Enterró sus pesadillas

La final más deseada: Carolina Marín y el grito de rabia en su vuelta a Indonesia

La onubense se rompió el cruzado en 2019 en el Masters del país asiático. Ahora, ha vuelto a la final, que espera ganar. El curso pasado tuvo que abandonar y esta vez no quiere volverse de vacío

Foto: Carolina Marín celebra el pase a la final del Masters de Indonesia. (BadmintonPhoto)
Carolina Marín celebra el pase a la final del Masters de Indonesia. (BadmintonPhoto)

Carolina Marín lloraba sin consuelo en el suelo de Yakarta, rota de dolor. En la final del Masters de Indonesia del 2019, la andaluza sufrió la peor lesión de su carrera. Al apoyar tras dar un salto la rodilla se le fue hacia dentro. Carolina todavía se levantó y, entre lágrimas, le ganó un último punto a su rival, la india Saina Nehwal, antes de rendirse definitivamente. No podía más. Era 27 de enero, domingo, y ese mismo día viajó a Madrid. El lunes recibió el diagnóstico del traumatólogo: rotura de cruzado. Adiós a la temporada, también al Mundial de Suiza del mes de agosto. Comenzaba un largo proceso de recuperación. Siete meses de trabajo intensivo para volver a ser competitiva.

En septiembre, con escasa preparación previa, ganó el Abierto de China ante rivales de entidad. Volvió al top 10 del ranking internacional. Fue el estímulo que le hacía falta. Estaba de vuelta, lista. En el horizonte, Indonesia, el lugar de los horrores. La onubense tenía entre ceja y ceja este torneo para el nuevo año. Emocionalmente era importante. Ahora, la campeona olímpica, mundial y europea, ya tiene su ansiada reválida. La ovación del Istora Senayan, tremenda. El pabellón que le había visto caer un año antes, testigo de su resurrección. Carolina, tras apear a He Bing Jiao, jugadora número siete, regresa a la final del Masters por segunda vez consecutiva. Nunca lo ha ganado, pero este curso le sobran razones para levantar el cetro, uno de los pocos grandes que le faltan (junto al Masters de Dinamarca) en su palmarés. La última vez abandonó la capital indonesia a la pata coja, de vacío, este domingo no piensa irse sin el título. Se lo jugará contra Ratchanok Intanon, la tailandesa, cinco del mundo (sobre las 8:00am, Teledeporte).

Carolina Marín, tras romperse el cruzado la temporada pasada en el torneo
Carolina Marín, tras romperse el cruzado la temporada pasada en el torneo

En continua escalada

Carolina, que ha tenido que aplacar sus nervios para llegar hasta aquí, buscará rematar la faena y, de paso, continuar la escalada para llegar como cabeza de serie al All England, considerado el Wimbledon del badminton, en marzo. Luego, como primera espada a los Juegos. Es lo que verdaderamente le mueve. La española quiere un nuevo oro olìmpico tras el cosechado en Rio (2016). Lejos de venirse abajo, la lesión le ha permitido recargar pilas y afrontar el curso con chispa y claridad de ideas. Desde que volvió a la actividad, la onubense ha ganado otras dos competiciones a la anteriormente mencionada (India e Italia) y ha sumado más de 4.000 puntos. Marín ha aprendido a cuidarse mejor, a ser más profesional en algunos ámbitos como el descanso. Escucha mejor su cuerpo y jerarquiza aquello que le es imprescindible para ganar. De exquisita técnica, en los últimos meses se le nota una mejoría notable en cuanto a velocidad de giro y fuerza de golpeo.

“Han sido siete meses y medio en los que no he estado compitiendo y en los que perdí ritmo. Seguir progresando en mi juego me ha hecho volver a luchar contra las mejores en poco tiempo”, apunta Carolina. “Volver a este torneo supone demostrarme a mí misma que estoy preparada para un torneo más, para cerrar una página y abrir una nueva. Me refiero a cerrar página en cuanto a la lesión y centrarme en seguir mejorando como jugadora”, señala. Allí, en Yakarta, donde su apellido paterno se repite casi como una religión, Marín espera cerrar el círculo. Lo necesita. Su entrenador, Fernando Rivas, le subrayó en rojo esta cita cuando la onubense cambió la raqueta por un par de muletas. Entraba en las previsiones. "Un año después, medio objetivo cumplido. Ahora queda el otro medio que es ganar esa final", advierte. Saldrá con hambre. Se le ve inspirada, controlando los enfrentamientos, cometiendo pocos fallos y eligiendo correctamente el momento para pasar al ataque. 50 minutos, más arriba o más abajo, le separan de la gloria. Un título que no tiene y que, dadas las circunstancias, vale el sufrimiento de todo un año.

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