mejor marca del año en el mundo en 60 y 400 mv

Aleix Porras, el futuro del atletismo español es un Van Niekerk que también salta vallas

Aleix Porras, juvenil, este año ha conseguido nueve mejores marcas nacionales en pruebas de su categoría. En los 400 m.v. ha conseguido batir la plusmarca continental

Foto: Aleix Porras, con el premio Matinot al atleta revelación (EFE)
Aleix Porras, con el premio Matinot al atleta revelación (EFE)

"La evolución va por buen camino, vamos bien, por eso me gusta seguir con mi entrenador, con quien me ha hecho llegar hasta aquí y vamos a entrenar para que todo siga igual". Habla convencido Aleix Porras, que este año se ha destapado como la mayor promesa del atletismo español. La frase, tan técnica, tan aséptica, esconde un truco y es que ese entrenador con el que quiere seguir se llama Salvador y es su padre. Las cosas están saliendo bien, pero eso también tiene una explicación: cuando el atletismo es pasión el trabajo es más sencillo.

¿Bien? No, es algo más que eso. El caso de Aleix Porras, cuyo hermano Gerard también es un atleta de futuro -subcampeón nacional de 60 m.v. con 20 años-, se sale de lo conocido en España. Este verano consiguió el récord de Europa juvenil en 400 metros vallas con una buenísima marca de 50.38. Solo con eso ya le hubiese sido suficiente para recibir el premio a la mejor promesa del atletismo español que le concedieron la semana pasada. Pero es que fue mucho más que eso, esta temporada Aleix tiene la mejor marca española de su categoría en nueve pruebas que van desde los 60 metros a los 400 vallas. Su marca es la mejor del año en el mundo en su prueba predilecta, la vuelta al estadio con obstáculos, pero también los es en los 60 vallas en pista cubierta. Es, en resumen, un portento en camino.

Y eso que es juvenil de primer año, es decir, se está acostumbrando a ser el mejor contra atletas que le sacan un año, que es una eternidad cuando tú acabas de cumplir 17, como es el caso. La versatilidad del atleta es sorprendente, le pasa un poco como al sudafricano Wayde Van Nierkerk, el recordman mundial de 400 del que, dicen, es capaz de correr todas las pruebas de velocidad con un nivel apabullante. A pequeña escala, e incluyendo las vallas de por medio, eso es también el ilerdense Aleix Porras.

En las pistas desde crío

"Siempre he dicho que su prueba son los 400 vallas, pero tiene que ser un atleta rápido, y por eso queremos compaginarlo con otras pruebas, que se lo pase bien e ir probando cosas diferentes", cuenta su padre, que lleva 25 años llevando un grupo de atletas. Él estaba allí mucho antes de que Aleix naciese y, como es lógico, el éxito del hijo solo se puede explicar desde una vida en la que el atletismo es algo prioritario.

"Lo han vivido siempre, con meses ya venían a verme a las pistas", dice Salvador de sus hijos. Ahí estaba el niño, levantando unos pocos palmos del suelo y ya oliendo el aroma del tartán. Tener un padre apasionado de un deporte no es garantía de nada, el talento no se entrena, se tiene o no se tiene. La gracia está en ver cuándo aparece y hasta que punto puede potenciarse. "No nos imaginábamos algo así, una temporada como esta, ni mucho menos. Porque además, Aleix ha crecido muy tarde, solo hace un par de años que dio el estirón. El día que hizo 7.01 en 60 metros pensé que sí llegaría, pero vamos, no me esperaba algo así", acierta a decir su padre de una temporada en la que el hijo ha volado en casi todas las pruebas en las que ha aparecido.

Habla Salvador, el entrenador, más que el padre, por más que sea la misma persona. Los dos se afanan en recordar que aunque sean el mismo hombre los papeles son diferentes en casa y en la pista. "Su punto fuerte es una técnica muy buena, tiene un pie muy rápido y pasa muy bien la valla. En el 400 hay gente que no prepara el paso de valla, pero Aleix es buenísimo en eso, por eso tiene el récord de 60 vallas también", disecciona el padre. "Me entreno cuatro o cinco días a las semana, unas dos horas y media cada sesión, buscamos más la calidad que otra cosa, hacer una buena serie mejor que 30 malas", analiza el hijo.

