Jordi Cruz, escalar con párkinson: cuando la voluntad no tiembla
Superando barreras y prejuicios, un fisioterapeuta español desafía la clasificación médica en la paraescalada internacional y logra hacer historia de la competición
Con 39 años le diagnosticaron párkinson. Siete años después, el pasado 25 de octubre, se convirtió en el primer deportista con dicha enfermedad que llega a la final de la Copa del Mundo de paraescalada. Jordi Cruz es de esas personas que se obstinan en no rendirse ante la enfermedad o el infortunio. Como también lo son Urko Carmona o Iván Germán, viejos conocidos de El Confidencial. Merecen todo nuestro apoyo y reconocimiento. Y desgraciadamente no suelen tenerlo.
La tercera prueba de la Copa del Mundo de Paraescalada, organizada por la IFSC (Federación Internacional de Escalada), se celebró del 24 al 26 de octubre en el Espace Mayenne de la localidad francesa de Laval, a medio camino entre Rennes y Mont Blanc. Jordi Cruz acudía como Campeón de España en la categoría RP2 masculina. Sin embargo, y este es un motivo de enfado —hay que aclarar que cuando Jordi se enfada lo hace disculpándose y con una sonrisa, lo verán en el vídeo—, porque dependiendo de la categoría en la que te incluyan, tienes más o menos opciones de conseguir una buena clasificación.
El Comité Paralímpico Español explica que, paragarantizar la mayor equidad en la competición, los deportistas se agrupan en categorías según el tipo de discapacidad. Los afectados con parálisis cerebral u otras condiciones neurológicas que presentan pérdida de fuerza, de rango de movimiento o de coordinación, se agrupan en la categoría RP que tiene tres niveles: RP1 para la discapacidad grave, RP2 para la moderada y RP3 para aquellos que tienen una afectación funcional leve en el tronco y/o las extremidades.
"Hay muchas personas jóvenes que tienen párkinson y no tiemblan. No solo es temblor, ojalá solo fuera temblor, es la enfermedad de las mil caras", afirma Jordi, que sufrió las consecuencias del desconocimiento de los doctores cuando tenía opciones de medalla en la segunda prueba de la temporada de la Copa del Mundo, celebrada en junio en Innsbruck (Austria). Mil caras, "pero hay algo que sí compartimos todos: la bradicinesia, esa lentitud extrema en los movimientos y la rigidez muscular. En mayor o menor medida, todos la sufrimos".
PREGUNTA. ¿Por qué te descalificaron en Innsbruck?
RESPUESTA. Cuando te inscribes, tienes que pasar el reconocimiento médico. Estaba la doctora holandesa que ya me había valorado como RP2 en otra competición. Les enseñé un vídeo de una prueba de Copa de España escalando; no temblaba en el vídeo. Aparte me hicieron unas pruebas y parece ser que lo tuvieron claro en clasificarme en categoría RP2. La competición consiste en escalar dos vías en un día y los mejores disputan al día siguiente la final.
P. Y competiste bien…
R. Sí, escalé las dos vías muy bien. En la segunda fui rápido. Me caí llegando al Top o final de la ruta. Pasé a la final como segundo de grupo. Lo iban a transmitir por YouTube: una persona con párkinson escalando una final de Copa del Mundo de Paraescalada. Estaba muy emocionado.
P. ¿Y qué pasó?
R. Victor Esteller (el seleccionador nacional de paraescalada) me dijo que los médicos nos habían llamado. Acudimos y nos comunicaron que me descalificaban porque el párkinson no limitaba mi brazo derecho para escalar. Me pasaban a categoría RP3 y no podía competir en la final de RP2. No tuve oportunidad de intentar clasificarme en RP3 porque ya habían sido las series. A mí me da lo mismo; yo lo que quiero es escalar y demostrar que este deporte es beneficioso. Lo que realmente me enfureció fueron los comentarios de algunos escaladores y la escasa formación de los médicos que te evalúan. Me pareció una falta de respeto, no sólo hacia mí, sino hacia millones de personas que padecen párkinson.
P. El pasado sábado, en Laval te has tomado la revancha. A la tercera va la vencida.
R. Así es y muy contento. Competí el sábado por la mañana y en la final, por la tarde. Urko Carmona —que quedó medalla de plata en su categoría— también lo hizo el sábado.
