No era solo personal: los motivos detrás de la guerra entre García y De la Morena
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OJO AL DATO

No era solo personal: los motivos detrás de la guerra entre García y De la Morena

Si crees que lo de Ayuso e Iglesias ha sido áspero, espera a leer cómo se las gastaban en los años 90

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Montaje EC. (Raquel Cano)

Tortas, tortas y más tortas. Dicen que la opinión pública española nunca estuvo tan polarizada como ahora, pero cuando hablas con el periodista Alfonso Azuara, antiguo ariete de José Ramón de la Morena en ‘El Larguero’, reparas en la mala memoria colectiva. “¿Polarización? Polarización era lo nuestro”, dice Azuara. Lo suyo era la guerra contra José María García a principios de los noventa. Aún hay heridas sin suturar:

–¿Se tomaría un café usted con García para reconciliarse?

– Ni hablar.

–Han pasado treinta años desde aquello.

–Yo tengo unos principios, y si a la gente no les gustan, me trae sin cuidado.

–Pero De la Morena y García hicieron las paces hace años.

–Y yo se lo afeé a De la Morena.

"No hubo una guerra contra García, sino una lucha contra la dictadura de García", dice Azuara

Resumiendo: Cada vez que Azuara escucha la palabra “García”, le entran ganas de invadir Polonia: “No hubo una guerra contra García, sino una lucha contra la dictadura de García”. “García no era un periodista, sino un 'perindustria'”. “El García de ‘Pueblo’ y ‘Hora 25’ era un buen periodista, luego se echó a perder”. “García hablaba pegando patadas al diccionario y al código penal”. El Azuara de 2021, como el de 1995, es un no parar.

Al lector que no conozca esta historia quizá le asombre este odio indeleble. Pero igual que el veterano del Vietnam sigue teniendo 'flashbacks' de la lucha en la jungla, la fobia de Azuara no surgió de la nada: los choques entre José María García y De la Morena fueron cruentos y trascendieron el plano personal. Varias generaciones de españoles quedaron impactados por esas noches de acusaciones cruzadas, insultos y demandas en torno al fútbol y la radio. Tanto es así que la semana que viene Movistar estrena 'Los reyes de la noche', una ficción basada en la vida y obra de García y De la Morena.

Que García era el rey del insulto es algo fuera de discusión. El Supremo y el Constitucional le condenaron por llamar a Ramón Mendoza “zafio”, “histérico”, “tonto”, “tontito”, “pobre y ruin”, “descarado”, “perjuro”, “soberbio y pedante”, “cobarde”, “caradura y desvergonzado”, “embustero” y “presidente con el pelo blanco y la conciencia negra”. Sobre De la Morena, García dijo cosas como: “En todos los pueblos hay un tonto, y este es el tonto de Brunete”, “está loco” o “algún día, alguien tendrá que acabar con el imperio del monopolio del Grupo Prisa. Llevan seis años intentando desestabilizar al fútbol español con el único pretexto de derribar a García”. Y todo esto sin entrar en el "Pablo, Pablito, Pablete" y el resto de sus grandes éxitos.

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Paco González, Robinson y de la Morena, en los inicios de El Larguero (Cadena SER)

De la Morena también se quedó a gusto: “García es un delincuente acostumbrado a extorsionar, manipular y chantajear”.“García es el pistolero de la noche. El drama de este país es que ha pasado de la dictadura de Franco a la de José María García. Tiene bajo su bota a todo el mundo del deporte”. “La radio de García ha sido siempre radio hostias”, además de las constantes alusiones a su rival como "el pequeño", "pequeñín" o "superratón". Incluso llevó al estudio a una persona vestida de butanero al que entrevistó como si se tratase de García.

