El gran día de Luis Enrique: así desmontó España a Alemania en un partido histórico
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El gran día de Luis Enrique: así desmontó España a Alemania en un partido histórico

La selección dejó sin respuesta a una de las principales candidatas a la Eurocopa a base de un fútbol vertiginoso y mortífero

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Hay partidos que tumban proyectos y otros que los levantan cuando se encuentran en un momento de dudas internas y externas. La exhibición colectiva de España frente a Alemania pertenece al segundo grupo, puesto que abrasar por 6-0 a una de las mejores selecciones del continente en el día clave desde la vuelta de Luis Enrique al banquillo significa una inyección de adrenalina para un grupo humano necesitado de un golpe de autoestima como el de esta noche.

La selección, concienciada de la importancia que tenía un encuentro de doble filo -si se ganaba no sería para tanto y si se perdía se convertiría en un atisbo de tragedia nacional-, salió con la autoridad de quien siente que debe reivindicarse y está dispuesto a demostrar a todos el fuego interior que porta. Porque es cierto que quizás esta plantilla no posee a ninguna estrella del panorama mundial, condicionante que le aleja de contar con un recurso capaz de construir un atajo hacia la victoria desde la individualidad, pero la tormenta perfecta de hoy sirve también para bramar que no es menos que nadie cuando el balón empieza a rodar. Hay materia prima de calidad, un entrenador mejor de lo que se dice y un conjunto de jugadores con más sed de plata que el que fue a la última Eurocopa.

placeholder España jugando el presión alta (TVE)
España jugando el presión alta (TVE)
placeholder La Selección, defendiendo con las líneas muy juntas (TVE)
La Selección, defendiendo con las líneas muy juntas (TVE)

Así las cosas, España fue a buscar a Alemania desde el inicio a su propio campo con una presión alta encargada de ahogar a los teutones. Sin cuartel, con las líneas bien juntas, compensaciones constantes entre los centrocampistas y sin pasillos interiores. El plan contenía un alto grado de riesgo, ya que si Toni Kroos o Ilkay Gündogan se deshacían de la asfixia local, el veloz tridente formado por Timo Werner, Serge Gnabry y Leroy Sané podía sembrar el caos tanto al contragolpe como a la espalda de la línea defensiva. Sin embargo, la coordinación, la solidaridad y los esfuerzos en las ayudas fueron tales que los tres se quedaron desconectados del juego tras los primeros diez minutos de tira y afloja.

Foto: Morata, Ferran Torres y Gayá celebran un gol. (Reuters)

Por su parte y sin balón, los de Joachim Löw esperaban atrás tratando de oler la sangre, pero no inquietaban al poseedor del balón coralmente. Fuese Sergio Ramos, Pau Torres, Rodrigo Hernández o cualquiera de los laterales, España hallaba una salida limpia ante la tímida presión visitante. La tensión competitiva española contrastaba con la flacidez visitante. Lo que permitió al cuadro de Luis Enrique encontrar al motor del partido: Koke Resurreción.

Koke y Morata se reivindicaron a lo grande

El centrocampista del Atlético de Madrid fue el epicentro del juego de principio a fin. En este sentido, no dejó de exhibir una batería de pases entre líneas, alimentar a los integrantes del último tercio (Ferran Torres, Dani Olmo y Álvaro Morata) ni de conectar con Fabián Ruiz en el siguiente escalón. Resulta curioso que un jugador que ha estado alejado de la convocatoria durante más de dos años se enfunde el brazalete de capitán con tanta holgura, pero la inteligencia y personalidad de la que hizo gala propulsó el equilibrio de la selección.

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Koke asumió siempre la construcción del juego (TVE)

España atacaba verticalmente, pero sin precipitarse. España atacaba con muchos hombres, pero sin descuidar qué sucedería inmediatamente después. El ritmo era diabólico y cuanto más espacio encontraba, más daño propinaba a Alemania. El recital fue colectivo e individual, por lo que también contó con grandes nombres propios. Cuando Koke, Rodrigo Hernández o Fabián Ruiz lanzaban en la base o en el siguiente escalón, Álvaro Morata aparecía en el apoyo proyectando una versión potentísima de descargas al primer toque, giros y conducciones o aperturas hacia banda que oxigenaban la circulación de balón española.

El ritmo era diabólico y cuanto más espacio encontraba, más daño propinaba a Alemania

Con su presencia sobre el verde, la selección siempre contaba con una referencia en ataque a campo abierto así como en los centros laterales. Su inclusión en el once benefició a sus compañeros, ya que su simple presencia como nueve dentro y fuera del área aglutinaba la atención de los defensores germanos. Esto facilitaba la invisibilidad de Olmo, el cual no dudó en abandonar su posición inicial en la izquierda para aparecer por sorpresa en posiciones interiores; así sucedió en la secuencia que comprende el segundo gol.

placeholder Morata acudió al centro del campo para descargar el juego (TVE)
Morata acudió al centro del campo para descargar el juego (TVE)

En el otro costado, Ferran Torres siempre se encargó de aportar tres virtudes fundamentales al juego de una selección que anteriormente carecía de esta tipología de atacantes: amplitud, agresividad al espacio y velocidad. El canterano valencianista, paciente y con el colmillo bien afilado, supo esperar su turno en el lado débil español para aprovechar la concentración de defensores que generaban Olmo y José Luis Gayà en la izquierda y halló una senda despoblada en la derecha.

En un país que siempre está con el fusil en el porche preparado para disparar, el flojo nivel de Alemania no debería servir de atenuante para reducir el mérito de la selección de Luis Enrique. Mas cuando el culpable de dejar sin respuesta y sin pulso al rival es uno mismo y se logra sin dos de nuestros futbolistas más jerárquicos y determinantes: Thiago Alcántara y Ansu Fati. Mesura y calma, sí. Sin dejar de disfrutar de asestar una humillación histórica y dejar con tan solo un disparo entre los tres palos a una selección de tal calibre.

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