Jordi Cruz, tras la competición. (Cedida)
P. ¿Quiénes eran tus contrincantes?
R. Pues mira, el único con párkinson era yo. El que quedó segundo tiene una prótesis de cadera y el tercero rigidez en una muñeca, porque salió mal de una operación. Esta categoría es un cajón de sastre. El de la cadera dice que el de la muñeca no debería estar ahí y otros piensan lo mismo de él.
P. ¿Y el que ganó?
R. Es un japonés, —junto a los Estados Unidos es el país que acude con más deportistas— que tuvo cáncer en una rodilla y se le ha quedado muy delgadita. No la puede doblar más de 90 grados. No la puede flexionar.
P. ¿Y con párkinson compite alguien más?
R. Un señor en el equipo alemán que está en la categoría RP2 de la que a mí me expulsaron. Le enseñé a Toni (Curiel, entrenador de paraescalada en la Federación madrileña) "Mira cómo escala este hombre con 61 años y lo primero que me respondió fue: "Pues no se le nota ni discinesia (temblores) ni nada como a ti. ¿Y por qué él está ahí y tu no?". Qué quieres que te diga. Es lo que hay.
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"Es lo que hay". Sí, pero hay que pelearlo. Quizá la Federación de Montaña y el Comité Paralímpico Español podrían tomarse la molestia de estudiar el asunto y defender a un deportista español al que se le puede estar discriminando.
Jordi quedó cuarto y tuvo su mérito. ¿Os dan algún diploma?, le pregunto. "Que va, no te dan ni la enhorabuena, pero estuvo bien". "¿Sabes lo que pasó? Pues que de los 16 inscritos fallaron cinco, así que a la final solo pasaban cuatro. El corte era más difícil porque los buenos estaban todos". Si Jordi hubiese competido en su categoría real, en RP2, hubiese conseguido medalla. Como él dice, "estuvo bien y además me motiva más", pero lo legal es que él debería estar en RP2 y hay que intentar que así sea.
Cruz, en plena final. (Cedida)
"Jordi Cruz se convirtió en el primer escalador con la enfermedad de Parkinson en llegar a la final de un campeonato de la Copa del Mundo. Antes de su diagnóstico, era un escalador apasionado. Ahora, ha canalizado esa pasión hacia la escalada en interiores y la concienciación sobre el hecho de que el párkinson también afecta a los jóvenes". Este es el mensaje que publicaba en redes sociales la asociación americana Up Ending Parkinsons, una organización sin fines de lucro que ofrece la escalada guiada en roca para personas con la enfermedad.
Jordi comparte experiencias con ellos con el propósito de dar a conocer sus efectos positivos. Es fisioterapeuta y me lo explica: "La escalada en rocódromo, controlada, es el mejor de los ejercicios para el párkinson por la cantidad de movimientos, de coordinación, de equilibrio, de concentración, de fuerza. Son muchas cosas". Molly Donelan es la fundadora de Up Ending Parkinsons. Jordi mantiene un contacto frecuente con ella. Me dice que ahora en la instalaciones que la asociación tiene en Estados Unidos hay 200 personas practicando el deporte, una de ellas con 90 años. Recuerda los estudios de la neuróloga austriacaHeidemarie Zach, una persona muy importante en su vida: "Su trato humano y la comprensión que tiene sobre el párkinson me marcaron profundamente. En un mundo donde a veces se nos clasifica más por nuestros síntomas que por nuestras capacidades, encontrar profesionales como ella fue un verdadero regalo".
Mientras prepara su viaje a Holanda invitado por Parklimson, una fundación que también promueve la escalada, Jordi insiste en recordar lo que es su proyecto vital: "demostrar que este deporte es súper beneficioso para el párkinson y también para otras enfermedades como la esclerosis múltiple". Conseguir que en España se apliquen las experiencias de EE.UU., de Holanda, de Italia quizá sea un reto mayor que llegar a la final de una Copa del Mundo, pero Jordi Cruz es un luchador. Gracias por no rendirte.
Con 39 años le diagnosticaron párkinson. Siete años después, el pasado 25 de octubre, se convirtió en el primer deportista con dicha enfermedad que llega a la final de la Copa del Mundo de paraescalada. Jordi Cruz es de esas personas que se obstinan en no rendirse ante la enfermedad o el infortunio. Como también lo son Urko Carmona o Iván Germán, viejos conocidos de El Confidencial. Merecen todo nuestro apoyo y reconocimiento. Y desgraciadamente no suelen tenerlo.