Pero aquel enfrentamiento fue mucho más que el calentón entre los dos periodistas deportivos de moda. "A toro pasado, se trata de imponer el relato de que fue una pelea, a veces entrañable, entre dos personas, y eso no es cierto. La única verdad es que fue entre dos, pero entre dos bloques con intereses económicos y políticos cruzados", dice Juan F. Lamata, editor de 'La Hemeroteca del Buitre' y uno de los mayores estudiosos de la historia de los medios en España. "Reducir la guerra de medios que tuvo lugar entre 1990 y 2004 a un pique entre De la Morena y García es como decir que la Segunda Guerra Mundial fue un rifirrafe entre Rommel y Montgomery en África", continúa Lamata.

El de la Morena-García es también el Polanco-Pedro J, el González-Aznar y el clásico rojos contra azules en versión deportiva

En efecto, nada de lo que sucedió tendría sentido desde la perspectiva de un combate de exhibición. Ambos tenían detrás potentes grupos mediáticos con respaldo en las más altas esferas de la política y la economía con un mismo objetivo: controlar la opinión pública. A un lado del campo de batalla, con el apoyo personal de José María Aznar, Pedro J. Ramírez y Juan Carlos de Borbón, estaba José María García, terror de las ondas, adalid de cierta derecha mediática y el único capaz de reunir bajo un mismo techo —el del odio a Polanco y Felipe González— a 'El Mundo', 'ABC', Cope, Antena 3 Radio y los grupos Zeta y Godó.

Al otro lado, José Ramón de la Morena, con un perfil mucho más bajo, pero navegando a bordo del acorazado Prisa. Cuenta con el respaldo de la cadena SER, los diarios 'El País' y 'As' y el Canal Plus, medios líderes en audiencia y cercanos al felipismo. El De la Morena-García es también el Polanco-Pedro J, el González-Aznar y el clásico rojos contra azules en versión deportiva: "En los 90 se vivió una guerra mediática y política como nunca ha visto España, con abusos y ataques por todas las partes. No solo eran los periodistas deportivos, sino que hay refriegas en varios frentes: Antonio Herrero contra Iñaki Gabilondo, Julia Otero contra Encarna Sánchez, Ansón que no para de atacar a 'El País' desde sus editoriales...", afirma Lamata.

La chispa adecuada

La versión oficial sostiene que el 'casus belli' llega en una entrevista que García concede a la revista 'Tiempo' en junio de 1990 en la que se refiere a De la Morena como "un muchachuelo que llegó a la SER para intentar tirarme". En respuesta, De la Morena estalla, le dedica varios minutos de descalificativos en 'El Larguero' y por primera vez los papeles se hacen eco del enfrentamiento, pero las hostilidades entre García y Prisa —García siempre consideró que su rival eran Prisa y el Gobierno, no De la Morena— ya venían larvadas en otros episodios.

Un mes antes, en mayo, Alfredo Relaño y García casi acaban a tortas durante una etapa asturiana de la Vuelta. Tuvieron un encontronazo a la salida del Hotel Reconquista, en Oviedo, y Relaño golpeó sin querer el cigarro que García llevaba en la boca, provocando una lluvia, literal y figurada, de chispas sobre la camisa del rey de las ondas. Entre los compañeros se propagó el rumor de que Relaño había puesto en su sitio de un bofetón a García: "Fue más un toque sin querer que una hostia. Yo me agobié. Pensaba que García montaría el pollo en su programa (aunque no lo hizo), y pedí a mis compañeros perfil bajo, pero ellos me decían 'sí les has pegado, sí le has pegado', y un periodista de otra cadena me invitó a champán", recuerda a este periódico el exjefe de Deportes de la SER.

Hubo otros dos incidentes ese verano que emponzoñaron la relación entre García y De la Morena. El primero incluye la polarización del Real Madrid y la Operación Nécora de Baltasar Garzón. Hasta ese momento, Ramón Mendoza estaba en el bando de los equidistantes, en tanto que atendía a las dos emisoras: por un lado era amigo de García y no olvidaba que sin su apoyo no habría ganado las elecciones del Real Madrid, pero por el otro tenía una silla en el consejo de Prisa desde 1985 y le debía cierta lealtad a Polanco.