Aleix Porras, en competición (Facebook)
Aleix Porras, en competición (Facebook)

"Todas las pruebas son divertidas, me gustan muchísimo, no puedo decantarme por un porque son muy diferentes, es como comparar estilos musicales diferentes, en un 60 vallas me lo paso muy bien y en un 400 también, aunque sean muy diferentes. Igual en un 200 lo paso peor, porque no tiene vallas y eso le da tensíón a la cosa", cuenta Aleix. La prueba larga es el objetivo, y eso en España es casi un universo por explorar. Este año Sergio Fernández se ha destapado con un récord de España y una medalla europea, pero no deja de ser una prueba sin tradición en el país.

Es, además, una de las más duras que se pueden encontrar en el atletismo. La vuelta al estadio obliga a llevar la potencia al máximo y mantenerla, no hay parones, no hay tácticas, solo correr y correr mientras el lactato se dispara y las piernas duelen. "Esta y el 800 son, para mí, las más complicadas, pero él tiene las capacidades naturales. Cuando hizo su primera carrera en el 300 vallas yo creía que se iba a hundir a la primera y casi hizo récord de España. Es muy duro, y por eso intentamos no hacer muchas, pero tiene las facultades", explica Salvador.

Un padre en casa, un técnico en el tartán

La relación entre Aleix y Salvador da resultados en el tartán. En casa, los roles cambian. "En la pista somos compañeros de entreno, y sí, es mi entrenador y hace la función de entrenador. En casa su función es la de padre. Lo único que puede ser diferente a otros es que cuando estamos en casa repasamos entrenamientos y ponemos vídeos, pero eso es lo que me gusta, yo también lo haría por mi cuenta si no fuese él mi entrenador", explica Aleix.

Aleix Porras es una historia que se está escribiendo. Prácticamente el primer capítulo de lo que se espera un best-seller. Ya hay, de todos modos, episodios reseñables, dignos de mención. Entre todos destaca su récord de Europa, que logró en junio en Mataró. "Supe que iba corriendo muy rápido, que estaba en forma y salía para darlo todo. Cuando vi la marca me sorprendí, porque era muy buena, pero al fin y al cabo era lo que buscaba. Quizá no el récord, pero sí estar muy alto en la carrera. Me sorprendí, pero esa era mi meta", explica con una calma inusitada para lo que no deja de ser un deportista jovencísimo. 17 años, sí, pero plenamente consciente de sus posibilidades.

Queda camino por andar, no puede ser de otro modo cuando solo se es una promesa. Tiene los pies rápidos, la técnica, y también la ambición. En la gala de los Amigos de los Martes, cuando le concedieron el premio al mejor juvenil español, tuvo al lado a Ruth Beitia. Ella tiene su carrera hecha, es la mejor atleta española de siempre, y como tal, voz más que autorizada para dar consejos. "Me dijo que si quieres un sueño hay que perseguirlo, y cuando te lo dice una campeona olímpica es algo diferente. Es una obviedad que yo también voy a perseguirlos", dice resuelto Aleix.

Un detalle más, no tan feliz pero importante. A nadie se le escapa que llegar a la élite en un deporte es algo sumamente complicado, no solo por los sacrificios personales que hay que hacer, también por la vertiente económica. Aleix es parte del equipo de atletismo del FC Barcelona, y con eso le da para costear algunos viajes. Pero no es suficiente. "Tiene suerte de tener a los padres detrás, porque los gastos son importantes. Además de las competiciones con el Barcelona hemos ido a Alemania y por media España buscando pruebas de nivel para que competiense a nuestro cargo", explica Salvador.

El hecho de encontrar competiciones para exhibirse y, sobre todo, para aprender, es uno de los vacíos que se encuentra en los 400 vallas, una prueba menos popular que otras del mundo atlético. "Es algo que hay que mejorar, en España cuesta encontrar carreras con competencia, muchas veces corre solo y así es más difícil. Estuvimos en Manheim, con los mejores de Europa, y en ese entorno no se corre igual. Si sabemos que hay una carrera buena en Madrid o San Sebastián vamos, sin duda, donde haga falta, pero echo de menos que haya más pruebas, analiza Salvador, resignado a la realidad de la prueba.

Zancada a zancada, salto a salto, la familia Porras sigue pegada al tartán. La historia de un padre que amaba al atletismo y de unos hijos que vieron en casa lo grande que puede a llegar a ser su deporte. Además, tenían talento. La mezcla es la esperanza.

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