RYAN HALL ERA LA ESPERANZA DE EEUU PARA LOS JJOO

El maratoniano al que los keniatas temían se retira por falta de testosterona

Con 33 años, Ryan Hall se retira. El corredor más rápido de la historia de EEUU sufre fatiga extrema, algo que sumado a unos niveles de testosterona por debajo de la normal le ha obligado a parar

Foto: Ryan Hall en la maratón de Boston de 2010 (Reuters).
Ryan Hall en la maratón de Boston de 2010 (Reuters).

Con 33 años, Ryan Hall se ha quitado las zapatillas y ha dejado de correr. Tan contradictorio como cierto. Tal y como publica 'NY Times', su cuerpo ha dicho “basta” víctima de la fatiga extrema provocada por unos niveles de testosterona muy por debajo de la normal. ¿La razón? Por una parte, es algo crónico que detectó cuando se convirtió en deportista profesional y por otra, es consecuencia directa de su extrema y agresiva forma de entrenar. El método -nada convencional y completamente experimental- que le convirtió en el corredor más rápido de EEUU (su marca en la Maratón de Boston de 2011 fue de 2:04:58) ha sido el mismo que le ha obligado a terminar su carrera de forma prematura. Una de las grandes bazas de Estados Unidos para los JJOO de Río ha decidido dejar de luchar.

Como toda historia, la de Ryan también tiene un inicio. Comenzó a correr cuando tenía 13 años y no tardó en destacar, tanto que se convirtió en campeón nacional de 5.000 metros en 2005 (13:16.03) y fuera de todo pronóstico, se saltó la progresión natural que tendría que haber seguido como atleta para enfocar sus objetivos en la maratón. Muchas fueron las voces que le desaconsejaron semejante paso recordándole las altas cargas de entrenamientos que requerían dicha modalidad y el peaje que podía pagar su cuerpo. Ni aguantó ni esperó; desde los 17 años, Ryan corría más de 100 millas (160 kilómetros) a la semana y eso para él era suficiente. Lo cierto es que no estaba muy equivocado puesto que en su debut en una maratón (Londres 2007) batió el récord de Estados Unidos con un tiempo de 2:08:24.

 

El maratoniano al que los keniatas temían se retira por falta de testosterona

 

Junto a Ritzenhein y Alan Webb dio forma al trío de deportistas que se convirtieron en la gran esperanza de EEUU para las carreras de fondo. Cambiaron las expectativas del deporte norteamericano para competir al máximo nivel y todos los niños soñaban con emular a sus nuevos ídolos, anhelaban ser como ellos. Ryan Hall se había convertido en una de las grandes bazas, pero su camino no iba a ser fácil. Tampoco iba a situarse dentro de lo común. Cuando abandonó la universidad y se convirtió en profesional, se dio cuenta que sus niveles de testosterona eran más bajos de lo normal. A pesar de ello, se las ingenió para mejorar sus tiempos teniendo en cuenta que se trata de un deportista que mide 170 centímetros y cuyo peso oscilaba entre los 58,9 y los 63'5 kilogramos.

Ryan era consciente de la importancia de la testosterona puesto que esta hormona es vital para que el rendimiento deportivo sea óptimo. Puede tener incidencia en aspectos como el incremento de la masa y la fuerza muscular, la disminución de la grasa del músculo o en la agresividad y combatividad. Además, se ha observado que en los deportistas los niveles de testosterona aumentan cuando se trata de ejercicios cortos e intensos mientras que disminuyen en los que son de larga duración. Así las cosas, conviene recordar que los entrenamientos extremos -como los que llevaba a cabo Ryan- pueden provocar que los niveles de esta hormona caigan con el paso del tiempo. Conocido el problema, era tiempo de encontrar una solución para él.

Hall rechazó el uso de testosterona complementaria por dos razones. La primera hacía referencia a los efectos secundarios potenciales puesto que podían provocar dependencia e infertilidad. La segunda atendía a su ética: algunos deportistas habían empleado esta hormona para mejorar su rendimiento de manera ilegal. Así las cosas, Ryan optó por remedios naturales (como, por ejemplo, modificar su dieta) que no restauraron su fuerza; frente a la adversidad, decidió seguir hacia delante con sus agresivos entrenamientos, sus más de 160 kilómetros a la semana y sus ganas de seguir empujando los límites un poco más allá.

A nadie se le escapa que Ryan Hall manejó su carrera de forma distinta al otros corredores. Dejó a un lado el contacto con internet, foros y redes sociales (algo que maneja su mujer Sara, también corredora profesional y con quien compartió equipo en Stanford) y se aisló. Su objetivo era entrenar duro y correr por pasión, no por reconocimiento. Precisamente, la manera en la que se preparaba ha sido la misma que le ha llevado a retirarse con 33 años. Ryan no dudaba a la hora de experimentar. Así, era capaz de correr once kilómetros cuesta abajo en una montaña de más de 2.700 metros para regresar corriendo y repetir de nuevo. Otro ejemplo: en 2012, preparó la maratón de los Juegos de Londres entrenando tres veces por semana y recorriendo la milla (1,6 kilómetros) en 4:42 minutos.

 

El maratoniano al que los keniatas temían se retira por falta de testosterona

 

Así es como se convirtió en el corredor más rápido de la historia de Estados Unidos. Y así es como escribió su precipitado final como atleta. Bien es cierto que nunca consiguió una victoria en una carrera importante, pero sus dos décadas de audaz carrera han estado llenas de éxitos. Su tiempo en la Maratón de Boston de 2011 (2:04:58) le convirtió en el corredor norteamericano más rápido de la historia. Tanto que se había erigido como la gran baza de Estados Unidos para la maratón de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. No será así y, además, su retirada confirma la escasez de talentos emergentes en EEUU: Meb Keflezighi (40 años) es ahora la esperanza de su país para la cita olímpica del próximo verano.

Ryan Hall ha sucumbido y no sólo por sus niveles de testosterona crónicamente bajos, también por la fatiga extrema. La misma que, actualmente, le impide recorrer doce millas (20 kilómetros) en una semana. Atribuye estas causas a los entrenamientos a los que ha estado sometido desde muy joven y a las estrategias nada convencionales de formación que ha llevado a cabo. Los contratiempos que comenzaron tras los Juegos Olímpicos de Londres hacen que se despida el hombre que desafió a los corredores africanos, el deportista al que los keniatas tenían miedo porque así era como él creía que le mostraban el respeto que le profesaban y el corredor que demostró que las diferencias no existen y que se puede competir con los africanos.

Ryan confesó que creía que sus mejores carreras estaban por llegar, pero después de probar todas las opciones posibles ha comprobado que su cuerpo no responde más. Había llegado el momento de dejar de luchar, de estar satisfecho por lo conseguido y poder presumir de haber cumplido la misión que se propuso.

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