"Sucede que entre los detenidos de la Nécora, en junio del 90, está Carlos Goyanes, íntimo y socio de García y directivo del Real Madrid", afirma Lamata. "Aquella noche García abre su programa con un alegato sobre la inocencia de Goyanes, que después sería absuelto, y llega a decir en antena que así se lo ha asegurado el director general de la Policía Nacional. Se lía la mundial y Garzón llama a declarar a García y al director de la policía". Paralelamente, García presiona a Mendoza para que no destituya a Goyanes, sin éxito, lo que convertiría al presidente del Real Madrid en la nueva diana de 'Supergarcía' y, por extensión, en un miembro más a batir del "imperio del monopolio".

El segundo acto de este melodrama bélico llega en el Mundial de Italia. García descubre que el seleccionador Luis Suárez, también amigo suyo —durante los 80 y los 90 García tenía más contactos que Roberto Carlos—, ha firmado un acuerdo secreto con la Cadena SER. Por 4 millones de pesetas, el seleccionador se había comprometido a entrar todos los días en directo para contar cómo avanzaba la competición. Y a no hacerlo con los demás, claro. Los detalles del contrato se airean en 'Supergarcía' y se acusa a Luis Suárez de "haber vendido al equipo nacional a cambio de un plato de lentejas". El escándalo hace que la Federación frene el acuerdo y De la Morena pierde los papeles en antena: se refiere a él como "Osama García", dice que está comprado y que tiene sometida a toda la radio española.

Sin embargo, el ejército de Prisa no estaba preparado aún para una guerra en campo abierto y De la Morena acabó siendo suspendido de empleo y sueldo por negarse a pedir perdón a García.

El becario que vino de Brunete

En aquel momento, De la Morena no podía confrontar con García. No tenía ni la audiencia, ni el poder ni por supuesto la cohorte de amigos influyentes de García. "De la Morena competía al principio en inferioridad de condiciones. Además, sentía mucho respeto y admiración por García, porque de joven había trabajado para él", recuerda Alfredo Relaño.

Volvamos un paso atrás. 1981. José Ramón De la Morena tenía 24 años cuando entró de becario en la SER de... José María García. El día que le hicieron la prueba, De la Morena (que vive en Brunete, a 22 kilómetros de la capital) apareció en Madrid a las 3 de la madrugada (le habían citado en la SER a las 6 de la mañana, pero finalmente le recibieron a las 11). “Pasé ocho horas dando vueltas por la Gran Vía. Yo no tenía ni idea de nada, venía del pueblo, pensaba que si llegaba un minuto tarde, le darían mi puesto a otro”, recuerda De la Morena entre risas.

“Tú, tranquilo, chaval, que García no se come a nadie”, le dijeron ese día.

Foto: Jesús Gil y "Supergarcía". (COPE).

En la SER, De la Morena vivió en primera línea la defenestración de García (1982), que abandonó la emisora tras pisar todos los charcos posibles, para fundar Antena 3 con notable éxito, mientras De la Morena se curtía como reportero y descubría la dificultad de competir con un García en plenitud de sus poderes. Durante los ochenta, la SER lo intentó todo para acabar con la hegemonía nocturna de García, pero nada le funcionó hasta que Alfredo Relaño, director de Deportes, propuso hacer un nuevo programa nocturno presentado por el de Brunete: 'El Larguero', que arrancó en el verano de 1989.


De la Morena empezó pronto a zurrar a García, consciente de que la guerra cultural tiende a beneficiar al pequeño (en audiencia, no en tamaño). El contexto empresarial de la SER entonces es relevante: el director general de la emisora, Eugenio Galdón, era amigo personal de García, y había intentado ficharle de vuelta varias veces. Por contra, el subdirector general, Augusto Delkáder, respaldaba a Relaño y De la Morena.

