Carlos Alcaraz ha arrancado la gira de tierra batida con una exhibición que ha dejado una imagen difícil de olvidar: un derechazo a más de 180 kilómetros por hora que durante un instante pareció desaparecer de la pantalla. El murciano, que muchos dudaban si llegaría en plenitud, ha respondido con tenis y potencia en el Masters 1000 de Montecarlo.
El número uno del mundo superó con claridad al argentino Sebastián Báez por 6-1 y 6-3 en su debut, firmando una actuación muy sólida desde el inicio. Más allá del marcador, lo que llamó la atención fue el nivel mostrado por Alcaraz, que incluso reconoció su sorpresa tras el partido: esperaba un estreno más complicado en una superficie que siempre exige adaptación.
El momento más comentado llegó en pleno intercambio desde el fondo de pista. Tras varios golpes cargados de efecto y ritmo, el español cazó una bola a media pista y soltó un latigazo de derecha que alcanzó los 183-184 km/h. Un misil que desató la reacción del público y dejó al propio Alcaraz mirando la marca con incredulidad antes de celebrarlo con su equipo.
Ese golpe reflejaba el dominio claro durante todo el encuentro. El murciano acumuló golpes ganadores, impuso su ritmo desde el primer juego y apenas concedió opciones a un Báez que se vio desbordado por la intensidad y la velocidad de bola. Solo un pequeño bajón en el segundo set permitió al argentino asomarse al partido, aunque sin alterar el desenlace.
Montecarlo, con una pista pesada y condiciones exigentes, no frenó a Alcaraz. Al contrario, confirmó a los incrédulos que el español vuelve a sentirse cómodo sobre la arcilla. Su tenis, agresivo y preciso, contrasta con la dificultad que muchos jugadores encuentran en estas primeras semanas de la gira europea.
El triunfo le sitúa ya en la tercera ronda, donde se medirá al ganador del duelo entre Etcheverry y Atmane. Todo ello marcado también por la presión del ranking, ya que el murciano es consciente de que podría perder el número uno en las próximas semanas ante el empuje de Jannik Sinner.
Mientras tanto, Alcaraz ha enviado un mensaje claro desde Montecarlo: su nivel está de vuelta y su tenis sigue siendo capaz de alcanzar velocidades que dejan sin respuesta a sus rivales… y sin aliento a los aficionados.
Carlos Alcaraz ha arrancado la gira de tierra batida con una exhibición que ha dejado una imagen difícil de olvidar: un derechazo a más de 180 kilómetros por hora que durante un instante pareció desaparecer de la pantalla. El murciano, que muchos dudaban si llegaría en plenitud, ha respondido con tenis y potencia en el Masters 1000 de Montecarlo.