jaca celebra el aniversario

Guardia Civil de montaña, 50 años de gratitud

En 2017 se cumplen 50 años de la creación de la especialidad de esquiador-escalador en la Guardia Civil. El Confidencial rinde homenaje a los que perdieron su vida y a los que la arriesgan todos los días

Foto: Guardia Civil Greim montaña rescate
Guardia Civil Greim montaña rescate

Pedro Garrido Zapata, Bernardo Pérez Navas, Antonio Hidalgo García, Gregorio Martínez Lafuente, Francisco Granados Burgos, José Manuel Sánchez Reolid, Miguel Ángel Arroyo Esteban, Jesús Chaparro Salcedo, José Martínez Conejo, Emilio Pérez Peláez y Marcos Benito Rodríguez son once nombres desconocidos para la mayoría de los montañeros. Son los guardias civiles que perdieron su vida en rescates. Pertenecían a los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) y a la Unidad de Helicópteros (UHEL).

Se cumplen 50 años de la creación de la especialidad de esquiador-escalador en la Guardia Civil, precursora de los actuales GREIM. El Confidencial rinde homenaje a los que perdieron su vida y a los que la arriesgan todos los días. Hemos conversado con rescatados y rescatadores, compartido recuerdos y emociones que quizás nos ayuden a comprender mejor los peligros de la montaña, a ser conscientes de nuestras limitaciones. A no jugar con la vida, la propia y la de esos guardias civiles que, en muchas ocasiones, arriesgan la suya por conductas poco responsables de aquellos a los que han de auxiliar.

Jaca acoge este martes y miércoles los actos de conmemoración de los 50 años de la Guardia Civil de montaña.
Jaca acoge este martes y miércoles los actos de conmemoración de los 50 años de la Guardia Civil de montaña.

“Con los años eres más consciente de lo que puede pasarte en el monte. Es lo que toca si vas a sacar a personas de sitios que ni te lo imaginas y en las circunstancias que sean, fáciles o difíciles. Cualquiera se puede meter un tortazo y quedarse ahí mismo", afirma Ángel Salamanca, greim y alpinista de elite. "Creo que todos tenemos las mismas sensaciones cuando vamos a un rescate. Somos conscientes de que el accidentado lo está pasando mal y también de nuestra capacidad para hacer lo necesario y poder salvar su vida. Nos han enseñado a gestionar los medios de que disponemos para resolver situaciones muy complicadas con eficacia. Aunque te vean llegar como un profesional serio, que haces tu trabajo y los pones a salvo, es bueno que sepan que no es solo eso, que hay algo más. Hay una fuerza que sientes cuando estás en un rescate: estamos unidos, somos uno. Son situaciones irrepetibles que crean vínculos de vida. Forman parte de nuestra historia y nos acompañaran hasta el momento en que dejemos este mundo".

Una amiga del alma

En febrero de este año, Carla y Ainoa, estudiantes de Física de vacaciones en la isla de La Gomera, hacían una ruta circular bordeando barrancos. Se perdieron. Habían trepado por rocas y era muy expuesto descender. No podían volver sobre sus pasos. Continuaron andando. Carla iba delante. "De tanta humedad dabas un paso y te resbalabas dos. Pensé que pisaba suelo firme y no lo era. Me precipité por un barranco. Mi caída fue de unos 20 metros y no de 'culetazo'. No, yo di una voltereta. Los arbustos me golpeaban en la cara. Afortunadamente la vegetación me frenó. Tuve mucha suerte porque las ramas a las que me agarraba se partían, estaban podridas. El precipicio era de unos 200 metros", relata.

—¡Vaya susto! Menos mal que tuviste capacidad de reacción y no te paralizó el pánico.

Mucha suerte, mucha suerte —repite Carla.

Ainoa bajó como pudo arrastrándose por la ladera. “Cuando estaba a la altura de Carla me coloqué sobre un tronco que parecía resistente. Ella estaba en una situación muy difícil, no hubiera aguantado mucho tiempo", dice. "Si no baja mi compañera, no aguanto, estaba colgada de un brazo”, confirma Carla. “La cogí y pudo hacer fuerza para subir", sigue Ainoa. De pie sobre el tronco y apoyadas en la pared, llamaron al 112 y comunicaron las coordenadas GPS. Eran las cinco de la tarde. Lo que sucedió a continuación resulta difícil de entender.