"Después de los primeros dos meses, todo fueron hostias. Un nivel exagerado de hostias"

"Creo que el único momento tranquilo fueron los dos primeros meses de ‘El Larguero’. A partir de ahí, todo fueron más y más hostias. Un nivel exagerado de hostias. Es que el listón empezó muy alto: con De la Morena suspendido varios meses por meterse en antena con García y Galdón", recuerda Paco González, director de 'Tiempo de Juego', a El Confidencial.

Pero Galdón acabó yéndose de la emisora (a la Cope de García, por cierto), Delkáder tomó los mandos y De la Morena volvió a su programa. "Pero el escenario ya no es el mismo. Prisa se da cuenta de que está recibiendo muchos ataques desde la derecha y que no están respondiendo, así que convierten a De la Morena en un ariete contra sus enemigos. 'El Larguero' vuelve con una sección, conducida por Azuara, que dedica varios minutos todos los días a mofarse de García y difundir cualquier información negativa en torno a él", apunta Lamata. "A partir de este momento, De la Morena se convierte en un soldado de Polanco, defendiendo durante años la postura de su grupo empresarial en las 'guerras del fútbol' ante Tebas y Roures, haciendo cosas en ocasiones que nada tienen que ver con el periodismo".

Era la guerra total.

Entramos en un 'crescendo' repleto de episodios hostiles. La primera entrada al tobillo se la anota García. En enero de 1993, Mendoza acude a la SER para denunciar que su jugador Luis Milla recibió la llamada de un excompañero del Barça ofreciéndole 40 millones de pesetas por hacer que el Madrid perdiese la liga en la última jornada en Tenerife. De la Morena y Mendoza acordaron propiciar una segunda llamada al sobornador para grabarla, emitirla en antena y denunciar el intento de compra, pero esta no llegó a producirse, porque el gerente del Real Madrid, Manuel Fernández Trigo, informó a García de la situación. Según la versión del de Brunete, García entonces llamó al 'president' Núñez para avisarle de la situación y así chafar la exclusiva de su compañero. La inquina personal se impuso al periodismo.

placeholder García, en 1992, en los micrófonos de la Cope. (Cope)
García, en 1992, en los micrófonos de la Cope. (Cope)

De la Morena contrataca con fuerza en enero de 1994, cuando 'El Larguero' lanzó la campaña publicitaria titulada “fanatismo o espectáculo”. El espectáculo lo daba De la Morena; el fanatismo, García, retratado en los anuncios como si fuera Hitler. Poco después, Azuara aireó en 'El Larguero' el contrato que tenía García en Cope (que lo fichó tras hacerse Prisa con Antena 3, y también con todos sus contratos) y seguidamente 'El País' publicó que García cobraba el equivalente a 10 millones de euros al año entre salario y porcentaje publicitario.

Desde Miguel Yuste se siguió cargando contra 'El Butano' hasta en los editoriales: “José María García es un periodista cuya fama se debe en mayor medida al estilo (faltón y arbitrario) con que se expresa que a lo riguroso de sus informaciones o atinado de sus juicios. Ello le ha llevado varias veces ante los tribunales (...) Estamos en contra de su estilo de periodismo, que, teniendo todo el derecho a existir, no cabría en 'El País' (...) La invocación a la libertad de expresión no legitima el insulto gratuito o injurioso, como creen los predicadores que todos los días multiplican sus doctrinas apelando al más puro amarillismo”. La Cope respondió que Prisa era “un poder autónomo al margen de la ley” que quería acabar con la competencia.

placeholder El anuncio, insertado en febrero del 94, donde se compara a García con Hitler. (ABC)
El anuncio, insertado en febrero del 94, donde se compara a García con Hitler. (ABC)

