. Él tiene dos oros olímpicos y el récord del mundo, ella fue medallista en Río

Foto: Brianne Theisen-Eaton y Ashton Eaton, en una competición de heptatlón. (Reuters)
Brianne Theisen-Eaton y Ashton Eaton, en una competición de heptatlón. (Reuters)

Esto es una historia de amor, también una de atletismo. Se conocieron en Eugene, Oregon, que viene a ser la cuna mundial del atletismo. Al menos uno de sus parajes más míticos. Ashton Eaton no tuvo que moverse demasiado, pues había nacido solo unos kilómetros más al norte, en Portland, y estudiaba en la Universidad de Oregon, que tiene su sede en la villa. Brianne Theisen, sin embargo, había hecho un viaje bastante largo, pues ella es de Humboldt, Saskátchewan, una provincia desplobada de Canadá, en el corazón del frío.

Da un poco lo mismo, el caso es que ella estaba visitando el campus de la universidad. Era una prometedora atleta y con sus 17 años deshojaba la margarita para ver en que centro terminaba. Allí ya estaba él, un año mayor, una estrella en ciernes con algunas taras técnicas que le impedían ser el mejor. Hablaron poco, solo unos minutos. Es habitual que las universidades cortejen a los jóvenes haciéndoles conversar con los atletas que ya forman parte del equipo. Están ahí para contar lo divertido que es todo, los mil motivos por los que recalar en Oregon y no en cualquier otro sitio. Nada relevante normalmente, aunque no en este caso.

"Fue la conversación más bonita que nunca antes había tenido con una chica". A Ashton se le quedó grabado el tema, y a Brianne también, aunque ellos no lo supieron fehacientemente hasta unos meses después, cuando en los Juegos Paramericanos junior, en Brasil, volvieron a encontrarse. Corría el año 2007 y nunca más se separaron. Ni siquiera en el adiós, que con 28 años han decidido anunciar juntos, en dos cartas paralelas en una página web que solo alberga en la portada sus palabras de despedida. Ashton y Brianne, dos carreras de mérito. Ni que decir tiene que ella terminó en Oregon

Eaton es, probablemente, el deportista más completo de la historia. Él mismo explica lo que sintió cuando, siendo preadolescente, supo quien era Roman Sebrle. Un periódico tirado en una mesa tenía la figura del checo en la portada, el titular decía que, si había que competir contra los extraterrestres, era Sebrle el candidato perfecto. El de Oregon miró el diario ciertamente confundido, lo que es lógico cuando encuentras un nombre que desconoces completamente y te dicen a su lado que es el deportista de la tierra más completo. No es el decatlón la más carismática de las pruebas, no son sus atletas los más conocidos y apreciados, aunque en un análisis tranquilo se entiende que aquel periódico, del que incluso Eaton ha olvidado el nombre, apuntase a Roman como el deportista total.

La influencia de Roman Sebrle

Porque Sebrle, corría rápido, saltaba vallas, tiraba la jabalina, sufría en el 1.500... hacía de todo y todo bien, hasta el punto de ser el primer decatleta en sobrepasar los 9.000 puntos en la combinada. Fue el mejor, sin duda, hasta que llegó Eaton. "Gracias por sobrepasar los límites, siempre fuiste quien me inspiró", le dice Ashton en su carta de despedida. Dos veces campeón del mundo, el estadounidense fue el segundo hombre en superar la barrera antes comentada. Dos veces lo logró hasta colocar el récord del mundo en 9.045 puntos. Una burrada, aunque los desafectos al atletismo vean esa cifra y no la entiendan. Por eso Ashton no conocía a Roman, por eso hoy muchos no saben quien es Ashton.

Ella, en otro nivel, también ha sido una deportista de mérito. Heptatleta, cuando llegaba la última prueba, el 800, siempre tenía miedo. Su carta de despedida empieza con esa premisa dramática, el pánico que la atenazaba antes de dar dos vueltas al estadio. También, por rebajar el drama, cuenta como cuando terminaba, con el ácido láctico subido hasta las orejas, el terror desaparecía entre palmadas de sus compañeras y vítores de los aficionados. En Río, sin embargo, el miedo no pasó. O, más concretamente, la satisfacción de haber terminado no se reprodujo como en otras ocasiones. Acababa de ganar el bronce olímpico, el resultado más notable de su carrera. Era el momento de terminar.

En ese 800 final había un invitado especial en la grada. Con una gorra de Canadá calada a los topes, Ashton Eaton miraba desde la grada. El gesto, por más lógico que parezca, no le salió gratis, pues tuvo que aguantar como algunos comentaristas le reprochaban que no fuese con los atletas estadounidenses. Como si Brianne no estuviese allí, como si ella no fuese clave para entender parte de su éxito.

Hay una historia que se repite cuando se habla de la pareja y tiene que ver con la obsesión por la comida sana que ambos comparten. Cuando viajan por el extranjero prefieren no ir a hoteles sino alquilar apartamentos, pues así pueden tener una cocina en la que hacer comida sin grasas saturadas y sin azúcares. También tomar un yogurt griego cada mañana como manera de empezar la jornada. Ambos señalan la importancia que todo esto ha tenido en su incuestionable éxito deportivo.

Su adiós habla de los patrocinadores, los aficionados, los rivales incluso Nikola Tesla y Elon Musk como inspiradores. Se reservan, eso sí, para cruzarse las últimas palabras de su ya finalizada carrera deportiva. "Brianne, nunca vi tanto nivel de fuerza durante tanto tiempo. Te quiero ¿ahora qué?". "El último, pero no el menos importante, mi marido, sin el que sé que no hubiese sido capaz de hacer todo esto". Nadie esperaba otro final, al fin y al cabo esto es una historia de amor tanto como de atletismo.

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