Cuando viajar también era peligroso: aquel bus del Estudiantes sin luces por los Balcanes
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Liga Europea de baloncesto 1992-3

Cuando viajar también era peligroso: aquel bus del Estudiantes sin luces por los Balcanes

Mientras la Euroliga sufre por los desplazamientos en esta pandemia, El Confidencial busca a los protagonistas del viaje que hizo Estudiantes en 1992 a Zadar en medio de las guerras de la antigua Yugoslavia

placeholder Foto: Foto oficial del Estudiantes de 1992.
Foto oficial del Estudiantes de 1992.

“¿Acojonado?”, responde Miguel Ángel Martín, el entrenador de aquel Estudiantes de 1992, uno de los cuatro mejores equipos de baloncesto de Europa. “En el autobús Pinone estaba acojonadísimo. Le decíamos que si nos pasaba algo nos pasaría a todo el equipo, pero él decía 'soy americano, y con los americanos es peor'. Winslow igual... Estaban como un flan. Al día siguiente, en el partido, no hizo nada. Nadie había podido dormir bien, por la mañana ni siquiera entrenamos. Jugamos fatal… Y los militares españoles animándonos todo el rato”.

El ‘cura’, como era conocido popularmente, se refiere al día 25 de noviembre de 1992. El autobús era el que llevaba al Estudiantes del aeropuerto de Split (Croacia) a la ciudad de Zadar, a 50 kilómetros de Bosnia. La guerra que condujo a la independencia de Croacia se había detenido, pero al otro lado de la frontera acababa de comenzar. Al día siguiente, el equipo del Ramiro de Maeztu jugaba su partido de la primera fase de la Liga Europea contra el KK Zadar.

“Nosotros no queríamos viajar y consultamos con el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero nos dijeron que teníamos que viajar. Recuerdo que cuando bajamos del avión nos recibió uno de la embajada de Austria, y estuvo con nosotros todo el tiempo. En aquella época viajábamos con la prensa. No fue nada agradable, le aseguro. El aeropuerto estaba a media luz, todo triste y vacío. Íbamos por la carretera sin luces, por lo que pudiese pasar, preguntándonos qué hacíamos allí. En el recibidor del hotel había gente que estaba de permiso en plena guerra, que venía de pegar tiros. Por las noches se oían disparos todo el tiempo. Al entrar en la habitación vi unas cucarachas enormes en el baño. Recuerdo llegar a la habitación, separar la cama de la pared y decir: 'Que sea lo que Dios quiera'”.

placeholder Pinone y Miguel Ángel Martín, con la Copa del Rey de 1992. (Efe)
Pinone y Miguel Ángel Martín, con la Copa del Rey de 1992. (Efe)

"Partido abominable"

Estudiantes jugó al día siguiente el peor encuentro de la temporada. (“Jugó un partido abominable en el inhóspito reducto del Zadar e hizo el ridículo, para remate, ante un centenar de legionarios”, escribió al día siguiente Luis Gómez en El País). “Demasiado hicimos”, dice Martín, “pero jugamos fatal, es cierto”. Perdieron 106-89 (53-29 en el descanso). "En la vuelta, en Madrid, les ganamos de casi 40. Hay una cosa que me gustaría recalcar: a nosotros el Ministerio de Exteriores nos dijo que viajáramos, que no pasaba nada, que nos mandaban a alguien de la embajada de Austria para que estuviese con nostros... Pero a los diez días el Real Madrid no viajó. Eso afecta a la competición, la directiva se enfadó mucho".

Aunque por motivos distintos, su experiencia recuerda a esta edición pandémica de la Euroliga, que lucha por seguir viva en un telefilme de ciencia-ficción (mascarillas, PCRs y aviones medio vacíos) “con protocolos sanitarios diferentes en diez países distintos, en los que algunos equipos pueden jugar con público y otros no”, como explica Alfonso Reyes, hoy presidente del sindicato de jugadores, que aquel 26 de noviembre de 1992 estaba en el parquet de Zadar.

“No es lo mismo jugar con público que sin público", insiste Reyes, "con lo cual, ahora mismo, no es una competición homogénea, por decirlo así... El calendario se tiene que armonizar de alguna forma; no puede ser que en tiempos de pandemia la Euroliga mantenga sus 34 partidos de liga regular, porque hay diez países en competición. Y la ACB tiene un protocolo muy serio, pero no todos son así. De hecho, la mayoría de los contagios que ha habido en España ha sido en equipos que han jugado en Europa”.