En 1994 se alcanza el cénit de la confrontación. De la Morena, con una audiencia en crecimiento, aprovecha el Mundial de Estados Unidos para burlarse y humillar de distintas formas al seleccionador Javier Clemente y al presidente de la Federación, Ángel María Villar, ambos cercanos a García. En 1990, Clemente había cargado en la SER contra el locutor tras conocer su suspensión: "A ver... ¿Dónde está el De la Morena? ¿Ya le han largado? Si a todo cerdo le llega su San Martín", recuerda De la Morena en uno de sus libros. En 'El Larguero', graban a Clemente mientras aprende a tocar el saxofón (el barco en la niebla) y utilizan el audio como motivo de mofa durante un mes en el 94; el entrenador vasco responde no entrando nunca en la SER e incluso evitando las preguntas de los medios de Prisa en las ruedas de prensa. El pique entre Clemente y De la Morena aún sigue vigente.

El asunto se enfangaría aún más con el estallido de la primera Guerra del Fútbol, que explota durante la primavera de 1996. Antonio Asensio, asesorado por García, comienza a hacer ofertas a los equipos de Primera por sus derechos de retransmisión, algo que hace saltar el tablero de juego, ya que los derechos los venía explotando Prisa, a través de Canal Plus, que los negociaba directamente con LaLiga (por entonces LFP). "De la Morena no solo defendía a Prisa en antena, sino que la propia SER negociaba con Mendoza por los derechos de Canal Plus, mientras que García y Lorenzo Sanz lo hacían en nombre de Asensio. Fue una guerra económica de primer nivel y tanto De la Morena como García se implicaron al máximo", dice Lamata.

El 'sorpasso'

Todo enfrentamiento tiene su lado obsesivo. Parte del equipo de De la Morena se dedicaba a escuchar a García y seleccionar fragmentos para acumular munición. Y viceversa. “García dispuso que cada noche le grabaran 'El Larguero'... camino a casa, entrada ya la madrugada, cuando la gran mayoría de sus oyentes y los de su rival habían apagado los transistores, él oía 'El Larguero' mientras el vehículo recorría una M-30 gris, solitaria y muda. Es una imagen tremenda que resume la pugna histórica entre los dos periodistas”, contó el periodista Vicente Ferrer en 'Buenas noches y saludos cordiales', su biografía sobre García.

“De la Morena se da cuenta de que entrar en el cuerpo a cuerpo le beneficia. Su audiencia, más juvenil, más gamberra, disfruta con las burlas a García. Llena el estudio de público; la mayoría son estudiantes. Están admitidos los aplausos, las risas y el pataleo... García se niega a admitir que eso sea un programa deportivo. Lo califica de ‘circo’. Pero De la Morena sigue a la suya. Saca 'El Larguero' a la calle. Recorre el país haciendo su espacio en directo. Y no hay semana que no dedique alguna pulla a su oponente. Erigirse en antagonista de García le granjea simpatías y popularidad. En ese propósito tiene el apoyo de todo el Grupo Prisa. 'El País' y Canal Plus reproducen las críticas a García y alimentan la rivalidad entre ambos”, continúa el libro de Ferrer.

"¿Guerra entre dos? Es como decir que la IIGM fue un pique entre Montgomery y Rommel"

Convertido ‘El Larguero’ en fenómeno radiofónico, Víctor M. Amela escribió en 'La Vanguardia': “¿Cómo lo ha conseguido De la Morena? Muy sencillo: ha convertido a García en el protagonista del programa, en el 'pimpampúm' de su feria. Su arma secreta es el propio José María García”.

El equipo de De la Morena, por contra, niega que hubiera una estrategia detrás. Paco González: "Con García no había otra posibilidad que jugar su juego, porque era capaz de dedicarte diez minutos seguidos de epítetos, y De la Morena entró al trapo, pero no fue una decisión consciente o estratégica, sino que respondió a coyunturas empresariales, el cambio de Galdón por Delkáder, y al fragor del día a día. No hubo un plan concertado o un momento en el que dijéramos: vamos a convertirnos en el anti-García. Desde el principio, hacíamos un programa más coral, más dinámico y más divertido". Continúa el periodista de Cope: "No creo que España estuviera dividida por la mitad, porque nosotros llevábamos el programa a todas partes y siempre estaba abarrotado, mientras que García se iba quedando en soledad, su audiencia era menguante, aunque sí conservó hasta el final el poder y la influencia. García llamaba al Rey y el Rey se ponía, pero el público estaba de nuestra parte".


