Libro de Alex Txikon

La montaña desnuda. Primera ascensión invernal al Nanga Parbat

Hablo con Alex Txikon sobre su libro La montaña desnuda. Primera ascensión invernal al Nanga Parbat. Un trabajo con el que pone el broche a una hazaña que protagonizó junto a Ali Sadpara y Simone Moro

Foto: La dura ascensión al Nanga Parbat. (Foto: Alex Txikon)
La dura ascensión al Nanga Parbat. (Foto: Alex Txikon)

“¿Qué hago, qué hago, qué hago?... ¡pamba!, libro. Me sentaba delante del ordenador al clarear el día y me daban las cinco de la mañana. Como te lo estoy diciendo. Una motivación que saqué de donde no había. Y te aseguro que no escribía por escribir". Hablo con Alex Txikon sobre su libro La montaña desnuda. Primera ascensión invernal al Nanga Parbat. Un trabajo con el que pone el broche a la hazaña que, el 26 de febrero de 2016, protagonizó junto a Ali Sadpara y Simone Moro. Los tres alpinistas hicieron cumbre en el Nanga Parbat (8.125 m) veintiocho años después del primer intento de ascensión invernal de la expedición polaca liderada por Maciej Berbeka, en el invierno de 1988-89.

“Creo que hay personas programadas genéticamente para querer ir a sitios. Salir de casa y explorar. Tienes que sentirte cómodo perdiendo esa conexión con las personas a las que dejas atrás”. Marte es una serie de Netflix que mezcla documental y ficción. La frase es de John Grunsfeld, Associate Administrador de la NASA. Al escucharla recordé las conversaciones que mantuve con Alex durante los trece días y sus heladoras noches, que compartí con él en el Campo Base del Everest. Era su segundo intento de ascensión invernal, en febrero de 2018. Quizá Alex esté programado para querer ir a sitios. Acometer desafíos alejados de su entorno, de su cotidianidad, con una incomprensible, para muchos, exigencia de dificultad y riesgo extremo.

La Montaña desnuda es el resultado de un encierro -confinamiento lo llaman con el propósito de que las palabras enmascaren la dureza de la realidad. "Hace un par de años me puse a ordenar los apuntes y recuerdos de la expedición al Nanga Parbat, recuerda Alex. Lo hice sin una idea clara. Fue una primera aproximación al desafío de escribir un libro. Volví a ver las fotos, los vídeos. La verdad es que me daba vértigo ponerme a escribir sobre esa experiencia ¿Gustará, no gustará? Sin el confinamiento yo no hubiera podido dedicar el tiempo necesario. Ha sido clave. Ha sido la mecha".

Cuadernos manuscritos de la Montaña desnuda. (Fotografía de Alex Txikon)
Cuadernos manuscritos de la Montaña desnuda. (Fotografía de Alex Txikon)

Hace unos días Alex me comentó que el libro se presentaría en Bilbao el 5 de octubre y estuvimos charlando sobre el proceso de elaboración del texto. Sus sensaciones. Esa fuerza interior, la “mecha” que supuso el encierro y que le removió esos arrestos que lo mismo le llevan a la cumbre del Nanga, que a enfrentarse al miedo que produce la soledad frente al folio en blanco. Si quieres narrar una experiencia vital, al límite, sabes que esos folios tienen que contener sentimientos, verdades bien escritas. Es algo más difícil que juntar palabras. "No escribía por escribir", insiste Alex. "Me gustaría que fuese un libro hecho con cariño y que te acompañe, que lo puedas llevar de viaje". La editorial SUA ha realizado una cuidada edición que se distribuirá en España -RCS y lo editará en Italia. Los párrafos del libro que se reproducen a continuación son gentileza de SUA.

La montaña desnuda

“La noticia de su desaparición nos llegó mientras estábamos en el campo base del K2: Tom Ballard y Daniele Nardi, que trataban de escalar el Nanga Parbat, no se habían comunicado con el campo base desde hacía ya varios días. La última vez que habían conseguido hablar con ellos había sido el día 24 de febrero. Desde entonces, nada. Habían pasado cinco días.

Estaban intentando completar el ascenso invernal al Nanga por el espolón Mummery. Querían subir lo más rápido posible hasta superar los 6.300 metros, para así situarse fuera de la zona de caída de seracs, esto es, alcanzar una zona del espolón en la que el riesgo de avalanchas fuese menor. La vía en cuestión era peligrosa, muy propensa a los aludes.

Al tener noticia de lo sucedido se mezclaron extrañas sensaciones dentro de mí”.

(...)

(Fotografía de Alex Txikon)
(Fotografía de Alex Txikon)

“Tras media hora de lucha con la nieve, nos paramos a tomar un respiro y comentamos lo obvio, que llegar al campo II nos iba costar mucho más de lo esperado. Simone sugirió que tal vez debiéramos dirigirnos a la zona central del corredor para buscar menos acumulación de nieve y así progresar con mayor velocidad. Las cuerdas fijas se encontraban enterradas bajo la nieve por lo que prescindimos de ellas. Hicimos caso a Simone y avanzamos en diagonal hacia aquella zona central. Las condiciones mejoraron y acabamos completamente a la izquierda del corredor, donde pudimos avanzar a muy buena velocidad, pero bajo la amenazante mirada del gran serac de la ruta Kinshofer, que se encontraba a unos seis mil metros. A decir verdad, no me gustaba nada lo que estábamos haciendo.”

(...)

Llegada a cumbre

"Unos instantes más tarde de Ali llegué yo. Curiosamente, no sentía felicidad. En ningún momento me invadió ese supuesto sentimiento de grandeza, de triunfo, de euforia. Pero sí recuerdo como si fuera hoy mismo, vívidamente y con mucha claridad, que tenía muchas ganas de estar junto a los fogones de queroseno del campo base. Ali y yo nos abrazamos, aunque sin grandes emociones, hacía demasiado frío, eran unas condiciones terroríficas, muy muy duras. Allí estábamos por fin, ambos de rodillas, mirando hacia el valle del Diamir".

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Alpinismo

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