Desde las 17 horas hasta las cuatro de la madrugada del día siguiente, es decir, durante 11 horas, Carla y Ainoa estuvieron esperando a sus rescatadores. El burócrata especializado en protocolos de actuación, a eso de la una de la madrugada, llegó el apartado del protocolo donde se leía: "Si usted está viendo esto, llame al 062". “Primero Emergencias, después Protección Civil y no se dieron cuenta de que no pueden acceder a nosotras hasta las once de la noche. No sé si fue por orgullo de 'somos capaces de hacerlo' o qué. Pasadas la una de la madrugada activaron otro protocolo por el que había que llamar al consejero de 'no se qué' para que autorizase avisar a la Guardia Civil. Eran cerca de las dos de la madrugada cuando comunicaron el accidente”, afirman Carla y Ainoa. “Algo hemos aprendido: la próxima vez llamamos al 062”.

De izquierda a derecha: Salvador, Ainoa, Joaquin, Carla y Faustino.
De izquierda a derecha: Salvador, Ainoa, Joaquin, Carla y Faustino.

A los pocos minutos, el cabo Joaquín llamó al móvil de Ainoa: “No os preocupéis que os vamos a sacar”. “Lo dijo con tal seguridad que piensas: sí, claro. Te lo crees”. A las cuatro de la madrugada volvieron a recibir la llamada de Joaquín: “Tranquilas, hemos llegado a La Gomera, no os preocupéis”. “Estaba inquieta", recuerda Ainoa. "Ya había oído muchas veces ese no te preocupes y pasada una media hora llamé. Oí una respiración fuerte. Venían corriendo. Cuando llegaron me agarré a la primera pierna que vi". Desde que la Guardia Civil de Tenerife recibió el aviso hasta que vieron a los tres Greim no habían transcurrido tres horas.

—¡Vaya historia y lo mejor es que podéis contarla! Cuando hable con Joaquín le diré que estáis enamoradas de él

—Yo estoy enamorada de los tres —dice Carla. De Joaquín, de Tino y de Salvador. Son mis tres ángeles de Charlie.

"Íbamos tranquilos porque sabíamos dónde estaban, pero de noche todo cambia", recuerda el cabo Joaquín. Es un guardia civil y no comenta, pero se le entiende todo. “A las cinco de la madrugada rapelamos unos 150 metros con ellas cogidas. Era un terreno muy descompuesto, los arboles parecían nacer de esponjas. Llevaban muchas horas de tensión y a Carla hubo que animarla para que no se viniese abajo. Tuvieron mucha suerte. No habían dejado dicho dónde iban, se cayeron por una ladera de una zona no transitable. No es fácil tener cobertura en esa zona".

Joaquín rememora el rescate de dos “viejitos” belgas en Pico Viejo, en el Teide, en un mes de enero a 3.000 metros. “Ahí sí vi la cara de alguien que cuando llegas te dice muchas gracias, no puedo más, si no haces por mí aquí me quedo. Te emociona. Pensé que la mujer se nos iba. Le pusimos nuestra ropa, le tapamos con una manta térmica. Pensábamos que era frío, pero en el hospital nos dijeron que tuvo microinfartos. El viejito aguantaba, pero estaba entrando en barrena". Fue la primera vez que se hizo un rescate nocturno con helicóptero. “Le dije a Márquez [el piloto]: 'Si tú no vienes, no aguantan'. En diciembre del año siguiente se desplazaron todos a Tenerife para celebrar su nuevo nacimiento y nos invitaron a comer".

La familia Maes también les envió una carta: “Aquella noche, después del último contacto telefónico con nuestro padre, cada minuto duraba una hora. A las cuatro y media finalmente llegó la llamada de Joaquín diciéndome que habían sido localizados y estaban vivos… Muchísimas gracias de todo corazón. Cuando la gratitud es tan absoluta, las palabras sobran".

Rescate con helicóptero en el Teide.
Rescate con helicóptero en el Teide.

Trágate el orgullo cuando te has perdido

“A ti te da mucha alegría verles y a ellos también. Cuando los ves percibes empatía y cariño". Pilar y su marido se perdieron un sábado del pasado mes de febrero, de esa manera tonta en la que se pierde la gente en la Sierra de Guadarrama. Estás harto de ir, pero un día te sorprende un viento furioso, niebla, nieve y no sales. Tardaron más de una hora en decidirse a pedir auxilio. “Primero consideras que cómo te vas a perder en una zona a la que has ido toda la vida. Te da apuro llamar. Yo me he perdido, admito que me he perdido. Les pedí perdón… ¡Dios mío, la que he montado! Y su respuesta fue: ¡Lo habéis hecho genial, os habéis quedado en el sitio'. Encima te refuerzan". El consejo de Isabel: “No tengas miedo a pedir ayuda. Si te ves apurado, cuenta con las personas. Es una decisión inteligente, la más inteligente que puedes tomar en ese momento. No eres inferior por pedirla, al contrario. Te la darán y lo van a hacer muy bien".