Lo apostilla Relaño: "No es tanto que De la Morena se vendiera como el anti-García como que hacía otro tipo de programa, coral y con humor. No es casual que esos años triunfará también 'El día después' en Canal Plus. Eran tonos más costumbristas, muy diferentes a García, ya no preocupaba tanto saber cuántos langostinos se había comido un directivo, o la obsesión por influir, puntos fuertes de García durante tres décadas, sobre todo sus primeros años, cuando su modelo de desvelar escándalos deportivos era pura innovación. Aparte, García se creyó con tanto poder que forzó demasiado la realidad. Antes de que De la Morena le pisara los talones, empezó a implicarse en batallas absurdas e impopulares contra Perico Delgado, contra la Quinta del Buitre, contra Ramón Mendoza. Se desgastó mucho pegando tiros equivocados".

El 18 de abril de 1995, De la Morena superó en audiencia por primera vez a García y nada volvería a ser lo mismo.

El ocaso de 'Supergarcía'

Con los oyentes pasándose al enemigo, los excesos de García comenzaron a pesarle. El estilo autoritario que había implantado en los 70, de primer gallo del corral, le resultaba anacrónico a la sociedad española de mediados de los 90, que prefería el buen rollo de la SER. "El modelo de ordeno y mando de García quedó obsoleto. Además, contaba con una serie de prebendas que hoy serían inaceptables. Por supuesto que sin él deportes como el ciclismo o el boxeo nunca habrían alcanzado esa notoriedad, pero era a costa de imponer que solo García podía ir en los coches de la Vuelta o entrar en los vestuarios de un equipo", explica Juan F. Lamata.

Y luego está el asuntillo de exigir el despido de varios compañeros, que algún rencor le generó. Además de la suspensión de De la Morena, J.J. Santos denunció que García pidió su despido cuando trabajaba en Radio España por defender a Valdano; Pedro Pablo Parrado que por una llamada suya le echaron de la Cadena Rato; Javier Ares que intentó que lo largaran de Antena 3 por quejarse de las prebendas que tenía en la Vuelta... "y luego están los demoledores artículos en 'Diario 16' de Gaspar Rosety, que durante muchos años fue el lugarteniente favorito de García. Rosety se marchó a Radio Voz en 1996 y denunció que García llamó a todos sus contactos para que no volviesen a responder a Rosety", afirma Lamata. "Hay episodios divertidos como el de Pedro Diez. Era el director de la Cope y García puso como exigencia para renovar en 1999 que lo despidieran. Le hicieron caso, Diez se fue a Onda Cero y, al poco, Onda Cero fichó a García. ¿Y qué hizo? Pues volverle a despedir. Incluso Abellán ha dicho alguna vez que intentó que lo despidiesen de Cope, y eso que no coincidieron".

García llegó a despedir al mismo dirigente de dos emisoras distintas

"Bueno, eso se dice, que García llamó hasta al Vaticano para que me cesasen, pero yo no sé si eso es verdad. Es parte de su caricatura y García siempre ha bromeado con esto. Le preguntaba a los compañeros '¿para qué medio trabajas?' y, cuando respondían, García les decía: 'TRABAJABAS'", dice entre risas José Antonio Abellán, que se reconoce íntimo de García. No obstante, sí se cruzaron algún bofetón radiofónico a comienzos de los 2000. "Yo siempre hacía imitaciones de García con el Grupo Risa en mi programa, y a José María le gustaban, pero una vez llamamos a Núñez haciéndonos pasar por él, y se puso a darnos exclusivas de fichajes... y ahí sí, le sentó mal al hombre". García lo demandó.

