CAMPEÓN DEL MUNDO EN 20 KILÓMETROS MARCHA

Una cruz, un pergamino y un oro para un "cabrón" muy bueno llamado Miguel Ángel

Miguel Ángel López recogió el testigo de Valentí Massana 22 años después y, una vez más, volvió a demostrar que técnicamente no hay ningún marchador que esté por encima de él

Foto: Miguel Ángel López sostiene su medalla de oro (Efe).
Miguel Ángel López sostiene su medalla de oro (Efe).

Miguel Ángel López (27) quería el oro y fue a por él. No se conformaba con menos. Era lo mínimo que merecían sus resultados y su progresión en los tres últimos años. Con una carrera elegante, serena y seria entró solo, puño en alto, sabiendo que el peldaño más alto del podio llevaba inscrito su nombre y sus apellidos. Siendo consciente de que las tres medallas de oro que cuelgan habitualmente de su cuello tenían una nueva compañera. Miguel Ángel López recogió el testigo de Valentí Massana 22 años después y, una vez más, volvió a demostrar que técnicamente no hay ningún marchador que esté por encima de él. Y es que ya lo dijo José Antonio Carrillo, su entrenador: “¡Qué bueno eres, cabrón!”.

La de este domingo era la cuarta medalla de oro de Miguel Ángel López. No, no repasen su palmarés personal porque no las encontrarán ahí. El murciano lleva en su cuello tres colgantes, convertidos ya en amuletos, uno de ellos lastrado y todos cargados de un significado personal y sentimental. El primero de ellos es una medalla de nacimiento, el segundo que la acompaña es una Cruz de Caravaca rota. Completa este trío un pergamino que le regaló su pareja con una frase que este domingo no pudo ser más oportuna: “Y llegaste tú”. Como su tercer oro en 20 kilómetros marcha que no sólo acompañará a sus amuletos, también lo hará con los que consiguió en la Copa de Europa celebrada este mismo año en Murcia y en el Europeo del año pasado que tuvo Zúrich como escenario.

No son los único metales que este licenciado en Educación Física tiene en su vitrina particular: hace nueve años ganó una plata en 10 kilómetros en la Copa del Mundo y en 2013 se llevó el bronce en el Europeo de Moscú. En los últimos tres años, López ha protagonizado una implacable progresión que le ha convertido en el mayor activo y en la mejor noticia del atletismo español. En su horizonte ya aparece una cita grabada a fuego: los Juegos de Río 2016. Una medalla olímpica es el sueño y el objetivo de todo deportista. Más aún teniendo en cuenta que se trata de un atleta con un hambre voraz de éxitos: “Dada mi trayectoria, mi bronce en el anterior Mundial, mi oro europeo, no me planteaba más que ganar. No me conformaba con otra cosa que no fuera ganar, porque si te conformas de antemano nunca puedes llegar al máximo. Si quieres ganar no puedes empezar con excusas. Para mí, intentar ganar es lo normal”.

1.200 kilómetros en sus piernas

Y para ello, Miguel Ángel López se ha erigido como un deportista sereno, seguro e imperturbable; tanto que no parece estar dando el cien por cien. Rápido y fuerte, su saber estar y su tranquilidad son consecuencia del predominio de su cerebro, una de sus claves: “Lo importante es la psicología. Yo antes fallaba por la cabeza, pero he trabajado ese aspecto y he convertido mi flaqueza en mi mayor fuerza”. No es su única virtud. Definido por su entrenador como el mejor marchador que existe actualmente a nivel de técnica, ésta es exquisita y está perfectamente complementada por su garra, pelea y un cuerpo tan armónico que no responde a los cánones que sí cumplen sus compañeros y rivales. Las maneras que exhibe cuando está compitiendo nada tienen que ver con su forma de ser fuera de la competición: su falta de carisma le hace pasar completamente desapercibido.

Su discreción contrasta con el arrojo del que hace gala cuando tiene que hacer frente al doble liderazgo en el atletismo español. La presión le motiva. No hay duda de ello: este domingo no sólo cogió el relevo de Valentí Massana, también el de Abel Antón ya que suyo fue el último oro del atletismo español en maratón en 1999. Miguel Ángel López quería la medalla más preciada, sabía que sería suya. Igual que supo que el resfriado con el que se levantó el viernes no sería un obstáculo para él, no en vano lleva 1.200 kilómetros en sus piernas. A partir de ahora los entrenamientos serán más relajados: 30 kilómetros al día durante sus casi dos meses de vacaciones. No puede bajar la guardia. Río le espera.

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