Isabel, en su carta de agradecimiento al director general de la Guardia Civil, reconoce lo difícil que resulta expresar ese sentimiento que todos hemos tenido cuando asustados o malheridos advertimos la calidad humana: "No hay palabras para trasmitir lo que se siente cuando otras personas, a pesar de las condiciones meteorológicas tan adversas como la niebla, el viento, la nieve y la falta de luz, recorren la montaña en tu búsqueda… Todo son hechos que demuestran su capacidad de ayuda y de empatía hacia los demás. Nos gustaría que se les reconociera su valiosa labor y se les comunicara nuestro agradecimiento y la necesidad de su presencia como profesionales imprescindibles que nos hacen sentir seguros y protegidos a los ciudadanos de este país".

Cebrián es uno de los Greim que encontraron al montañero muerto por congelación hace un par de años cerca de Dos Hermanas, en el camino a Peñalara. “La gente le pierde el respeto a la Sierra de Guadarrama. La ven muy pequeñita y se confían. No se informan de las condiciones meteorológicas ni del camino que van a hacer. Ven que está malo y se meten, no lo puedo entender", dice.

El destacamento de la Guardia Civil de Montaña en el Puerto de Navacerrada tiene su base en una casa baja junto a la Cruz Roja. Sucede que en la Comunidad de Madrid no pueden intervenir salvo que se les llame directamente: las competencias de rescates las tienen los bomberos. Su ámbito de actuación es la vertiente segoviana. Tenemos uno de los mejores servicios de rescate de montaña que existen en Europa, pero parece que el empeño de algunos es debilitarlo y extinguirlo. Cuando se generalice el cobro por los rescates, y lo veremos pronto si se sigue masificando el monte, y las compañías aseguradoras pidan atestados para hacer frente a las responsabilidades de pago, entonces es muy posible que nadie discuta la presencia de la Guardia Civil en su condición de policía judicial, aunque no se produzcan accidentes mortales.

Operación de rescate de un grupo de montañeros en Cantabria por parte del GREIM.

Hablando con los amigos del Greim salen a relucir sucesos poco agradables. Como el de la familia de un accidentado en un barranco cuya única preocupación era la de saber si los guardias se habían quedado con la mochila. O el espeleólogo rescatado de una sima que les reclamó un mosquetón. Hay de todo, pero en este relato no cabe.

"Tenemos que seguir"

“Fue en junio de 1992. Nos comunican que se había localizado a una persona mayor en la parte superior de un gran cortado del terreno. Llegamos al lugar y se decidió la intervención del helicóptero. Nos repartimos las funciones a realizar. Yo —habla Miguel Domínguez, subteniente del Greim retirado tras 42 años de oficio—, una vez que el helicóptero apareciese, y a la señal del piloto, abriría la puerta y entraría en la aeronave para desde el interior ayudar a meter al rescatado. Una maniobra habitual que realizamos muchas veces. Así se hizo. Recuerdo cómo lo tengo casi cogido por debajo de las axilas para tirar de él hacia dentro. Y de pronto un ruido, un movimiento extraño del helicóptero. Alguien me grita '¡Salta!' y lo hago justo antes de estar demasiado separado de la pared. No entiendo nada, me giro y veo que uno de nosotros ha quedado sentado en el patín, en el exterior, junto con el rescatado. Otro compañero cuelga de ese patín, agarrándose con los brazos, pero cae al vacío… A los dos días del accidente, con los mismos pilotos, tuvimos que realizar un rescate en los cañones de la Sierra de Guara. Cuando el helicóptero vino a Boltaña a recogerme no hicimos ningún comentario, solo una mirada, un abrazo y un 'tenemos que seguir'".

En la Cartilla del Guardia Civil, redactada por la Inspección General del Arma en 1845, se puede leer: que el el Guardia Civil "procurará ser un pronóstico feliz para el afligido" y que "si algo debe esperar de aquél a quien ha favorecido debe ser solo un recuerdo de gratitud”. La de los lectores de El Confidencial seguro que la tienen.

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