Abellán siguió lanzándole chinitas. En 2002, emitió un vídeo de la Vuelta a España en el que se veía a García, fuera de sí, defendiendo sus privilegios adquiridos ante la joven periodista Ana José Cancio, que solo pedía poder tener acceso a un ciclista. "¡A mí no me pongas condiciones! ¡Lo tengo el tiempo que me sale de los cojones! Y es la última vez que me vuelves a decir nada", se vio a García decir, en un fragmento que se emitió en todas las televisiones del país.

Hoy, Abellán le quita hierro al asunto: "García podía ser un tío distante, duro con su equipo y sus compañeros, porque es un tío que vive 'enfadao'. Él es así y como tal hay que quererle: yo le quiero mucho. También hay que tener en cuenta que García era un tío solo contra el mundo, que no tenía detrás ni siquiera a la Cope, mientras que su enemigo era un ejército que se movía en perfecta coordinación. Un batallón contra Pancho Villa. De la Morena era un soldado a las órdenes de su empresa, porque ni siquiera era un asunto ideológico, que De la Morena es de la línea dura del PP, no hay más que ver las amistades políticas que ha hecho en Brunete".

Poco a poco, todos se fueron alejando de García. "Para mí, la imagen del cambio de guardia es el fichaje de Figo", dice Lamata. "De la Morena llevó a Florentino Pérez al programa y dijo que, si ganaba las elecciones, vendría con él Luis Figo. Al tiempo, García dice en su programa que es mentira, que lo de Figo es humo. Cuando gana Pérez y llega Figo, todo el mundo se da cuenta de hacia dónde fluye ahora la información", dice Lamata.

Como es habitual en los cuerpos celestiales, García brilló más que nunca justo antes de desaparecer. En 2000 firmó un contrato estratosférico, de 2.000 millones de pesetas anuales, por liderar los deportes de un grupo mediático concebido para oponerse a Prisa, apadrinado por Aznar y financiado por Telefónica. En teoría, el nuevo grupo serviría para que el PP mantuviese cierto grado de influencia una vez fuera del Gobierno, como había hecho el PSOE con Prisa durante el aznarismo. En la práctica, se trató de un negocio con unos costes altísimos que descarriló en dos años. Con la mitad de audiencia y más del doble de sueldo que De la Morena, Telefónica dejó marchar a García cuando se cumplió su contrato, en 2002. El presentador intentó que Aznar lo salvase y, desde entonces, es uno de sus principales enemigos, aunque García nunca volvió a los micrófonos.

Pelillos a la mar

De aquello han pasado treinta años, y los ánimos se han calmado. Hablamos con José Ramón de la Morena, que anunció hace un par de meses que este será su último año en la radio antes de jubilarse.

PREGUNTA. ¿Cómo fue el salto de ser despedido por criticar a García a ser recontratado para... criticar a García?

RESPUESTA. No, no, a mí nadie me dio ninguna orden nunca, ni para una cosa ni para la otra, nadie. Yo volví a 'El Larguero' para seguir haciendo mi trabajo, no para vengarme de García. Pero tuvimos una enganchada fuerte tras un partido Brasil-Chile, la cosa se enredó, y acabamos en una guerra fuerte.

P. ¿Cuál fue el punto de inflexión de las tensiones con García?

R. Cuando estábamos cubriendo el Mundial de Italia 1990, un juez decidió meter en la cárcel a García. Toda la prensa se movilizó solidariamente contra su ingreso. Yo también firmé: estoy en contra de que un periodista vaya a la cárcel por dar su opinión. ¿Qué pasó? Que ese mismo día García dio una entrevista a ‘Tiempo’ donde me metíó otra hostia. Me cabreé, me puse las pinturas de guerra y perdí un poco la cabeza en antena. Mis jefes me mandaron de vuelta a España. Pensé que había sido mi último día en la SER.

