Premio Princesa de Asturias: Messner, nuevo Princesa de Asturias: el montañero del que sospecharon 30 años
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Messner, nuevo Princesa de Asturias: el montañero del que sospecharon 30 años

Reinhold Messner fue el primero en escalar las 14 cimas de más de 8.000 metros sin oxígeno. Arquitecto, retraido, la historia de la muerte de su hermano en el Nanga Parbat marcó su vida

Foto: Reinhold Messner, en los Dolomitas. (EFE)
Reinhold Messner, en los Dolomitas. (EFE)

Durante 30 años, Reinhold Messner tuvo que aguantar las miradas de sospecha de todos aquellos que creían que había dejado morir a su hermano para mayor gloria propia. La acusación es dura, quizá la peor que puede hacerse, quien tiene un hermano lo sabe. Era su primer 'ochomil', el Nanga Parbat, los Messner querían hacer historia pero aún eran poco más que dos conocidos montañeros europeos con mucho mundo por recorrer. Desde los cinco años Reinhold, con un padre bastante autoritario, escalaba montañas en los Dolomitas. Que no engañe el nombre y el apellido, es italiano, solo que de esa región, Trentino, que de tan alpina parece austríaca. Y es el nuevo Princesa de Asturias junto al escalador Krzysztof Wielicki.

Los Messner impresionaban en Europa por su manera poco corriente de hollar picos. Donde otros llevaban unos equipos innecesariamente grandes ellos se sacaron de la manga el 'estilo alpino' que es significa ir con lo justo y necesario para sobrevivir e intentar no eternizar la subida. Y en esas estaban en el Nanga Parbat cuando a Günther, que así se llamaba su hermano, le entró el mal de altura y empezó a delirar. Por allí pasaron Felix Kien y Peter Scholz, en esa sensación que dan las enormes cimas de exceso de concurrencia. Preguntaron a Reinhold si ambos estaban bien, a gritos, y este respondió: "Sí, todo bien". Necesitaron 30 años para encontrar los restos de Günther y solo entonces, por la ubicación de los mismos y el estado en el que estaban, se pudo constatar que el mito, hoy premio Princesa de Asturias, tenía razón y había hecho todo lo posible para salvar a su hermano. Sin éxito, pero lo intentó. Él mismo perdió seis dedos de los pies en aquel intento. La muerte de Günther era un tema tabú entre los Messner.

Ese pico fue el primero y después, uno a uno y durante 16 años, fue haciendo más y más cumbres por encima de los 8.000 metros hasta convertirse en el primer ser humano es ascender todas ellas sin oxígeno. Esa es su mayor gesta, el principal pasaporte hasta el Princesa de Asturias, pero no es ni mucho menos la única. En su historial aparece también ser el primero en ascender el Everest en solitario. Antes ya había subido la montaña más alta del planeta, siendo el primero en conseguirlo sin oxígeno, y los especialistas pensaban que simplemente era imposible llegar tan alto sin ayuda de una bombona.

Dormir en un muro de 600 metros

El montañismo es de los muy escasos deportes en los que la competición no es el centro de todo. La lucha es con la naturaleza, la lucha es contigo mismo, pero no hay una carrera como tal ni una competencia. Reinhold Messner tenía una capacidad casi infinita de enfrentarse al peligro, aunque su ascensión más complicada fue a los 23 años, según ha contado en varias entrevistas. La hizo con su hermano Günther, y le llevó a dormir en medio de un pilar de Heiligkreuzkofel, un muro de 600 metros. "Dormimos colgados, no había ningún agujero para meter los mosquetones. Nada, me sentí atrapado, por debajo de mí solo había el abismo, pero de algún modo lo hicimos. Nunca nos creyeron, durante diez años dijeron que era mentira, hasta que años más tarde alguien fue y encontró mi mosquetón. Es la situación más arriesgada en la que he estado nunca":

Un arquitecto retraído y distante

Messner es arquitecto y tiene un punto de genio retraído y distante. Ha diseñado cinco museos alpinos en las alturas y escrito más de 20 libros, pero no quiso aparecer filmado hasta que se lo pidió un genio de la dirección cinematográfica como Werner Herzog. Vive en un castillo en los alpes y tiene ideas en la cabeza como la existencia del Yeti, el hombre de las nieves, de quien incluso ha llegado a escribir un libro. Le gusta la soledad, la tranquilidad, algo bastante común en lo que durante años fue su oficio. "Quizá en mi último capítulo viva en una cueva en algún lugar, olvidándome de todo, como mi héroe y filósofo favorito, Milarepa el tibetano", explicaba en 2002 en la revista 'Outside'.

Es también una máquina de generar aforismos. Pongamos unas cuantas. "Hago esto por mi, porque soy mi patria y mi pañuelo es mi bandera". "Las cosas maravillosas de la vida son las que haces, no las que tienes". "Siempre esta más lejos de lo que parece, es más alto de lo que aparenta y es más duro de lo que crees". Montañero y un poco filósofo también.

No sería el reto más raro, al fin y al cabo Messner ha cruzado la Antártica esquinado y 2.000 kilómetros del desierto del Gobi caminando. Una personalidad curiosa, tanto que, cuando le toque morir, ha pedido que lleven su cuerpo al Himalaya, donde puso su nombre en la historia, para que lo devoren los buitres. Antes de eso tendrá que dar un discurso en Oviedo. Porque él, como Willecki, ahora es también premio Princesa de Asturias.

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