La polémica de Messina

Su argumentación evoca la polémica carta del prestigioso entrenador italiano Ettore Messina (Olimpia de Milán), que el mes pasado pidió la suspensión de la competición para proteger la salud de los jugadores y evitar el falseamiento de la competición: “Cada vez más los resultados deportivos dependerán de quién tenga más suerte, de quién tenga menos contagios en su equipo”, escribió.

placeholder Ettore Messina, durante un partido de Euroliga este mes de diciembre. (Efe)
Ettore Messina, durante un partido de Euroliga este mes de diciembre. (Efe)

Reyes se acuerda más del partido en sí que del sombrío viaje: “Recuerdo el autobús completamente a oscuras. Pero no lo recuerdo tan dramático. Había señales de la guerra: cañonazos, balazos, socavones... Pero no recuerdo la sensación de peligro. O era muy inconsciente (que no creo), o lo he olvidado. Pero el partido fue lamentable. Al final nos quedamos los jóvenes... Cuando el partido iba mal, nos sacaban a nosotros”, bromea.

El base Pablo Martínez-Arroyo, que fue el mayor anotador del encuentro (17 puntos), recuerda “perfectamente a Pinone gritando en el autobús sin luces, asustadísimo porque aún quedaban francotiradores”. Les acompañaba Carlos, el mítico ‘secreta’ (con una pistola siempre encima) que viajaba siempre con el equipo. “Nunca me olvidaré de la cara de Pinone y Winslow”.

Sólo había pasado medio año desde la ‘final four’ de Estambul, pero Estudiantes perdió de casi veinte puntos. “Nos hundimos”, afirma Martínez-Arroyo. “Era el peor equipo de la liguilla. Pero la experiencia nos descentró totalmente. En el hotel no había huéspedes, sólo refugiados”. El alero Juan Aísa, que jugó bastantes minutos ese día, dice tener "imágenes claras del hotel en Zadar, bastante deteriorado, sucio, con tanquetas de la ONU en la puerta, refugiados... Un ambiente muy cargado, triste. Bastante impactante”.

placeholder La ciudad croata de Vukovar, en 1991, tras los ataques del ejército serbio.
La ciudad croata de Vukovar, en 1991, tras los ataques del ejército serbio.

El viaje en autobús a oscuras fue complicado, cuenta Aísa, hoy ejecutivo: “Hubo mucho revuelo. Íbamos con las luces apagadas, y algunos bromeaban, pero otros estaban realmente asustados. Unos protestaban e intentaban imponer su autoridad para que se encendieran las luces, pero no les dejaron. Y los americanos iban lívidos. De eso me acuerdo bien, fue un momento bastante tenso”.

Culpabilidad por los legionarios

“En el partido recuerdo a los soldados españoles”, prosigue, “era una parte importante del público, con lo cual jugábamos en casa de alguna manera... Montaron un follón tremendo, estuvieron geniales, animando... Y recuerdo un sentimiento de culpabilidad, porque el partido fue un desastre. Hay veces que te sale mal, estábamos asustados. Los que jugábamos pocos jugamos mucho ese partido”.

“Y es verdad que tuvo un componente diferente, el atractivo de la experiencia extrema e históricamente relevante. Te acuerdas mucho más de ese que de otros viajes. Lo que vimos en Zadar cuando salimos a dar una vuelta. El ambiente... Veías espectros, gente penando... Refugiados que quizá habían perdido a su gente y a su casa. Y pensaba: ‘¿Qué hago aquí, que vengo a jugar un partidito, me pagan una pasta por ello, y me vuelvo a mi burbuja privilegiada...? El contraste era muy impresionante. Si los jugadores tendemos a la burbuja, en esos viajes te das más cuenta aún”.

placeholder Juan Aísa, en un partido con el Estudiantes.
Juan Aísa, en un partido con el Estudiantes.

Aísa tiene una visión diferente de la expresada por Messina: “Está claro que fuimos en condiciones no justas para la competición, casi de competición falseada, como dice Ettore. Pero creo que hay que abstraerse de pensar si es conveniente o no para un equipo en un momento determinado. Creo que hay que verlo con más amplitud. Sí, seguramente el hecho de que nosotros fuésemos a Zadar nos alteró mucho, pero si la seguridad se podía garantizar razonablemente, hay que pensar que estás jugando contra un equipo que está alterado permanentemente. Y que en un momento dado ese equipo tenga una ventaja relativa no está mal. Bendito problema. El problema lo tenían ellos…”

Si se adultera un poco la competición, es un precio que pagas por intereses mayores

Y con todo esto del virus pasa lo mismo. Claro que hay equipos que lo tienen peor: el trasiego, los permisos, los viajes, los tests, etc, y que eso puede perjudicar a uno en beneficio de otro. Pero al final, como suele pasar, unas veces sales perjudicado y otras beneficiado, y en conjunto los más perjudicados son los equipos pequeños, como toda la vida, porque los grandes siempre tienen más recursos y más plantilla... Al final hay que asumir que la competición nunca es perfecta, y que si quieres analizar si es perfecta o no, pues los más grandes siempre tienen ventaja, y eso no se ve como un problema. En ese sentido, también están adulteradas las competiciones. A mí me parece que la NBA ha hecho algo muy valioso este año, asumiendo ciertos riesgos sin poner en peligro excesivo a la gente, poniendo el baloncesto en el foco mundial y manteniendo los empleos de todo el mundo. Si se adultera un poco la competición, es un precio que pagas por intereses mayores”.

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