P. Se acabó convirtiendo en un festival de palos.

R. Sí, pero tampoco era todas las noches, eh…

P. ¿Todas las semanas?

R. Ja, ja, no sé… Fue un enfrentamiento muy tosco y muy áspero. Seguro que ninguno de los dos éramos ejemplos de nada, pero tampoco era todos los días, lo que pasa es que cada vez que peleábamos por llevar a un personaje en exclusiva al programa, saltaban chispas, y seguramente los personajes, al verse en medio del enfrentamiento, pensarían: '¿Pero yo qué culpa tengo?' A ver, yo al principio era la parte más débil, y no es que no tuvieras derecho a entrevistar a alguien antes que García, es que ni siquiera lo podías entrevistar después, porque García lo escondía. Y claro.

"No quiero que la gente me recuerde por los enfrentamientos con García, joder, que también sacamos grandes historias"

P. ¿Fue estresante o, como 'El Larguero' iba para arriba y García para abajo, lo llevaba bien?


R. El programa iba para arriba porque había periodistas muy buenos. 'El Larguero' era coral, mientras que García estaba solo en antena. Yo tenía comentaristas como Valdano y Perico Delgado. Además, éramos la novedad. Hicimos muy buena radio. No quiero que la gente me recuerde por los enfrentamientos con García, joder, que también sacamos grandes historias (como el escándalo futbolístico de las primas a terceros). Hicimos muy buenas Vueltas y Tours. Juzgarnos solo por un enfrentamiento por muy llamativo y chabacano que fuera... García y yo desvelamos grandes informaciones e hicimos muy buen periodismo, a ver si va a parecer que solo éramos dos macarras en una barra de bar. ¿Que la bronca formó parte de todo eso? También.

P. Hace unos años llegó la reconciliación entre ustedes. Primero, en secreto; más tarde, en el programa de Jordi Évole. ¿Fue algo premeditado? En plan: igual ya es hora del borrón y cuenta nueva…

R. Fue por casualidad. Fui al hospital a ver a un amigo que se estaba muriendo. Llegué al Ruber a las siete de la mañana, un 24 de diciembre, aún de noche, allí no había nadie. De pronto, veo a un tipo durmiendo en un sofá… ¡era García! (que también era amigo de mi amigo). Hablamos por primera vez en treinta años. Me dijo que había tenido un cáncer. Me quedé cortadísimo. No sabía qué decirle. Luego me llamó al morir Jorge Ruano, un técnico que había trabajado para los dos. Decidimos quedar para hablar, pero en plan discreto, no queríamos convertirlo en un circo. Era entre él y yo. Luego hemos coincidido con amigos en común y ha sido agradable. Con amigos con los que antes teníamos que quedar por separado y ‘en secreto’... por temor a que si García (o yo) nos enterábamos nos cabrearíamos con ellos. Pobres amigos.

***

¿Y qué pasa con García? Pues que está un poco 'enfadao' y no quiere hablar, aunque se muestra muy atento con este periódico. "Sé que me llamas por una serie que se va a estrenar sobre nuestras vidas, pero no quiero hacerle promoción. No me han consultado nada, ni siquiera me han enviado el tráiler para que lo vea. Dicen que son personajes figurados, que ni siquiera usan nuestros nombres... ¿pero eso qué sentido tiene, si todo el mundo nos va a identificar al momento? En fin, que tampoco les quiero perjudicar, porque la vida es cortísima y no quiero tener el rencor de nadie, así que lo dejo en que tanto De la Morena como yo nos equivocamos en aquella época", dice el periodista, que ha pasado toda la pandemia encerrado con su mujer en Marbella. "¡Pero hay muchos otros temas de los que hablar! ¿Has visto la ignominia de Florentino Pérez en 'El Chiringuito'? ¡Eso es tremendo! La semana que viene hacemos una buena entrevista y hablamos no del pasado, sino del futuro del fútbol", zanja. Le tomamos la palabra. Buenas noches y saludos cordiales.

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